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domingo, 1 de noviembre de 2026

Frenar el discurso de siempre | No sos lo que te contás


Así como veníamos hablando en varios artículos anteriores acerca del poder de las narrativas sobre el mundo o la actualidad y cómo saber identificar que sostener dichas ideas puede limitarnos de vivir una vida más amable, empoderada y plena, hacemos lo mismo con las historias que nos contamos acerca de quiénes somos y nuestro presente.

La mayoría de esas creencias que te atrapan ya caducaron y solo el hecho de sostenerlas o volver a otorgarles la potestad de "única verdad" es lo que las mantiene vivas coartando tu expansión. Son ideas que nacieron de viejos sentires acerca de una circunstancia que ya no es la misma que tu presente, aun cuando puedas observar múltiples similitudes en común.

Cada crítica, incomodidad y confrontación encierra una bendición. Si no la descartáramos tan rápido, desde la ofensa de sentirnos atacados o dejándonos vencer por el miedo a la vulnerabilidad que nos permite ser más sinceros con nosotros mismos, podríamos recibirla desde la calma para observar qué nos está reflejando realmente.

No todo lo que te llega te pertenece. Pero lo que te confronta probablemente sea tuyo, porque no lográs que te sea tan indiferente como para dejarlo pasar. Y antes de rechazarlo en automático desde el orgullo herido de tu ego que busca protegerte hay un instante que te permite no volver a repetir el viejo discurso de siempre.


Collage abstracto de cintas traslúcidas
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Algunas veces eso que tanto nos molesta de un otro es el mejor recurso que podríamos necesitar desarrollar para resolver alguna molestia propia. Por ejemplo: en algunas ocasiones sucede que nos indigna que una persona sea más egoísta y decida siempre por sí misma en vez de pensar un poco en los demás, cuando en realidad nosotros mismos decidimos priorizando tanto el bienestar de un otro o en función a expectativas ajenas que traicionamos nuestros propios deseos. Y esa persona con su "egoísmo" nos recuerda un recurso o solución para aprender a decidir sin traicionarnos la próxima vez. Aunque el ejemplo puede funcionar perfectamente al revés en el caso de que recibamos la crítica constante de ser egoístas, quizás debamos permitirnos evaluar mejor las consecuencias de nuestras decisiones en nuestros entornos y preguntarnos quiénes estamos siendo y qué estamos aportando de nosotros mismos en lo que sea que hagamos o hacia donde vayamos.

Si dejáramos de sostener esos viejos discursos que catalogan todo como problemas, activando la queja rechazo o culpabilización externa de manera inmediata para defendernos y nos permitiéramos pensar sin dureza y con honestidad si es tan cierto lo que estamos pensando, ayudaríamos a que el proceso cognitivo de flexibilidad mental nos aporte nuevas miradas sobre la misma situación que se nos repite con distintos disfraces y nos hace sufrir.

No todos nuestros pensamientos deberían ser tomados tan en cuenta. Si estuviste años sintiéndote mal con vos mismo, tus discursos deberían al menos ser revisados desde una luz más compasiva y una perspectiva nueva. Quizás te repetiste demasiadas veces que sos el que siempre fracasa, el que nunca puede lograr lo que quiere, el que no tiene lo que necesita para progresar o vivir mejor, el que siempre dejan de lado, el que nunca tiene ganas, etc. Y sea momento de recordarte que no sos lo que pensás, tampoco lo que sentís ni los resultados que puedas obtener cuando te proponés lograr algo. Ya el simple hecho de recordarte que sos mucho más te permite el respiro necesario para abrir tus ideas.

La tendencia a superar o gran desafío es no identificarse por tus circunstancias, porque ellas siempre están en movimiento y muchas veces son simples reflejos de personificaciones que ya te quedaron chicas. Que encuentres patrones o similitudes en tu presente que te lleven a pensar en situaciones parecidas de tu pasado es inevitable, porque responde a cómo tu mente procesa la información. De cada circunstancia absorbés muchos más estímulos de los que sos consciente y tu mente, que busca simplificar el volumen de dicha información, reconoce patrones para asociarlos con experiencias pasadas, recuerdos o recursos. Pero lo hace para entender qué es lo que sucede y según esa interpretación cómo deberías actuar. No para que siempre des la misma respuesta ante situaciones en apariencia similares.

