martes, 24 de febrero de 2026

Ansiedad, miedos y energías masculinas

 

  Poco se habla de la necesidad de control que yace por debajo de la ansiedad, ardiendo al infinito como si fuera lava. Hace unos días me encontré felicitando a un hombre que se animó a la vulnerabilidad de admitirse exhausto de lidiar con el estrés y sus niveles de ansiedad. Más allá de admirar en silencio su valentía, pensaba cuántos hombres más se sentirían así y en vez de frenar para reconocérselo, se siguen llevando al límite.

  Antes de continuar con mi reflexión me permito hacer una salvedad de género. Sé, y por experiencia propia, que la ansiedad y el estrés crónico no discriminan por edad ni biología. Pero igualmente, me gustaría exponer la desventaja que hace tiempo vengo atestiguando en los hombres con respecto a su mundo emocional. Y en eso me gustaría profundizar. Por miles de razones distintas las mujeres siempre expresamos más nuestro sentir y eso nos otorga mayor profundidad. Mientras que los hombres lo canalizan en la acción, forzándose a endurecerse para seguir batallando hacia adelante. Cualidad que, acompañada de un mundo emocional estable, es increíblemente poderosa para evolucionar. El tema viene cuando se confunde fortaleza con represión. No es que haya formas correctas y cada uno es tan distinto que no se puede generalizar. Pero aun así es innegable que tender a evadir o autoflagelarse, sobreexigiéndose en arreglar lo que está diseñado para transcurrir, jamás alivió a nadie. 

  Todos lidiamos en algún momento con el miedo a mostrarnos vulnerables. Pero, cultural y socialmente, se asoció la vulnerabilidad con debilidad y a los hombres se los educó para mostrarse estoicos ante las experiencias de la vida y sus constantes desafíos. Más que de masculinidad biológica, estoy hablando de energías. Muchas mujeres potenciaron su energía masculina ante ciertos momentos de adversidad y falta de sostén, tanto que con el tiempo terminaron adoptando la misma actitud de reprimir su emocionalidad que nombraba anteriormente. Está bastante asociada al modo de supervivencia que se nos activa a todos de manera inconsciente. Pero sigamos con el caso puntual de los hombres porque hay mucho más que reconocer.

  Por su naturaleza cognitiva ellos priorizan las soluciones, el movimiento constante y la necesidad de proteger (que se diferencia de la nutrición femenina por el tipo de contención que cada una provee). Frenarse para entregarse a sentir, sin racionalizarlo ni querer controlarlo, les implica un desafío mayor. Tienden a moverse igual porque la pausa trae un silencio que a veces los aterra. Activan la urgencia e intentan reparar, ordenar y apresurarse por seguir en marcha.

  La necesidad, casi obsesiva, de controlar las situaciones tiene de base el profundo miedo a no sentirnos capaces de atravesar las circunstancias imprevistas. Y la ansiedad se alimenta de los miedos. Pero si tuviste ansiedad, o la estás padeciendo, ¿te paraste a pensar a qué le tememos tanto?

  Las respuestas pueden ser infinitas, porque los miedos son ideas o construcciones mentales. Sin embargo, todos tienen una misma raíz. A primera instancia la raíz se halla en el miedo a morir, que termina funcionando como la madre de todos los miedos, pero a veces no está tan claro. Quizás se teme más a sufrir al momento de morir, o a repetir historias de dolor tan profundo que da pánico pensar volver a atravesarlas, a ver morir o sufrir a los que amamos sin poder protegerlos ni prevenirlo, a que algo malo nos suceda, a que no podamos controlar lo que sucede y nos duela o alguien salga lastimado, etc.





  En un cuento, que trataba de un tema completamente diferente, escribí que la mente es una fábrica de ideas en constante producción. Y en realidad es fascinante nuestra capacidad mental creativa, pero el problema viene cuando la fábrica se concentra más en sus productos estrella que en su capacidad de crear nuevos productos que incluyan mejoras y actualizaciones tecnológicas. Cuando se queda aferrada a no descontinuar sus primeras producciones, quizás por apegos costumbre o nostalgia, ignorando que las necesidades del mercado cambiaron y debe ayornarse. Para poner otro ejemplo es como si, porque le tomamos cierto cariño y tendemos a repetir viejas fórmulas, insistiéramos en usar nuestro primer celular en vez de uno último modelo. No está diseñado para las nuevas redes y prácticamente termina siendo inútil, por no cumplir su función de permitir comunicarnos. Pueden ser ejemplos simplistas, lo sé, pero siguen demostrando nuestra creatividad para encontrar perspectivas distintas a las que repetimos siempre.

