SOMOS SOL ☀️ | Blog de Crecimiento Personal y Autoconocimiento Espiritual

miércoles, 22 de julio de 2026

Mucho más que fútbol: el 44 maestro de Argentina y las narrativas del poder | Copa del mundo, Numerología y Actualidad


Faro de luz dorada sobre paisaje antiguo
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


Es común creer que tener números maestros en el mapa te hace especial. Comienzo aclarando este mal entendido, porque está lejísimo de ser verdad. Primero que todos somos especiales para alguien o en algún sentido y los números maestros no nos hablan de ello.

La maestría de los números, que otros conocen como "números espejo", es bastante distinta de lo que la gente se imagina. Proponen un camino de crisis, transformaciones profundas, resiliencia y aprendizaje tal, que luego se vuelva el recurso disponible para vivir mejor, o que con su simple presencia les muestren a los demás una salida distinta que nadie hubiera imaginado que existía en primer lugar.

Tampoco es lo mismo la ubicación de cada número maestro dentro del mapa numerológico de una persona o país. Si lo tenés de misión vas a atravesar primero su sombra para poder expresar las vibraciones más elevadas de dicho número, pero va a ser un camino de incertidumbre que cada paso te va a llevar al siguiente porque estás experimentando todas las frecuencias de dicha energía. Por lo tanto, no es una energía que los demás identifiquen en vos, ni tampoco será cómoda desde el comienzo. En cambio, si lo tenés en la personalidad ese número ya viene integrado. Y siendo una persona que tiene un número maestro de misión, les puedo decir que tenerlo en la personalidad es mil veces mejor. Porque no es tu destino pasar por pruebas tan difíciles como para recién después de años de oscuridad ver la luz. Si pensáramos de una manera más evolutiva traer el número maestro en tu personalidad quizás implicaría que es una energía que ya dominás de vidas anteriores. No te evita las crisis, pero te recuerda que esos aprendizajes y recursos para atravesarlas los trajiste desde el nacimiento. El número maestro de destino lo está descubriendo cada día que pasa y hasta duda de saberse capaz de atravesar cada tormenta.

El país Argentina es personalidad 44. Y algo de ello ya les contaba en el análisis numerológico de la final del mundial de Qatar 2022 (que después les sugiero leer acá si están interesados). Su número de destino es 5 y está atravesando un año personal 8. No pretendo hacer un análisis tan detallado de su mapa, pero los pongo en contexto por si les despierta curiosidad. Además de mostrarles que no sólo importan los números que tengan, sino las dinámicas que se generan al combinarlos y sus compatibilidades.

Si tuviera que resumir en una palabra el 5 de destino o misión de Argentina, sería LIBERTAD (en su mayor virtud, porque en su peor versión podría ser tiranía). Pero como expresaba anteriormente es una energía que tiene que ir explorando a cada paso comenzando por su parte más difícil de atravesar. Y si redujera a una palabra el 8 del año que transitamos sería PODER (en su mejor versión porque en su vibración más baja sería desempoderamiento o hasta agresión), aunque si lo combinamos con el 1 del año nos da un 9 y podríamos resumir a grandes rasgos que ese poder tiene que inclinarse a cerrar un ciclo para ganar mayor libertad. Dicho de otro modo, debe liberarse de ciertas tendencias al ejercer su poder que coartaban su libertad. Y esta sería la dirección que este año le estaría sugiriendo la energía, el 1 del año le da la oportunidad de iniciar un nuevo camino, una nueva mirada o forma.

Pero ante el desafío de este año está parado un número maestro. Cuya sombra es un 8 y esto puede activarse para hacer la liberación a la fuerza. Aunque también puede explicarse con la irreverencia ante el poder que se ve tanto en la supuesta idiosincrasia argentina.

Porque el 8 es el número del infinito por eso se lo asocia al poder y se dice que es el más agresivo de los números. Tiende a controlar e imponer, en vez de negociar y consensuar. Es el arquetipo de la economía y del jefe que administra los capitales materiales y humanos de una empresa, por ejemplo. Y en las crisis maestras de un 44, que busca transformarse desde la raíz más profunda para construir un sistema mucho más elevado para sí mismo y para los demás, tanta fuerza se siente caótica o hasta tanto poder puede volverse demasiado violento. Pero no se asusten que por más fuerte que se exprese, y hasta cuanto más roto parezca, los recursos que emergen para atravesarlo son tan resistentes como los diamantes que solo se forjan bajo alta presión.

La maestría del 44 busca construir cimientos verdaderos, rompiendo todo lo que no logra sostener lo esencial. Puede doler, lastimarse demasiado, pero jamás se quiebra. Porque lo que se preserva es lo que permite construir tan alto como nadie antes se imaginaba posible. Quizás por eso se lo relaciona con el faro universal. Cuando se llega a esa cima su luz muestra un camino inédito, que siempre estuvo oculto en las tinieblas esperando que alguien lo ilumine.

