Crecí pensando que debía anularme para completar, complacer o ser aprobada, por, y para otros.
Primero siempre estaba el otro y anteponía lo que creía sus necesidades, antes que las propias. Era como mi motivo de ser y de vivir. ¿Si no había un otro, para qué? ¿Para qué levantarse, para qué hacer algo, para qué explorar...? Si no había nadie para compartir, o con el cual conectar, nada tenía sentido.
Mi neurosis era esa. Complacer para recibir aprobación, cariño, aportar armonía y poder valer algo. Mi valoración la determinaba el nivel de paz o armonía de mi entorno, fuera cual fuera.
Y claro, casi como el final súper predecible de una película aburrida, vivía inmersa en un sinfín de entornos conflictivos.
El condimento para hacer aún más picante la historia de mi ego, era sumarle demasiada energía pisciana y alta sensibilidad (si la hacemos, la hacemos bien... Algo bastante tono 13 o portal según el tzolkin maya y muy número maestro 11 de sendero).
Algunos mecanismos de defensa, como para ir sobreviviendo con esa herida y la interpretación mental neurótica que me llevaba a insistir con ver la vida desde aquella distorcionada percepción, eran:
Evitar el conflicto, callando lo que realmente sentía o quería decir a gritos. Elegir por otros antes que por lo que quería, con tal de que no recibiera una respuesta de desaprobación ni una crítica.
Anular mi autenticidad, ya que no era comprendida, mucho menos aprobada (recibía comentarios que luego yo reorzaba como: sos demasiado sensible, sos intensa, sos molesta, sos rebelde, sos insoportable, nada te viene bien, no todo se tiene que pensar tanto, etc., etc.).
Ante semejante dolor, tan poco conocimiento de qué hacer con tanto y demasiada poca contención emocional o paciencia de otros; ¿Qué me quedaba? ¡Mí mundo de fantasías! Mí idealización, creatividad e imaginación neptuniana.
Me dolía el mundo, porque no podía verme separada de él. Sentía lo que sentía mi entorno como propio. La pobreza, la injusticia, la violencia, los conflictos... ¡¡Qué agobio, cuanta impotencia!! Mejor me aíslo, me protejo en mi mundo interno, me invento una novela que corrija todo lo que me duele ver y dónde todo sea amor, paz, armonía y felicidad para todes.
Una burbuja. Una coraza. Protección. Distracciones.
Todo eso para escapar, negar y evadir el verdadero conflicto: El entorno era mi reflejo. El conflicto solo era interno, conmigo. No me aceptaba como era; mucho menos a mi sombra y a mi alta sensibilidad. Era demasiado y me sentía incapaz de sobrevivir a tanta intensidad, entonces la rechazaba. Anulaba todo lo que no encajaba de mí, en el entorno que sea, con tal de sentirme parte de él. Era valiosa sólo si le importaba a un otro y para eso debía obtener su aprobación primero. No podía hacerlo si mi perspectiva, sentir y opinión siempre eran tan diferentes a las de los demás. Me sentía encarcelada, prisionera. "No me dejaban ser".
Sin embargo, solo era yo, la que no me permitía ser genuina; con tal de evitar el conflicto, o de no molestar a nadie con mi singularidad.
Callaba todo lo que nunca podía decir, pero me estallaba por dentro; me salía en un torbellino de ira acumulada, yéndome de lugares totalmente ofendida y sintiéndome atacada. Siendo demasiado severa conmigo misma y huyendo.
El haberme quedado sola en varios aspectos, y momentos, me enseñó mucho. Gracias a mi soledad fui conociéndome, cambiando mis prioridades y descubriendo mis capacidades. Además de darme cuenta de que solo yo dirigía mi vida (aunque suene obvio, tomar consciencia, sentirlo y llevarlo a la práctica, suele ser bastante desafiante).
Cuando uno conoce los mecanismos de su ego y se da cuenta de que toda esa historia se la relata desde el victimismo, aparece la luz. La bendita responsabilidad. Asumir que uno mismo fue quién creó aquella historia para aceptarse como es, aún cuando eso confronte a otros. Siendo sólo responsable de lo que sale de uno mismo, y no, de lo que ello genere emocionalmente en otros. No tenía por qué cargar con la "culpa" de las reacciones emocionales del entorno, aún cuando las sintiera tan intensamente por mi sobreempatía. Cada uno se hace cargo de sí mismo. Cada uno sólo es responsable de su propia forma de ser, percibir, pensar, sentir, accionar y de las consecuencias de sus decisiones. Cada uno es capaz y suficiente.
