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domingo, 13 de septiembre de 2026
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domingo, 6 de septiembre de 2026
Cuando usás lo aprendido para protegerte de volver a sufrir
Las transformaciones suceden mediante capas. Y el hecho de que los temas de crecimiento personal se hayan puesto de moda disfrazan una verdad incómoda. Hay una etapa del proceso en la cual la persona cree haber trascendido sus limitaciones por simplemente reconocerlas, repetirse mantras o técnicas al sentir que se le activa una antigua memoria de dolor, se convence de que está en su centro y avanzando. Pero a la energía no se la puede engañar...
El afuera le sigue mostrando los mismos resultados. El mismo patrón en sus relaciones, las mismas inseguridades en los temas más desafiantes, las mismas discusiones, etc. Cree que es cuestión de tiempo, de elegir mejor y de a poco confunde actuar desde su centro con protegerse inconscientemente de volver a atravesar la misma frustración una y otra vez, intentando controlar las circunstancias.
Quizás se haya aislado de más, haya cambiado de trabajo o de amistades. Aunque algo dentro suyo lo sabe. Necesita incomodarse, ir hacia lo que está huyendo para tomar la responsabilidad de sentir esas emociones y desde ahí, en vivo, tomar nuevas decisiones.
Porque la transformación no es solo mental. De nada sirve cambiar las ideas si no habitás desde el cuerpo los momentos de transición. A veces sólo se necesita reconocer que no se sabe cómo actuar, animarse a pedir ayuda, o admitirse ese mismo miedo de siempre por más que sea ridículo e irreal. Porque la aceptación honesta libera.
Los verdaderos cambios no se pueden forzar y se tratan acerca de duelar identificaciones falsas desde el dolor o la lucha. Tienen su propio ritmo, hay que poner el cuerpo, enfrentarse al miedo que genera mostrarse vulnerable, dejar de reprocharse vivir otra vez lo mismo y hablar desde el corazón sin filtrar ni una palabra.
"En la incomodidad vive la expansión"
Este tema ya lo abordamos desde otras miradas, como en el video que hablaba acerca de que el cambio no es lineal, o en los artículos que proponía cuestionar las motivaciones internas más profundas desde las cuales nos obsesionamos constantemente con cambiar todo el tiempo. Pero no es sólo cuestión de saber quedarse en el centro de la tormenta. Es usar lo aprendido para sentir que esta vez sí podemos atravesarla, porque ya no estamos sobreviviendo ni somos los mismos. Tenemos nuestro poder de decisión y la riqueza de haber aprendido a ver, honrar y amar hasta nuestras peores resistencias.
Porque no cambiás para no volver a arriesgarte, para evitar sentir dolor de nuevo, ni esperando no volver a dudar ni flaquear. La cuestión es no abandonarse en el proceso, dejar de pensarse desde filtros viejos, fortalecer tu confianza en tus capacidades de atravesar cualquier adversidad porque ahora tenés más recursos y estás eligiendo mejor.
La experiencia es nuestra verdadera maestra. No importa cuánto sabés, ni lo que te repitas para sentirte empoderado. Si no lográs sostener un límite, que tanto sufrimiento del pasado te llevó a crear en primer lugar, es lo mismo que nada.
Y podés aislarte si tus patrones en las relaciones se repiten, pero cuando las memorias que se te activan son más trascendentes como duelos o desamparo no tenés adonde esconderte. Y lo digo por experiencia. Sentís que se te desmorona todo, como si nunca hubieras hecho ningún avance. Sin embargo, esto tampoco es completamente cierto.
“No siempre necesitás que cambie el escenario. A veces necesitás descubrir que vos ya no sos quien lo atravesó la primera vez”
Tu verdadera fortaleza radica en quien sos. Y no sólo sos tu mente, lo que te cuentes, ni tu cuerpo o sistema nervioso. El proceso de destrucción o caos que permite renovación y creación aparece en todos los órdenes de la vida y naturaleza.
Es como si la vida cada cierto tiempo te pidiera que supieras morir y renacer en versiones nuevas. Resistirse a ello es imposible y extremadamente doloroso. Tenés que ir a lo más profundo de tu ser y quizás confiar en que la vida es más sabia y nada pasa por casualidad ni error...