La luz se ve por contraste a la oscuridad e iluminar molesta a los que prefieren seguir contándose viejas historias desde las tinieblas.

Lo que destaca siempre despierta reacciones. Y acá me permito hablar en general, más allá de Argentina. Porque para bien o para mal suele destacar, pero según cómo se interprete esto no todos saben reconocer las virtudes y prefieren enfatizar los defectos. Por lo tanto hablemos en general, cuando alguien brilla tanto opaca el brillo de los demás o muestra que se puede subir la intensidad poniendo más coraje, voluntad, propósito, talento, enfoque y ello suele despertar un sinfín de reacciones. Algunos los ciega la admiración, a otros los confronta con su propio brillo, a algunos les da envidia, a otros los enfurece, y siempre hay quienes intentan moderarle o apagarle su intensidad para minimizar su alcance o hasta para encajarlos en el mismo molde controlable de los demás.


Prisma de luz en habitación oscura con gente dispersa
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Si les soy sincera son las observaciones que menos me gusta tener que escribir. Podrán notar cómo desde el comienzo vivo repitiendo el slogan de SOMOS SOL acerca de recordar su propio brillo y si se encuentran a alguien a quien eso le moleste, dejen que se tape los ojos porque tienen derecho a brillar a todo su potencial y no a media máquina para no incomodar. Pero esos consejos no nacieron de la nada. Vienen de muchas experiencias donde mi intensidad fue cuestionada, criticada, controlada y ninguneada. Y quizás no todos lo llamen brillo, pero en términos de autoconocimiento es lo mismo que decir esencia o autenticidad.

Y volviendo al título de este artículo, Argentina se muestra desde su maestría 44 que busca cumplir su destino de libertad, de poder expresarse tal cual es sin ser menospreciada por eso. Sin tener que moderar su esencia para no incomodar a otros, sin que la quieran encasillar, ni arrodillarse ante un supuesto poder de turno. Y no estoy hablando de política sino de empoderamiento. El 44 con la fuerza del 8 ilumina el camino construido como un sistema y que como tal siempre contempló a los demás que quisieran ser parte. Porque los números maestros implican a los demás, por eso se dice que son números volcados al servicio. Sus transformaciones nos sirven a todos. A veces eso se expresará de maneras relacionadas a una nueva visión, mentalidad, o a la educación al guiar a los demás como se suele decir del 11, pero el 44 construye en silencio y a ritmo sutil. Derrumbándose para quedarse solo con los mejores materiales y bases que permitan sostener el faro más alto. Un faro sin barcos que guiar no cumple su propósito, además de haber sido construido para ser funcional.

Como venía diciéndoles en los últimos artículos, el poder de las narrativas que elijamos para contarnos la realidad nos filtrará la mirada. Por eso me permito compartirles estas reflexiones recordándoles que no se olviden de interpretarlas desde su propio discernimiento, contrastándolas con la información que crean necesaria y formando sus propias opiniones. Desde mi lugar, me gusta aportar algunas ideas basadas en patrones que, como 11 de misión o destino que tengo, me inspira a expresar y compartir.

Hablemos un poco de la copa del mundo que terminó recientemente. Como evento capta una de las mayores audiencias globales. Más de un billón de personas concentrando su atención hacia el mismo punto. Dicho así es innegable el poder que despierta. Para algunas personas eso lo vuelve tanto un foco de distracción de otros eventos que ocurren en simultáneo, como el escenario ideal para imponer nuevas narrativas o discursos de cualquier tipo.

Si a ello le sumamos un par de sucesos astrológicos como los que se dieron en la final del 19 de julio con un Júpiter en Leo y La Canasta de Barbault (una alineación singular en el grado 4 entre tres planetas transpersonales del inconsciente colectivo como Urano, Neptuno y Plutón, junto a Júpiter que forma parte de los planetas del inconsciente personal pero en Leo el signo del Sol, del empoderamiento, que tiende a dominar o quererse imponer con firmeza) es como si hubiéramos encendido todos los reflectores del escenario a la vez. No soy tan experta en astrología, pero oí a varios astrólogos hablando del cambio del eje de poder que, al combinarse los elementos de aire y fuego representando al espíritu y a la mente en acción, purifican lo necesario para gestar la matriz de un futuro a nivel de una consciencia colectiva más despierta. Y me hizo todo el sentido que mi inspiración me estuviera dictando para hablar en estos últimos artículos acerca de los discursos. Yo lo llamo intuición, aunque también tengo demasiado piscis en mi carta como para no enterarme de lo que involucra Neptuno y a Júpiter, que además lo tengo en su signo natural.

