Durante el camino del desarrollo personal solemos caer inconscientemente en
mecanismos de rechazo entrando en un bucle del cual nos puede costar salir. Por lo
general, llegamos a las herramientas de autoconocimiento (o de desarrollo personal)
porque hay ciertas áreas de nuestra vida que no sabemos cómo mejorarlas. Es raro
que alguien se acerque a estos senderos durante su momento de mayor plenitud. Nos
motiva cambiar muchas cosas para poder sentirnos mejor. Si bien uno puede mejorar,
por aprender formas más sanas de autopercibirse o hasta de tratarse, suele suceder
que entramos en rechazo con todo aquello que vamos descubriendo de nosotros
mismos que más nos disgusta. Si no tenemos en cuenta este mecanismo, tenderemos
a reprimir de manera inconsciente lo que más nos cueste aceptar, intentando cambiar
algo que se nos repetirá infinitamente en otras áreas. Solo haremos el camino más
tedioso, doloroso y hasta insufrible.
No hay nada malo en vos. Si es necesario, repetilo como un mantra, hasta que
nunca más se te olvide.
Las famosas heridas de la infancia, traumas de un pasado y toda aquellas huellas de
dolor, que solemos arrastrar de manera inconsciente, solo precisan una escucha
amorosa y que tomemos responsabilidad sobre ellas. Provienen de ideas que fueron
percibidas en contextos que ya no son los vigentes. Es como si estuviéramos tratando
de ver con gafas de una graduación distinta (porque son las que usamos siempre) a la
que necesitamos hoy en día. El simple hecho de saberlo, es tomar consciencia de
sacarse esas gafas para actualizarlas con las nuevas, que en vez de nublar nuestra
mirada, nos ayudarán a ver con mayor nitidez.
En el pasado la mayoría de nuestras interpretaciones, sobre cualquier circunstancia,
las tomamos prestadas de nuestros entornos. Los niños de sus padres y referentes, los
adolescentes de sus grupos de pertenencia o hasta de sus ídolos, etc., etc. Nuestras
ideas más estructurales suelen estar basadas en ideas de otros. En algún momento y
más cuando se empieza a sentir insatisfacción, en algún área de nuestra vida o en
varias a la vez, es necesario revisar aquellas ideas para actualizarlas. De eso se trata el
autoconocimiento en realidad. Solo es deconstruirse para formar una nueva
autopercepción más real y auténtica para con uno mismo y los valores que prefiere
cultivar. Por eso es que no hay nada malo en uno, la mayoría de aquellas culpas que
nos repetimos suelen provenir de esos juicios de otros, que quizás ni llegaron a
conocernos en profundidad (seguramente ni se conocían en profundidad a sí mismos
como para hacerlo con nosotros). Aún cuando nos hayamos “equivocado”, siempre
estamos a tiempo de perdonarnos y mirar ése supuesto error desde una visión más
amorosa, compasiva y enriquecedora para nuestro desarrollo personal. Si nos
seguimos juzgando eternamente, solo vamos a estancarnos en repetir esos contextos
para seguir culpándonos otra vez. En vez de pensarlo desde la culpa o el victimismo
como “castigos” podemos pensarlos como oportunidades de cambio. Pero en vez de
cambiar como somos, es cambiar la mirada sobre lo que descubrimos ser. Cada uno
de esos escenarios conflictivos son nuestra oportunidad para perdonarnos de una
buena vez por todas. ¿De qué depende entonces? De nuestra forma de interpretarlos y
nuestra voluntad/intención. Lo mismo podríamos trasladarlo a cualquier conflicto de
cualquier área. Todo es una oportunidad para tomar responsabilidad sobre el lugar
que ocupamos y poder decidir más sana y amorosamente. Es por esto que muchos
dicen que la vida es una escuela. Para aprender a caminar, primero tuvimos que
caernos unas cuantas veces, pero seguimos intentando hasta lograrlo; en vez de
quedarnos para siempre criticándonos porque no nos salió a la primera. No somos
víctimas de lo que nos sucede, lo estamos creando con un propósito evolutivo.
Siempre depende de nosotros hacernos cargo de qué hacer con lo que nos pasa.
Somos libres de elegir y es ese famoso poder personal que tantas veces hemos
nombrado.
Ahora bien, habíamos dicho que solíamos caer en un bucle que nos costaba salir.
Veamos mejor cuándo suele sucedernos. En lo que respecta a la espiritualidad (o
autoconocimiento) solemos concentrarnos más en entender cómo suceden o dónde
se originan ciertas circunstancias que nos provocan dolor; en vez de enfocarnos más
en con qué actitud las vamos a reinterpretar y qué queremos hacer con ellas ahora.
