De mi experiencia personal creo que podría escribir un libro, pero seguramente eso le pasa a todos. Este escrito me es muy incómodo y quizás pueda ir explicando un poco el por qué.
No me gustan las etiquetas y luego de mucho camino interior, fui descubriendo que una de las claves era desaprender lo aprendido; otra sacarse todos los disfraces y personajes con los que nos fuimos identificando o definiendo. Llegó un punto en el que precisamente este tipo de escritos o conversaciones, en los cuales uno sigue el impulso genuino de presentarse para conectar con un otro y darse a conocer, se me volvió casi un desafío.
¿Cómo voy a decir que solo soy una expresión más de la Vida que todos somos? ¿Seré uno de tus reflejos y vos el mío? Lo individual en mí, es casi una cuestión de autoexpresión particular basada en gustos, valores, preferencias y pasiones que día a día voy explorando más. Solo puedo llegar a pensarme como una perspectiva (o punto de vista) de la gran Consciencia a la que pertenece todo lo que existe. Quizás esta percepción de ahora, en este momento responde al nombre de Laura (en realidad María Laura, o Laly que me gusta más como suena). El lugar desde dónde me estoy expresando, tampoco me identifica. De hecho, muchas veces siento que no pertenezco más que al mundo o la humanidad. Fui deshaciendo ésos roles a tal punto que no me gusta siquiera separarnos por países, edades ni idiomas...
Es incómodo. Muchos no me van a entender. ¿Qué puedo decirles? ¿que solo soy una persona? Además, a cada instante o día voy descubriendo muchísimo más de mí misma. Tratar de definirme no solo me cuesta, sino que no me gusta. Soy lo que voy decidiendo ser y esto lo fui cambiando muchas veces.
Algunos se presentan por sus profesiones o vocaciones. En este punto: no solo sé que soy mucho más de lo que haga, sino que además me encargué de liberarme de tener que trabajar. Solo creé la libertad y el espacio suficiente para poder explorar a mis ritmos, todo lo que me surgiera y apasionara hacer. No soy de esas personas que siempre supo qué le gustaba o cuál era su vocación. Todo lo contrario, todavía no tengo en claro qué es lo que me apasione tanto como para dedicarme exclusivamente a ello. Lo estoy descubriendo. Me fui llevando a un camino en el cual mis desafíos pasaron por reconocer mis habilidades, capacidades, talentos, dones... Y si bien poder valorarlos me llevó bastante, no me aclaró tanto qué es lo que más me gusta; quizás, sean varias cosas al mismo tiempo. Fui descubriendo que somos muy buenos para muchas cosas, pero que eso no te muestra tu vocación. La brújula la marca el disfrute, la pasión y ese estado casi hipnótico en el que se entra al estar tan concentrado en hacer lo que uno ama, que ni importa el paso del tiempo ni lo que sucede en el contexto.
Solo puedo saber que solo estoy haciendo lo que me apasiona y que me creé la vida con la libertad de seguir desarrollando todos esos pulsos internos, a medida de que salgan. No me concentro en si pueden ser o no vocaciones, ni si me pueden generar ingresos, como para pensarlo como profesiones. Solo hago lo que me gusta cuando quiero y tengo todo el tiempo disponible, para seguir explorando que más me gusta ir haciendo.
Mirando en retrospectiva estoy como cuando era bien chica. Jugando. Voy siguiendo a ésos impulsos de qué nuevo juego disfrutar ahora. A veces canto, otras bailo, participo de talleres de actuación y escritura, clases de zumba y danza árabe, escribo cuentos y estas cosas (artículos blogueros), dibujo pero tiendo a expresarlo bastante abstracto, juego con mi creatividad e imaginación en post de redes sociales, videos o en documentos que se me ocurre guardar con ideas que no tengo en claro su utilidad. Siempre voy encontrando algo nuevo para seguir descubriendo. Tenía pensado hacer podcasts, durante un tiempo evalué hacer stream y siempre estoy atenta a seguir lo que más curiosidad me genere. De esta forma, me fui dando cuenta que me era fácil aprender cosas nuevas. Siempre estoy investigando cómo hacer algo que me propongo, por ejemplo: no usaba redes sociales con tanta regularidad, ni conocía demasiado lo que implicaban, pero ahora hasta aprendí a crear un canal de YouTube. Todo lo fui aprendiendo y con mucha motivación. Fui descubriendo que cuando alguien quiere algo, siempre encuentra lo que necesita disponible para ir lográndolo.
En eso me supero día a día. Y es algo que nunca deja de asombrarme, ya que yo era la que hace varios años atrás se creía incapaz de hacer hasta las cosas más sencillas. Recuerdo cuando me estresaba el simple hecho de hacer un trámite tan fácil como abonar una factura de electricidad. Hasta de eso me sentía incapaz. Sentía que lo iba a hacer mal, que no podía sola, que para todo necesitaba que me orienten, o me daba seguridad chequear cómo hacerlo varias veces antes de intentarlo. Como persona altamente sensible esto no es extraño, solemos preocuparnos demasiado por todo y corremos contra ideas de desvalorización, impotencia, pánico al error, miedo a las críticas, culpas, pánico a la vulnerabilidad, etc., etc.
