Cuando uno se va conociendo, suele encontrarse con ciertas resistencias. Una de las que más nos cuesta trascender es la de poder reconocernos valiosos.
Aprender a valorarse realmente es abandonar esas ideas de que no somos suficientes, que solo valemos por lo que hacemos, tenemos o damos, de compararse para sentirse más o menos valiosos que otros, etc.
Salen a la luz todos nuestros miedos construidos en base a nuestra autoimagen, que nos llevaron a constituir ése autoestima. Siempre es importante recordar que una autopercepción, y por ende su autoestima, es posible de cambiar en cualquier momento. Solo depende de nuestra voluntad (en nuestro canal de YouTube hicimos varios videos sobre estos temas, chequealos si te interesa profundizar más).
Pero más allá de ir forjando una sana y más verdadera visión de uno mismo, que nos permita valorarnos realmente como nos merecemos, podemos recordarnos cuestiones esenciales que por ésas tendencias a desvalorizarnos se nos olvidan...
Una de ellas, y la más importante, es que somos Vida. La vida se expresa a través de nosotros, nos permite vivirla y dar vida a todo lo que creemos o salga de nosotros a todo momento (desde grandes proyectos, hasta simples platos de comida). ¿Qué hay más valioso que la vida? Y entonces, ¡¿Cómo no vamos a ser valiosos?!
Para la Vida valemos mucho, tanto que nos da todo lo necesario para seguir viviendo. El oxígeno que respiramos, los alimentos de la tierra, el agua, la energía y mucho más. Ahora bien, éstas no suelen ser cuestiones valiosas según los parámetros de la sociedad en la que vivimos. Pero sin ellas, no podríamos hacer, ni vivir para generar nada de todo lo que esa sociedad sí considera valioso. Quizás, la sociedad lo juzgue con otros criterios (los de un sistema que determine el valor o no de algo, alguien o algún concepto; seguramente según si le es más o menos funcional y útil al propio sistema...).
Otras veces solemos no valorar, apreciar, disfrutar ni agradecer lo que tenemos; hasta que creemos perderlo, o ya no podemos hacerlo. ¿Cuántas veces valorás y agradecés estar sano? ¿O soles recordar lo importante que es tu salud, recién cuando sentís alguna enfermedad? La presencia de algunas personas en nuestra vida, también solemos olvidarnos de valorarla como se merece, hasta que por alguna razón ya no podemos disfrutarlas más y comenzamos a extrañarlos, o a sentir el remordimiento de no haberlos disfrutado tanto.
Si no puedo saber qué es lo valioso para mí, o reconocer el valor de lo que ya tengo y ya soy, ¿cómo voy a apreciarlo en otros? Si me la paso pensando en el futuro, o en el pasado, mientras que solo se vive en tiempo presente ¿cómo voy a habitar plenamente este instante para reconocer el valor que tiene para mí? ¿Cuántas veces habremos querido tener más tiempo? ¿Cuántas veces habremos deseado valorar más algo, o a alguien, en vez de aprender a hacerlo desde la ausencia o la falta?... Todo esto viene de la mano, o se podría ver cómo lo originamos, desde nuestra forma de valorarnos y valorar el momento presente.
No importa tanto lo que ya sucedió, pero sí importa lo que podemos hacer ahora para que no nos vuelva a suceder. Siempre estás a tiempo de decidir vivir valorando más el momento presente, reconociendo que es un verdadero regalo el poder estar vivos, sanos, nutridos, amados, acompañados, etc.
Valorar el presente implica conectarse con la gratitud y sentir más la experiencia de esta vida, en vez de distraerse tanto con los pensamientos de nuestra mente, que nos pasean sobre lo que debería o no estar pasando a cada instante. Sentir la energía de este estado de Consciencia, que es vivir desde la gratitud y la valoración por ser y estar vivos. Al menos a mí, me parecen claves fundamentales para poder aprender a valorarse y a valorar más quienes somos. Además, nuestro verdadero valor reside en nuestra existencia, presencia, o energía. Cuando queremos a alguien le dedicamos tiempo, escucha, energía o atención y eso es lo más valioso que tenemos para dar.
¿Notaste que muchas personas no saben valorar realmente lo que uno hace? Seguramente, te habrá pasado mil veces ese tipo de situaciones en las cuales das lo mejor en lo que estás haciendo, pero los demás siempre encuentran algo para criticarte, o para marcar que se te olvidó contemplar algún aspecto... Esa vieja y conocida sensación de no ser suficiente...
