Antes que nada, espero que hayan tenido unas excelentes fiestas. Si no fue así, no se preocupen que tampoco importa demasiado. La vida siempre te da nuevas oportunidades. Cada noche al dormir, es como si apretáramos un botón de reseteo y al abrir los ojos de nuevo, sólo se puede ver en presente e imaginar nuevos escenarios hacia adelante.
Quizás de eso se trate un poco esta energía del uno. No implica únicamente los nuevos comienzos, además trae consigo una pista. Nos recuerda que el camino es de a uno. Nos invita a mirar hacia adentro y a dejar de adoptar decretos de otros acerca de cómo será nuestro nuevo año (lo mismo vale para este artículo). Nadie salva a nadie, no existen fórmulas mágicas y, sobre todo, los métodos colectivos suelen fracasar.
El uno nos invita a ver nuestro propio camino, a habitar cada instancia de a un paso a la vez. No sé si a todos les pasa, pero a veces me saturan las redes sociales y el algoritmo de los intereses. Se me llenan los feeds de consejos, trucos, rituales, lecturas y predicciones. Algunos podrán pensar que estos espacios (como el blog, mi curso o mi canal de YouTube) se prestan a ello. Sin embargo, mi intención siempre fue muy clara. El camino es individual, nadie más que uno va a vivir nuestra vida y nadie te puede entender mejor, más que vos mismo. Por lo tanto, el compartir estas reflexiones tiene el único objetivo de sugerirte tus propios análisis y cómo inspirarse de los entornos para enriquecer, a tu forma, tus procesos internos y externos. Hay que siempre andar traduciéndolo todo a nuestro propio lenguaje, a nuestra melodía única e irrepetible.
Por eso el uno es tan especial. No sólo da inicio a un nuevo ciclo, es el que se anima a hacerlo distinto, primero o a su forma única y particular. Porque no existe una verdad para todos. Cada circunstancia tiene múltiples perspectivas desde dónde se la puede ver distinto. Según las intenciones, los valores personales y la capacidad de valoración de cada uno, podremos percibir diferentes aristas. Y es gracias a compartir aquellas percepciones con los demás, que uno puede inspirarse a abrir la mirada y a encontrar nuevos puntos de vista o mentalidades. Y como cada uno es dueño, director y protagonista principal de su historia, sabrá mejor que nadie, qué enfoque elegir que le aporte mayor trascendencia. No todos compartimos los mismos intereses, valores, recursos ni objetivos. Quizás en el fondo, todos busquemos la misma felicidad, pero cada uno tiene un concepto distinto de lo que ella significa.
No te dejes abrumar por las decisiones y sugerencias de los demás. Pensá en tu camino, en tus pasos, en tus necesidades, en tus motivaciones internas y en cómo nutrirlas mejor. Usá los contextos para conocerte más. Si una situación o actitud te indigna, ¿qué pasaría si en vez de rechazarla con críticas, cancelaciones o quejas, te permitís pensarla como una elección que no está alineada a tus intereses y valores? Lo tomás de ejemplo de lo que no querés replicar para vos en tu vida y simplemente seguís encargándote de tu lugar. Muchas veces ni nos damos cuenta la cantidad de energía que se nos drena al juzgar lo que hacen los demás, en vez de mirar nuestro camino. Además, esos juicios no suman, no suelen contemplar ningún tipo de compasión y se basan en las ideas que nos hicimos sobre otros que, por lo general, casi ni conocemos. Sin darnos cuenta nos subimos a un pedestal de superioridad moral y señalamos los "errores" los demás, como si nosotros fuéramos perfectos o alguien nos hubiera dado la potestad de juez por unos instantes. Pero como ya dije, podemos verlo como una opción. A mí estas opciones no me parecen nada interesantes, aunque cada uno decidirá cuál elegir.
