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jueves, 30 de diciembre de 2021

Cerrar ciclos... Saber decir adiós es crecer 🌹


Se va un año, algunos muy queridos ya no están para abrazarlos, se terminan etapas, todo cambia y fluir sanamente con estos ritmos, es uno de los desafíos más complejos para muchos... 

Siendo una personalidad 9 en numerología (el 9 cierra el ciclo y en el tarot es el ermitaño) mis momentos más oscuros, pero de mayor potencial para mi crecimiento, me lo dieron los cierres que tuve que hacer en esta vida y no fueron pocos ni sencillos. Algunos dicen frases como: "lo que no te mata, te fortalece", los más religiosos usan algo como: "Dios no te daría ninguna cruz, que no seas capaz de cargar con tu fuerzas" y hasta hay quienes hablan de que las almas deciden planificar antes de encarnar esos desafíos tan difíciles para aprender grandes lecciones. Más allá de cómo lo queramos explicar, nadie puede dudar de que ciertos cierres, o duelos, requieren de grandes fortalezas para vivirlos resilientemente. 

La resiliencia me gusta pensarla como la alquimia, esa capacidad de poder transmutar el dolor en crecimiento. Es una habilidad, así que por más que algunos la expresen más naturalmente que otros, siempre que la vayamos experimentando, podremos ir desarrollándola y perfeccionándola más. 

Para algunos cierres se requiere de una gran fortaleza. Desde mi experiencia los duelos de seres queridos son aquellos cierres más difíciles de hacer. No puedo ni imaginar el dolor y la gran capacidad que implica transitar la muerte de un hijo, el ser el único sobreviviente de un terrible accidente u otros ejemplos tan trascendentes. Si puedo hablar desde despedir en tan solo 6 meses a mi padre, mi último abuelo y mi madre, con el detalle que esta última fue una muerte accidental muy traumática para mí al estar en ese momento sin haberla podido evitar. No es mi intención escribirles datos dramáticos ni biográficos, pero lo comparto para que entiendan el marco de experiencias que me permite hablar sobre aquellos cierres tan complejos de hacer resilientemente. Algunos ya saben que en los duelos hay etapas. De hecho en el canal de YouTube tengo un video hablando sobre la muerte y los duelos en los que me explayo más sobre este aspecto (pasá a verlo y dejanos un comentario si te surge). Inspirándome en este aspecto de reconocer los distintos momentos de los duelos, les propongo que me acompañen a explorar cuáles son las etapas que vamos viviendo en cualquier cierre. No todos los cierres los vivimos como duelos, con sus cargas emocionales tan profundas y desafiantes de sobrellevar, pero todos los cierres implican ciertos estadíos que vamos atravesando al vivirlos. Por ejemplo: despedir un año que se termina, para darle comienzo al nuevo desde una renovación o renacimiento interno profundo. Veamos cuáles serían esas etapas que hay en cualquier cierre... 

Para comenzar el primer escalón podríamos llamarlo reconocimiento. En él vamos descubriendo y tomando consciencia de que aquella vieja estructura, paradigma, contexto (o similar) que veníamos viviendo, ya no es estable ni seguro. Es como si hubiésemos empezado a reconocer que el edificio se está tambaleando. Su base ya no es sólida, debemos abandonarlo. Las emociones que nos pueden dar pistas de que entramos en esta primer etapa del cierre pueden ser: ira, enojos, fastidios, frustraciones, impotencias, sobreesfuerzo, intolerancia, negaciones de lo tan evidente para todos los demás, etc. Si bien no son estados psicoemocionales agradables de admitir ni transitar, podemos verlos como nuestros grandes aliados o bendiciones. Es que es gracias a ellos que podemos empezar a admitirnos que lo que se daba ya es insostenible; son los que nos permiten entender que es hora de decir BASTA y hacer un cambio. Nos muestran las fracturas irremediables del edificio, estructura, relación, entorno, trabajo, hábito o similares. Nos comunican el final de un ciclo. Vamos haciendo un reconocimiento de que es hora de cerrar esas puertas e ir dirigiéndonos hacia otras, que podamos encontrar ya abiertas. Podríamos entender esta etapa como una rendición también, ya que sentimos que agotamos las fuerzas que teníamos para permanecer en esa situación. Todo se fue tornando forzado y el esfuerzo que pusimos por seguir sosteniéndolo empezamos a reconocer que es inútil, ya que lo sentimos como nadar contra la corriente. Otras veces es un cambio inevitable, no podemos hacer nada para que no suceda. Por lo tanto se nos hace muy evidente reconocer la necesidad de rendirse a que el agua nos vaya llevando hacia nuevas costas. En dichas situaciones, hablamos más de un cambio de actitud para con las circunstancias que nos excede poder cambiar y el reconocimiento pasa por darnos cuenta de lo que sí depende de nosotros y de cómo sobrellevarlo de una manera distinta o nueva. 