Antes de enojarte o criticar a ésas personas, sintiéndote víctima de esa situación, preguntate ¿si realmente no sos vos el que no sabe valorarse tanto? A veces estas circunstancias las vivimos para darnos las verdaderas oportunidades de reconocernos ya valiosos. Porque si te valoraras realmente, no estarías necesitando tanto el reconocimiento de otros, a punto tal de sentirte o no valioso, según lo que puedan opinar de algo que estabas haciendo. Esas personas, muchas veces, nos muestran cómo proyectamos en nuestros vínculos nuestra propia desvalorización. En vez de enojarnos con ellos, podemos tomarlo como referencia de cuánto estamos valorándonos y cómo poder hacerlo más. Si nos vemos víctimas de que los otros no nos valoran, nos perdemos la oportunidad de que ésos enojos nos den la fuerza para tomar las decisiones correspondientes a respetar nuestro valor. Algunas de estas situaciones suelen incomodar y tendemos a evadir el conflicto, pero así dejamos escapar la oportunidad de resolverlas. El enojo no va a desaparecer, sabemos que merecemos que se nos reconozca nuestro valor o se nos aprecie, y es la fuerza que nos puede servir de motor para sostener los límites que decidamos poner, o las distancias. Cuando uno se reconoce ya valioso, no depende del reconocimiento de otros. También nos volvemos más selectivos en nuestros vínculos para hacer prosperar solo aquellos que nos nutran y vayan respetando nuestro valor, en vez de sostener cualquier vínculo por no quedarse solo.
Más allá de trabajar sobre tu autoimagen y evaluar qué autoestima construiste (toca acá para ver un video donde te cuento la importancia de este aspecto y qué hacer ), sabemos que el amor propio siempre nos puede ayudar. La base del amor propio implica aceptarse primero. Eso nos permite reconocernos valiosos. Nos puede servir para ir sanando esa herida de desvalorización, o el miedo a no ser suficientes.
Hacer actos de amor propio, tratarse más amablemente, reconocer más nuestros aportes y recursos, nos trae mucho alivio. Es también tomar consciencia sobre el diálogo interno que tenés y cómo ir suavizándolo. Nadie es perfecto, ni nadie nace sabiéndoselas todas. No tendríamos que ser tan duros ni exigentes con nosotros mismos. El errar o equivocarnos en la vida nos fue permitiendo evolucionar. Un ejemplo claro de ello podría ser: recordar que alguna vez fuimos bebés y buscando mantener el equilibrio solíamos caernos, hasta que ésas caídas nos enseñaron como mantenernos en pie, para después dar nuestros primeros pasos. Ahí no nos parecía tan terrible un error, es más, formaba parte de nuestro impulso por seguir intentando hasta conseguirlo. Quizás, debamos recordarnos que esa forma de aprender o evolucionar es más sana y positiva, que las que podamos haber aprendido o practicado después con nosotros mismos. Ser más compasivos, perdonar nuestras durezas e impulsarnos de estas heridas para ir por nuevos primeros pasos... Siempre estamos a tiempo y siempre depende de nuestra decisión.
Desde estos movimientos internos, que podemos realizar en cualquier circunstancia, momento o lugar, vamos a poder ir experimentando un verdadero cambio en nuestra forma de percibir lo que vivimos y quiénes somos. Además, nos recuerdan nuestro poder personal de decidir cómo queremos vivir cada instante, en vez de dejar que se nos pase la vida pensando que no podemos hacer nada. Siempre tenemos disponible ésta opción y nuestro cambio de actitud. No es tan importante lo que sea que estés viviendo, sino que es más importante cómo lo estas viviendo. ¿Qué implica para vos y qué permite aflorar de tu interior cada contexto externo? ¿Qué querés aportar a cada momento, o con cada vínculo? ¿Quién estás decidiendo ser? ¿Alguien que valora y puede apreciar el valor de lo que es o aporta, por ende de lo que son y aportan otros; o alguien que siempre se está fijando en lo que le falta o debería ser distinto?...
Repensemos el concepto de valoración que tenemos y a qué consideramos valioso, antes de pensarnos ya desvalorizados. Cada uno, lo podrá evaluar según sus propios criterios.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario