Seguidores... ¡SUMATE! 💕

jueves, 30 de diciembre de 2021

Cerrar ciclos... Saber decir adiós es crecer 🌹


Se va un año, algunos muy queridos ya no están para abrazarlos, se terminan etapas, todo cambia y fluir sanamente con estos ritmos, es uno de los desafíos más complejos para muchos... 

Siendo una personalidad 9 en numerología (el 9 cierra el ciclo y en el tarot es el ermitaño) mis momentos más oscuros, pero de mayor potencial para mi crecimiento, me lo dieron los cierres que tuve que hacer en esta vida y no fueron pocos ni sencillos. Algunos dicen frases como: "lo que no te mata, te fortalece", los más religiosos usan algo como: "Dios no te daría ninguna cruz, que no seas capaz de cargar con tu fuerzas" y hasta hay quienes hablan de que las almas deciden planificar antes de encarnar esos desafíos tan difíciles para aprender grandes lecciones. Más allá de cómo lo queramos explicar, nadie puede dudar de que ciertos cierres, o duelos, requieren de grandes fortalezas para vivirlos resilientemente. 

La resiliencia me gusta pensarla como la alquimia, esa capacidad de poder transmutar el dolor en crecimiento. Es una habilidad, así que por más que algunos la expresen más naturalmente que otros, siempre que la vayamos experimentando, podremos ir desarrollándola y perfeccionándola más. 

Para algunos cierres se requiere de una gran fortaleza. Desde mi experiencia los duelos de seres queridos son aquellos cierres más difíciles de hacer. No puedo ni imaginar el dolor y la gran capacidad que implica transitar la muerte de un hijo, el ser el único sobreviviente de un terrible accidente u otros ejemplos tan trascendentes. Si puedo hablar desde despedir en tan solo 6 meses a mi padre, mi último abuelo y mi madre, con el detalle que esta última fue una muerte accidental muy traumática para mí al estar en ese momento sin haberla podido evitar. No es mi intención escribirles datos dramáticos ni biográficos, pero lo comparto para que entiendan el marco de experiencias que me permite hablar sobre aquellos cierres tan complejos de hacer resilientemente. Algunos ya saben que en los duelos hay etapas. De hecho en el canal de YouTube tengo un video hablando sobre la muerte y los duelos en los que me explayo más sobre este aspecto (pasá a verlo y dejanos un comentario si te surge). Inspirándome en este aspecto de reconocer los distintos momentos de los duelos, les propongo que me acompañen a explorar cuáles son las etapas que vamos viviendo en cualquier cierre. No todos los cierres los vivimos como duelos, con sus cargas emocionales tan profundas y desafiantes de sobrellevar, pero todos los cierres implican ciertos estadíos que vamos atravesando al vivirlos. Por ejemplo: despedir un año que se termina, para darle comienzo al nuevo desde una renovación o renacimiento interno profundo. Veamos cuáles serían esas etapas que hay en cualquier cierre... 

