Son muchos los que todavía no pueden creer que estas cosas sigan sucediendo en el año 2022. Para otros, era algo evidente, que ni los sorprendió enterarse que estaba ocurriendo. Hay quienes buscan diferentes explicaciones, o hasta nuevas miradas, porque aceptarlo tal cual es, les es demasiado doloroso y hasta les provoca un enorme temor.
Sobre evasiones, justificaciones, minimizaciones, negaciones y hasta falsas seguridades; la humanidad es casi una experta. ¡¿Cuántos temas disparan aquella amplia gama de recursos psicológicos poco sanos?!
La muerte es seguramente la gran protagonista, o al menos, suele ser el eje principal de ellos. Es que aparece de fondo en muchos otros temas, que parecieran no tener relación al pensarlos superficialmente. Pero si indagamos un poco está presente, como los cimientos sobre los que se construyen muchos otros adornados discursos. Y más que la muerte, es la idea que se tiene sobre ella, o el miedo que nos dispara internamente, lo que más genera dichas conductas evasivas.
La guerra despierta un sinfín de emociones en la gente. No es para menos, no solo por lo que implica, sino también, por lo que conecta con las memorias de nuestro inconsciente colectivo como humanidad. Historias de guerras y sus consecuencias tenemos todos, más allá de haberlas vivido más de cerca o no tanto. Despierta dolor, rechazo, miedos, juicios, discordias, posicionamientos políticos, opiniones diversas, violencia, crueldad y mucho más.
Como decíamos, la muerte está como tema subyacente, siempre fluyendo en las profundidades de todo lo que va despertando. Tantas historias de conocidos, familiares, pueblos enteros que sufrieron las guerras y todo lo que les generaba vivirlas, morir en ellas, o hasta sobrevivirlas con grandes sacrificios. ¿Quién no conoce algún familiar que se mudó de ciudad, escapando de una guerra? ¿Cuántas historias guardamos inconscientemente de la violencia, el hambre, los ajustes y las recesiones postguerras? ¿Cuántos horrores leímos en libros o escuchamos contar de relatos ocurridos durante, y posteriormente, a alguna guerra?
Todo eso está influyendo sutilmente cada vez que nombramos la palabra "guerra". Contiene como ese peso específico de todas las huellas de las guerras pasadas. Quizás por eso, a nadie pueda serle del todo indiferente escuchar que otra vez la humanidad está en guerra.
Si seguimos reflexionando podemos ver que guerras hay muchas, de todo tipo y colores, no solo las que llamamos como tal. En sí, no es más que la pelea o enfrentamiento entre dos posturas. No vamos a minimizar el concepto por ello, al contrario, contiene un peso o sombra detrás que acabamos de nombrar. Pero vayamos un poco más allá. ¿No venimos hace años viendo diferentes conflictos y enfrentamientos de posturas por imponerse como las dominantes por sobre otras? Quizás no todos eran conflictos armados, pero sí enfrentamientos que buscaban anular alguna voz por todos los medios posibles, según cada contexto.
Divisiones y peleas entre posturas de poder, debe haber habido casi siempre a lo largo de la historia de la humanidad. Formas de expresarlas, enfrentarlas y hasta resolverlas, también.
La vida está llena de esas contradicciones, dualidades, conflictos y hasta de paradojas. La diversidad se expresa a cada instante. La lucha por imponer una ideología por sobre otras, no es nada nuevo. Estamos llenos de aquellas historias a nivel colectivo, pero también a nivel individual.
Las emociones (muchas veces hasta encontradas) que nos generan estas luchas y conflictos actuales, son también muy diversas. Lo expresabamos antes, pero también son diversas las opciones que se nos abren al sentirlas. ¿Qué podemos hacer con ellas? Tenemos un "arsenal" de recursos, aún cuando no lo sepamos.
Primero, podríamos hacer un acto de verdadera honestidad para con nosotros mismos y escuchar sinceramente nuestro interior. "Quien mira afuera sueña, quien mira adentro despierta" nos recordaría Carl Gustav Jung... ¿Será momento de intentar resolver estos conflictos y guerras de formas diferentes?
