Solemos temerle a nuestro sentir. Tratamos de contenerlo, de manejar sus tiempos,
controlar cómo se debe expresar, limitarlo, o esconderlo (para que no se note tanto),
ponerlo en pausa así cuando logremos estar solos llorar tranquilos, etc., etc.
Nos cuesta habitar esa sensibilidad. Tratamos de racionalizarla, para sentirnos más en
control, o creer que no nos desborda.
En mí vida fui aprendiendo muchísimo sobre estos terrenos. No es lo mismo ese
desborde emocional, en el cual sólo expresamos una emoción de forma intensa y
libre, que pensar la vida o las circunstancias desde esa emoción. Al tratar de controlar
mentalmente un estado emocional lo reprimimos, forzándolo a salir desde nuestro
inconsciente con más potencia e incomodándonos más.
Permitir, abrazar y dejar salir esa emoción completamente (aunque sea solos en un
lugar escondido) siempre va a ser transformador y liberador. Es sólo un estado que al
sentirlo plenamente, cuando se va apagando, siempre nos deja sentir la paz de haberlo
permitido salir.
Toda emoción es energía y no tiene cualidades negativas ni positivas. Eso ya sería una
interpretación y juicio de nuestra mente. Por eso hay paz detrás de cada estado
emocional, siempre que nos lo permitamos expresar completamente. Es como un rayo
que atraviesa, pero siempre se descarga a tierra y al finalizar sentimos el alivio de que
se acabó la tensión o intensidad.
El miedo mismo también pasa, si no lo alimentamos ni intentamos sostener en el
tiempo sumando más ideas de miedos irracionales que asociemos.
Ahora, actuar o pensar desde ese miedo ya es lo que verdaderamente puede
dañarnos. Lo mismo con el enojo y otras emociones más.
No duele sentir una emoción que podamos interpretar de dolor, sino que duele
verdaderamente interpretarla desde lo negativo, dañino y peligroso que podamos
pensar que es sentir eso en ese momento; o q nos puede superar y por ello debemos
contenerla.
Quizás los niños nos enseñen mucho más de lo que podamos ver. A ellos estos
estados, se les pasan súper rápido. A menos que seamos los adultos que los
interrumpamos con el típico "deja de llorar", por ejemplo (No te sientas mal, es
generacional y nadie vino con un manual de como ser padre 🙃💪). Su tendencia es
estallar con intensidad expresando eso que sienten, pero calmándose rápidamente.
💜 Gracias pequeños grandes maestros 💜
Validemos nuestro sentir sin importar si tenemos o no razón, porque aún cuando lo
que sintamos no sea bueno para nosotros, tenemos todo el derecho a sentirnos como
sea que nos salga. Quizás si nos lo reconozcamos o nos sinceremos con eso más
rápido, lo podríamos vivenciar y comprobar. Eso sólo buscaba salir con nuestro total
permiso y validación (sin juzgarlo para reprimirlo y tratar de contenerlo porque nos
incómoda o confronta). Luego, al haber llegado esa paz, vamos a ver que ya aparecen
otras posibilidades de interpretación. Se abrieron por haber sido honestos con nuestro
sentir, permitiendo traer a la consciencia ese pensamiento que disparó la emoción.
Cómo si las aguas se aclararan solas.
Estas y muchas otras cosas más me enseñaron mis emociones con su intensidad y la
experiencia de lo inútil, además de doloroso, que es tratar de contener o reprimir algo
que pulsa tan fuerte desde el interior. Es rendirse a no luchar contra uno mismo.
Aceptar y amarse acompañándose en esos momentos donde lo que duele, duele
mucho; o lo que asusta, nos parece gigante. La aceptación o rendición, es nuestro
permiso de expresar libremente nuestro mundo emocional.
No duele lo que sentimos, ni lo que creemos o interpretamos, solo duele rechazarlo.