Pero no me voy a adelantar, porque desde el comienzo del torneo vimos aparecer un sinfín de discursos en las redes, en los medios y hasta nosotros mismos repitiéndolos sin darnos cuenta. Y si bien soy demasiado empoderada, y a todo orgullo gracias a mi ascendente leo, como para dejarme influenciar por discursos ajenos... el mundial ya es una competencia deportiva que enfrenta a países e hinchadas. Nos separa para competir, pero nos separa en fin, en vez de unirnos en un momento donde estaba por cambiar el eje de poder, donde se revelaban nuevas visiones para elegir mejores opciones desde donde pensarnos empoderados de nuestro propio camino.

En este punto algunos estarán pensando en un grupo demasiado selecto que domina el mundo por sobre los demás y elige guiar la atención de la mayor cantidad de personas para enfrentarnos. Además de que el último día coronan a un país cuyo pasado de colonizador lo precede, en vez del único país (incluso el único de los cuatro semifinalistas) que no fue colonizador sino colonia, logró independizarse y ayudó a varios de otros países en sus procesos de independencia (como San Martín en Chile y Perú, o las Provincias Unidas del Río de la Plata en el Caribe, por nombrar dos ejemplos rápidos). Pero para los que hayan pensado en esto o algo similar dejenmé decirles que ese es otro discurso que enfrenta y separa. Y que por sobre todas las cosas busca desempoderarnos. Nos hace sentirnos víctimas de un mundo injusto, usando las heridas abiertas de varias naciones para darle peso a sus palabras y seguir ahondando en historias de superioridad, rechazo y odio. Podrán disentir conmigo, pero no suena demasiado favorable para lograr un empoderamiento sano. Además, repite el mismo viejo error de siempre: ceder nuestro poder a un otro.

Porque sea quien sea ese otro el poder sigue estando afuera. Cuando en realidad y en el día a día te relacionás con gente de esas naciones y continentes lejanos de lo más bien. Todos los países tienen un pasado, bastante oscuro por distintas razones, y si algo me enseñó vivir en Argentina es que los gobiernos y políticos rara vez, o casi nunca, representan los mejores valores de su pueblo. Por lo tanto, jamás serán puntos de referencia para conocer bien la idiosincrasia de un país.

Y si vamos más allá, ¿quién define la idiosincrasia de toda una nación? Si ni siquiera sabemos quiénes somos nosotros y tardamos años en ir descubriéndolo, siempre va a ser erróneo y reduccionista hablar de un grupo de personas generalizando tanto. Por eso si te ponés a pensar, todo termina siendo una ridiculez, o al menos llevándote a una falacia sobre la cual vas a fundar tu idea de mundo.

Yo prefiero mirar a los ojos a las personas sin importarme su nacionalidad ni ninguna otra categoría impuesta por otros. Todos tenemos un corazón que bombea sangre para mantenernos con vida, respiramos el mismo aire y buscamos ser felices. Quizás no compartamos la misma idea de felicidad y esas diferencias sean mucho más enriquecedoras de lo que nos lleguemos a imaginar (como les decía en anteriores artículos). Pero hasta del político que más te desagrada se puede aprender algo, aunque sea al menos no repetir en tu vida lo que te duele tanto ver en él.


Red de estrellas en el cosmos
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Y volviendo a la numerología, cada uno decidirá qué pensar acerca de lo que desató el 44 maestro de Argentina durante el mundial. Sin darle cualidades de virtud o de defecto, es innegable que se destacó tanto en lo deportivo como en lo social. Y como pasa con el servicio de todos los números maestros, al aparecer en un escenario capta miradas e invita a que los otros se miren al espejo. Porque la esencia del faro es sólo iluminar.

Quizás para cerrar esta reflexión no haya mejor forma que esa. Los invito a mirar qué les despierta lo que va sucediendo en el mundo y a revisar mejor que no estén cediendo su poder personal, repitiendo discursos de otros. Especialmente de los que se propagan con las intenciones de sembrar odio, discordias o miedos.

 Y no me puedo despedir sin antes reconocer desde mi admiración personal que el 44 maestro de Argentina además de desatar hasta campañas Anti-Argentina mostró: formas distintas de hacerle frente a las adversidades, fuerza física a veces sólo empujada desde el coraje del corazón y el propósito de cumplir un deseo colectivo y desafiando hasta la edad o lógica del físico de algunos jugadores, irreverencia ante el supuesto poder priorizando su expresión genuina en vez de aceptar sumisión, seguir intentando con total entrega hasta el último minuto, que en los festejos todos son bienvenidos, que la alegría se contagia, que la unión hace la fuerza, cómo lograr que un país históricamente tan exitista se rinda en elogios y festeje una medalla de plata incluso con la ilusión rota, que no hay que sobrevalorar los resultados por encima de los procesos, que los triunfos tienen distintas formas de valorarse más allá del premio que otros te otorguen, en especial con el ciclo de Scaloni nos recordó que perder una final también era posible como ya nos había dicho en algún momento (porque, salvo por su comienzo que nos dejó semifinalistas de una copa américa, nos tenía malacostumbrados a ganar todo torneo que se jugaba o a liderar todo ranking durante períodos de más de dos años y perdiendo sólo 10 partidos en sus casi 8 años de entrenador con 104 partidos jugados), que Messi es cada día más brillante y extrañaremos disfrutarlo cuando se retire, que la amistad y la familia en un equipo son extras invaluables, que jamás se subestima a ningún oponente aun cuando te falten el respeto porque para responderles está la cancha, que se puede ganar tanto sin haberse ganado la copa, que el amor y la unión protegen y vencen siempre al odio y las mentiras, que la grandeza no se devalúa por quienes no sepan ni quieran apreciarla, que no se necesita ganar cuando el éxito verdadero es disfrutar de ser quién sos en su máximo esplendor ya sabiendo lo que valés más allá de todo reconocimiento externo o de medirte con otros, y si algunos rumores son ciertos también demostraron que saben elegir el bien común a futuro por sobre la satisfacción personal inmediata, por nombrar algunas cuestiones nomás. Por las cuales siempre les estaré agradecida.