  La mente traduce lo nuevo a sus conocimientos previos. Es como si inevitablemente pensáramos desde el pasado. El mejor ejemplo de esto es cuando un niño que jamás vio un camello ni sabe lo que es, al ver uno, lo describe como un caballo con dos jorobas o montañas en su espalda. Probablemente estarán pensando que todos aprendimos así de niños y que ahora, como adultos, nuestro pensamiento es más abstracto y evolucionado. Sí y no. Sí es más abstracto y complejo, pero la función de aprender desde los conocimientos o estadíos previos de la mente sigue siendo parte intrínseca de su funcionamiento, más allá de la manera y del área del conocimiento donde la estemos aplicando. Por eso cuestionar lo que creemos saber siempre nos va a llevar a seguir evolucionando. Las preguntas que no logremos responder desde nuestros conocimientos ya adquiridos rompen el equilibrio al acumularse y fuerzan a la mente a crear un estadío superior para responderlas. Son el motor de nuestra evolución mental, por decirlo de alguna manera. Podemos usar esto con los miedos.

  Cuestionar nuestros miedos es mirarlos a la cara. Estás en pleno ataque de ansiedad, soy consciente del grado de dificultad que implica lo que te voy a decir, pero forzate a hacer una pausa para pensar. ¿Es cierto lo que te estás repitiendo? ¿Podés saber qué va a suceder en un futuro, por más que sean situaciones bastante previsibles? ¿No estarás siendo demasiado absolutista y, sobre todo, pesimista? ¿Si es como pensás, cuál es el peor escenario que te imaginás? ¿Qué podrías hacer en el peor de todos los casos? ¿Hay algo que realmente puedas hacer ahora o solo te queda aceptar y confiar? ¿No te conviene recordar que todavía nada de eso sucedió y que simplemente no sabés qué va a pasar?

  No le temas a pensar los peores escenarios, sólo recordá que son simples ideas y la mayoría falsas o sin sentido. Porque también cuando evitamos pensar lo peor, por forzarnos a ser optimistas, nos dañamos. Generamos miedo de tener miedo o miedo a entrar en ansiedad, sumando más leña al fuego. Nuestro mundo mental (y hasta el emocional, porque un miedo sólo busca alertarte de que te protejas de un supuesto/futuro riesgo) no es peligroso, porque siempre estamos en poder de decidir qué ideas creemos ciertas, cuáles alimentamos o sólo dejamos pasar como tantas cosas que se nos ocurren y jamás le damos importancia. Y si estás tan seguro de que conocés lo que va a pasar, porque probablemente te repetís que ya te pasó mil veces, dejame hacerte una pregunta incómoda: ¿Estás 100% seguro de que vas a tener aire para respirar la próxima hora, o sólo lo suponés? La vida siempre es incierta, más allá de los escenarios que se nos repitan en similitud con experiencias pasadas y no podemos ignorar el 1% de las probabilidades sólo por tener miedo, porque aun cuando le temamos o no, sigue siendo una probabilidad.

  Entonces, si los miedos son simples ideas que nos disparan una alerta, que además está basada en un escenario futuro completamente incierto, ¿por qué les tememos tanto? Quizás esta respuesta sea más personal, pero creo que la mayoría intentamos huir de lo que nos pueda doler o causar sufrimiento. Por eso hacer una pausa y cuestionar nuestras ideas puede desactivar la cadena de pensamientos de un ataque de ansiedad. Iluminar nuestros temores siempre va a ayudarnos a desmantelar las historias de que estamos en peligro, el modo de supervivencia y los estímulos que activan crónicamente al stress. Otra clave está en la pausa. Una simple respiración, profunda y lo más consciente posible, nos recuerda dónde están nuestros pies ahora, cómo suena nuestro corazón, lo amoroso que es nuestro cuerpo (aun cuando intenta protegernos de un peligro inexistente) y que en cada presente existe la paz y una posibilidad de actuar distinto cada vez.