Por lo tanto, no luches contra esos pensamientos. Observalos sin juzgarlos. Analizalos desde la curiosidad y la oportunidad de ver la bendición disfrazada que te aporta una molestia, un enojo, una crítica o una decepción.

Y preguntate si es tan cierto lo que te repetís acerca de vos mismo en esa circunstancia. Despersonalizalo, despojalo de los absolutismos que te llevan a pensar que siempre será así o que nunca va a cambiar, porque nadie puede hablar de un siempre sin conocer todo su futuro (algo claramente imposible). Soltá el peso emocional que sostenés al creer que esa circunstancia te define como persona o te cataloga a una condena para siempre. Mirá lo que te decís sin que tus emociones moldeen tu forma de pensarte. Elegí permitirte dudar. No sabés si la próxima vez que intentes algo será la exitosa hasta que la hayas puesto en marcha. Quizás solo necesitás arriesgarte a pensar o hacer algo nuevo sin garantías ni certezas.

Nuestras tendencias suelen decidir por nosotros en secreto impulsadas por emociones transitorias y luego nuestro razonamiento justifica dichas decisiones con interpretaciones que sigan alimentando los viejos discursos con los cuales nos identificamos simplemente por hacernos sentir mejor con lo sucedido. Pero una tendencia jamás será más fuerte que tu poder personal de tomar la responsabilidad para decidir mejor o distinto en cada oportunidad.

Puede pasar que estemos demasiado acostumbrados a vivir desde los modos de supervivencia en los que debíamos protegernos de lo que nos llegaba, o siempre desconfiar para cuidarnos mejor. Sin tomar consciencia de que ya no somos los mismos de siempre. Y probablemente sea un buen momento para preguntarnos si estamos usando nuestra mente para decidir o para justificar un sentir.

En algunos casos solo es necesario reconocernos luchando entre nuestros razonamientos más inteligentes o conscientes y las viejas tendencias a definirnos por patrones de creencias arraigadas solo por costumbre o repetición inconsciente. Porque estaríamos iluminando nuestras propias resistencias al cambio para ejercer mejor nuestro poder personal de decisión.


Estructura abstracta de cintas fluidas
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Permitite no entender para no quedarte con la primera interpretación mental de una situación. Date la oportunidad de sorprenderte acerca de lo que puedas conseguir por simplemente dejar de pensarte el mismo de siempre.

Y aprendé a soltar lo que no te pertenece. Porque muchas veces lo que un otro nos critica ni siquiera nos corresponde y es una simple proyección sobre sus inseguridades, miedos, molestias no resueltas, identificaciones, ideales, o complejos. 

Tomemos esas incomodidades para preguntarnos si estamos actuando desde modos reactivos, impulsados por emociones momentáneas y tendencias inconscientes, o estamos siendo conscientes de que somos los que decidimos. Decidimos qué elegir, qué historias dejar de sostener, qué podemos rescatar de cada experiencia, qué sale de nosotros en cada situación, quiénes estamos siendo y si hay coherencia entre ello y lo que nos propusimos ser o cómo lograr desarrollarla más en cada nueva oportunidad que se nos presenta. Si estamos siendo proactivos veremos cada circunstancia como un escalón más de una escalera siempre ascendente.

Y jamás olvides que no importa tanto lo que pasa, sino qué decidís hacer con ello esta vez.


¿Ustedes qué piensan? Anímense a dejarlo en los comentarios. Si conocen a alguien que podría servirle leerlo, no dejen de compartir el artículo.

Y si se engancharon con la lectura les sugiero continuar leyendo este otro artículo relacionado.


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domingo, 25 de octubre de 2026

Lo nuevo incomoda


Cuántas veces habremos deseado que algo cambie o reiniciar desde cero, pero a la vez cuando se nos presenta una nueva situación, una parte nuestra se resiste a aceptarla completamente sin desconfiar...

Aparecen las mismas voces que nos recuerdan experiencias anteriores con algunas similitudes y las interpretamos como advertencias para no volver a cometer los mismos errores si queremos obtener nuevos resultados. O simplemente nos apresuramos a juzgar de positivas o negativas las nuevas circunstancias sin siquiera terminar de darles el primer vistazo.