Para comenzar el primer escalón podríamos llamarlo reconocimiento. En él vamos descubriendo y tomando consciencia de que aquella vieja estructura, paradigma, contexto (o similar) que veníamos viviendo, ya no es estable ni seguro. Es como si hubiésemos empezado a reconocer que el edificio se está tambaleando. Su base ya no es sólida, debemos abandonarlo. Las emociones que nos pueden dar pistas de que entramos en esta primer etapa del cierre pueden ser: ira, enojos, fastidios, frustraciones, impotencias, sobreesfuerzo, intolerancia, negaciones de lo tan evidente para todos los demás, etc. Si bien no son estados psicoemocionales agradables de admitir ni transitar, podemos verlos como nuestros grandes aliados o bendiciones. Es que es gracias a ellos que podemos empezar a admitirnos que lo que se daba ya es insostenible; son los que nos permiten entender que es hora de decir BASTA y hacer un cambio. Nos muestran las fracturas irremediables del edificio, estructura, relación, entorno, trabajo, hábito o similares. Nos comunican el final de un ciclo. Vamos haciendo un reconocimiento de que es hora de cerrar esas puertas e ir dirigiéndonos hacia otras, que podamos encontrar ya abiertas. Podríamos entender esta etapa como una rendición también, ya que sentimos que agotamos las fuerzas que teníamos para permanecer en esa situación. Todo se fue tornando forzado y el esfuerzo que pusimos por seguir sosteniéndolo empezamos a reconocer que es inútil, ya que lo sentimos como nadar contra la corriente. Otras veces es un cambio inevitable, no podemos hacer nada para que no suceda. Por lo tanto se nos hace muy evidente reconocer la necesidad de rendirse a que el agua nos vaya llevando hacia nuevas costas. En dichas situaciones, hablamos más de un cambio de actitud para con las circunstancias que nos excede poder cambiar y el reconocimiento pasa por darnos cuenta de lo que sí depende de nosotros y de cómo sobrellevarlo de una manera distinta o nueva. 

La segunda etapa, estadío o escalón, sería la aceptación. Si bien muchos pensarán que es similar a la primera, en realidad, es su consecuencia. En los duelos es la última de las etapas, pero la más importante. La aceptación implica poder ver por qué ya no se sostienen esas viejas estructuras, pero a la vez, encontrar cierta paz en dejar que se derrumben. Es el dejarse llevar por la corriente, pero sabiendo que nosotros fuimos los que dirigíamos la orientación de esas aguas. No somos meros espectadores. Somos los que habíamos construido aquellas estructuras y si podemos reconocer que ya no nos nutren, para luego aceptar que se vayan cayendo, vamos a poder ver lo limitante de esas viejas bases que nos muestran que el cambio era necesario. Si no llegáramos a entender qué es lo que ya no nos funciona de estas formas, solo construiríamos nuevas estructuras que compartan las mismas bases defectuosas, por ende tendrían el mismo futuro destino de derrumbe. Así de importante se vuelve esta segunda etapa. Es también fluir con la paz de que la vida nos está llevando por esa dirección hacia nuevos puertos y es algo que no podemos negar ni cambiar. Aceptar implica esa rendición luego del análisis (más racional o mental) del reconocimiento, es como ir asimilando (más desde la no resistencia y entregado a lo emocional) que todo vaya evolucionando. Es el famoso "soltar" para dejar que se vaya disolviendo todo lo que ya murió. 

La tercer etapa, estadío o escalón, es la limpieza. Una vez que uno abre un viejo placard, selecciona qué puede usar o qué va a donar vaciando cada estante y cajón; llega el momento en el que podemos ver el polvo del fondo para limpiarlo. A veces este paso es el que hace la verdadera diferencia, no es lo mismo volver a llenar ese cajón sin, al menos, haber sacudido el polvo. Lo que vayamos a guardar allí, podría terminar oliendo de la misma forma que lo anterior. Este escalón es el que nos permite hacer lugar y dejar espacio limpio para recibir lo nuevo. A muchos las tareas del hogar no nos agradan demasiado, pero sabemos lo necesario de realizarlas por cuidar con amor nuestros espacios. En este estadío hasta las personas que menos les guste limpiar, pueden sentir que hay un gran alivio al llegar ese momento. Es que ya podemos sentir palpitar que en el fondo siempre fuimos un infinito núcleo generador de oportunidades y limpiar una, implica que podremos elegir desde cero cualquier otra nueva. Es como ese momento donde sabés que algo ya no va a volver a ser igual, por lo tanto te empieza a emocionar todo lo nuevo y distinto que puede llegar a venir desde ese instante. Pero sin dejarnos llevar por la ansiedad de que todo cambie más rápido, vamos viendo que cuanto más despejemos el camino, limpiándolo en profundidad, más grande será lo que podamos recibir y guardar. 