Los nuevos comienzos vienen con nuestra tan conocida incertidumbre de la mano. La vida misma es incierta. Lo nuevo se presenta y nos podemos sentir como un niño que mira con ojos de asombro y curiosidad lo que le plantean los nuevos desafíos, o también, como una persona insegura que teme a lo desconocido. Pero como ya hemos planteado en otros artículos, lo que nos asusta verdaderamente no es lo que no conocemos, sino nuestras ideas de que lo incierto, al escaparse de nuestro control (y a veces de nuestra comprensión), puede ser algo dañino o peligroso para nosotros. Ahí es donde entra la autoconfianza y los recursos internos para afrontar cada paso con la certeza de sentirnos capaces y de permitirnos disfrutarlos en vez de sufrirlos. Tampoco hay que juzgarse por sentir miedo ante lo desconocido, porque temer no es un impedimento para seguir avanzando. Nos hará falta juntar coraje y animarnos a descubrir lo capaces que somos de trascender esas incomodidades y hasta de crecer gracias a ellas.
El uno, que nos recuerda la individualidad, nos invita a conocernos más. Cuando uno se mira, con o sin miedos, va entendiendo que esa necesidad de controlar proviene de nuestras inseguridades y que sólo nos trae resistencias. La vida siempre avanzará y la diferencia radica en fluir con ella o luchar contra lo inevitable. Si fluimos, poniendo consciencia en lo que a veces nos cuesta emocionalmente dar cada paso, llegaremos a saborear el disfrute. Pero si luchamos, vamos a terminar sufriendo el camino, sintiendo que la vida nos empuja hacia los abismos.
Quizás ese uno del año nos invite a, esta vez, hacerlo distinto. Quizás sea la primera vez que dejemos de resistirnos y nos animemos a confiar más para fluir mejor. O tal vez nos descubramos a nosotros mismos en nuevas versiones, que ya aprendieron a aceptar y permitirse dejarse sorprender de una manera más optimista.
De nuevo todo es cuestión de elecciones. Si estamos plantados en nuestro lugar, encargándonos exclusivamente de lo que somos responsables y nos corresponde, el enfoque estará más claro. Si nos toma desprevenidos o distraídos en historias de los demás, quizás nos lleve un poco más de tiempo o un par de vueltas sobre el mismo lugar, pero también podremos verlo como la oportunidad de ordenarnos mejor. Puede que nos invite a redirigir nuestra energía, a retomar nuestro poder personal de decisión, a habitar nuestros espacios y hacerlo a nuestro propio estilo, ritmo y forma.
Ante lo incierto las posibilidades son todas, e infinitas. Y si esto te abruma o te preocupa, te invito a que revises en tu historia personal las veces que te encontraste dando un primer paso, los miedos y dudas con los que lo hiciste, para luego descubrir lo capaz que fuiste de superarlo y hasta disfrutarlo o crecer con ello. Siempre vas a encontrar esos ejemplos que te devuelvan la confianza y motivación. Porque en realidad, logramos mucho más de lo que registramos día a día. Pasa que nos solemos enfocar en las pocas cosas que no se nos dieron, en vez de en todos nuestros avances. No me creas, preguntate si no te sentiste inseguro o incapaz de aprender algo nuevo, hasta que después de un tiempo se te volvió tan cotidiano que ya lo naturalizaste y te olvidás de valorarlo como un logro. Por darte un ejemplo rápido cuando éramos chicos nos habrá costado aprender a caminar, leer, escribir, estudiar, etc. etc. Y todo aquello lo fuimos logrando, pero no lo valoramos tanto porque nuestra mente siempre se enfoca en el nuevo desafío a cumplir, en vez del camino ya recorrido.