Pareciera que dentro nuestro hay un mecanismo latente que se activa de forma automática ante la mínima señal para prevenirnos volver a sentir dolor o sufrimiento. Y en realidad es lo que nos permite evitar exponernos a situaciones de peligro innecesario, por lo tanto, termina siendo imprescindible a la hora de cuidar nuestra integridad. El tema es que cuando capta las señales las juzga de peligrosas o seguras con demasiada inmediatez y siempre basándose en patrones de experiencias pasadas almacenadas en nuestra memoria. Y cuando el desafío es completamente nuevo no hay un registro desde el cual actuar para sentirse menos expuesto o más protegido. Por lo tanto, la tendencia a mantener el control nos puede limitar de vivir más plenamente lo nuevo.


Ditípico de formas flotantes y luz etérea
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Este tema tiene demasiadas aristas porque no podemos obviar que el cúmulo de experiencias en nuestras memorias a veces está saturado de situaciones irresueltas a nivel emocional o de interpretaciones poco favorables para nuestra evolución más amorosa o fluida. Lo que termina generando mayores trabas en nuestros avances, porque hay muchos miedos o culpas que ni siquiera tienen verdadero fundamento, pero que igual se nos quedaron grabados prácticamente con la impronta de un trauma. La gran parte de ellos desconocemos seguir almacenándolos, ni registramos que las huellas de nuestros primeros años tenían tanto impacto, que quizás nuestro nivel de consciencia y comprensión de aquel viejo momento nos impedía sacar mejores conclusiones, o solo se trataban de experiencias demasiado dolorosas como para asimilar y superar del todo ni bien ocurrieron.

Es por eso que la necesidad de revisar esas historias, casi oxidadas de tanto repetirlas, se vuelve tan imprescindible en una parte del camino. Y aún así, se nos pueden volver nuestras propias cárceles mentales si no sabemos cuando dejar de sostenerlas.

Encontrar patrones o similitudes en las nuevas circunstancias nos es inevitable. Digamos, por simplificar bastante, que es el método preferido de nuestra mente para organizar la información que recoge de cada ambiente. Es la forma más práctica que utiliza para ordenar grandes cantidades de estímulos que absorbe en simultáneo. Pero a pesar de ser un proceso inconsciente o una tendencia orgánica en nuestras funciones cognitivas no estamos presos en una jaula ni encerrados en un bucle infinito. Nunca fuimos tan impotentes como solíamos creer...

Además de limpiar y ordenar nuestra mente de viejas historias que pudimos encontrarles nuevas interpretaciones favorables para superar experiencias difíciles, fuimos aprendiendo a apreciar mejor nuestro poder personal de decisión. Porque podemos pensar o sentir lo que sea, que lo importante terminará siendo qué decidimos hacer con ello.

Controlar lo que nos llega o qué impacto psicoemocional nos causa siempre nos fue imposible, pero decidir cómo actuar o desde qué actitud afrontarlo siempre serán nuestras mejores opciones y estarán incondicionalmente disponibles.

Solo se requiere de un cierto grado de consciencia o atención para no responder de la manera automática o el rechazo inmediato a lo nuevo que nos aparece. A mayor presencia, mayor facilidad de reconocernos repitiendo una respuesta automática, en vez de haber evaluado si es la mejor de las opciones.

Jamás seremos los mismos que ayer. Las experiencias acumuladas nos otorgan sabiduría para tomar mejores decisiones, reconocer antes esos miedos, decidir dar nuevos pasos aún cuando sintamos incomodidad o no estemos tan seguros y para al menos admitirnos en voz alta que seguimos resistiendo a los cambios.

Es momento de sincerarnos y poder reconocernos cómo nos sentimos ante los nuevos escenarios. De dejar de luchar por no sentirnos como nos salga o por si lo que nos llega debería ser así o de otra forma. Porque no podemos hacer nada con lo que no se puede controlar, pero si podemos decidir mejor cada vez.

¿Estamos permitiendo o nos estamos protegiendo?

¿Por qué resistimos?

¿A qué le tememos tanto? 

Quizás un par de respuestas genéricas a la última pregunta podrían ser "a que me pase lo mismo de nuevo" o "a que otra vez falle/sufra" y claramente jamás lo sabremos hasta que eso suceda en un futuro que nunca podemos predecir con certeza. Las posibilidades siempre serán todas. Contemplá que las memorias acumuladas no te confundan ni te hagan olvidar del otro 50% de posibilidades positivas siempre disponibles para cada situación.