El cuarto escalón es el de ordenar. Pues claro, sería el hermano gemelo de la limpieza. Cuántas veces, sin embargo, luego de haber limpiado profundamente ¿Volvemos a guardar las cosas con el mismo desorden con el cual las habíamos encontrado? Es que hay tendencias tan sutiles e inconscientes dentro nuestro, que se nos suele pasar por alto ver estas similitudes. Es aquel instante en el que podemos definir las nuevas bases y dejar afuera lo que ya no nos sirve más, o aquello que a pesar de seguir estando bien, ya no nos gusta. Vamos de a poco direccionando la energía hacia lo nuevo y dándole un lugar a cada elemento. Ya va tomando forma, estamos eligiendo. Es un hecho, por más tiempo que nos haya llevado dejar derrumbarse lo viejo, o por más polvo que haya levantado al caerse y tanta frustración que pudo llegar a surgir desde esas ideas que no sabíamos si éramos capaces de limpiarlo del todo, que todo llega. También llega aquel bendito momento en el cual sabés que estás recomenzando y te inspira suspiros nuevos. 

La última etapa, escalón o estadío, es el agradecimiento. Todo tenía su sentido, ritmo y formas exactas, poder apreciarlo es una gran virtud. Valoramos lo compartido, podemos agradecer a aquellos que fueron protagonistas junto con nosotros. Hasta incluso, cuando vivamos los cierres desde el dolor, también se puede agradecer. No será ese agradecimiento en el cual sintamos tanto entusiasmo, pero será apreciar que en la vida hay momentos claves dónde todo cambia. Poder valorar la fortaleza que brotó al no dejarse derrumbar con lo viejo, y que además nos permitió salir renovados de esa tormenta. Serán gracias un poco más amargas, ya que hay cierres que no son tan agradables de hacer. La clave en todo estos estadíos estará en recordar que el dolor es parte de la vida (de hecho en el parto de una vida nueva también hay dolor), pero el sufrimiento es opcional. Es opcional querer frenar toda tu vida en una etapa, al dejarte ahogar por tus miedos, en vez de lanzarte con coraje a lo incierto aceptando un final inevitable. No es que haya un buen o mal camino, solo que aquella frase de Buda nos muestra que siempre hay una opción más. Estamos decidiendo todo el tiempo. Tampoco hay que juzgar nuestras decisiones del pasado, no podemos obviar que hicimos lo mejor para el nivel consciencia que teníamos en aquel momento o contexto en particular. El amor siempre será la mejor respuesta y el mejor filtro para poder ver desde el corazón nuestra verdad. Honrarnos agradeciéndonos haber transitado el camino, ya es muchísimo. No rendirse, seguir adelante. Buscar siempre cómo amar más cada paso, proceso, sentir, aprendizaje, decisiones, involucrados; en fin cada instante tal cual fue, ya que no habríamos llegado hasta este presente sin dar esos pasos de esa manera tan exacta. Concentrar la energía en este aquí y ahora para celebrar la vida que siempre nos permite disfrutarla, sin importar si decidimos caminar o quedarnos quietos. Siempre hay motivos para agradecer. El crecer en este caso, es el que más aplicaría. Pero la variedad es infinita y depende de nuestra madurez o sabiduría poder reconocerla. 

Y así, casi sin darnos cuenta, miramos atrás y lo que era ya no existe. Estamos pisando nuevas tierras, dando pasos que quizás nunca hubiéramos imaginado dar; o simplemente volviendo a respirar con alegría, luego de haber pasado una gran tormenta. Ya atravesamos el cambio y ese momento de transición de un viejo estado a uno nuevo. Es natural empezar a sentir el entusiasmo. Hasta cuando no logremos sentirlo, al menos ya entendimos que el cambio sucedió y el contexto se renovó. Valorar que renacimos internamente, también nos permite reconocer nuestro nuevo estado interno para habitarlo más conscientemente. Un nuevo Ser, para hacer desde nuevas motivaciones y tener resultados distintos por mera consecuencia. Permitirnos asombrar por nuestras capacidades y aquellas virtudes que afloraron y desconocíamos tener dentro esperando salir. Es un nuevo florecer, dando comienzo a otra estación. 