La segunda etapa, estadío o escalón, sería la aceptación. Si bien muchos pensarán que es similar a la primera, en realidad, es su consecuencia. En los duelos es la última de las etapas, pero la más importante. La aceptación implica poder ver por qué ya no se sostienen esas viejas estructuras, pero a la vez, encontrar cierta paz en dejar que se derrumben. Es el dejarse llevar por la corriente, pero sabiendo que nosotros fuimos los que dirigíamos la orientación de esas aguas. No somos meros espectadores. Somos los que habíamos construido aquellas estructuras y si podemos reconocer que ya no nos nutren, para luego aceptar que se vayan cayendo, vamos a poder ver lo limitante de esas viejas bases que nos muestran que el cambio era necesario. Si no llegáramos a entender qué es lo que ya no nos funciona de estas formas, solo construiríamos nuevas estructuras que compartan las mismas bases defectuosas, por ende tendrían el mismo futuro destino de derrumbe. Así de importante se vuelve esta segunda etapa. Es también fluir con la paz de que la vida nos está llevando por esa dirección hacia nuevos puertos y es algo que no podemos negar ni cambiar. Aceptar implica esa rendición luego del análisis (más racional o mental) del reconocimiento, es como ir asimilando (más desde la no resistencia y entregado a lo emocional) que todo vaya evolucionando. Es el famoso "soltar" para dejar que se vaya disolviendo todo lo que ya murió. 

La tercer etapa, estadío o escalón, es la limpieza. Una vez que uno abre un viejo placard, selecciona qué puede usar o qué va a donar vaciando cada estante y cajón; llega el momento en el que podemos ver el polvo del fondo para limpiarlo. A veces este paso es el que hace la verdadera diferencia, no es lo mismo volver a llenar ese cajón sin, al menos, haber sacudido el polvo. Lo que vayamos a guardar allí, podría terminar oliendo de la misma forma que lo anterior. Este escalón es el que nos permite hacer lugar y dejar espacio limpio para recibir lo nuevo. A muchos las tareas del hogar no nos agradan demasiado, pero sabemos lo necesario de realizarlas por cuidar con amor nuestros espacios. En este estadío hasta las personas que menos les guste limpiar, pueden sentir que hay un gran alivio al llegar ese momento. Es que ya podemos sentir palpitar que en el fondo siempre fuimos un infinito núcleo generador de oportunidades y limpiar una, implica que podremos elegir desde cero cualquier otra nueva. Es como ese momento donde sabés que algo ya no va a volver a ser igual, por lo tanto te empieza a emocionar todo lo nuevo y distinto que puede llegar a venir desde ese instante. Pero sin dejarnos llevar por la ansiedad de que todo cambie más rápido, vamos viendo que cuanto más despejemos el camino, limpiándolo en profundidad, más grande será lo que podamos recibir y guardar. 

El cuarto escalón es el de ordenar. Pues claro, sería el hermano gemelo de la limpieza. Cuántas veces, sin embargo, luego de haber limpiado profundamente ¿Volvemos a guardar las cosas con el mismo desorden con el cual las habíamos encontrado? Es que hay tendencias tan sutiles e inconscientes dentro nuestro, que se nos suele pasar por alto ver estas similitudes. Es aquel instante en el que podemos definir las nuevas bases y dejar afuera lo que ya no nos sirve más, o aquello que a pesar de seguir estando bien, ya no nos gusta. Vamos de a poco direccionando la energía hacia lo nuevo y dándole un lugar a cada elemento. Ya va tomando forma, estamos eligiendo. Es un hecho, por más tiempo que nos haya llevado dejar derrumbarse lo viejo, o por más polvo que haya levantado al caerse y tanta frustración que pudo llegar a surgir desde esas ideas que no sabíamos si éramos capaces de limpiarlo del todo, que todo llega. También llega aquel bendito momento en el cual sabés que estás recomenzando y te inspira suspiros nuevos. 

