SOMOS SOL ☀️ | Blog de Crecimiento Personal y Autoconocimiento Espiritual

martes, 19 de mayo de 2026

¿Seguís esperando que los demás cambien? | Autosuperación Real

 

  ¿Te sentiste identificado con el título? ¿Quién no?


Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

  ¿Cuántas veces habremos pretendido que un otro cambie lo que más nos molesta? 

Lo demandamos en nombre del amor o cariño que nos tiene, les creemos su compromiso y nos sentamos en una silla apartada, superior a esperar. Juzgamos sus actitudes, reprochamos el tiempo perdido y las veces que prometieron hacer algo distinto. Nos pusimos en el lugar de un juez, evaluándolos a la espera de una aprobación que se deben ganar. Porque nos aterra volver a sentirnos igual, pasar de nuevo por el mismo dolor.

  ¿Pero a quién le pertenece esa molestia que tanto demanda un cambio?

No esperes que un otro cambie, porque cada uno va cambiando a su ritmo, deseo y necesidad. Si lograras que esa persona actuara como pretendías, probablemente tampoco hubieras conseguido apaciguar tu molestia. Porque no fue un cambio que le nació hacer, no fue genuino. Seguramente tampoco habría sido duradero. No te habría alcanzado. Y no porque el otro sea incapaz o insuficiente, sino porque la llave que abría la puerta a tu calma era hacerte cargo de tu molestia. 

Es tan fácil criticar lo que hacen los demás, que ni nos damos cuenta estar haciéndolo todo el tiempo. Es hora de mirarnos al espejo.

En los vínculos hay que saber ordenar a quién le corresponde cada cosa. Nadie más que vos es responsable de tu sentir y por lo tanto, también vos sos el responsable de comunicarlo, resolverlo o decidir qué hacer con ello. Y en vez de sentirte derrotado, frustrado o enojado con esto, podés verlo distinto. Que sólo te corresponda a vos, te da libertad.

Cada conflicto trae una oportunidad. Revisar cuál es tu molestia te va a guiar a analizar tus ideas. Quizás interpretaste algo distinto de lo que realmente sucedía en ese vínculo, idealizaste. También puede ser que estés teniendo una necesidad que no reconociste y que debés atender. Y si ese otro no te la está cubriendo, probablemente sería porque era algo que debías darte vos. 

Por ejemplo: si te molesta no sentirte visto o importante para ese otro, podés evaluar si eso realmente es así como te lo estás contando. A veces el cariño o la demostración de afecto sí existe, pero no de la forma que creíamos, esperaríamos o creemos necesitar. Y si aún después de preguntártelo seguís sintiendo que no es una mala interpretación tuya o realmente es una necesidad, quizás sos vos el que no se está viendo lo suficiente para quedarse alimentando un vínculo que no te hace sentir bien. Nadie merece quedarse donde su presencia no se aprecie ni valore. Pero en vez de demandar esa atención, debés dártela primero para evaluar qué tipo de vínculos estás sosteniendo. Y si lo hacés, tu molestia se resuelve al instante. Es más, si sólo era una idea tuya, desde el momento en el que lo aclarás con vos mismo, el vínculo o su dinámica ya no es igual.

Todo esto nos pasa porque no nos entendemos, sumado a la tendencia de definirnos desde un afuera y buscar lo que necesitamos en el mundo externo. En el artículo anterior (te invito a leerlo después acá, porque puede interesarte) hablábamos de cómo identificar cuando se actúa desde el ego. El ego se siente víctima de un afuera injusto que no lo valora como corresponde o debería. Pero la mayoría de veces los que no sabemos valorarnos somos nosotros mismos y esas molestias son las mejores alarmas para aprovechar la oportunidad de resolverlo.