Lo que nos llega siempre conviene aceptarlo tal cual es y sin resistencias para poder decidir sin que nuestro juicio se tiña de un pasado que ya no existe. Esto no significa que no podamos responder distinto o que nos resignemos permitiendo algo que nos dañe. La aceptación y permiso es hacia lo que nos llega o hacia los efectos internos que nos pulsan inconscientemente. De otro modo siempre estaremos luchando contra una parte nuestra que lo único que busca es protegernos del dolor. Y si hay lucha hay conflicto y no hay paz ni la claridad necesaria para decidir desde la sabiduría acumulada o nuestros recursos internos para afrontar cada situación.

Habrán leído esos antiguos proverbios acerca de que siempre la persona que llega es la correcta, siempre lo que se va se tenía que ir, etc. Y se basan precisamente en cultivar esa aceptación de permitir que lo que nos llega/sentimos lo aceptemos sin resistirnos para luego ver qué podemos, queremos y nos conviene hacer con ello.

Lo nuevo suele venir acompañado de un silencio incómodo, una sorpresa que nos deja sin respuestas predeterminadas que nuestra mente pueda rastrear al instante, o un miedo a no saber cómo responder. Y lejos de ser una mala señal, en muchos casos, termina siendo todo lo contrario. Porque no todo lo conocido ni cómodo es lo mejor y nos ayuda a avanzar más fluido.

Tenerlo presente nos ayuda a superar ese instante de incomodidad para ir descubriendo en la experiencia que no todo tiene el mismo sabor, que hay nuevas facetas o recursos muy nuestros esperando aflorar de nuestro interior y nos invita a confiar, apostando en que somos más capaces de lo que solemos darnos cuenta.

¿Cuántas nuevas oportunidades habremos dejado pasar por no darnos la chance de superar un instante de incomodidad?


Ditípico de formas etéreas y cristalinas
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Quizás sea momento de no quedarnos de nuevo con esa intriga y animarnos a ir por mucho más.


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Y si se engancharon con la lectura les sugiero continuar leyendo este otro artículo.


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domingo, 18 de octubre de 2026

Desaprender para aprender todo al revés | Volver a ser vos


Aprendiste a mirarte a partir de la mirada de los que te rodearon.

Y en silencio, sin notarlo, fuiste tallando con sus formas cada impulso que te nacía,

resignando tus particularidades para que encajaran en los moldes de sus expectativas,

llenando los casilleros de sus listas, 

habiendo moderado la intensidad de tus enojos y caprichos para no disgustarlos, decepcionarlos ni preocuparlos,

habiendo hecho de la costumbre de forzarte a cumplir la única vía para no perder la conexión, sus aplausos y la palmadita en la espalda de su tan ansiada aprobación.

Ahogando tus reclamos, agachando la mirada hacia la punta de tus zapatos, para recordar cuál era tu lugar y no retrasarte en seguirle el paso a los demás.

Porque el reloj sigue corriendo su eterna maratón siempre hacia adelante y nunca hay tiempo para pararse a pensar, o la incomodidad y el silencio de esa tan urgente pausa que tu intuición te grita desde la boca del estómago es más aterradora que mantenerse en marcha como siempre.

Sin embargo, en algunos momentos, los ojos que te miraban desde el espejo se sintieron ajenos. La catalogaste de una extraña sensación, habrás esquivado tu propia mirada más veces de lo que te permitiste admitir, o encontraste un falso refugio en excusas como la edad, la somnolencia del recién levantado, algunas experiencias que te dejaron marcas, etc.

¿Y si el ajeno eras vos, en vez del reflejo de tu mirada?

¿Si ese vos nunca te fue del todo propio?

Quizás era un collage de miradas de otros donde el gran ausente era tu propio punto de vista...


La identidad que construimos desde afuera
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


Nadie puede sentirse tan cómodo ni pleno dentro de un personaje con el que no termina de conectar emocionalmente. Te podés resignar a actuar desde el rol que te tocó, asumirlo a tal punto que te autoengañes creyéndote realmente feliz.

Pero la vida es tan sabia que cada cierto tiempo nos regala una crisis. Como en la adolescencia que se te rompen las imágenes de superhéroes que le diste mentalmente a tus padres y te cuestionás quién estás siendo mediante la comparación con tus pares, amigos o nuevos ídolos de turno. O la que aparece cerca de los cuarenta para preguntarte si estás conforme con el curso que le diste a tu vida, si estás siendo el verdadero protagonista o un mero espectador sentado en una butaca de cine que se preocupa más por el sabor de los pochoclos o el volumen de la sala que por seguir la trama.

