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martes, 8 de febrero de 2022

La revolución del amor 💜




Cuando las aguas están agitadas emerge lo nuevo, trascendente y verdaderamente revolucionario. Si nos pusiéramos a evaluar la historia de la humanidad, prácticamente veríamos los mismos problemas una y otra vez. Las formas de expresarlos y las soluciones fueron variando, el camino no es lineal. Hay evolución en todas las áreas. Como en el autoconocimiento, el sendero es un espiral ascendente. Vamos pasando por los mismos puntos que el nivel inferior, pero desde una mirada suprema, estamos en otro nivel mayor en experiencia y evolución; aún cuando ni lo hayamos percibido... 


Nuestro error más común es habernos olvidado de nuestra verdadera naturaleza. Antes que humanos somos seres. Esto implica una integración e interconexión para con el entorno y la armonía que nos emana. Explicar lo que abarca el "Ser" es casi imposible. El lenguaje nos limita su verdadera riqueza. La experiencia total e indescriptible, nos va mostrando a cada instante que somos. Primero somos. Luego desde el lenguaje vamos estructurando un pensamiento, pero éste es incompleto como para identificarnos exclusivamente con él. Quizás ahí veamos cómo a lo largo de la historia de la humanidad fuimos pasando de paradigmas de pensamiento a otros nuevos. Pero no solo somos nuestros pensamientos. La racionalidad es simplemente una de nuestras funciones, o niveles de expresión. ¿Dónde ubicamos nuestro sentir, saber, o capacidad intuitiva? Lo que escapa a la comprensión de nuestra limitada mente, ¿dónde queda?... 


La verdadera revolución es el amor, no solo porque es la mejor respuesta siempre, también por ser lo que une e integra. Estamos ante la oportunidad de integrar lo que siempre separamos. Lo hicimos a tal punto que olvidamos ser una misma humanidad completa. Nos alejamos de nuestra armonía con la totalidad de la vida y hasta con el planeta que nos sostiene. Pero no es algo que haya que hacer, más bien sería algo que ya somos y hay que dejar de interferir, o reprimir su expresión. 


La Tierra hace sus transformaciones y nos envía constantemente pulsos energéticos para acompañarla en su evolución sagrada. Muchas veces, ni nos enteramos de ello. No todo es perceptible a nivel sensorial, como por ejemplo de la vista humana. ¿Eso implica que las transformaciones no existan? Claro que no, solo no las vemos. Solemos ignorar lo que no comprendemos racionalmente y más aún lo que no vemos. Algunos podemos sentirlo, más allá de entenderlo. 


El amor une, el miedo separa. Aclaremos que entendemos al amor como un estado de consciencia y no como una emoción sentimentalista (al estilo de las que aparecen en miles de películas o relatos). Estamos refiriéndonos al estado en el cual podemos amar la vida, amar la totalidad. Es un lugar interno desde donde se contempla unir los opuestos, integrándolos en contemplaciones superadoras de cada polaridad. Ya no es un extremo o el otro, un paradigma o el contrario, tampoco un correcto e incorrecto. Es rendirse a admitir que en cada uno, de todos aquellos aparentes opuestos, encontramos una misma esencia. Es poder tomar lo valioso, aprendido y los aportes de cada parte, para formar una nueva perspectiva que los abarque a ambos respetando sus diferencias. Libertad de ser y dejar ser, conviviendo en armonía. Vivir desde el amor es aceptar, permitir, respetar, incluir, unir, trascender, comprender, tener compasión, saber poner límites asertivos sin dañar y buscando construir, es disfrutar de compartir, cooperar, y mucho más. 


El miedo, más allá de ser una emoción básica de preservación de la vida misma, en este caso, también vamos a tomarlo como un estado desde dónde vivir. Vivir desde el miedo nos lleva a estar a la defensiva, buscar protegernos, ver enemigos o peligros por doquier, no poder relajarnos, percibir desde un estado de alerta y urgencia constantes, olvidarnos de nuestras propias capacidades y recursos más creativos (siempre disponibles para solucionar conflictos e incomodidades), sentirnos impotentes o desprotegidos, caer en histerias colectivas, distorsionar percepciones, etc. Desde el miedo tenemos tres respuestas: huida, defensa o ataque. No hace falta que demos demasiados ejemplos, ya que este modo de vivir lo conocemos bastante bien. Solo vamos a sumar que se activa ante una diferencia (percibida como conflicto) para con un otro o entorno. También que solo se sostiene por ideas absolutas y rígidas que van buscando enemigos, peligros, o focos de urgencia de los cuales cuidarse o defenderse constantemente sin respiro. Sin tanta fijeza de pensamiento, no podríamos sostener esta respuesta como estilo de vida. Es que se teme a "algo", pero éste puede ir variando con el tiempo, contexto y entornos. 