Podrán imaginarse que superar mis limitaciones no me fue nada fácil. Me llevó también mucho tiempo. Ni hablar de la parte emocional. Con tanta profundidad de pensamiento y de sensibilidad, superar traumas me llevó varios años. Como que siempre había una emoción más que atender. Al día de hoy sigo descubriendo mucho más de todo ello, pero ya desde la certeza de mi fortaleza para atravesarlo, sanar y hacer de mis heridas mis mayores transformaciones. Me ayudó mucho saber poner límites y diferenciar qué emociones eran mías y cuáles estaba absorbiendo por mi sobreempatía con el entorno. Es así como fui aprendiendo que somos reflejos (o espejos) y que muchas veces vivimos de proyecciones, pensándonos separados; cuando no somos más que distintos puntos de vista de una misma totalidad resonando todo el tiempo. Lo individual es tan único, que ahí pude comprender por qué era tan difícil que un otro me entendiera. Cada uno piensa y siente distinto. Descubrí que la clave era hacerme responsable de mi lugar y dar la libertad a otros de que también sean como son. El respeto de ser y dejar ser tal cual se es. No solo es inútil tratar de tener razón y convencer a otros, sino que de esa forma nos perdemos la verdadera belleza de descubrir como entre todas las distintas voces podemos crear nuevas melodías. Me di cuenta que los demás siempre tenían algo maravilloso que aportarme con su mirada tan única.
Solo soy responsable de mi felicidad y mi camino, aún cuando sienta como propias las emociones de los que me rodean... Creo que si hubo una verdadera escuela en mi vida, que me aportó los conocimientos necesarios para que aflore mi sabiduría, esa fue mi alta sensibilidad. No me sirvió demasiado lo que aprendí en la institución educativa desde chica, ni lo que me enseñó la mitad de mi carrera universitaria en psicología. De hecho, la mayoría de esos conocimientos ya ni los recuerdo. Aprendí mucho más a través de la experiencia y hasta trabajando en esa misma institución por 18 años con adolescentes. Quienes fueron mis grandes maestros para descubrir sobre cómo ser una autoridad sana, respetable, abierta al diálogo desde la humildad y firme, pero amorosa. Hace ya un mes que dejé ese trabajo, porque sentía que había cumplido su ciclo en mi vida. Fue el que me aportó lo que necesitaba para avanzar en este camino, pero ya no me conformaba con hacer lo que estaba disponible. Quería ir por algo que me apasionara y que fuera un verdadero aporte para mi autorrealización y para otros. Quizás el Reiki y el poder aplicar lo que fui aprendiendo de numerología y autoconocimiento; hayan sido lo más cercano a estas sensaciones que me llenan. Seguiré explorando más, porque sé ahora cual es mi guía. No sé a donde me llevará, pero no hay errores cuando uno decide dejar todo y seguir la voz de su corazón.
En eso estoy.
Ahora bien, creo que si aprendí tanto de las transformaciones personales gracias a todos mis dolores y conflictos del pasado; no puede ser algo que solo me sirva a mí para adornar mi historia de vida. Siento en mi interior un muy fuerte llamado a compartir lo que fui descubriendo, porque yo también estuve en esos momentos tan oscuros cuando pensás que no hay salida alguna. Sé lo que se siente, lo viví intensamente. Muchos no podrán entender, pero son esos dolores del alma y toda esa oscuridad, a la que le debo agradecer mi plenitud y felicidad actual. Todo mi crecimiento personal, la libertad y paz tan inquebrantables que puedo gozar ahora, no hubieran sido posibles si yo no hubiese tocado fondo. Los conflictos, peleas, mis no aceptaciones a validar mi alta sensibilidad, mis culpas, las crisis, dos duelos muy seguidos y el trauma de uno de ellos, mis ataques de pánico, mis 10 años para superar duelos, mi maternidad soltera, mi soledad, mis angustias, mi depresión, mi desconexión con las ganas de seguir, mis enojos, mis impotencias, el creer que no tenía fuerzas. Todo eso y mucho más que no alcanzaría a describir en este corto relato, me llevaron a hacer cambios radicales. Hoy los siento como la bendición a la cual le debo y agradezco toda mi sabiduría y felicidad actual.
Si ahora me cruzara con alguien con quien compartí alguno de esos momentos, probablemente no me reconocería, o le asombraría verme tan distinta.
Hoy, soy inmensamente feliz por estar viva y por ser quien soy. Aprendí a amarme como soy y no cambiaría nada de mi historia. Tengo la certeza plena de que mis fortalezas y riquezas internas, siempre disponibles, son mi mayor recurso y me permiten disfrutar de superar cualquier nuevo desafío. Voy explorando cuales serían mis aportes más significativos desde este humilde lugar, de ser una persona más a la cual le cuesta encasillarse y presentarse con solo su nombre, edad, vocación o nacionalidad...
Es un hermoso camino que se va iluminando pasito a pasito. Solo sé que me guía mi corazón y que amo disfrutar el recorrido, poder compartirlo con otros para mí es un regalo.
¡¡MIL GRACIAS POR LEERME!!
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