Los nuevos comienzos tienen su magia, cuando nada es seguro y todo es incierto... todo es posible. 


Alcemos nuestras copas por ello y ¡recibamos al nuevo ciclo desde un corazón renovado! 🥂💜




¡¡¡Muchas felicidades y mis más sinceras Bendiciones!!! Un placer haber compartido juntos los pasos en el camino, me honra agradecerles su presencia y atención para con nuestra propuesta. ¡¡Gracias infinitas!!


 




Anímense a BRILLAR, porque todos SOMOS SOL ☀️






🔖 Si este tema o los que vengo compartiendo te interesan y querés profundizar más, podés contactarme para una consulta o asesoramiento personalizado, sumarte a mis actividades de autoconocimiento (como el curso online); o hasta chequear las redes de SOMOS SOL ☀️ donde comparto mucha más información. También acepto donaciones o colaboraciones para seguir apoyando lo valioso de mis propuestas. ¡Gracias por leerme!💜🙌🏻





sábado, 11 de diciembre de 2021

¡Te desafío a un reto de 9 días! ¿Te animás?



 Reto numerológico de 9 días SOMOS SOL ☀️

.

¿Qué te puede aportar hacer este reto?

.

Está orientado a conectar con tus ciclos naturales, para ir activando/potenciando las distintas capacidades o recursos internos que tenés para afrontar cada paso. A partir de hacer una actividad basada en una de las cualidades principales de cada número del ciclo, estás activando esas energías en vos. Te puede aportar el movimiento necesario para un nuevo comienzo, que se te dé algo que venías esperando, mayor claridad en algo que sentías trabado; o simplemente divertirte probando a ver qué despierta en vos 💜🙌🏻

.

📆 Día 1: Inicios. Comienza algo nuevo. Puede ser un nuevo hobby, estudio o conocimiento, proyecto, hábito, o una nueva forma de hacer lo que siempre hiciste.

.

📆 Día 2: Compartir. Dedicá un momento del día a compartir con otros, ya sea un encuentro, lo que venís sintiendo, una comida, etc. También en el caso de ser emprendedor, podes llegar a pensar en ése día hacer una colaboración o potenciar el trabajo en equipo.

.

📆 Día 3: Juego. Elegir algún juego y animarse a divertirse, sin prejuicios.

.

📆 Día 4: Raíz. Plantar una semilla de alguna planta que quieras sumar a tu jardín o balcón. Si esta idea no te copa, podes dedicarte un rato a planificar algo, ya sea tu próximo viaje, proyecto, un nuevo sueño, etc.

.

📆 Día 5: Libertad. Liberarse de todo lo que ya no te sirve. Donarlo es una gran opción. La idea es hacer espacio para lo nuevo.

.

📆 Día 6: Armonía. Hacer cualquier actividad que te aporte armonía, equilibrio o paz. Puede ser meditar, escuchar música, cantar, bailar, etc.

.

📆 Día 7: Introspección. Dedicar un momento a solas para conectar con nuestra voz interna. Podés escribir lo que sentís ese día, algo que quieras agradecerte, valorar tu progreso, perdonar algún viejo rencor guardado, etc. Si podes hacerlo en la naturaleza mejor, sino al menos cerca de una ventana o con una plantita al lado.

.

📆 Día 8: Poder. Día ideal para tomar alguna decisión importante. Recuperar tu poder personal y expresar algo que te costaba decir por no querer confrontar (hacerlo lo más amorosamente posible pero con firmeza), poner un límite, o reorganizar tus finanzas.

.

