La forma en que nos relacionamos con los demás podría verse tranquilamente como
un juego o una obra de teatro.
Tenemos roles, personajes con sus perfiles de caracterización bien definidos,
dinámicas, escenarios, tendencias, triangulaciones, conflictos, tramas, desenlaces y
muchos condimentos más para nunca aburrirnos...
Todo esto probablemente, desde nuestra óptica egoica o inconsciente, es algo de lo
más común y expresarlo como un juego (u obra) podría desatar una ola de
dramatismo nunca antes vista. Pero como sabemos, somos mucho más que nuestro
ego. También está nuestra resiliencia maravillosa que nos permite gozar del sentido
del humor, tan sanador en algunos casos.
La obra, o juego, es una interesante combinación de distintos factores como las
proyecciones e identificaciones, tanto para con nuestras luces, como para con nuestras
sombras. También hay quienes lo ven como espejos y a esas proyecciones como sus
reflejos. Conocer a los personajes nos permite identificar aquellas veces en las cuales
nos vinculamos con otros, desde éstas dinámicas más inconscientes. Muchas de ellas
son las más familiares para nuestro niño interno, prácticamente serían sus memorias.
Antes de adentrarnos en la divertida caracterización de los personajes, debemos
nombrar cuál era la principal motivación de aquel niño que lo llevó a tener aquellas
historias en su infancia. Todo niño busca obtener la aprobación de sus padres (o
referentes) para sentirse aceptado e incluido en su grupo de pertenencia, y por ende,
reconocerse querido.
¿Cómo puede complicarnos todo esto siendo adultos? Muchas veces solemos actuar
desde aquellas mismas motivaciones del niño interno, pero ni nos damos cuenta,
porque se da de forma inconsciente para nosotros. Esas primeras relaciones y sus
dinámicas dejaron asentada una base (o modelo guía) para todas nuestras relaciones
posteriores. Lo que nos lleva a creer que valemos y merecemos (o no) el cariño de un
otro, en base a obtener su aprobación, o buscar conseguir agradarle con lo que sea
que hagamos y expresemos. Es ahí donde entran a jugar estos distintos personajes y
los diferentes disfraces que puedan usar, pero siempre con el mismo objetivo común.
Conseguir como sea ésa aprobación. Terminamos mendigando cariño y siempre
buscándolo en un otro, por ende afuera de nosotros mismos, generando un vacío
interno casi existencial y un apego o posesión muy fuerte a esos personajes, aún
cuando en nuestro interior pulse algo totalmente distinto. Terminamos actuando desde
la carencia de valor, la desconfianza y el miedo a perder esas aprobaciones, a no
agradar, o a que no seamos lo suficientemente capaces de lograr conseguirlas y nos
dejen de querer. Si esto último pudiera llegar a pasar, se nos suma el miedo mayor
(que siempre está latiendo de base) a quedarnos solos. También se adhieren los
miedos a sentirnos abandonados, rechazados, humillados, injustamente no
reconocidos, traicionados y desamparados.
Condicionar nuestro valor personal, siempre dependiendo de la atención o
aprobaciones de un otro, no solo nos lleva a mendigar cariño. También nos impide ver
que ya somos dignos de ser amados, aceptados y valorados, por ser tal cual somos. Al
ignorarlo, se empiezan a dar todas éstas dinámicas que podríamos explayarlas
jugando para reírnos un rato de dicha paradoja. Sí, buscando afuera lo que ya tenemos
adentro, terminamos llevando las cosas a niveles ridículos y pagando costos
desmedidos. Por lo tanto, veamos dicho aspecto más desde su lado cómico, que desde
su parte trágica.
Quizás les haya spoileado el final con estas descripciones, pero antes de empezar a ver
de qué se trata todo esto, era necesario darle un marco de presentación al mejor estilo
reglamento del juego planteando sus objetivos, o una buena introducción al guion de
nuestra obra. Entonces, ya se habrán podido imaginar que los distintos guiones suelen
tener casi siempre los mismos desenlaces: Insatisfacciones constantes,
desvalorizaciones extremas y en algunos casos hasta se llega a cumplir el tan temido
"quedarse solo".
Empecemos por lo más interesante, las características principales de cada personaje.
Vale aclarar que no suelen aparecer en un orden lógico, cronológico, ni siquiera de a
uno por escena. Este detalle suele ser bastante caprichoso o aleatorio. Siempre que
estén dispuestos a salir, entran en cualquier momento, solos o acompañados, teniendo
mayor o menor protagonismo y hasta pudiendo aparecer tan solo por un par de
líneas.