El afuera nunca es casual, ni ajeno, a nuestro mundo interno. Es más un reflejo o proyección, muchas veces distorsionada/exagerada, pero siempre correspondiente. Sí, aunque duela es momento de mirar a nuestra sombra. Negarla, evadirla o minimizarla no hace más que agrandarla, alimentarla y dejarla crecer en dimensiones aún más dolorosas de transitar.
Es momento de reconocer nuestra tendencia a querer colorear la historia que nos contamos de lo que está sucediendo, para poder encajarla con nuestros esquemas mentales previos; o hasta para sostener falsas seguridades que nos llevan a seguir evadiendo nuestros miedos de asumirla. Como con la muerte; si no aceptamos la finitud de la vida, siempre estaremos alimentando falsas creencias para no asumir el dolor que nos causa saber lo inevitable e incontrolable de aquel suceso. Podemos vivir pensando que solo moriremos de viejos cuando ya hayamos cumplido todos nuestros sueños, pero muchas veces eso no será real. Por eso digo que es momento de hacer un acto de verdadero sinceramiento para con nuestro mundo interno, más que nada, para con nuestra parte psico-emocional. Mucha gente está buscando explicaciones e interpretaciones sobre la guerra para simplemente encontrar la más tolerable que le permita seguir evadiendo el reconocer la gama emocional que le genera saber que aquel desagradable evento está sucediendo en su vida actual. No es mi intención decir lo que está bien o no hacer, pensar o sentir. Tampoco busco imponer ninguna voz o verdad por sobre las demás. De hecho, no comulgo con esos criterios ni motivaciones similares. Solo pretendo expresar una reflexión sobre lo que me viene sucediendo y lo que noto en mi entorno, para poder hacer mi aporte libre y responsable, pero también, para sugerir que otros puedan hacer sus propias reflexiones acerca de lo que a todos nos sucede.
El riesgo de buscar interpretaciones "digeribles" sobre una guerra, puede llegar a ser el hecho de no hacerse responsable de su implicancia psico-emocional y hasta de su aporte (o lugar) individual en el contexto colectivo actual. Venimos planteando que todo afuera refleja el adentro. Se corresponden, aún cuando el grado de proyección genere tal distorsión de nuestra sombra afuera, que nos cueste más dolor reconocerla internamente. Nos duele pensar que podemos llegar a estar causando, en algún grado, algo tan duro de asimilar. Pero negarlo contándonos falsas historias es agrandarlo más. Estaríamos inconscientemente alimentando nuestra sombra por simplemente no hacernos cargo de ella. Puede que muchos no estén de acuerdo con lo que estoy escribiendo y hasta les genere enojo, frustración, rechazo, culpas o indignación leerlo. Me hago cargo solo de expresarlo; no de las reacciones que ello cause en otros, pero antes de dejar de leerme, les propongo que sigan hasta el final. Igualmente, respeto su decisión.
Nuestro aparato psíquico es un 90% aproximadamente inconsciente. Desconocemos la mayor parte de nuestros pensamientos y creencias. De ahí, la importancia de integrar la sombra lo máximo posible. Tenemos y somos, antes que mente, energía. Con esa energía alimentamos nuestros pensamientos. Muchas veces, no somos conscientes de la elección sobre qué pensamientos estamos alimentando. Es por aquel gran porcentaje que desconocemos. Pero aún cuando no sepamos que lo hacemos, esto sigue sucediendo. Todo pensamiento al que le demos energía crece. Donde pongamos el foco de atención siempre estaremos haciendo prosperar y crecer ese aspecto de la vida. No me crean, compruébenlo por ustedes mismos. Piensen en algo con repetición y prueben a ver qué sucede. Ejemplos hay miles. A varios les debe haber sucedido, que se fijan en un modelo de auto que les gusta y de repente las calles parecen estar llenas de aquel modelo específico. También debemos aclarar que solemos vivir como real todo aquello que imaginemos y acá el ejemplo es aún más evidente. Cuando vemos una película, o leemos una novela, es casi imposible no sentir ninguna emoción relacionada a la historia, personaje o trama. Es ficticio y lo sabemos, pero aún así, sentimos emociones disparadas por esos relatos que nos son tan reales como si estuviéramos siendo algún personaje de la historia. No hay diferencias para lo imaginario o real en cuanto a nuestra energía mental se trate. Cada emoción se dispara por un pensamiento. Es así que ver una