📆 Día 9: Cierres. Pensar cualquier situación que te gustaría terminar o darle fin. Hacer una carta a aquella persona, o situación, donde reconozcas todo lo que te hizo aprender, agradezcas que te enseñó a amarte más y honres lo compartido, diciéndole adiós para darte la libertad de dejarlo ir. No es necesario entregar la carta, lo que realmente te libera es poder expresarlo en palabras y decidir hacer el cierre.

.

👉🏻Cuando hayas cumplido el reto te invito a resumir en una palabra tu experiencia y dejarla en los comentarios de esta publicación. Etiquetá a quien pueda gustarle participar, guardate esta publicación para hacerlo más adelante, o compartí tu experiencia en tu historia etiquetándonos a nosotros.

.

🤓 Lo ideal es hacerlo sincronizado con la vibración del día (por ejemplo el 11/12/2021 es una vibración 1 por eso es ideal para comenzar). ¿Querés saber cómo sacar la vibración de un día? …

Tenés que sumar todos los números de la fecha completa, hasta que te quede un número de un solo dígito. Usando el ejemplo anterior sería: 1+1+1+2+2+0+2+1=10=1+0=1

🔸No te olvides de guardarte esta publicación para ir leyendo cada día. Voy a recordarles la cualidad principal del número del día en los reels de Instagram (ese será mí nuevo comienzo 🤣)

.


¡¡¡Gracias y a jugar!!!🥳






🔖 Si este tema o los que vengo compartiendo te interesan y querés profundizar más, podés contactarme para una consulta o asesoramiento personalizado, sumarte a mis actividades de autoconocimiento (como el curso online); o hasta chequear las redes de SOMOS SOL ☀️ donde comparto mucha más información. También acepto donaciones o colaboraciones para seguir apoyando lo valioso de mis propuestas. ¡Gracias por leerme!💜🙌🏻






jueves, 2 de diciembre de 2021

Los 40 y ese famoso salto al vacío...


Llegando a una determinada edad, de 35 a 40 años aproximadamente, las personas entramos en una cierta etapa introspectiva que muchos culminan con un gran "salto al vacío". No se trata de algo literal, ni de comenzar a practicar deportes extremos, solo es la forma en la cual se popularizó este movimiento. Para poder hablar extendidamente de esto, primero hay que ponernos en contexto y nombrar cómo se llega a ese punto determinado. 


Podríamos aportar datos desde la numerología del número 40, ya que esa etapa introspectiva suele conocerse como "la crisis de los 40". A veces, comienza unos años antes, otras años después y cada persona la vive diferente... 





El número 40 nos habla acerca de un tiempo de reestructuración, durante el cual se va gestando internamente en la persona, una necesidad de confirmar, o reorganizar la dirección de su vida hasta ese momento. El 4 es el número de los fundamentos, bases o raíces desde dónde construimos nuestra vida. También es una energía de límites, tradiciones, lealtades, perseverancia, solidez y compromiso; ya que son cualidades que va desarrollando en esas construcciones. El 0 le aporta la potencia de ciclos cumplidos, por lo tanto contiene las maestrías de los aprendizajes de éstos. Por esto es que el 40 se trata de reconstruir o plantearse nuevos fundamentos desde dónde dirigirse en adelante. Lo que suele costarle a la energía 4 es: trascender límites, no ser demasiados estructurados o cerrados mentalmente, arriesgarse más, salirse de lo establecido y los cambios. En el 0 encuentra también cómo trascender estas dificultades, gracias a lo experimentado al completar ciclos. Este dígito es como una semilla que contiene toda la información necesaria para que la planta se desarrolle desde que se la siembra, por eso aparece antes que el uno, pero potenciando a éste al completar el ciclo con el 10. Los ciclos entonces se van contando del 1 al 9; pero cuando ese 1 viene de un 10, se comprende que tiene intrínsecamente, otro nivel mayor de complejidad y aprendizajes ya integrados desde dónde volver a comenzar. 