Dejen en los comentarios sus opiniones al respecto así sumamos perspectivas nuevas leyéndonos.

Si les interesa continuar con la lectura de este tema los invito a leer qué nos propone la numerología de este año 1 acá, o artículos anteriores relacionados.


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domingo, 19 de julio de 2026

El origen de nuestra autoestima: quién nos enseñó qué vale y qué no | Autoconocimiento real

 

En el artículo anterior hablaba, entre otras cosas, de la tendencia a permitir que los discursos que consumimos nos dividan. Haciendo un llamado a recordar que las diferencias nos enriquecen en vez de amenazarnos. Siguiendo con esa línea, creo que es importante analizar un factor que influye mucho a la hora de poder apreciar de forma positiva la diferencia. Me refiero a nuestra capacidad de valoración.


Vitral colorido
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


¿Por qué nos cuesta tanto valorarnos en profundidad y poder valorar a otros?

Quizás el núcleo de la respuesta lo encontraremos al pensar la forma en la que fuimos criados. Más allá de los diferentes valores inculcados por nuestras familias en la infancia, la mayoría de modelos de crianza comparten la misma cuestión central. Aprendemos a ver y valorar la vida desde las miradas de nuestros padres/referentes. Es imposible escapar a que ellos moldeen esas primeras experiencias que luego fundarán la estructura central de nuestro pensamiento. Esto no implica que luego podamos transformarlo, pero nos lleva mucho trabajo interno hacerlo, precisamente por ser ideas fundacionales que tenemos demasiado arraigadas y actuando de manera inconsciente.

Por lo general nuestros referentes nos educaron a partir de premiar o castigar conductas. También moldearon la forma de lidiar con nuestras emociones. Eso explicaría por qué tanta gente adulta, e incluso en su tardía adolescencia, carece de recursos para afrontar de maneras más resilientes situaciones que generen frustración. Y en esos casos es común encontrar el patrón de que fueron criados en un ambiente demasiado sobreprotector.

Nuestra familia de origen nos enseñó dónde poner el foco para valorar cada situación. Y aun cuando no lo hayan expresado directamente en palabras, nos formaban mediante su ejemplo y la coherencia entre sus discursos y sus acciones. Que premiaran nuestra buena conducta, o castigaran la falta de ella, nos fue transmitiendo un mensaje indirecto de que nos valoraban más por los resultados obtenidos que por cómo éramos como personas. Mensaje que además se reforzaba por un afuera en donde el éxito se mide por lo que se obtiene de manera material, profesional o sentimental.

Me permito hacer una aclaración que repito cada vez que hablo de nuestra infancia. Mi intención jamás pasa por criticar a nuestros padres/referentes. Como madre sé muy bien la inmensa dificultad y desafíos que nos aporta la maternidad/paternidad. Y tampoco pretendo generar rencor hacia nuestra historia. Simplemente me limito a analizar las consecuencias en la adultez que ciertas experiencias nos dejaron marcadas con la intención de tomar consciencia sobre ellas, empoderarnos y decidir distinto a partir de la nueva información o recursos. Por lo tanto, tomemos lo que nos sirve para avanzar mejor y aprendamos a mirar a nuestros padres desde una mirada de comprensión y compasión. La gente hace lo que puede con lo que tiene, con lo que sabe y con lo que aprendió. Y hasta creo que en ese sentido cada generación goza de mayores privilegios que la anterior, estamos evolucionando y mirar con los ojos de hoy a generaciones anteriores que tenían otros desafíos no sería tan apropiado. Además, el foco debemos ponerlo en nosotros y en lo que nos dejaron para elegir desde nuestro poder personal cómo administrarlo mejor.