"El instante en el que dejás de resistirte al cambio es cuando tu alma puede llevarte a tu máxima expansión"
Las tomas de consciencia y las lecciones caen como fichas cuando el proceso va avanzando, fluido, de manera orgánica sin apuros ni esfuerzos. Y el nuevo desafío es permitir que esas transiciones se hagan con mayor liviandad cada vez.
Se pueden ver como momentos de purga o depuración de los matices más sutiles que hasta ahora venías ignorando. Si ya no te dejás vencer por el miedo que te invita a huir, te vas a ver cara a cara con la oportunidad que te trae aplicar lo elegido. Habitar distinto los mismos lugares y experiencias, aceptar y fluir para dejarse llevar por el cambio verdadero que primero siempre será interno.
Y al menos en mi experiencia, a esos momentos les sigue un silencio extraño. Una calma te abraza cada célula renovando tu paz. Empezás a sentir que ya no es tan importante el resultado. Que hay mucho más que es esencial. Que los "cómo" sí hacen la diferencia.
La paciencia y cómo decidas tratarte durante las transiciones te van dando pistas acerca de la nueva etapa que acabás de inaugurar, aun cuando el afuera no te lo refleje todavía.
Si sos una persona altamente sensible sabés de lo que te hablo. Porque tu mente maneja esa misma profundidad que derrumba todo lo que no tiene un propósito verdadero para tu esencia. Tu sistema nervioso te avisa mucho antes, tanto de los avisos previos a la tormenta como la intuición de que la calma llegó con más antelación de lo que puedas ver e imaginar. No es magia, adivinación ni brujería. Se trata de la información del ambiente que tu sistema nervioso por ser más poroso (su barrera para la absorción de estímulos es más permeable) captó en mayor volumen de lo que tu mente racional puede reconocer u ordenar. Y todo esto se siente raro, puede confundirte o traerte una certeza que no sabés de dónde viene. Tu verdadero desafío es no dudar acerca de la información que tu cuerpo te está transmitiendo.
Todos tenemos intuición y cuanto más la escuchemos y nos atrevamos a seguirla sin cuestionar, la sabremos aprovechar de brújula. Del mismo modo que algunas aves emigran antes de que se vea ni un solo signo de una futura catástrofe.
Por eso no sólo hay que quedarse con lo que entendamos racionalmente de los procesos. Aprendamos a concentrarnos en habitar desde la mayor presencia (y sin juicio) cada paso, para estar siempre escuchándonos y eligiendo mejores modos desde donde sentirnos, tratarnos para caminar más livianos, seguros y confiados. Y permitiendo que la brisa se vaya llevando nuestros girones de piel muerta.
domingo, 30 de agosto de 2026
Quizás el mundo no necesita más empatía, sino dejar de personificar su dolor
A ver si me acompañan en esta reflexión... Cuántas veces escuchamos decir que hay personas tóxicas que se deben purgar de tu vida, narcisistas a los cuales cortarle los hilos para que no te manipulen, evitativos que te generan adicción a las migajas de atención que van dejándote en el camino (al mejor estilo del cuento infantil de Hansel y Gretel), ansiosos que te presionan para atarte lo suficiente como para no ser abandonados, personas controladoras y egoístas que evadir, gente con valores "cancelables" que masivamente hay que castigar, etc.
Y en todos estos casos hay dos cosas en común: una mala persona/enemigo que te daña y tu única respuesta es extirparlo de tu entorno.
Pero si bien el daño que tanto dolor te genera es real y tenés derecho a elegir con quién relacionarte, quizás esta interpretación de lo sucedido no sea tan verdadera como creés. Porque esté pensada desde el dolor que supura de tu herida.
Cuando te sentís dañado la tendencia natural es culpabilizar a un factor externo de causarte ese dolor. Pero el dolor que aflora no es de otros, es tuyo. Mirarlo te confronta, es incómodo y te obliga a atenderlo. Si lo ignorás, crece. Sube el volumen de su intensidad hasta que lo escuches y dejes de reprimirlo.
Que un otro o circunstancia active tu dolor no siempre se debe a algo personal que te lo busquen hacer a propósito para provocarte. Otra interpretación, más consciente, podría ser que ese estímulo externo te da la oportunidad de atender un dolor que venís negando tener.