Y de a poco recordás el poder y la sustancia que emergen de hacerte ciertas preguntas. Esas que a veces te cuesta articular en palabras, que se sienten con un cansancio repentino aunque persistente, en un nudo en la garganta que aparece esporádicamente o disfrazadas de enojos desmedidos ante nimiedades. 

Cuando decidís registrarlas y animarte a pronunciarlas en voz alta, aunque sea en la oscuridad del silencio, frente al espejo, o en un desborde de lágrimas al hablarlo con un amigo; estás dando un paso gigante.

Podrás pensar que descubriste un enorme cuarto oscuro que no está nada vacío y como no hay tecla para encender la luz vas dando pasos cautelosos con la luz de una pequeña linterna. Y aun así, el paso más difícil era entrar al cuarto.

Porque encontraste todo lo que se fue acumulando sin darte cuenta en el fondo de tus recuerdos y que desde la sombra del desconocido inconsciente pulsaba para que lo escucharas, pudieras revisarlo, hacer limpieza y finalmente darle el orden que necesitabas.

El disfraz del personaje que se creó desde el afuera jamás le hizo verdadera justicia a tu riqueza interna. Y sólo cuando te adentrás en tus propios abismos se empieza a entender.

La sombra que tanto asustaba escondía tus más preciados tesoros, el único problema que tuviste probablemente se trató de que te enseñaron a verlos como si fueran objetos inútiles o basura. Y para los demás puede que hayan sido totalmente inservibles, pero para vos siempre fueron tus mejores recursos.


Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Si lo pensamos desde un sentido evolutivo cada generación trae mejoras, como si fueran actualizaciones del sistema. Y eso ocurre a todas las escalas. Por ejemplo, en una familia, los más chicos traen soluciones a conflictos que llevan años siendo ignorados dentro del clan. El tema es que los adultos no poseen ese recurso o solución y ante los ofrecimientos de los más chicos se suelen resistir o ni siquiera tomar sus palabras con la seriedad que se merecen. Hace un tiempo grabé un video sobre este tema proponiendo ver esos dolores o molestias como nuestros verdaderos aliados en los procesos de transformación (que si te interesa, después de esta lectura, te invito a verlo acá). Otras veces sucede que la resistencia de los adultos a escuchar las soluciones que proponen los más chicos nacen desde actitudes más orgullosas que sus egos no les permiten siquiera registrar.

Porque las molestias, dolores, angustias, enojos o indignaciones de tu sombra jamás fueron casuales. Tenían un propósito o sentido mayor. No eran para que vivas torturándote ni luchando por no sentirlas, sino para que les prestaras atención. Aparecían para que sepas que en esas áreas de tu vida hay un potencial de cambio y de hacer las cosas diferente a lo que te enseñaron o a lo que viniste haciendo. Y si las aceptás sin resistencia esas transformaciones muchas veces suceden de forma orgánica. Quizás solo necesitabas admitir en voz alta un miedo, para saber seguir caminando con coraje sin que esa idea te frene de hacer algo distinto o que tanto deseás. O que dejes de juzgar tus mejores cualidades y te entregues a cultivarlas hasta que den los mejores frutos.

El camino era dejar de pensarse desde el afuera, tus entornos, circunstancias o contextos para entenderse y pensarse desde adentro con mayor honestidad, amor, validación y sabiendo con qué recursos contás para resolver esas molestias, o para ir hacia donde realmente siempre quisiste y otros te convencieron de que era ingenuo o demasiado irreal.

Todos tuvimos diferencias con nuestros entornos. A mayor diferencia, mayor potencial requiere que lo rescates para validarlo y desarrollarlo en su plenitud. Porque en un mundo donde algunos solo buscan repetir fórmulas que les funcionan a otros, las personas más auténticas brillamos sin esforzarnos ni buscarlo. Eso que siempre te criticaron, es lo que te hace más único o distinto. Y probablemente todos necesitemos que dejes de reprimirlo para ponerlo a disposición desde tu lugar.

Por lo tanto, aprovecho la oportunidad que me otorgás al leerme, para recordarte lo importante que es para todos que hoy seas más vos que nunca.


Si te interesa seguir leyendo te sugiero que revises este artículo o este otro.


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