La molestia de una actitud que vemos en un otro, siempre habla de nuestras ideas. Nuestros juicios suelen ser proyecciones de lo que nos cuesta reconocer en nosotros mismos. ¿Cuántas veces viste a un otro criticarte lo que sabés que está haciendo, pero te lo echa en cara a vos? Bueno, nadie está excento de su ego. Así como lo habrás vivido y te indignó tanto, seguramente lo estás haciendo vos y no te das cuenta. Quizás te molesta porque cargás una inseguridad que el otro con su actitud te activa a nivel inconsciente y el dolor se te vuelve insoportable. Pero así como un otro sólo cambia cuando el cambio se gesta de manera genuina en sí mismo, también tu inseguridad sólo se resuelve cuando vos decidís transformarla o atenderla. Puede ser que te falte más confianza y debas fortalecer tu autoestima. Y hasta que vos no lo hagas, no hay halago, cumplido ni motivación de nadie, que logre convencerte de algo que no creés. Volvemos al mismo punto, cada uno es responsable sólo de sí mismo.

En otros casos el problema es desconocer tener una necesidad y por eso no saber comunicarla de forma clara a los demás. Nadie puede ni debe interpretarnos; pretender que lo adivinen por compasión o empatía o porque nosotros somos atentos a esos detalles, termina siendo ingenuo e infantil. Nos corresponde a nosotros hacérselo saber, para dar una opción de elección al otro. Y si vamos a evaluar y a juzgarlos que sea para saber si son compatibles a nuestras necesidades, o si desde el primer día supimos cómo eran y evitamos romper el vínculo.

Tomar responsabilidad afectiva y saber aplicarla es complejo. Se va dando paso a paso y por experiencia puedo decir que al principio vamos a cometer errores en las formas o en las decisiones. Porque del error se aprende y cuando uno estuvo tan desordenado siempre, marcar límites y sostenerlos es todo un arte. Pero es posible y en la práctica se aprende, hasta que se vuelve liviano o automático.

Entonces, recapitulando, debemos mirar hacia adentro. Reconocer a nuestro ego cuando nos domina haciéndonos entrar a la batalla de tener la razón a cualquier precio, para domarlo haciendo las paces. El ego se dispara por múltiples razones, pero la principal es que se siente atacado o en peligro y busca protegernos. En vez de sentirte mal por darte cuenta de que te dejaste llevar por tu ego, agradecele que te de esta oportunidad de revisar qué es lo que te ofendió para resolverlo de una vez por todas.

No era cambiar al otro, era cambiar vos. Probalo, evaluá tus ideas y cómo podés darte lo que tanto necesitás. Y si en realidad la respuesta está en romper el vínculo, juntá coraje y se bien honesto y consecuente con vos mismo.

Pero, ojo, también aclaremos que a veces nos volvemos demasiado intransigentes con un otro. No les dejamos pasar una y en seguida descartamos la relación tan fácil, como si cambiáramos a la próxima canción de una lista de Spotify. Recordemos que cuando se hablan estos temas, por más que se generalice, hay miles de matices que contemplar.

A los más fanáticos del orden, me excluyo sin culpa, les encanta hacer listas y ponerse pequeños objetivos. Tal vez podamos aprender de ellos y sea momento de que hagamos nuestra lista de innegociables y necesidades. Ejemplos de innegociables podrían ser valoración, consistencia y escucha. Seamos realistas y honestos. No pretendamos perfección ni en nosotros ni en los demás, pero sí que se note una intención clara y una acción coherente. Sacudite las culpas y miedos, poné una vara y sostenela como base. Para saber que, sin ese mínimo, te estás maltratando. 