  Y llegado este punto me permito retomar el principio. A veces sólo intentamos racionalizar para controlar lo que sentimos, en vez de animarnos a sentir e ir pensando con mayor calma. Muchas, sino todas, de nuestras tomas de consciencia provienen luego y de forma automática. Decimos que nos cayó la ficha. Pero no sucede por casualidad y en cualquier momento. Ese pensamiento necesita espacio, silencio y calma para aparecer y además precisa de que estemos atentos a escucharlo y a no dejarlo pasar. Y siempre va a suceder como consecuencia de haber vaciado nuestra fábrica de ideas de sus productos ya vencidos. Por eso la vulnerabilidad es realmente una fortaleza. Nos permite animarnos a sentir sin miedos, a expresar esos embrollos mentales, que a veces ni sabíamos que cargábamos en las espaldas. Es cierto que es incómoda, porque nos deja expuestos y quizás en un pasado nos hayan lastimado al hacerlo, pero cada presente es una nueva oportunidad de rebatir esa vieja idea. Y no se pierde nada, al contrario, descubrís que se gana demasiado atravesando un simple instante de incomodidad.

  La incomodidad también se llama incertidumbre. Y la incertidumbre es sólo no saber lo que sucederá. El hecho de que la asociemos con malas experiencias o dolor, proviene -de nuevo- de nuestro pasado. Un hombre que no sabe, no es incapaz ni débil. No siempre tiene que estar solucionando todo, y hay situaciones que no requieren una reparación, porque no están rotas ni dañadas en primer lugar. No siempre tiene que poder con todo y eso tampoco le quita valor ni admiración a lo que sí logra día a día. Por más que quiera y sea capaz de proveer y proteger desde el amor más sincero a un otro que ama, no es su responsabilidad sino su elección. Y si al hacerlo constantemente ignora que hay momentos en los cuales necesita cuidarse primero, se va a hacer demasiado daño. Además de no terminar ayudando a ese otro, porque se hunden juntos. Cuidar implica primero cuidarse, si no estás bien lo que des se transformará en sacrificio y con el tiempo te vas a dar cuenta de que lo necesitabas para vos primero. Además, si no sabés cómo cuidarte, probablemente no cuides a un otro, lo vas a intentar controlar sin darte cuenta o vas a trasgredir su libertad y capacidad de resolver por sí mismo esa situación a su manera, que quizás sea distinta a la tuya. Lo pudiste haber forzado a recuperarse rápido, no por generosidad como creés, sino porque su dolor te exponía en vulnerabilidad a tu propio dolor y preferís evadirlo. El saber cuidarte de verdad es lo que hace que después lo puedas replicar con un otro desde la elección y no desde la necesidad. Quizás te definiste como el que resuelve, el que cuida y con el que todos pueden contar. Y no es que no sea un rol motivado por intenciones bondadosas, sino que a veces funciona como nuestro mecanismo inconsciente de percibirnos como los buenos e imprescindibles para los demás. O tal vez aprendiste que amar implicaba hacer las cosas bien y ganarte el cariño, siendo el niño bueno. Y de esa forma normalizaste desatender tu sentir y tus necesidades básicas, porque, además, quizás cuando las pediste o comunicaste te rechazaron haciéndote sentir débil. La fortaleza del hombre (o de la energía masculina) no radica en que las cosas no le afecten emocionalmente, sino en proveer la calma y seguridad necesarias para gestionarlas distinto. Y la verdadera valentía radica en saberse dejar incomodar para reconocer con honestidad lo que uno siente o necesita.

  Quizás estés tan exhausto como creés, pero no por las razones que imaginás. Lo que agota es sostener el personaje, hacerse el fuerte porque es lo que aprendiste que era tu rol, ignorar tus emociones por querer que pasen rápidamente, forzarte a avanzar cuando realmente necesitás atenderte, sobreexigirte a hacer siempre más, o evitar reconocer que hay momentos en los que no podés y eso no te hace menos ni incapaz. Claro que la acción y productividad siempre te pusieron en movimiento, y hasta te pudieron dar miles de resultados, pero si no te permiten disfrutar el paso a paso, quizás no sea momento de forzarte a seguir igual. Tal vez necesites entenderte mejor para saber qué sentís en realidad, reconocer tu riqueza emocional y dejarte cuidar más. Seguramente si los hombres cambiaran el foco de dirección de su energía un poquito, de vez en cuando, aprovechando esa capacidad de autosuperarse que tan natural les sale con cualquier proyecto, redireccionándola hacia su sentir, el avance que conseguirían sería inmenso. 