Quiero aclarar que es un tema con muchas capas que, si no se ven en profundidad, la idea se puede malinterpretar fácilmente. Así que no tomes mis palabras como verdaderas, sino simplemente usalas para cuestionar si las historias que te contás acerca de lo que te duele no deberían al menos ser revisadas.
Porque el ego nos confunde. Toma el dolor y lo personifica. Saca a relucir las etiquetas de "víctima" y "victimario/enemigo" para usar el dolor como justificación. Enredándote en un juego de proyección de tu sombra. Y en vez de ayudarte a supurar la herida la va agrandando.
No estoy diciendo que no haya gente que actúe desde malas intenciones. Solo planteo que la verdadera intención desde la cual las personas se mueven es imposible de conocer por un otro. Podés deducir, interpretar, adivinar, pero jamás asegurar que eso es verdadero. No estás en su cabeza o corazón para entender por qué esa otra persona actuó de tal forma. Tampoco es tu tarea, ni responsabilidad afectiva, entender a los demás. Aunque sí lo es, encargarte de reconocer tu dolor activado.
No duele menos que el daño haya sido malintencionado o no y la resolución de tu molestia sólo está en tus manos. Al culpabilizar a un otro, se la estás regalando y además le cedés el poder de que su conducta te afecte emocionalmente. Y todo esto te aleja cada vez más de la resolución.
Al tratar de racionalizar tu dolor, ocultás una intención sutil de querer moderarlo o controlarlo. Seguramente por el miedo que te da sufrir y más aún si es un dolor habitual o reiterado.
Pongamos el caso más obvio: ¿quién no luchó por volver a abrir su corazón herido para confiar en el amor una vez más? Es lógico que cueste arriesgarse por miedo a sufrir otra desilusión. Nos contamos historias de saber elegir mejor la próxima vez, pero nada puede controlarse ante el poder iluminador de la vulnerabilidad combinada con la incertidumbre misma de la vida.
Si te desilusionás de nuevo, podrás culpabilizar al otro, o a vos mismo por haber elegido tan mal. Intentando que el dolor de volver a sufrir de nuevo en el amor, se reduzca un poco. Cuanto más adornes la historia, más víctima te sentirás. Pero tanto, si fue la mejor persona que conociste como el peor de todos los narcisistas, lo que te sigue doliendo es haberte ilusionado con algo que no terminó de suceder como creíste o querías. Te duele que volviste a confiar, a pesar de lo que te costó, y obtuviste el mismo resultado desagradable.
Racionalizar el dolor en este ejemplo sería buscar las explicaciones por las cuales se te activó el dolor de una nueva desilusión, con ese sabor amargo tan conocido que tu miedo a confiar trataba de evitarte. Quizás el ego te enrede en sus juegos de identificación favoritos sugiriéndote pensar frases que incluyan las palabras: nunca, siempre, nadie o todos (Por ejemplo: "Siempre me pasa lo mismo" o "Nadie me quiere/elije").
Pero entender tu dolor no lo calma, reduce, ni resuelve. Lo vas a tener que aceptar igual, llorar hasta que se sequen tus lagrimales, sacudir la cabeza, volver a conciliar el sueño y seguir adelante sin dejar de disfrutar las otras áreas de tu vida.
El tiempo de superación suele ser proporcional a las ilusiones que te hiciste, el verdadero interés que invertiste y cuán central es el tema del amor (romántico) para vos. Quizás no es una de tus principales prioridades y la recuperación fue más corta.
Pero en este punto es donde personalizar el dolor puede generar que el tiempo de recuperación se extienda demasiado. Porque si "elegiste mal otra vez" vas a adicionarle más historias. La de los patrones que ignorás reconocer, las similitudes de ese tipo de elecciones con tus primeras relaciones de la infancia, los celos, envidias y comparaciones con otros que sí consiguen lo que vos no, o hasta de los que aparecen al lado de "tu victimario/a" después de cortar con vos, la mala fortuna/suerte, un universo que te odia, las generalizaciones culpabilizando a todo el género que esa persona representa (el famoso "son todos iguales"), y miles de etc.