Tengamos presente qué es lo que damos antes de exigirlo en un otro. Dejemos jugando al ego afuera en el patio antes de revisarlo. Y contemplemos también que los demás no tienen por qué ser como nosotros o darnos lo que necesitamos o elegimos de la misma manera que nosotros lo hacemos. Recordemos que las formas pueden ser distintas. Por ejemplo, hay gente que demuestra su cariño de manera más afectuosa abrazando, buscando cercanía y contacto físico; pero hay otros que lo demuestran más con acciones y demostraciones de confianza. Uno de mis grandes aprendizajes, más siendo altamente sensible, fue darme cuenta de que ciertas personas no me iban a querer como yo necesitaba, pero sí me querían como ellas podían o les nacía genuino demostrarlo. Y al ser vínculos que uno no elige conscientemente, debía aprender a aceptarlos y a valorarlos mejor. En mi caso sólo las formas eran distintas, porque el cariño siempre estuvo y era yo la que debía aprender a apreciarlo como merecía.

La autoexigencia suele ser un síntoma de falta de amor propio. Es importante aprender a aceptarse de una manera realista, objetiva, compasiva y amorosa. Todos tenemos defectos y virtudes. Si nos habláramos como le hablamos a un hijo o a nuestros amigos, nos daríamos otro tipo de consejos al pensar nuestros defectos o creer habernos equivocado. Los errores son parte del aprendizaje, al igual que esas molestias que nos despierta un otro, nos muestran qué queremos o qué no estamos atendiendo. Quizás esas enormes expectativas que activan demandas ridículas no sean más que un acto desesperado de sentirnos queridos. Y si vos no te podés querer porque no te aceptás del todo y te exigís de más, esas expectativas pueden ser una proyección de lo que no estás amándote. Y decir amor propio a veces es demasiado fácil, pero cuando peor te sentís y más necesitás darte ese amor terminás criticándote con dureza. Por eso es momento de cultivar un amor propio real, práctico, suave, casi maternal, que fluya como el agua purificando cada herida que nos hayamos hecho. Siempre podremos perdonarnos, volver a empezar capitalizando lo aprendido y hacerlo mejor, desde el amor y no porque consideremos que lo hicimos mal desde la autoexigencia o los reproches. Cuanto más amor propio acumulemos, más fácil nos va a resultar poder amar a un otro sin juzgarlo tanto. Si podés aceptar e integrar tus sombras, las debiste haber sabido reconocer primero y eso te da la ventaja de saber reconocer el ego y las sombras de los demás. Si te sabés valorar verdaderamente y no sólo por lo que logres o hayas hecho, sino por lo que sos y por tu valor intrínseco a tu presencia como tu energía tiempo y dedicación, vas a poder valorar de la misma manera a los demás y saber elegir con mayor sabiduría qué vínculos alimentar y sostener y cuáles es momento de soltar.

No quiero sonar tan redundante, pero siempre hay que mirar adentro primero. Una vez que nuestro interior está ordenado, ya no se necesitan listas ni metas. Sólo coherencia que se va demostrando con consistencia. No es demasiado difícil en realidad, pasa que no estábamos tan acostumbrados a buscar adentro primero.

¿Qué opinan de esta dosis de amor propio de hoy? Anímense a decirlo en los comentarios o a compartir esta reflexión con quien imaginen que la necesita. 


  Podés leer qué nos propone la numerología de este año 2026. Y en caso de que estés harto de las terapias holísticas, antes de rendirte, te recomiendo que leas el siguiente artículo o este otro


👉🏻 Si te gustó el artículo, recordá dejarme tu comentario, compartirlo y clickear el botón de seguir que aparece en azul a la derecha 💕


🔖 Si este tema o los que vengo compartiendo te interesan y querés profundizar más, podés contactarme para una consulta o asesoramiento personalizado, sumarte a mis actividades de autoconocimiento (como el curso online); o hasta chequear las redes de SOMOS SOL ☀️ donde comparto mucha más información. También acepto donaciones o colaboraciones para seguir apoyando lo valioso de mis propuestas. ¡Gracias por leerme!💜🙌🏻



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Si te gustó la información o tenés algo que opinar al respecto, dejame tu comentario 🙌🏻💜

Leé artículos anteriores y si te gustaron compartilos 💕