Traemos lo que nos aporta la numerología del 40, porque es muy acorde a lo que va gestándose en esa famosa "crisis". En dicha etapa, la persona, comienza a preguntarse si está realmente satisfecha con el curso que le fue dando a su vida. Surgen replanteos sobre aquellos sueños de más joven que no cumplió, experimenta ciertos cuestionamientos acerca de si construyó la vida que quería realmente; o solo fue haciendo lo que se esperaba de él/ella. Como ese 4 busca fundamentos desde dónde volver a construir, es común que la persona al llegar a esta etapa, comience a evaluar cuántas decisiones tomó por motivos propios y cuántas por inconscientemente seguir los mandatos de sus entornos. Por la forma en la que fuimos creciendo desde muy chicos, aprendimos a experimentar el mundo desde lo que nos fueron enseñando otros primero. En la madurez psicoemocional, la persona, empieza a autodesarrollarse desde sus propios criterios, ganando mayor autenticidad para con sus aspectos internos más genuinos. Así que es muy común que llegada cierta edad, nos planteemos nuestras motivaciones internas y busquemos que sean más acordes con obtener una felicidad que nos genere autorrealización. Vas viendo que se te fue pasando la vida y muchas veces no supiste que tenías el derecho a elegir diferente de lo que se esperaba de vos, o diferente a tus círculos más cercanos. Vamos descubriendo que tenemos demasiadas tendencias inconscientes a no confrontar, a pensar que si decidimos por nosotros podemos ser egoístas o decepcionar a otros, muchos miedos a no pertenecer, quedarnos solos, a la incertidumbre de lo nuevo y a los cambios con sus riesgos. 


Es habitual encontrarse con haber construido una vida un tanto tradicional y acorde a un entorno determinado, en vez de la que quizás realmente querías. También es igual de habitual descubrir que solías guiarte o actuar desde aquellos miedos, en vez de ir afrontándolos para superarlos. Las respuestas al actuar automáticamente desde un miedo son tres: paralizarse, huir y atacar. Estamos llenos de historias en las que surgía un impulso natural por tomar una decisión determinada, pero al confrontar nuestro entorno, terminamos paralizándonos y perdiendo esa oportunidad; huyendo de tomar esa decisión o defendiéndola mediante ataques de que era nuestro derecho decidir más allá de las opiniones de otros. Cuando uno se mueve desde estas motivaciones internas tiende a: desoír su verdadero deseo, a no saber cómo realizarlo desistiendo de intentarlo al menos, a hacerlo pero para rebelarse a un entorno que quizás no lo apoyaba (y al cambiar de entorno pierden motivación o desisten), a evadir tomar riesgos por miedo a decepcionar, o a lo que puedan llegar a decir y pensar otros si lo hacemos, etc. En ninguno de estos casos actuando desde el miedo, somos fieles a nuestro sentir y a lo que verdaderamente deseamos. Y si encima tenemos en cuenta que varios de nuestros miedos son como deseos invertidos (lo que tanto nos aterra suele ser lo que más deseamos hacer) caemos en un bucle, que alimenta aún más, vivir desde esos miedos. La mayoría de estos arrepentimientos o reproches podemos descubrirlos gracias a esa famosa "crisis", que nos va llevando a replantearnos si queremos continuar de la misma forma; o ya es momento de hacerlo distinto. 


No podemos olvidarnos de las numerosas personas, que al entrar en esta etapa de reflexión, descubren realmente no saber qué desean. Quizás nunca tuvieron en claro aquel aspecto. No todos tienen tan definido desde chicos sus sueños. Podemos encontrar miles de gustos y preferencias, pero quizás también al ser muchos o demasiado variados suelen creer que no lo tienen en claro. Nos acostumbran a pensar en términos de profesiones y a ir dedicándose a ellas, de a una por vez. Entonces para los que somos más versátiles en nuestros gustos, este asunto suele aportarnos más confusión. Puede ayudar mucho pensar más allá de lo común, tratar de unir habilidades o gustos diversos entre sí, o simplemente dedicarle energía para explorar cada uno e ir viendo si nos proponen un camino que queramos seguir descubriendo. 