Como venía diciendo, aprendimos a valorar desde la mirada de nuestros referentes adultos. Y ese movimiento es mucho más poderoso de lo que solemos contemplar. Porque nos invita inconscientemente a valorarnos desde afuera sin contemplar nuestro interior. Le cedimos nuestro poder personal a que nos dijeran quiénes éramos, cómo era el mundo, qué cosas son importantes para valorar y cultivar en nuestra vida y cuáles descartar, etc. Nos inculcaron sus propios valores personales y no tuvimos la oportunidad ni la consciencia de cuestionarlos para saber si queríamos elegirlos o preferíamos otros. Y es lógico y no es que esté mal, pero nos dejó una marca demasiado grande como para ignorar. Por eso se vuelve central cuestionarlos.

Muchos de nosotros jamás estuvimos de acuerdo con ciertas dinámicas o valores de nuestra familia de origen. Y las habremos tratado de corregir si formamos una familia propia de adultos. Pero en este punto sucede algo interesante, que no siempre tomamos consciencia. Hacer las cosas distinto por ir en contra de algo no siempre es lo adecuado. Si actuamos desde un lugar de haber evaluado lo que recibimos y elegir algo mejor, seguramente estaremos evolucionando. Pero si nuestro parámetro es ir siempre en contra de lo que recibimos, estaríamos repitiendo el error que lo que sucedió siga condicionando nuestros valores o conductas. Así que a la hora de cuestionar nuestros valores, no nos olvidemos de ese pequeño detalle.


"La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar."

Carl Rogers


Aprender a valorarse mejor es un tema súper amplio (te invito a que después de leerme pases por mi canal de YouTube que tengo varios videos sobre valorarse, como este por ejemplo) que implica autoconocimiento y actos de amor propio concretos para crear una autoestima más sana, pero ahora veamos algunas cuestiones básicas.

El foco rara vez se nos enseñó a centrarlo en nuestro interior. Quizás haya padres más conscientes que lograron acompañar a sus hijos educándolos en conocerse a sí mismos, o escuchándolos mejor en vez de adoctrinarlos. Y sé que esa última palabra es demasiado fuerte, pero no puedo ignorar el hecho de que a muchos los criaron sin dar más explicaciones que el famoso "porque lo digo yo que soy tu padre/madre" y eso a la larga para mí es un adoctrinamiento. Razón por la cual traté siempre de explicarle a mi hija que las reglas estaban puestas con sentido y propósito. Y aunque como todos los padres me equivoqué mucho, siempre creí que yo estaba aprendiendo más de ella que ella de mí.

Y si tu caso fue una familia de reglas demasiado rígidas la tendencia a cuestionarlas debió nacer en la adolescencia mediante la rebeldía típica de la edad. Probablemente te hayan acusado como a mí de rebelde y cuestionadora, como si preguntar fuera una falta de respeto. Quizás te hayas echado más culpas de las que te correspondían o hayas silenciado tu tendencia a cuestionar. Y si es así, al menos repensalo, porque en mi caso personal fue precisamente una de mis mayores virtudes para siempre estar trascendiendo creencias limitantes y creencias heredadas.


Mujer caminando en el camino del medio, a su izquierda gente acelerada y ritmo de ciudad y a su derecha vida en la naturaleza
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Cómo sea que se haya desarrollado tu infancia, valorarnos desde afuera primero nos genera medirnos por resultados. Que como decía antes, encima se ve reforzado por ideas de la sociedad, pero esa misma sociedad parece no valorar las cuestiones más importantes de la vida como el aire para respirar que se da por garantizado, o cuidar la naturaleza del planeta para sostener una buena calidad de vida y no profanarla por lucrar con ella, por dar algunos ejemplos. No se nos enseña a valorar nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra salud mental, por sobre encima de nuestra productividad. A veces se sobrevalora la cantidad por sobre la calidad. Por ejemplo: si tenés 10 amigos es mejor que si tenés solo uno pero con una relación más auténtica de amistad, si llegás a tal edad sin haber formado una pareja o familia algo malo debés estar haciendo, si tenés un trabajo que no te gusta pero paga tus cuentas mejor conformarse, etc.

Y llegado este punto de la reflexión aclaro que cada uno elige sus valores personales y su escala de prioridades. Yo sólo puedo hablar desde los míos, pero de ningún modo busco inculcarlos a los demás. Por lo tanto, no lo olvides al leerme porque podemos diferir en conceptos y sin embargo coincidir en la importancia de revisar qué es valioso para cada uno.


"Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra libertad y nuestro poder para elegir nuestra respuesta."

Viktor Frankl


Entonces, les propongo preguntarse con total honestidad y en la intimidad: 

¿Cómo empezamos a construir una valoración propia?

¿Qué cosas valoro porque realmente las elegí?

¿Cuáles heredé sin cuestionarlas?

¿Qué persona quiero ser aunque nadie me aplauda?