Y para darles otro ejemplo, aún más evidente, hablemos de la muerte de una persona querida. No importa si tenía 3 o 90 años, si fue anunciada tras meses de enfermedad o de repente, si alguien la causó o era su hora, si estaba solo o cuáles fueron sus últimas palabras. Lo que realmente duele es la ausencia. El saber que ya no vas a ver a esa persona nunca más, el riesgo de que el tiempo vaya distorsionando los rasgos de su cara al recordarlos cuando pasen las décadas, los nietos que no va a tener o conocer, los logros que no va a poder celebrarte ni las lágrimas que jamás te verá derramar.
La ausencia te va a doler igual, más allá de cómo murió y de las historias que tu dolor exprese. El duelo será el mismo y sus etapas también. Pero hay historias que tienen más peso que otras. Y ahí está el punto de la idea de este artículo. No da lo mismo lo que te cuentes desde el dolor. Porque hay historias que anclan, mientras otras son el bálsamo que libera cargas.
Las peores historias son las que nos van sumando resentimiento, las que nos empujan a los abismos del odio y la separación. Y no estoy diciendo que haya situaciones en las que no tendrías que enojarte o defenderte, al contrario. Usá las historias para sacar el veneno de tu herida, para no dejarlo recorrer tus venas durante años, para hacer algo productivo con él, para sublimarlo en algo artístico, para renovarte, o para tomar mejores decisiones futuras. Pero una vez que sientas un mínimo alivio, o avance en las etapas del duelo o aceptación, tratá de cambiar esas historias. Porque siempre hay miles disponibles y muchas ayudan a ir actuando con más consideración hacia tu sentir.
Porque extirpar, tu dolor o a una persona de tu círculo social, no es la única solución. Además, en este juego de proyecciones egoicas a nivel humanidad, los que más reclaman que a la gente le falta empatía, suelen ser los que menos empatía y consideración le dedican a su sentir individual y cotidiano. Cada uno sabrá evaluarlo a consciencia si es que tiene el interés y la voluntad necesarios para dedicarse a eso.
Tampoco tener empatía es permitir cualquier cosa. Y el mayor desafío que enfrenta una persona empática es saber cuidar dicha cualidad. Reconocerla en profundidad, sin entrar en distorsiones que lo lleven a apropiarse de emociones ajenas y sentirlas como personales. Saber protegerla poniendo límites y administrando el acceso que le otorga a los demás. Y muchas otras capas más, porque también es un tema súper amplio.
Antes de finalizar la reflexión les recuerdo que ejerzan su propio discernimiento y no se olviden de que a veces es solo cuestión de darle la libertad al otro de que elija según sus valores, necesidades y prioridades. Sin juzgarlos ni persiguiendo validaciones externas o masivas. Porque toda culpa se acaba cuando dejamos de juzgar qué era lo correcto o justo, y asumimos la responsabilidad de la parte que nos toca desde una actitud proactiva.
Los invito a comentar sus opiniones y a que, si este tema les generó interés, quizás sería una buena idea responderse las siguientes preguntas:
¿Cuándo fue la última vez que te sentiste herido/ofendido?
¿Podés nombrar qué emociones te activó?
¿Qué historias/interpretaciones rescataste de tu dolor o molestia?
¿Estás buscando culpables o tomás la responsabilidad que te toca?
¿Podés encontrar nuevas formas de pensar la misma situación? Registrá cuáles te calman y cuáles te generan más disgusto o resentimiento. Si querés podrías escribirlas todas, para después evaluar con tiempo detectando qué te hace sentir cada una.
¿Qué opciones y elecciones te propone esa situación? Analizá las consecuencias que conlleva cada una. Registrando cuáles son más amorosas y respetuosas con tu sentir y tu proceso de recuperación.
¿Pudiste rescatar alguna lección/aprendizaje que te sirva en un futuro?
¿Qué decisión te invitó a tomar?
Si te surge continuar leyéndome, te recomiendo visitar este artículo o este otro.
🔖 Si este tema o los que vengo compartiendo te interesan y querés profundizar más, podés contactarme para una consulta o asesoramiento personalizado, sumarte a mis actividades de autoconocimiento (como el curso online); o hasta chequear el Lalyverso Soleado acá. También acepto donaciones o colaboraciones para seguir apoyando lo valioso de mis propuestas, porque me ayudan muchísimo a seguir creciendo. ¡Gracias por leerme!💜🙌🏻
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