El amor es universalista, tiene de base la aceptación y respeto que permite incluir más allá de las diferencias e ideas individuales. Vivir desde el amor es permitir que el otro, por más diferente que sea de mí, pueda elegir cómo ser en total libertad. Implica apertura de pensamiento, por el contrario a la rigidez del miedo. Dicho de otro modo: el amor es expansivo, mientras que el miedo es limitante. Tanto nos limita que si no lo superamos, va abarcando más áreas de nuestra vida hasta dejar de hacer miles de cosas por miedo. El acto de abrirse a escuchar respetuosamente a un otro, a pesar de no estar de acuerdo con sus valores personales, es un acto amoroso. No implica querer convencer, se escucha concentrado en qué se puede tomar de lo que el otro está expresando para aprender. Porque se concentra en lo que puede unirlos o construir, en vez de en lo que puede separarlos y destruir. Además se basa en el respeto a la libertad de pensamiento, expresión y decisión del otro. 


Siempre somos libres de elegir. Es nuestro poder personal, o libre albedrío. Es intrínseco a la vida misma. Aunque a veces nos olvidemos, por ceder ese poder a cualquier agente externo que nos diga hasta qué pensar sobre algún asunto, siempre somos libres de decidir por nosotros mismos. Nuestras actitudes y formas de afrontar cualquier evento siempre dependen de nuestras decisiones. Recordemos entonces que estamos siendo libres de elegir desde dónde vivir: ¿desde el miedo o desde el amor? 


Si cada uno es libre de decidir, entonces vamos viendo que en realidad no se trata de que todos pensemos lo mismo y generemos un nuevo paradigma desde ese lugar. Quizás concuerdes con mi opinión de que este aspecto es lo que viene repitiendo la humanidad a lo largo de su historia. Pero desde este otro nivel ascendente del espiral de evolución, podemos ver que siempre se buscaba externamente soluciones a los mismos viejos problemas. Dichas soluciones externas pudieron variar a lo largo de tanta historia, pero nos mostraron siempre los mismos resultados ineficaces. De otro modo, ya no se repetirían las mismas cuestiones... 


¿Qué podemos ver y hacer diferente esta vez? 


Acá radica la verdadera cuestión. Cada uno desde su libertad y propio discernimiento irá deduciéndolo para elegir. Quizás sea momento de mirar hacia dentro primero, explorar ordenando; para que luego ese orden, se vea reflejado en cambios externos. Puede que sea momento de tomar responsabilidad en hacer una revolución interna, verdaderamente amorosa, respetando las libertades de que otros decidan sobre lo que es su lugar. Quizás tomando esa responsabilidad o libertad responsable ya estemos haciendo algo distinto... Permitirnos cambiar esas viejas respuestas a los mismos problemas. Los paradigmas de ciencia, religión, política y economía no nos solucionaron los conflictos, que en muchos casos, ellos mismos crearon. No se puede resolver un conflicto desde el mismo nivel de consciencia desde dónde creamos esa contradicción, se tiene que ampliar la percepción primero. Habrá que repensar qué se puede rescatar de cada uno, unir en verdades superadoras, encontrar nuestra propia fuente creativa y creadora para abrirnos nuevos caminos. Aprender de la sabiduría de la misma naturaleza que somos, que a pesar de la enorme variedad de especies que contiene, siempre mantiene un equilibrio sin permitir que ninguna domine completamente por sobre todas las demás. 


La verdad nunca es absoluta ni definitiva. Cada uno tiene una verdad interna y seguramente en ella un aporte único (y valiosísimo) que ofrecer. Como si fueran piezas de un enorme rompecabezas que no está completo, si tan solo una falta. Es que la gran paradoja siempre fue lo individual y lo colectivo. Quizás a estos aspectos también los hayamos siempre pensado por separado y será momento de entenderlos desde nuevas miradas inclusivas. Puede que entendiendo que cada uno es responsable de su libertad, decisiones y aportes; vayamos expresando esa ficha que tanta falta le hace al rompecabezas colectivo. Será momento de buscar internamente qué recursos, dones o talentos están en nuestro interior que nos podrían servir a todos aportar. Para ello primero es necesario reconocerlos y desarrollarlos, muchos son semillas que ni siquiera conocíamos tener para germinar. Quizás, este sea el momento más oportuno para descubrirlo... 


Solo tenemos en claro que ningún mar en calma hizo experto al marinero y que en un mundo dónde tantos viven desde el miedo, un verdadero acto de amor es completamente revolucionario.












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