domingo, 8 de marzo de 2026

A vos mujer...

  Más allá de la energía que hayas decidido encarnar en esta vida y tu identidad de género elegida, habitarla en su esplendor, es todo un desafío. La sagrada femineidad es tan compleja que se la malinterpretó y restringió durante siglos. Pero no nos vamos a centrar en ese aspecto, sino en cómo apreciarla mejor para amigarnos con ella como humanidad.

 


  Desde lo físico nuestro cuerpo crea y hace prosperar la vida desde sus inicios. Podríamos decir que el útero femenino es un portal por el cual la vida se manifiesta y materializa en este plano. Portar dicha capacidad sagrada en el cuerpo conlleva miles de implicaciones. Desde el tamaño del útero y su expansión hasta el tipo de desafíos emocionales que nos propone cada etapa de nuestros ciclos hormonales (como hay momentos que nos requieren reposo, otros más movilidad, los distintos alimentos que nutren mejor o tendemos a elegir en cada etapa, su relación con nuestros estados de ánimo, etc). Los estudios acerca de la regulación del sistema nervioso, que tanto se popularizan hoy en día por las redes sociales, están basados en una biología masculina. Porque en una determinada instancia, los médicos que investigaron el tema reconocieron que el cuerpo de la mujer era demasiado complejo y continuaron sus estudios excluyéndolo. Así que, si sos mujer y esas técnicas no te sirven, no te frustres. Todo siempre nos lleva a lo mismo: la necesidad de saber escucharnos, conocernos y encontrar nuestros propios métodos.

  La fuerza de la mujer o la energía femenina no es tan física ni concreta. Se la relaciona más con la suavidad, la ternura, la capacidad de sostener y nutrir desde la emocionalidad, el florecimiento a un ritmo distinto y más cuidado. Es como el agua que siempre está fluyendo y va marcando el cause con paciencia y perseverancia.

  Como en un embarazo o ciclo hormonal, nada puede apresurarse. Sin embargo, nos forzamos a cumplir con las exigencias de un mundo que va a otro ritmo y sin darnos cuenta nos vamos desfasando de nuestro reloj interno. Soy consciente de que en determinadas circunstancias una no puede dejar de cumplir con ciertos compromisos, pero siempre podemos elegir la actitud desde donde los afrontamos y el permitirnos reconocer con más amor y paciencia nuestro estado interno antes de accionar. Porque esos pequeños detalles hacen una gran diferencia.

  Quizás sea momento de suavizar la forma en la que nos autoexigimos, amigarnos con nuestros cuerpos imagen y sensualidad, aplicar esa misma ternura con la que le hablamos a nuestros hijos cuando están aprendiendo algo nuevo, reconocernos vulnerables sin por eso sentirnos débiles ni en peligro, etc.

  Conocer y atender nuestra emocionalidad nos va a dar la estabilidad necesaria para experimentar cómo ese florecimiento es otro tipo de fuerza tan fuerte, o incluso más en ciertos casos, que la fuerza física. Aunque tampoco se trata de comparar ni competir, sino de darle el reconocimiento y valor que tanto nos costó admitir como humanidad.

  La mayoría de las cualidades de la energía femenina sólo florecen en un ambiente seguro. Y creo que ese es el mayor de los desafíos, porque razones para sentirnos inseguras hay en abundancia. Pero lejos de desmotivarnos, podemos utilizar esta cuestión para ganar sabiduría. Usemos esa sensación de seguridad como una brújula, para elegir mejor nuestros vínculos, para saber expresar sin miedos ni culpas nuestras necesidades, para aprender a poner y sostener límites y para crear espacios nuevos de contención. Asumamos nuestro merecimiento de vivir mejor y valorar más lo que sale de nosotras cuando realmente nos sentimos sostenidas. Porque esa nutrición femenina, la suavidad, dulzura, profundidad, intuición, sensibilidad, creatividad, liviandad y alegría son tan necesarias como todas las demás cualidades de la polaridad opuesta.

  Quizás sea momento de que las valoremos más nosotras sin reprimirlas. Empecemos por escuchar nuestros diálogos internos y a analizar en total sinceridad nuestras actitudes. ¿Nos permitimos mostrarnos vulnerables, habitar cada estado emocional y etapa del ciclo, sin juzgarnos ni ignorarlos, por forzarnos a seguir adelante? ¿Nos permitimos pedir ayuda si no podemos con algo, sin sentirnos débiles ni desempoderadas? ¿Cargamos con la responsabilidad de nuestros entornos o sólo nos ocupamos del lugar que nos corresponde? ¿Maternamos a nuestras parejas? ¿Sabemos dejarnos cuidar o siempre somos las que cuidamos de todos? ¿Nos rendimos en sumisión cuando nos controlan, dejando que decidan otros por nosotras? ¿Sabemos expresar nuestro sentir sin miedo aun cuando pueda ser rechazado o juzgado? ¿Moderamos nuestra intensidad para encajar en parámetros de otros? ¿Sostenemos vínculos que nos hacen sentir menos o pequeñas, esos en los cuales no podemos expresarnos completa ni libremente como somos o como lo haríamos cuando estamos en soledad?...

  Podríamos escribir un libro de preguntas y dinámicas para revisar, que también incluya si estamos expresando nuestra polaridad o debemos aprender a restituirla. Porque años de acondicionamiento social nos hicieron fortalecer y habitar más nuestras cualidades más masculinas. Volver a reestablecer el orden interno y habitar nuestra energía (aclaro que estoy refiriéndome a cuestiones más allá del género biológico y la identidad de género elegida) también es desafiante. Debemos reentrenarnos y muchas veces ni nos daremos cuenta que tendemos a desbalancearnos de nuevo. Y este aspecto es potenciado por el desafío de la energía masculina que tampoco supo equilibrarse para expresarse más sanamente. Porque ¿cuántas de nosotras crecimos con modelos masculinos que no expresaban las mejores cualidades de su polaridad? Ni hablar de las malas experiencias que pudimos tener con ellos en las interacciones y las huellas tan difíciles de borrar que nos hayan dejado a nivel inconsciente. Pero estamos en tiempos de transición, donde todos estamos aprendiendo a habitar mejor nuestro poder. Quizás debamos recuperarlo, dejar de temerle, asumirlo con mayor consciencia y amabilidad. Confiemos en nuestra capacidad natural de saber nutrirnos y empecemos por maternarnos a nosotras como hubiéramos necesitado. No nos olvidemos que todo comienza por nuestro mundo interno y que somos las únicas responsables de hacerlo florecer, para después saber sostenerlo y defenderlo poniendo los límites amorosos que sean necesarios. Seamos nuestro lugar seguro para fortalecer nuestra confianza y luego saber decidir mejor. Veamos más las opciones que las limitaciones que nos plantean los desafíos y recordemos nuestras inmensas capacidades de afrontarlos con grandeza.

  Otorguémonos la libertad de ser sin restringirnos ni criticarnos. Porque nuestra naturaleza vino a expresarse y a gozarse, no a estar pidiendo permiso para que la dejemos salir.

  Sé que es un tema demasiado amplio del cual hay muchas aristas que se pueden seguir analizando, pero hoy quise traerles un pantallazo general, como una humilde pincelada, en honor al día de la mujer y al privilegio que tenemos de expresar nuestra femineidad en total libertad y gozo.




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