  Por último, les comparto otro aspecto de la ansiedad que me impulsó a escribir acerca de ella relacionándola con los hombres o la energía masculina. Una vez escuché a alguien decir que en un ataque de ansiedad hay dos ideas opuestas en conflicto y que el cuerpo, al detectarlo, envía una sobrecarga de energía para tomar alguna de ambas decisiones; pero como somos inconscientes hasta de nuestra contradicción, la energía no se canaliza adecuadamente y busca fugarse como una olla a presión que estalla. En mi experiencia pasada con los ataques de ansiedad pude ver que este análisis era cierto. Me reconocí en conflicto entre lo que realmente quería hacer y lo que consideraba que debería o que otros necesitaban/esperaban que yo haga. El hecho de que en un ataque de ansiedad el cuerpo bombee más rápido la sangre enviándola hacia las extremidades, también puede entenderse como esa respuesta en busca de solución que se activa de inmediato. Algo similar y mucho más efímero sucede con los enojos, porque internamente aumentamos el nivel de energía para movernos o defendernos como respuesta al sentirnos ofendidos o atacados de alguna manera. El tema es que no nos entendemos y a veces ni siquiera reconocemos habernos sentido ofendidos en primer lugar. Solemos culpar a situaciones externas, personas o circunstancias. Mientras que toda emoción se origina en nuestro interior, por lo tanto, la dispara un pensamiento. Conocerse y hacer las pausas necesarias para atender nuestro mundo emocional con profundidad nos permite descubrir que la mayoría de esos pensamientos son inconscientes o provienen de esas ideas que se nos quedaron grabadas por repetición o trauma. Así que si sufrís de ataques de ansiedad te invito a que reflexiones cuándo te sucedieron y si no había un conflicto interno que lo disparó. Porque en caso de que lo reconozcas, podés sumar a las preguntas de tu pausa: ¿Cuál es el conflicto que estoy viviendo? ¿Qué es lo que quiero hacer realmente, más allá de lo que correspondería? ¿Me estoy forzando a cumplir con las expectativas de los demás? ¿Cómo puedo satisfacer mi necesidad interna o deseo en este momento, puedo decirlo en voz alta? ¿Y si pruebo sólo comunicar lo que quiero o me pasa y no me adelanto a pensar lo que va a pasar ni a adivinar las reacciones de los demás al decírselos? ¿Realmente puedo saber con certeza lo que los demás piensan, opinan o esperan de mí o estoy suponiendo de nuevo?, etc.

  Quizás esa misma contradicción entre "el querer" y "el debería" del ataque de ansiedad se refleje más en los hombres, presionados socialmente por no detenerse a sentir y mostrarse siempre imbatibles. Y por esas razones culturales o de crianza muchos hombres estén expresando aún más estas contradicciones y el hecho de que no suelen detenerse tanto a profundizar en sus emociones los aleje de resolverlo mejor. Es una idea, y repito, también aplica para todos los géneros y edades con sus variaciones. Sólo noté cierta tendencia que me nació compartir. Dejame tu opinión en los comentarios.




👉🏻 Si te gustó el artículo, no olvides de dejarme un comentario y de clickear el botón de seguir 💕



🔖 Si este tema o los que vengo compartiendo te interesan y querés profundizar más, podés contactarme para una consulta o asesoramiento personalizado, sumarte a mis actividades de autoconocimiento (como el curso online); o hasta chequear las redes de SOMOS SOL ☀️ donde comparto mucha más información. También acepto donaciones o colaboraciones para seguir apoyando lo valioso de mis propuestas. ¡Gracias por leerme!💜🙌🏻

💸¿Necesitás un ingreso extra? Enterate cuántos dólares podés ganar con cada venta de mi curso online que concretes 🔥 

Enterate acerca de qué se trata mi Curso online...

¿Te animás a probar mi curso online?

  El Curso de Autoconocimiento SOMOS SOL ☀️ es para vos.  Cuando queremos hacer algún cambio, recurrimos a diversos métodos que no siempre l...