Hasta ahora hablé solo de cómo cada uno valora y qué elige valorar. Y para mí ese es el mejor orden, porque si no sabemos valorarnos y no elegimos valores coherentes con quienes somos en esencia y autenticidad, no podremos hacerlo con otros de una manera tan profunda. Porque como decía en el artículo anterior también, no vemos ni valoramos el mundo como es, sino que lo hacemos desde nosotros, como somos y valoramos nosotros.

Incluso desde nuestras expectativas e ideales. Y este aspecto no es nada menor si nos ponemos a analizar los argumentos que suelen dar las personas que no saben valorar las diferencias o hasta incluso a sus "opuestos ideológicos", por llamarlos de alguna manera. Pero también es algo tan común que se refleja en múltiples escenarios como un grupo fanático de un artista musical criticando con severidad el nuevo disco, padres diciéndole a los hijos que los defraudaron, hijos sintiendo que defraudaron a sus padres, público que asiste a ver un deporte de equipo y si el jugador más hypeado no juega por alguna lesión reclaman que se les devuelva lo que pagaron, espectadores juzgando si algún remake estuvo a la altura de lo que esperaban, etc., etc. Y en algunos casos no solo se toman atribuciones de criticar las obras ajenas en vez de crear las propias como tanto les gustaría ver, sino que además demuestran una exigencia desmedida descartando trabajos completos por un simple detalle o solo porque esperaban algo distinto. Evidenciando sus criterios subjetivos, su autoexigencia y su incapacidad de valorar (la intención, la entrega, el tiempo invertido, la creatividad, la ilusión, el gasto físico, etc.) proyectada en el exterior. 

Porque poder valorar las diferencias como valiosas o potenciales de enriquecimiento nace de poder valorarlo en nuestro interior primero. Y más aún si lo tuviste que hacer porque eras demasiado diferente a la familia en la que te criaste. Probablemente ellos te enseñaron, consciente o inconscientemente, a anular esa diferencia para encajar o cumplir. En vez de aprender de ella como una posible mejora al sistema familiar y sus dinámicas. En mi caso eso se expresó con la alta sensibilidad y cómo ellos desconocían absolutamente saber reconocerla. Era obvio que no sabían qué hacer distinto, cómo validarla, ni cómo entenderme. Y esa invalidación generó en mí que yo misma la rechazara de la misma manera que aprendí durante años. El cambio recién vino cuando me encontré con la información que me explicaba esas diferencias y cómo verlo distinto. Y por supuesto con mi trabajo de desarrollo personal enfocándome en aprender a validarme tal cual era.


Escritorio con distintos objetos que invitan a la introspección
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


Quizás por eso me fue tan necesario revisar mi valoración y hoy esté escribiendo sobre ello. Los invito a dejarme en comentarios sus experiencias y a compartir este artículo con quien le pueda ayudar leerlo. Además, les pregunto si les interesa que sigamos hablando del tema, porque sólo abordé algunas cuestiones básicas, pero siempre hay mucho más que decir.


Si no habías leído mi artículo anterior te invito a hacerlo acá. O también a revisar qué nos propone la numerología de este año leyendo este otro artículo


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domingo, 12 de julio de 2026

Actualidad y el poder de las narrativas | Autoconocimiento y reflexión

 

Si bien no me gusta hablar de "cómo está el mundo hoy" me es imposible no nombrar ciertas tendencias que me inspiran a tratar de entenderlas mejor. Me refiero al odio y al desempoderamiento ante los avances tecnológicos y otras cuestiones.


Hombre sentado en su escritorio y abrumado por noticias de odio y cancelación de sus varios dispositivos electrónicos
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Considero que la actualidad es demasiado compleja como para reducirla a una única narrativa tratando de describir cómo es el mundo en este momento. Además, deberíamos cuestionar la subjetividad de quién lo dice y sus intereses o motivaciones internas desde las cuales se expresa para no comprar cualquier discurso. Hace años que ya sé que no vemos el mundo como es, sino que lo vemos como somos nosotros. Y si es una idea que nunca leíste te pido que le prestes atención...

Cada persona juzga o valora las circunstancias desde sus valores o ideales personales. Objetivamente el mundo es, y en él encontraremos lo que estemos motivados a buscar en primer lugar. Porque comprende todos los matices al mismo tiempo y no es lo mismo cuáles elijamos destacar y cuáles descartar para describirlo. 

Por lo general, las personas describen la actualidad desde su subjetividad y más inclinadas a priorizar su sentir o la relación con los hechos que tratan de explicar. Al ser seres subjetivos no podemos escapar de ello y esta tendencia a describir algo según cómo nos hace sentir se presenta en todos los aspectos mucho más seguido de lo que nos damos cuenta. Por eso dos hermanos describen la misma situación familiar vivida en su infancia de dos maneras distintas. No lo hacen contando lo que pasó, sino más bien lo que cada uno pudo o supo valorar, o hasta influenciados por sus expectativas y lo que les hizo o no sentir. Por eso no creo que se pueda acordar que el mundo está de una determinada manera sin que esta termine siendo simplista y errónea.