película, o leer un libro, puede llevarnos a vivir un sinfín de emociones. Y así seguimos llenando nuestra mente de historias. Todas aquellas historias que alimentemos van a dispararnos las emociones que sentimos cotidianamente. Por eso la importancia de vaciar nuestra mente de relatos que nos llevan a dolor y sufrimientos innecesarios. Elegir mejor nuestras interpretaciones sobre lo que nos sucede diariamente y saber que siempre estamos en poder de decidir qué ideas alimentar. Las experiencias, en realidad carecen de significados o valores, son neutras, por decirlo de una forma más sencilla. El resto es obra de nuestra mente. Cuanto más lo sepamos, más podremos elegir redireccionar nuestra atención para alimentar ideas más expansivas que limitantes. Entonces llegamos al punto de reconocer que "la guerra", como cualquier otro evento más, también es neutra. Lo que elijamos pensar de ella va a ser lo que alimentemos energéticamente desde nuestro nivel mental, y por lo tanto, lo que genere nuestro estado emocional correspondiente a ésta. Aclaro este punto para que recordemos el poder que tenemos siempre disponible desde nuestra energía, ya que además se vuelve nuestro aporte vibratorio o energético a nuestros entornos. Ee ése nuestro verdadero aporte, el más influyente. Si logramos vibrar en paz, será lo que aportemos; pero si vibramos en conflicto, miedo o resistencia también. Ahora nos es evidente la importancia de reconocer nuestro estado interno con respecto a lo que sucede externamente y evaluar honestamente nuestro aporte actual. Si inconscientemente vibramos desde aquellas memorias colectivas de dolor y miedo a la guerra, éste también será nuestro aporte. Es claro que tenemos un gran poder de cambiarlo, al hacer el acto sincero de reconocimiento sobre nuestro estado psico-emocional en este contexto. Sin mentiras, minimizaciones, excusas, ni adornos.
¿Qué sentimos al saber que estamos en este contexto de guerra? Nos merecemos poder expresarlo totalmente. Vaciar el inconsciente que, a veces, solo sale en expresiones emocionales abruptas e incómodas de atravesar. Pero tenganse paciencia, ya que después de sentir completamente aquellas emociones tan dolorosas o incómodas, siempre sobreviene la paz. Muchas de ellas solo necesitan de nuestra atención, reconocimiento y escucha sin juicio, para expresarse completamente. El atreverse a hacerlo hasta el final, sin intentar reprimir, rechazar, juzgar, ni controlar su duración; nos lo puede demostrar en cualquier instante. De nuevo les repito que no me crean, compruébenlo por ustedes mismos.
Una vez que podemos reconocer y expresar completamente nuestro estado emocional de estar viviendo este contexto, pasaremos a reconocer qué ideas están disparando estas emociones. Como decíamos antes, pueden ser memorias colectivas e inconscientes de cualquier otra guerra o historia similar asociada. Más allá de lo que podamos llegar a encontrar, es importante la honestidad; pero por sobre todo, el no juicio de lo que vayamos descubriendo. Juzgar de correcta o incorrecta una idea, nos puede llevar a resistencias inútiles que agranden aún más los conflictos. El amor propio puede ser nuestro sostén durante todo el camino o proceso. Implica de base la aceptación libre de juicio, ya que éste último nos llevaría al rechazo o represión siendo opuesto al reconocimiento y asimilación. El amor une, no separa. El amor es paciente y compasivo, no juzga. Si nos encontramos juzgando una emoción o pensamiento, es importante reconocer que estamos haciéndolo desde el miedo. Siempre que juzguemos y rechacemos, lo haremos motivados por algún miedo, ya sea consciente (o no) para nosotros. También se nos vuelve la oportunidad para reconocer tener ése miedo y ver de qué se trata, de dónde proviene y cómo superarlo. De vuelta la propuesta es hacerlo desde el amor. Es natural tener miedo, pero vivir desde él es lo que realmente nos daña. El acto de observar nuestras emociones implica un grado de desapego hacia ellas. No somos solo lo que podamos pensar y sentir. Somos mucho más y siempre podemos decidir qué hacer con lo que nos pasa. Recordar este aspecto nos permite desapegarnos de la emoción al sentirla, para no dejarnos tomar completamente por ella y terminar pensando (o actuando) desde ésta misma. Por eso también el reconocimiento tiene que ser libre de juicio, honesto, amoroso y compasivo.