Si algo nos enseñó el nueve del 2025 es a discernir entre dos tipos de sostener completamente diferentes. Cuando nos resistimos a aceptar que algo ya cumplió su ciclo en nuestra vida, no nos animamos a soltarlo porque en el fondo sentimos que perdemos algo o una parte de nosotros se muere con lo que se debe dejar ir (identidad, o simples hábitos/roles como quién soy ahora "sin ser el novio", "sin ser el hijo", "sin ser el empleado", etc.); de forma automática activamos el primer tipo de sostener. Es el que pesa, te aplasta, te asfixia o estruja el corazón. El que se culpa, porque sabe que debe soltar, animarse a mirar la pérdida a la cara sin velos y reconstruirse; pero se resiste. A veces da un par de pasos convencido, pero le cuesta sostener la decisión en el tiempo y flaquea. Termina volviendo a sostener lo que ya murió, a sobreadaptarse a lo que no tolera más y posterga lo inevitable. En cambio, existe el otro tipo de sostener que plantea un desafío distinto y que el uno de este año nos pide que llevemos a la práctica el haberlo descubierto en las teorías. Porque no sólo sostenemos lo que no nos hace bien, también debimos aprender a sostener lo que sí nos libera. Habitar lo nuevo, saborear la paz y sostenerla en el tiempo. Entender que nuestras actitudes desde la supervivencia ya caducaron, que ahora estamos al mando decidiendo desde mayor consciencia y nos toca sostener las decisiones que nos ayudan a caminar más livianos. A no volver a cargar peso sobre nuestras espaldas, a vivir desapegados permitiendo que los entornos vayan mutando, a entender que no existe una pérdida real y que las nuevas versiones requieren compromiso y coherencia. Este sostener se vincula con la presencia, con no querer huir de los momentos y permitir que sean como son. También se aprende a sostener lo necesario, lo bueno, lo nuevo, lo aliviador. E implica reeducar a nuestro sistema nervioso haciéndole ver que ya estamos seguros, que baje la guardia y que se relaje. Sostener la paz puede sentirse igual de desafiante que hacer los movimientos más incómodos para cambiar lo que ya no da para más.
No podemos olvidarnos que todos los arquetipos numéricos incluyen sus frecuencias vibratorias más bajas, o su lado más desafiante. En el caso del uno debemos mencionar características como la impaciencia, los caprichos, las tendencias a actuar más desde el egoísmo sin medir las consecuencias que podamos generar con nuestros actos en nuestros entornos, el sobresfuerzo y la falta de contemplación de nuestro cuerpo emocional. La energía uno es más visceral, de acción y movimiento. Le convendría no ser tan impulsivo o contemplar un avance con mayor suavidad, compasión y registro de sus emociones. Aprender a descansar y disfrutar un poco más, en vez de concentrarse tanto en seguir avanzando y recordar que no hay apuro. Conocer estos aspectos nos sirve para tenerlos presentes a lo largo del año y la forma en la que vamos haciendo esos movimientos. Si nuestro objetivo es disfrutar el recorrido, hay que revisar si no nos estamos sobreexigiendo, si no vamos avanzando demasiado acelerados, a lo brusco e impulsivamente. Reflexionar más, descansar, regular el ritmo, escuchar a nuestro cuerpo y nuestro sentir, evaluar si no nos estamos obsesionando o volviendo demasiado tercos y obstinados, no entrar en competencia con los demás sino enfocarse en superarse a uno mismo por elección y no por necesidad ni buscando validación externa, etc.
Otra tendencia actual es pretender resultados rápidos, evitar incomodidades y sobrevalorar lo teórico/racional. Y combinado a las cualidades más desafiantes del uno, puede llevarnos a potenciar la impaciencia, la desconexión con lo más humano o con la sabiduría del corazón, la negación de nuestras emociones más incómodas de sentir, la crítica hacia los demás sin mirar si no estamos haciendo lo mismo que tanto detestamos, o entrar en conflictos innecesarios. No necesitamos fórmulas mágicas, a veces es cuestión de ser más amables con nosotros mismos y con los demás. Pero, por sobre todo, se trata de ser conscientes. De actuar desde lugares más sanos. El uno es el que inicia, pero no nos podemos olvidar los aprendizajes ya acumulados de los ciclos que cerramos, porque si no estaremos dando vueltas en el mismo lugar. Si cambia el año, pero no cambia ninguna actitud en mí, volveré a ver los mismos resultados y encima con mayor agotamiento y frustración. En cambio, si aprendí a amarme un poco más, a habitarme más conscientemente, a disfrutar más de mi presencia y a fluir mejor; el ciclo que inicio se sentirá como una gran renovación. Lo importante es no olvidarse de que estamos siempre decidiendo cómo responder, desde qué actitud y hacia dónde queremos ir.
Les deseo que este sea el inicio de mejores etapas, el primer año de un gran ciclo de evolución amorosa y que podamos disfrutarlo con mayor plenitud.

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