Ahora bien, eso no quita que no notemos ciertas tendencias colectivas y que no debamos revisarlas desde una mirada más consciente o amorosa. Porque quizás lo que más nos evidencian es la falta de empoderamiento y de precisamente más amor.

Entendiendo mi aclaración acerca de las subjetividades, es fundamental que no perdamos de vista que las narrativas que encontremos sobre el mundo de hoy deben ser siempre sometidas al filtro de nuestro propio discernimiento. Aun así cada día me encuentro con nuevas historias que siguen dividiendo y confrontando a una misma humanidad que se aleja de reconocerse positivamente desde la diversidad que la compone. Se falta el respeto, se discrimina y se agrede a sí misma desde una de sus mayores virtudes. Porque cada voz es importante e imprescindible de escuchar para crecer, enriquecernos y evolucionar entre todos.

A veces ya ni importan los argumentos que aporta cada voz, sino que pesa más quién lo está diciendo. Y esto no es casual, sucede así para poder descalificar de antemano cualquier opinión. Para seguir sosteniendo la idea previa que se formó mentalmente (lo que en psicología se conoce como "sesgo de confirmación"). Pero si ni siquiera escuchamos al otro, ¿qué nos queda?

¿Se debate para plantear cómo mejorar o se debate para tener la razón? ¿Se habla para expresarse y escuchar a un otro también hacerlo con el fin de llegar a hacer acuerdos, o para querer convencerlo de nuestra idea/postura? ¿Hablamos de los asuntos de los que somos responsables o de los ajenos? ¿Somos capaces de reconocer que los argumentos de otros sean tan válidos como los propios, aun cuando opinemos lo contrario? ¿Somos capaces de cuestionar nuestros ideales sin que ello implique sentirnos ofendidos? ¿Tenemos la capacidad de cambiar nuestra opinión o seguiremos sosteniendo lo mismo a cualquier precio?

Nadie escapa a seguir teniendo un ego que se nos entromete sin darnos cuenta. Y en cualquier debate o conversación aparece disfrazado y sin pedirnos permiso. La mayoría de conflictos vienen cuando hablamos desde nuestro ego, que se resiste a ceder por orgullo. Y si no somos conscientes de ello, nos estamos perdiendo la oportunidad de crecer a partir de las diferencias que nos aporten los demás.

En ocasiones encontraremos discursos con los que no estaremos de acuerdo, por nuestros valores personales o experiencias de vida, pero eso no implica que debamos descartarlos sin escucharlos. Porque siempre estaremos abiertos a incorporar nuevas miradas, a comprender desde la empatía que un otro no piense como nosotros sin que ello genere ningún inconveniente en la convivencia. A lo sumo nos sirve para saber qué no nos gusta repetir en nuestra vida, cómo no queremos ser, qué límite jamás cruzaríamos, etc.

Sin embargo, hoy es más común escuchar que esas diferencias generen divisiones irreversibles. Se van descartando grupos enteros de personas por haberlos sometido mentalmente a hacerlos encajar en una categoría invisible que hay que denigrar o combatir. Se forman otros grupos que sistemáticamente se atacan entre sí, se cancelan o están pendientes de nombrarlos cada vez que puedan para humillarlos, les siguen los pasos invadiendo de hate sus últimas publicaciones, o cosas similares. Como si hubiéramos vuelto a la época de las hogueras cuando más allá del fallo de una corte, inevitablemente la opinión pública los condenaba a las llamas.

Sé que la comparación suena exagerada, pero fijensé por ustedes mismos las similitudes. El punto es que es más fácil dejarse arrastrar por las olas de odio que sostenerse en pie viendo el mar retirarse de la orilla. Y no se crean que es algo tan ajeno, porque ¿cuántas personas ven que alguien postea que hace algo distinto y tienen que soportar miles de comentarios criticándolos, enseñándoles moral o lo que deberían haber hecho? Es tan amplio que va desde un peinado, una forma de criar a tu hijo, un gusto de comida, a una opinión religiosa o política, etc., etc. Y lo peor es que no se mide el efecto que causa cada palabra en esa persona.

Y todos lo habremos hecho, en mayor o menor medida, alguna vez. Por eso saber que uno no ve el mundo como es, sino desde la lente filtrada de cómo somos, debe llevarnos a revisar nuestros valores. Dominar nuestro ego para que prevalezcan el respeto y la apertura a crecer a partir de cualquier diferencia. No perder de vista jamás qué tipo de persona estamos siendo al opinar y si nos gustaría recibir un comentario como el que estamos haciéndole al otro, o es mejor elegir otras palabras.


Manos sosteniendo un cubo con múltiples botones para decidir. Uso consciente de la tecnología y su relación con el poder personal
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


No nos olvidemos que somos parte de la misma humanidad, que todos merecen respeto y la libertad de decidir sobre su vida a su antojo. Al menos yo eso es lo que también pretendo de los demás y lo que me propongo dar. Y no por jugar a que me vean como buena persona, sino porque eso sí tiene que ver con mis valores personales y es algo que está bajo mi responsabilidad.