Otras veces lo que sucede es que construimos lo que queríamos, pero en el proceso fuimos cambiando tanto que surgieron nuevos deseos. Ya no nos interesan los mismos sueños, o ya los realizamos. Si bien mientras estemos vivos nos acompañarán nuestros deseos, como un motor por el cual seguir caminando hacia adelante, no siempre solemos priorizarlos o hacer lo necesario para cumplirlos. En estos casos lo que suele surgir de desafío es que estamos en una especie de zona de confort y los nuevos deseos nos impulsan a salir de ella. Esto genera una serie de miedos y hasta cuestionamientos relacionados con la edad (como el famoso "a mi ya se me pasó el tren" o "ya es tarde para mí") que muchas veces nos frenan de dar el tan famoso "salto al vacío". Es que en estos casos (y en muchos de los otros también), nos terminamos acostumbrando a lo construido de forma tal, que arriesgarnos a cambiarlo bruscamente puede parecernos imposible. Todo dependerá de las ganas que tengamos de cumplir esos deseos y de poder desidentificarnos de lo construido. Nos solemos autodefinir desde esas profesiones, roles en entornos sociales, roles familiares, por lo que hacemos, lo que estudiamos o sabemos y hasta por lo que fuimos logrando. Pero somos mucho más que eso, de hecho en algún momento temprano de nuestras vidas todavía ni habíamos logrado todo eso y seguíamos siendo las mismas personas. Además, si esos deseos surgen desde lo más profundo de nuestro interior, ¿No merecen ser escuchados y satisfechos? 


Quizás llegados a este punto de la reflexión, debamos nombrar que se requiere valentía o coraje para salir de esa zona conocida y adentrarse a la aventura de lo nuevo. No todos decidimos igual al llegar esa instancia, habrá gente que prefiera seguir desarrollando lo conocido porque le dará seguridad o cierta comodidad. No es que haya alguna decisión o elección mejor que otra, cada uno sabe qué quiere priorizar y por qué. Su vida, su decisión. Respetemos ante todo las libertades de ser y dejar ser. 


Para los que al llegar a ese abismo se plantean de saltar o desistir de su idea, al menos desde mi experiencia, puedo aportarles que no hay precio demasiado alto por seguir el camino del corazón. La paz de haber tomado la decisión que sentimos correcta, más allá de si se realiza como esperábamos o no, es inmensamente mayor que cualquier miedo de atreverse a saltar. No hay errores ni fracasos en este camino. No porque todo vaya mágicamente bien, ya que eso no es real, sino porque se está siendo fiel a lo que uno es. En los pasos que vamos dando siempre ganamos experiencia, aprendemos (ya sea a hacerlo mejor o distinto), disfrutamos de arriesgar y dejar atrás lo que ya no queríamos. El verdadero placer de no quedarse con las ganas de nada, supera cualquier decepción de resultado o expectativas. De hecho, nos va enseñando a disfrutar más la experiencia, desapegándonos de cualquier expectativa o resultado. 