El amor propio me ayudó a aceptarme sin rechazar ésa diferencia, descubrir la riqueza que tenía tanta intensidad y la enorme fortaleza que brotaba de mi interior. ¡Lo que luché tanto por cambiar, era mi mayor tesoro, o virtud! El único conflicto era no ausmirlo, porque me daba miedo ser rechazada. Tantas heridas supurando aquel dolor de los juicios y desaprobaciones que recibía, no eran más que mis proyecciones de mi propia no aceptación. Yo me anulaba primero, en vez de honrar mí singularidad. La verdadera armonía y paz sólo estaba en mi validación de ser como era. La solución era mirar hacia adentro. Estar en paz conmigo y mi sentir. Si seguía priorizando a otros, a costas de anularme, crecía mi vacío y el dolor. De hecho, creció tanto, que me fue inevitable aceptarlo. Ahí recién, apareció la verdadera magia transformadora, o bendición de las heridas. El perdonarme liberó y alivianó el peso. El verlo como virtud, resignificó la forma; hasta que lo vi claro. Era por mí y para mí, el verdadero motor de entusiasmo. No podía evitar ser y sentir como era, menos con semejante intensidad. Al pulsar tan fuerte desde el interior, me forzó a rendirme y entregarme a ello. Se fue aclarando a medida de que me responsabilicé y fui habitando aquel pulso. Surgía de mí, para mí. Era la voz de mi corazón. Era la fuerza creativa y genuina de mi verdad. Merecía honrarla, habitarla, hacerme responsable y soberana de ella. Solo así, dejando de esconderme (a veces también, dejando de apagar mi brillo por no incomodar a otros) y pudiendo expresar realmente lo que quería decir, sin culpas ni miedos a las consecuencias; logré poner fin al conflicto interno.
Fue gracias a vivir en conflicto que descubrí: mis grandes habilidades de ver el punto medio de opuestos, para otros irreconciliables; la asertividad de marcar límites desde el amor (pero con respeto y firmeza); la honestidad absoluta y bendita vulnerabilidad de ser genuina (que genera la confianza, o seguridad, en otros para que se muestren auténticos ellos también); la riqueza infinita de mi inteligencia emocional, que honra cada emoción, aprendiendo de ellas a ir hacia donde realmente quiero ir... entre otras cosas más.
Cambié el foco hacia nuevas perspectivas...
La libertad de ser uno como es y permitir a otros ser como son, desde el más absoluto respeto, también libre de juicios y condiciones.
Amarme y ser, para poder amar y dejar ser.
Y seguramente mil cosas más que siga descubriendo en éste camino, que voy creando a cada paso, guiada por el pulso de mi corazón y mi verdad.
[Los eneatipo 9 (el mediador o pacificador) vienen a aportar la mediación y resolución de conflictos mediante sus virtudes de asertividad, los límites sanos o amorosos, la motivación de paz, armonía y el valor de su singularidad energética y espiritual. Al entender los mecanismos de escape de su ego y trascenderlos, pueden valorar y honrar realmente la singularidad de su aporte. En numerología el 11 es el maestro psíquico y de la comunicación. Una de sus misiones es atravesar toda esa serie de transformaciones para explorar con maestría cómo crecer y expandirse a lo trascendente gracias a ellas, para luego, ser el que las comunique a otros que quieran dejarse inspirar. Se lo asocia a la docencia, porque es el que se interesa por analizar las capacidades psicoemocionales y recursos que fue descubriendo para compartirlas desde el amor, a quienes vengan a buscarlas o quieran recibirlas. En su sombra es el 2 con la oscuridad de la dependencia emocional y falta de empoderamiento. De Piscis sólo voy a comentarles que es el último signo en constante movimiento de integración de la dualidad, porque tiende hacia la totalidad, a la conexión profunda, a la unidad genuina, a la paz y a fundirse con el océano. Su intuición expresa y conecta con muchos arquetipos del inconsciente colectivo. A veces, se lo asocia a la gestación de una madre o embarazo. Suele buscar dicha simbiosis, o conexión tan profunda, con un otro. El agua de su emocionalidad es bastante caótica para sí mismo y frecuentemente suele sentirse incomprendido. Muy idealista y soñador, trata de evadir lo que le duele, refugiándose en un mundo de fantasías que lo protege, o eso intenta.]
Hoy, solo me surgió compartir algo de mí, tratando de resumirlo y ejemplificando lo que una herramienta de Autoconocimiento puede aportar, a modo de mapa para aprender a descubrirse. Ojo, no me encasillo, ni me gustan las etiquetas. Es una herramienta, yo la uso sólo a modo de guía. Después de trascender dependencias, me quedó en claro que no puedo decidir por ideas de otros. Más allá de mi signo, ascendente, número de sendero, etc.; está mi infinita fuerza creativa de múltiples potencialidades que voy decidiendo libremente cuál expandir. Pero siempre desde dentro hacia fuera. Por eso, aunque una herramienta no me defina, me puede ser bastante nutritiva al usarla de mapa para orientarme hacia dónde buscar o hacia dónde me convendría ir.
Siempre se puede. Si yo pude ordenar tanto caos interno y volverlo mi tesoro para compartir, quien sea que me lea hasta acá (y todos los demás también), pueden igual ¡O más también!
¡¡¡Brillá fuerte, y al que le moleste, que se tape los ojos!!!
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