Puede que no obtengamos de vuelta el mismo respeto o empatía, pero como no lo hacemos por agradar ni por convencer, podemos aceptar y permitir que el otro elija cómo ser desde sus valores, perspectivas y responsabilidad.

Porque si tenemos bien en claro lo que nos corresponde estaremos ejerciendo nuestro poder personal de decisión de cómo actuar o responder en cada situación. Y hablando de empoderamiento me parece clave relacionarlo con ciertas cuestiones que nos van desempoderando sin darnos cuenta.

La primera es elegir repetir narrativas de otros sin haberlas ni siquiera cuestionado. Como les decía, es fácil dejarse arrastrar por la ola y debemos recordar filtrar todo desde nuestro discernimiento. Hay que preguntarse si lo que leo, escucho o repito sin pensar me representa en valores y si no tiene un interés oculto detrás. Porque muchos discursos colectivos no surgen de la nada, sino que se imponen o impulsan con un objetivo específico. Muchos de esos objetivos simplemente buscan aumentar la división, el odio o la descalificación de otros. Probablemente para sembrar caos o reinar sobre eso, otros serán con intereses políticos o de cualquier tipo, pero la mayoría tiene un objetivo implícito. Y si dicho objetivo no es constructivo, entonces no compremos esos discursos. Pensemos antes de repetirlos porque los leímos o escuchamos mil veces en voces de otros. No importa que sean voces con cierto prestigio, podemos respetar y admirar a alguien y no por eso debemos pensar como ellos. Cada quién es libre de pensar lo que elija. Y recordarlo es recuperar nuestro poder para empoderarse. Nuestras decisiones tienen un inmenso poder y a veces lo olvidamos, las dejamos vacantes para que otros decidan por nosotros o las cedemos para luego echar culpas afuera cuando los resultados nos desilusionan. Pero el precio de ceder tu poder personal es demasiado alto.

Una tendencia que vengo notando con respecto a la tecnología es que ahora mucha gente consulta todo con la IA. Y si bien yo también la utilizo (y con bastante frecuencia), estoy siempre atenta a filtrar la información que me da. No sólo por los errores, que cometen más seguido de lo que admitirían, sino que también por no dejarme influenciar a la hora de decidir. Una cosa es consultar o usar una herramienta y otra muy distinta es dejarse usar o depender de ella. Y lo mismo podríamos decir de las redes sociales y los algoritmos.


Mano encadenada por varios dispositivos electrónicos. Dependencia y efectos negativos de las tecnologías.
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Usemos la tecnología a nuestro favor y con discernimiento. No confiemos sólo en lo que nos digan, contrasten la información, sostengan sus criterios y no cedan su poder personal a que una herramienta tecnológica les diga qué hacer, qué va a suceder o qué son capaces de lograr.

Porque no sé si estarán de acuerdo, pero a mí ya me aburre ver cómo todos los contenidos "están cortados por la misma tijera". Entiendo que la IA te aconseja en base a su archivo de datos con miles de registros de lo que mejor funciona, pero repetir fórmulas no es garantía de éxito. Y más aún cuando todos hacen lo mismo. No dejemos morir esa creatividad, ni la originalidad espontánea por consejos que además no suelen funcionar. 

Ya estamos sujetos a que los algoritmos nos muestren lo mismo en base a los datos que recaudan acerca de nuestros consumos e intereses. Tomemos consciencia y no nos olvidemos que a cada uno le muestran cosas distintas. Sepamos que existen más narrativas, retomemos nuestro poder, no nos dejemos influenciar y mantengamos la mente abierta. 

Quizás la reflexión más sustancial que estos avances nos aportan tenga que ver con el poder de nuestra atención. Donde centremos nuestra mirada, estaremos perdiéndonos de observar otros detalles. Pero a la vez, elijamos mejor qué alimentamos con el poder de nuestra atención, tanto en qué tipo de contenidos consumimos como en qué discursos adoptamos. Porque nuestra mente absorbe muchísimo más de lo que nos damos cuenta y si uno está viendo miles de estímulos que infunden división, odio, miedo o inestabilidad, será cada vez más difícil no dejarse arrastrar por las olas.

Como en otros artículos los invito a recordar el poder que tiene hacernos preguntas. Cuestionemos todo, internamente, con la mente abierta y flexible. Las creencias que no pongamos a prueba van a arraigarse, generándonos sentencias absolutistas que en algún futuro seguramente limiten nuestra evolución.


Por lo tanto, les pregunto: ¿qué opinan de lo que les compartí hoy? Dejen un comentario así nos leemos compartiendo sus impresiones, que quizás a otros les sirva leer.


Y después, les sugiero seguir leyendo este artículo o este otro.


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