Nos sentimos atraídos por esas nuevas maneras de pensar lo mismo de siempre que
nadie antes nos había enseñado. Es interesante saber cómo funciona la energía, las
relaciones y sus implicancias con nuestros ancestros, hasta algunos se van a investigar
en vidas pasadas. No es mí intención decir que hay un solo camino correcto, al
contrario, cada uno va resonando con lo que le llama más la atención y no existen
casualidades. Solo quiero exponer un punto de vista sobre una tendencia que suelo
ver en estos ámbitos, para que si a alguien le sirve, pueda tenerla en cuenta. Hay
tantas herramientas y terapias alternativas hoy en día, que es muy común acercarse a
ellas desde la premisa de que “necesitamos” cambiar para evolucionar y ser más
espirituales. En realidad la evolución sucede siempre, vayamos o no a terapias, lo
sepamos o lo ignoremos. Es la vida misma la que constantemente evoluciona y nunca
se involuciona. El poder hacerlo fluyendo con ella, hasta disfrutando el camino, es el
gran desafío. Si aquellas herramientas nos van a ayudar a hacerlo, bienvenidas sean.
Pero en realidad son caminos que vamos creando para poder hacerlo. No
sobrevaloremos la herramienta, o aquel que la sabe aplicar, por sobre nuestro
progreso. Hay momentos en los cuales pueden servirnos, o cuestiones que sea más
beneficioso hacerlas acompañados, pero aquella evolución o cambio siempre depende
de uno mismo. Habíamos dicho antes que las ideas más estructurales sobre nosotros
las tomábamos de otras personas, tengamos este aspecto presente para no volver a
reemplazarlas por otras, que de nuevo las hayamos tomado de otros.
Busquemos en nuestro interior porque es ahí donde están nuestras respuestas
verdaderas. Se puede recibir guía, o ciertos pasos que simplifiquen la búsqueda, o la
orienten mejor, pero recordemos siempre que de nosotros sale esa respuesta. Solo
nosotros vemos la vida de esa forma, la sentimos y percibimos como tal, el otro tiene
su propia subjetividad y hay que recordar que puede llegar a interferir en la nuestra; si
no lo tenemos tan presente. Además, podemos caer en la tendencia de reemplazar
viejas creencias por otras "más bonitas de escuchar", pero que sigan dirigiendo
nuestra vida. Lo ideal es liberarse de toda creencia, vivir desde verdades internas, que
son tan genuinas que solo a uno mismo le sirven. Las estamos sintiendo todo el
tiempo, las podemos llegar hasta a escuchar, si priorizamos nuestra intuición ante la
razón.
Muchas veces caemos en ese bucle, por el simple hecho de huirle a nuestro sentir al
ser demasiado intenso o doloroso. Vamos a esas terapias para evadirlo, o para que nos
den una receta de la solución más rápida de aplicar. Lo único que estamos haciendo
es prolongar ése sufrimiento postergándolo y hasta arriesgándonos a que, como ya lo
intentamos tantas veces, nos sea tan frustrante que nos dejamos vencer. Claro que
cada uno elige y no hay errores, a veces son etapas que nos van llevando a que en
algún momento juntemos la valentía necesaria para dejar de perpetuarlo y hacernos
cargo. Otras son formas de evadirlo para no solucionar nada y debe haber otros que
hagan esos caminos para terminar aprendiendo la herramienta; y miles de opciones
más que puedan suceder. Vuelvo a repetir que no hay un solo camino correcto, ni
verdades absolutas para todos.
Lo importante, al menos desde mí experiencia, es desde qué actitud nos movemos y
qué queremos hacer con lo que nos sucede. ¿Cuál es la verdadera intención, o
motivación interna, que nos lleva a éstos caminos? ¿La sabemos realmente, o es una
historia que nos venimos repitiendo? ¿Queremos cambiar porque creemos que hay
algo malo en nosotros, o podemos abrazar amorosamente nuestras sombras desde la
aceptación y las decisiones según nuestros valores personales? ¿Tenemos una actitud
amorosa para lo que sea que vayamos descubriendo de nosotros, o lo juzgamos
severamente como antes juzgábamos a nuestras circunstancias como las causas de
nuestro sufrir? ¿No estaremos cambiando un victimario externo por nosotros mismos
para seguir condenando; en vez de aceptar, perdonar y trascender? ¿Es más
importante saber el origen del conflicto, o aprovechar su existencia en este presente
para solucionarlo? ¿Es necesario entender todo desde lo racional para tomar
responsabilidad sobre ello? Las emociones son energía, más allá de los nombres que
les otorguemos y lo que podamos interpretar de ellas. ¿Estamos realmente integrando
para aceptarnos como somos; o caemos en la dualidad de lo que está bien o mal
sentir, hacer, pensar y actuar? Si siempre nos vemos con algo que cambiar, ¿no
estaremos alimentando esa interpretación para seguir creando contextos donde
encontremos lo que buscamos y así tener nuevas cosas que cambiar, o que hacer, para
decirnos ser más espirituales? ¿No se es espiritual, más allá de que seamos
conscientes de ello? Si no hay errores en el universo, ¿por qué creemos siempre que
hay algo que cambiar, corregir o sanar?