La última etapa, escalón o estadío, es el agradecimiento. Todo tenía su sentido, ritmo y formas exactas, poder apreciarlo es una gran virtud. Valoramos lo compartido, podemos agradecer a aquellos que fueron protagonistas junto con nosotros. Hasta incluso, cuando vivamos los cierres desde el dolor, también se puede agradecer. No será ese agradecimiento en el cual sintamos tanto entusiasmo, pero será apreciar que en la vida hay momentos claves dónde todo cambia. Poder valorar la fortaleza que brotó al no dejarse derrumbar con lo viejo, y que además nos permitió salir renovados de esa tormenta. Serán gracias un poco más amargas, ya que hay cierres que no son tan agradables de hacer. La clave en todo estos estadíos estará en recordar que el dolor es parte de la vida (de hecho en el parto de una vida nueva también hay dolor), pero el sufrimiento es opcional. Es opcional querer frenar toda tu vida en una etapa, al dejarte ahogar por tus miedos, en vez de lanzarte con coraje a lo incierto aceptando un final inevitable. No es que haya un buen o mal camino, solo que aquella frase de Buda nos muestra que siempre hay una opción más. Estamos decidiendo todo el tiempo. Tampoco hay que juzgar nuestras decisiones del pasado, no podemos obviar que hicimos lo mejor para el nivel consciencia que teníamos en aquel momento o contexto en particular. El amor siempre será la mejor respuesta y el mejor filtro para poder ver desde el corazón nuestra verdad. Honrarnos agradeciéndonos haber transitado el camino, ya es muchísimo. No rendirse, seguir adelante. Buscar siempre cómo amar más cada paso, proceso, sentir, aprendizaje, decisiones, involucrados; en fin cada instante tal cual fue, ya que no habríamos llegado hasta este presente sin dar esos pasos de esa manera tan exacta. Concentrar la energía en este aquí y ahora para celebrar la vida que siempre nos permite disfrutarla, sin importar si decidimos caminar o quedarnos quietos. Siempre hay motivos para agradecer. El crecer en este caso, es el que más aplicaría. Pero la variedad es infinita y depende de nuestra madurez o sabiduría poder reconocerla. 

Y así, casi sin darnos cuenta, miramos atrás y lo que era ya no existe. Estamos pisando nuevas tierras, dando pasos que quizás nunca hubiéramos imaginado dar; o simplemente volviendo a respirar con alegría, luego de haber pasado una gran tormenta. Ya atravesamos el cambio y ese momento de transición de un viejo estado a uno nuevo. Es natural empezar a sentir el entusiasmo. Hasta cuando no logremos sentirlo, al menos ya entendimos que el cambio sucedió y el contexto se renovó. Valorar que renacimos internamente, también nos permite reconocer nuestro nuevo estado interno para habitarlo más conscientemente. Un nuevo Ser, para hacer desde nuevas motivaciones y tener resultados distintos por mera consecuencia. Permitirnos asombrar por nuestras capacidades y aquellas virtudes que afloraron y desconocíamos tener dentro esperando salir. Es un nuevo florecer, dando comienzo a otra estación. 

Los nuevos comienzos tienen su magia, cuando nada es seguro y todo es incierto... todo es posible. 


Alcemos nuestras copas por ello y ¡recibamos al nuevo ciclo desde un corazón renovado! 🥂💜




¡¡¡Muchas felicidades y mis más sinceras Bendiciones!!! Un placer haber compartido juntos los pasos en el camino, me honra agradecerles su presencia y atención para con nuestra propuesta. ¡¡Gracias infinitas!!


 




Anímense a BRILLAR, porque todos SOMOS SOL ☀️






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