Ahora veamos ciertas cuestiones puntuales que suelen suceder en los pasos posteriores al salto. Al saltar, tuvimos que aprender a abrazar la incertidumbre y caminar con ella. No sabíamos, ni teníamos garantías, de qué iba a suceder luego. En realidad este aspecto es una cualidad de la Vida misma, no tenemos asegurado ni conocemos qué va a suceder. La incertidumbre es natural y solo nos asustan las ideas que podamos pensar de ella, desde nuestros miedos. Los más comunes son miedos a no tener lo suficiente, a no poder, a equivocarse, a fracasar, a estar peor que antes, a haber idealizado o sobreestimado lo que queríamos, a no ser capaces, a que nuestros recursos o habilidades no sean tan valiosos, a que la vida no nos sostenga, a no lograrlo, a morir en el intento, etc. Estos miedos no solo van a aparecer antes de saltar. Como el camino que estamos construyendo a cada paso, lo hacemos desde la plena consciencia de que esa incertidumbre es parte de la vida misma, es normal que estos miedos sigan estando dentro, o saliendo cada tanto antes de pasos importantes a realizar. Lo importante es recordar que somos los que decidimos actuar desde el miedo, o desde el amor. Por más que suene a frase trillada o media cursi, es el eje central de esta crisis. En nuestras decisiones: ¿Solemos actuar por miedo o solemos actuar por amor? De los miedos ya hablamos, ahora nombremos algunas motivaciones desde el amor. ¿Por amor a qué actuamos? Por amor a nuestros sueños, amor a nuestros deseos profundos, amor a ser fieles a nosotros mismos, amor a ser más auténticos o genuinos, amor a expresar todos nuestros recursos internos, amor a vivir siendo protagonistas/creadores de nuestra vida (en vez de espectadores o hasta títeres de nuestros entornos), amor a vivir sin miedos, amor a ser quienes somos en nuestro mayor potencial (en vez de conformarnos con vernos limitados por ideas), amor a superarse, amor a nuestro valor que merece lo mejor y no conformarse con lo que haya ni con migajas, amor a crear el mundo que queremos (en vez de sufrir por el que no podemos cambiar), amor a ese fuego creativo interno que no para de pulsar, amor a la voz de nuestro corazón, amor a desplegar el todo nuestro brillo interno, etc., etc... 





En realidad al ir caminando, nos vamos dando cuenta de que esos saltos al vacío los hicimos muchas veces y que también vivimos en muchas zonas de confort. Cuando éramos niños tuvimos que ir creciendo y al hacerlo, íbamos dejando atrás lo tan conocido de vivir jugando, para investigar qué otras cosas nos proponía la Vida. Fuimos haciendo los saltos con esos miedos y superándolos también. Quizás nunca dejemos de hacer estos movimientos y la vida sea más cíclica de lo que podamos pensar. De cualquier modo, recordar las cantidades de veces que saltamos y cómo esos pasos nos fueron trayendo a este presente exacto, puede aportarte más coraje o confianza a la hora de volver a estar frente al abismo. Como toda crisis en nuestra vida nos va llenando de muchos e interesantes aprendizajes, nos transforma y ya no somos los mismos que éramos. Entonces, ¿por qué no aprovechar y acompañar esos movimientos, en vez de resistirnos a ellos? 


La vida va pasando y decidir no frenarse de ser lo más felices que podamos, es animarse a vivirla plenamente. Nos salga como nos salga. Sea como la esperamos, peor o hasta mejor. Muchos antes de morir suelen concordar que lo peor es haberse quedado con las ganas de hacer algo y ya no tener tiempo. Esos arrepentimientos duelen mucho más que la incomodidad que pueda generar cualquier miedo. Además, de todo lo logrado solo nos llevamos las experiencias y lo sentido internamente. Lo importante es disfrutar el recorrido por esta vida, a cada paso que demos, más allá de cuáles sean, ni de hacia dónde nos lleven. Recuperar ese asombro por la vida que teníamos de niños y permitirnos dejarnos sorprender.



👉 Les dejo algunos videos si les interesa profundizar más en estos temas...










🔖 Si este tema o los que vengo compartiendo te interesan y querés profundizar más, podés contactarme para una consulta o asesoramiento personalizado, sumarte a mis actividades de autoconocimiento (como el curso online); o hasta chequear las redes de SOMOS SOL ☀️ donde comparto mucha más información. También acepto donaciones o colaboraciones para seguir apoyando lo valioso de mis propuestas. ¡Gracias por leerme!💜🙌🏻






Enterate acerca de qué se trata mi Curso online...

¿Te animás a probar mi curso online?

  El Curso de Autoconocimiento SOMOS SOL ☀️ es para vos.  Cuando queremos hacer algún cambio, recurrimos a diversos métodos que no siempre l...