El acto de mirar hacia adentro es una verdadera oportunidad de crecimiento si lo hacemos desde el amor propio. Se puede volver una tortura si lo hacemos solo desde nuestros juicios mentales, ya que nos generaría culpas o miedos innecesarios y hasta contraproducentes para un proceso de maduración psico-emocional.
Entonces, ya vimos qué nos generaba psico-emocionalmente el contexto actual tal cual se nos presenta. Lo pudimos reconocer, y hasta expresar completamente, para dejar de evadirlo. Nos dispusimos a tomar responsabilidad sobre nuestro lugar y aporte vibracional, para con nuestro entorno o actualidad. Es momento de recordar qué es nuestra responsabilidad y qué escapa a ella.
Dependiendo de nuestro rol en este contexto de humanidad y el conflicto de la guerra actual, esto puede ir variando. Pero solo puedo hablar de lo que conozco en primera persona. Vivo en un país lejano a este suceso. Entonces puedo hablar desde este lugar y lo que eso conlleva. Cada uno irá aplicando las variantes correspondientes a su lugar o rol. Solo soy responsable de mi estado vibratorio (y esto es igual para todos, más allá de cualquier rol). ¿Cómo saber lo que esto me implica? En principio lo que perciba, piense, sienta, hable y haga de lo que pase externamente, es exclusivamente mi responsabilidad. Sobre eso decido solo yo. Es eso lo que puedo aportar. Ese es mi estado vibracional y no es poco. Quizás porque no veamos la energía que somos pueda parecernos menor, pero en realidad, nuestra presencia energética y su frecuencia generan reacciones siempre. Las energías tienden a empatizar, por decirlo de alguna manera. Si uno entra a un lugar con una frecuencia vibratoria de paz o amor, es lo que está aportando a las demás frecuencias vibratorias del entorno. La reacción o interacción de dichas frecuencias es sintonizarse. Si uno aporta y sostiene esa vibración de paz o amor, fuerza a la otra energía a que se vuelva de la misma alta frecuencia; o a que se vaya por no soportarla. Lo mismo con el miedo o cualquier otra frecuencia. Cabe aclarar que esas frecuencias no dependen de una emoción, sino de la actitud para con esa emoción. La energía responde y es dirigida por intenciones. Decidir ser amor o paz al entrar en un lugar genera que, más allá de poder sentir por empatía la emoción de otra frecuencia de miedo que alguien aporte, se va a actuar desde el amor para sentir ese miedo. Esto se puede entender mejor si lo pensamos como estados de consciencia más que como simples emociones. Desde el estado de amor uno puede sentir cualquier emoción y ser comprensivo, pero siempre decidir actuar desde el amor para con lo que sea que sienta. Es la actitud de amor propio que veníamos hablando antes. De esta forma uno puede sostener ser amor o paz más allá de cualquier contexto o diferencia con sus entornos, aún con los más opuestos. Los entiende y respeta desde la compasión, aún cuando no los comparta, ni elija.