Para mí, la respuesta siempre está en nuestro interior y en el presente. El aquí y
ahora siempre es perfecto y si podemos sentirlo, liberándonos de aquellas ideas que
nos paseen por el pasado o el futuro que no existen ahora, podemos sentir
automáticamente la paz de que estamos bien así. En este preciso instante, ¿no tenés
todo lo que necesitas? ¿Podes apreciarlo, valorarlo, sentirlo, validarlo, agradecerlo y
disfrutarlo? Si tu respuesta es negativa, por más que cambies de contexto, o de
historias mentales que te cuentes; seguramente te vas a seguir sintiendo igual. Porque
tu sentir es interno y lo llevas a dónde sea que vayas. Si podes estar en paz con tu
sentir ahora, también lo podes llevar a dónde sea que vayas.
A veces nos distraemos tanto con las explicaciones, interpretaciones, proyecciones,
recuerdos, teorías, contextos externos, o similares; que nos vamos perdiendo de vivir
lo más importante: el ahora. El futuro siempre será incierto, solo podemos imaginar
posibilidades, de las cuales solo una (que desconocemos cuál) será la que suceda. Si tu
tendencia al imaginar esas posibilidades es de escenarios negativos, más chances
negativas se van a alinear con tu energía mental del presente. Ahora bien el porcentaje
de que esos escenarios sean positivos, o hasta mejores de lo que puedas llegar a
imaginar, es exactamente el mismo que el porcentaje de los negativos. ¿Qué
probabilidad elegís alimentar? Lo mismo sucede cuando traemos constantemente el
pasado a este presente. ¿Qué ideas alimentas de ese pasado, son agradables ésos
recuerdos? ¿Estás asociando lo que ahora te sucede con viejas historias, o podes ver
que este ahora puede ser distinto/nuevo? ¿Qué energía elegís alimentar?
A la mente le cuesta demasiado la idea del presente. El aquí y ahora nos propone
flexibilizar aquellas ideas tan fijas que solemos alimentar, sostener, o reforzar
constantemente. Cuestionalas, por lo menos, antes de volver a elegir sostenerlas. La
complicación radica en que la vida es completamente incierta y nuestra mente tiende
a querer saber, o a deducir, qué es lo que va a suceder a cada momento. Si lo
pensamos mejor, proviene de un cierto miedo a ésa incertidumbre, una resistencia a
aceptarla tal cual es. En sí misma no significa nada positivo ni negativo, ya que lo
incierto ni siquiera lo podemos conocer. Entonces, el verdadero miedo no es a la
incertidumbre, sino a que lo incierto pueda ser algo malo/peligroso para nosotros.
Pero si lo pensamos, en realidad es imposible saber si algo que desconocemos lo que
es, realmente será negativo o positivo de vivir. De nuevo llegamos al mismo punto de
antes.
Sumemos que los miedos son ideas y que nunca son del presente, sino escenarios
futuros que imaginamos o que están basados en recuerdos que ya pasaron. Cuando
uno tiende a vivir racionalizando todo lo que le sucede, suele estar evadiendo vivir el
presente tal cual es. Puede estar viviendo más desde sus interpretaciones mentales de
lo que pasa, que de lo que realmente está sucediendo. Y como hemos visto ya, las
ideas e interpretaciones pueden ser muchas. Por lo tanto, cuando uno calma la mente
y la pone al servicio de lo que siente en el presente, es cuando realmente puede saber
qué le está pasando en ese momento. Si tomamos responsabilidad sobre ese sentir, de
nuevo sin darle significados, lo podemos expresar libremente. Rendirse al sentir del
presente, sea cual sea el contexto, siempre va a ser liberador. Quizás era momento de
llorar aquello que veníamos conteniendo en la garganta durante días, o quizás era
necesario sentir la respiración o el latido del corazón para recordar la vida que nos
atraviesa a cada instante. Sea como fuere, al hacerlo, liberamos toda tensión y si
logramos seguir centrados en ése presente, podremos disfrutar la paz que sobreviene
de haber liberado lo contenido para dejar de cargarlo o arrastrarlo al próximo
contexto al que vayamos.
Muchas de las cosas que creemos mal en nosotros solo necesitan nuestra aceptación
en este presente, nuestra escucha honesta para admitirnos realmente nuestro sentir, o
para tomar una nueva decisión más amorosa. Si lo rechazamos, va a seguir latiendo
reprimido. De nuevo, vuelve a ser nuestra elección y cada presente una nueva
oportunidad. Todo suele ser muchísimo más sencillo de lo que solemos creer.
En realidad, no era cambiarnos; solo saber entendernos mejor. Aprender a amarnos
como somos, para potenciar lo que más nos gusta; en vez de seguir buscando infinitas
posibles mejoras.
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