No seríamos humanos si no tuviéramos esa capacidad de sentir. Estaríamos negando,
evadiendo, huyendo y reprimiendo toda esa gama de expresión de la vida. Ni hablar
de lo que sería un mundo de una humanidad insensible, porque le es más fácil apagar
esos estados que aceptarlos en su incomodidad.
Rendirse, aceptar, abrazarlo, permitir amándose y validando ese sentir que dejamos
expresarse libre y completamente, es sumamente transformador ¡Nos libera!
Amiguémonos con esa parte de nosotros mismos, liberando los juicios a los que
sometemos nuestra sensibilidad, emocionalidad y sentimentalidad. Todas son válidas.
Hablan de lo que nos conmueve. Nos muestra humanos. Nos demuestra que somos
vida y energía en movimiento.
Los aprendizajes de lo que vayamos descubriendo que nos vibra, los vamos haciendo
con una mente en calma, luego de ese momento de turbulencia que nos sacudió. Así
es como todo va decantando por su peso, de otra forma. Le permitimos una estructura
honesta que no lucha por encajar piezas en lugares donde no entran, sino que es
flexible a modificarse, según lo que vayamos reconociendo salir de ese inconsciente
tan desconocido.
Es que esa incertidumbre puede sacudir fuerte tanta estructura fija. Aunque si está, un
propósito tendrá. Herramientas para transformarnos sin dañarnos tanto en el proceso,
hay miles. La suavidad del amor propio, para mí al menos, es la que aporta más
fluidez.
En mí experiencia con tanta sensibilidad, mí dolor más grande fue rechazarla con
todas mis fuerzas por sentir tanto. Me sentía incapaz de atravesarla, me ahogaba con
el llanto. Sólo necesitaba aceptarla tal cual era, ya que era mi forma de sentir. Aprendí
a amarla y valorarla al abrazarla fuerte.
Pero no tenemos que poder siempre solos. De hecho, suele ayudar muchísimo ese otro
que con su encuentro nos permite descubrir nuevas formas de ordenar las fichas. A
veces, esa ayuda es sólo su escucha amorosa sin interrumpirnos. De esa forma nos
muestra cómo darnos el permiso a expresarlo sin querer entenderlo todo, ni
apurarnos. Otras, las aguas se enturbiaron tanto que necesitamos a otro con
herramientas más profesionales que nos ayude. Aprendamos a pedir ayuda sin
miedos, vergüenzas ni culpas.
Formas de sentir o grados de sensibilidad debe haber casi tantos, como personas
diferentes en el mundo. Por eso tantas herramientas y métodos tan diversos...
Pero todos tenemos nuestra inteligencia emocional y podemos animarnos a
desarrollarla aún más, aprendiendo a descubrir qué nos funciona mejor a cada uno.
Todo esto no lo aprendí en los años de la carrera de psicología que no terminé. Puede
que haya algunas ideas de ahí que me hayan influenciado para encontrar en mí toda
esta sabiduría; pero mi sensibilidad, la intuición y experiencia fueron mis mejores
maestras.
El Autoconocimiento te abre a descubrir en vos eso y hasta mucho más.
En estos días venimos haciendo procesos de mucha intensidad en cuanto a los
movimientos de energía inconsciente y las transformaciones que ya parecían estar
terminando, cierres y duelos. No te dejes abrumar, ni te menosprecies en tu capacidad
de atravesarlos lo mejor posible para renovarte desde tus raíces. Sí, a veces da miedo
sentir que todas nuestras hojas y ramas se están cayendo por ése viento tan fuerte que
nos sacude, pero nuestras raíces siempre fueron profundas. Nos sostiene la tierra y la
vida que nos nutre. Además, siempre podemos volver a hacer crecer nuevas ramas,
hojas, frutos y flores... Quizás esta vez te gusten más su belleza y colores. Todo es
posible cuando nada es seguro, al menos a mí, no me gustaría quedarme con la
intriga...
Anímense a BRILLAR, porque todos SOMOS SOL ☀️
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