Quizás llegado este punto de aclaraciones, debamos ir al verdadero nudo de esta cuestión. ¿Cómo causamos un reflejo externo de guerra desde nuestra vibración o responsabilidad interna? Porque precisamente el reconocer y tomar responsabilidad sobre ello (qué fue lo que generó aquella proyección externa) es lo que nos permita resolverlo, sanarlo y no volver a generarlo. Se vuelve el punto más importante de toda esta reflexión. Más allá de cualquier respuesta individual, podemos encontrar una central que nos atañe a todos. La encontramos en nuestra actitud para con nuestra sombra. ¿Qué actitud decidimos tener al encontrarnos con lo que más nos cuesta ver y aceptar de nosotros mismos? ¿Luchamos, batallamos, rechazamos e intentamos anular (o matar) lo que menos queremos reconocer? Si así lo estamos haciendo, puede que veamos por dónde empezamos a generar semejantes proyecciones externas. ¿Cuántas guerras internas vivimos cotidianamente sin darnos cuenta siquiera? ¿No somos acaso fervientes guerreros entre las voces de nuestro corazón para con las de nuestra razón y al revés? ¿Cuántas veces batallamos por decir, o no decir, lo que realmente queremos? ¿Por hacer, o no, lo que sentimos? ¿Por juzgarnos al pensar lo que pensamos? ¿Cuántos enemigos externos creemos tener? ¿No serán acaso internos? ¿No somos nuestros peores jueces, verdugos, tiranos, censuradores, etc? ¿No estamos acaso constantemente peleando con otros que nos muestran opiniones totalmente opuestas a las nuestras? ¿No estamos en guerra con nuestro ego? ¿Cuántas veces queremos imponer nuestra única verdad indiscutible e inflexible a cualquiera que se nos cruce, o hasta a nosotros mismos en alguna introspección? ¿Podemos integrar y conciliar superadoramente nuestras diferentes voces, dualidades y hasta contradicciones? Aquellos que están más en la "espiritualidad" (por decirlo de alguna forma; porque espirituales somos todos todo el tiempo, más allá de ser conscientes de ello o de las técnicas/prácticas/creencias espirituales): ¿no se la pasan discutiendo con otros acerca de cómo hay que pensar, si se consideran de luz o de oscuridad, si se creen los buenos o los que salvan al mundo? ¿No viven juzgando de despiertos o dormidos a los demás, o creen que necesitan despertar a otros? ¿No están de esa forma viendo, pensando y alimentando energéticamente (o sea, creando) una realidad de guerra, lucha, pelea, separación, exclusión, juicio, condena y hasta enfermedad para que ellos sean los "héroes/salvadores" necesarios e imprescindibles de la historia? ¿Estamos en lucha para con un mundo que vemos (o sea creamos) injusto, malvado, enfermo, dormido, o cruel? ¿Qué hacemos ante lo diferente, lo rechazamos o invalidamos? ¿Podemos crecer sumando las demás voces diversas, en vez de separarlas y dividirnos? ¿Podemos convivir respetando la libertad de que un otro opine distinto y lo exprese abiertamente, o enseguida buscamos convencerlo de lo que nosotros "creemos"? ¿Hay una única verdad que sostener a muerte, o podemos aceptar que haya distintos puntos de vista sobre lo mismo? ¿Somos respetuosos para con lo diferente, o debemos invalidarlo para sostener intacto nuestro sistema de creencias por miedo a que debamos revisarlo? ¿Podemos admitir equivocarnos, o vamos a batallar siempre por sostener ser los que tienen razón?
¿Cuántos de éstos pensamientos (que podríamos seguir enumerando) tuvimos o tenemos constantemente? Pensándolo así, no es para nada disparatado ver una o varias guerras batallarse en nuestros contextos actuales. Vivimos llenos de estas luchas internas, pero nos horrorizamos si las vemos reflejadas externamente. Nos cuesta aceptar nuestra sombra. Duele. Es momento de hacerse cargo de nuestro lugar y nuestra responsabilidad para con lo que nos muestra el afuera que tenemos dentro. Vuelvo a aclarar hacerlo desde el reconocimiento amoroso y resiliente (osea proactivo), para decidir qué podemos hacer con lo que nos pasa. Y no hacerlo para enjuiciarnos, condenarnos y sentirnos culpables, porque ello sería de nuevo evadir nuestra responsabilidad para con lo que nosotros mismos creamos constantemente.
Que poder hacer todas estas reflexiones nos lleve siempre a amarnos tanto, que podamos ser paz en tiempos de guerra. Hagamos las paces internamente, seamos amor primero para con nosotros mismos; para serlo luego con los demás y aprovechar el inmenso poder que siempre tenemos disponible de decidir qué aportar energéticamente a cada contexto que vivamos y que estemos creando. No nos olvidemos nunca que todo este aporte comienza en nuestra mentalidad o forma de verlo primero, pero luego se corresponde con lo que vayamos decidiendo hacer acerca de lo que esté a nuestro alcance. No somos víctimas, somos responsables. Decidamos a consciencia y respetemos la libertad de que cada uno decida por sí mismo, aprendiendo a crecer al escuchar a otras voces diferentes a las nuestras. Al menos desde mi humilde opinión, ser amor y paz en este momento es el mejor aporte que podemos hacer.
.jpg)
Muchas gracias a vos!!! 💜🙌🏻
ResponderBorrar