Los personajes que gozan de mayor popularidad son: "víctima", "villano", "héroe o
salvador" y "manipulador desde la culpa". En realidad, hay una triangulación entre
víctima, villano y héroe. A veces, cada uno de ellos se pueden fusionar con "el
manipulador desde la culpa" haciendo aún más confusas sus diferencias. Para que
haya un víctima, tiene que haber un villano que lo someta y un héroe que lo salve o
rescate. Esa es la triangulación más clásica. Sus motivaciones suelen ser bastante
similares: dominar para no ser dominado (villano), ceder su poder para no asumir su
responsabilidad (víctima) y siempre estar buscando alguien para salvar y ser
considerado como el justo (héroe). Estas motivaciones son similares, al menos en dos
cuestiones principales.
La primera es sobreidentificarse con su rol, a tal punto que podríamos decir que se
los come el personaje. El víctima va teniendo villanos en todas las áreas de su vida, el
villano busca controlar a todos sus vínculos y el héroe se rodea de víctimas a quienes
salvar para definirse como el bueno de la historia. Ninguno parece darse cuenta de la
triangulación, ni mucho menos de que suelen alternar los lugares sutilmente,
achicando las diferencias tan marcadas que creen tener. Un ejemplo de ello sería: el
salvador para con el víctima, al defenderlo del villano, termina ejerciendo sobre él
aquel mismo dominio del cual busca rescatarlo. La diferencia que suelen "decirse
tener" es que el héroe lo hace por el bien de la víctima, a diferencia del villano, que
solo persigue su propio interés a costa de éste. Quizás el que pareciera quedarse en su
punto del triángulo sin moverse sería el víctima; ya que cede su poder personal, tanto
a un villano para ser sometido, como a un héroe para ser salvado. Genera dependencia
con ambos por igual, como si no fuera capaz de valerse por sí mismo o hacerse cargo,
ni para bien ni para mal.
La segunda similitud es que todos se disputan "ser los buenos" de la historia. El
villano nunca se reconocería como tal, la víctima lo necesita y está ayudándolo con un
sinfín de excusas para justificar la nobleza de sus actos. Al igual que el héroe, cuando
dice estar ayudando al víctima a rescatarlo de las garras del villano, porque también lo
cree incapaz de hacerlo por sí mismo. Por último; el víctima cree ser tan bueno que le
cuesta poner límites para que no lo usen, abusen, ni se aprovechen de su “inocencia”.
Ahora veamos al manipulador desde la culpa que suele disfrazarse o confundirse con
los otros tres. Lo mueve la necesidad de estar reprochando y usando lo que le da a un
otro, en función de su beneficio personal. Dicho de otro modo, no da puntadas sin hilo
y todo lo hace por interés. Suele vivir demandando y reclamando deudas pendientes
con una asombrosa habilidad y apoyado en su gran talento de tener una memoria
privilegiada. Se acuerda tanto (y con lujo de detalles) que muchas de sus batallas son
ganadas por ello, ya que hace dudar a cualquiera siendo tan hábil (como el mejor
vendedor del mundo) para convencerlos. Es un experto en detectar los puntos más
débiles o talón de Aquiles de los demás y de incluirlos en su infinito repertorio de
argumentos. Cual mejor base de datos, o animal estudiando a su próxima presa, va
recolectando toda la información de los otros para administrar luego en los momentos
justos, casi con la astucia de un zorro. Muchas veces con sus técnicas variadas de
manipulación desde la culpa, parece fundirse con la víctima, o hasta con el villano. Sus
frases célebres en estos casos son: "con todo lo que yo hice por vos", "me duele que
seas tan desagradecido conmigo", "después de todo lo que sacrifico por vos", "no me
vayas a dejar solo otra vez, ¿no ves que no tengo a nadie más?", etc. Algunas veces,
recurre a mandatos o lealtades (tanto familiares como sociales), como cuando
pregunta dramatizando: "¿Cómo le vas a hacer esto a tu
madre/padre/hijo/pareja/jefe/amigo?". Es todo un experto en crear originales
argumentos que va actualizando constantemente (según cuáles le sean más efectivos
para cada momento en particular). De este modo, ataca a varios frentes y trata de no
repetirse en sus demandas o reclamos continuos. Y así va por ahí consiguiendo lo que
necesita a través de sus talentos. También goza de un timming casi perfecto. Sabe
aparecer cuando el otro menos se lo espera y parece más necesitarlo. Esto le da el
perfecto camuflaje, o disfraz ideal, para que nadie conozca sus verdaderas
motivaciones egoístas. Ante los demás lo hace parecer generoso, atento, amable y
hasta desinteresado. Ninguno se imaginaría que puede pasar muchos años hasta
cobrarse aquel favor. Es un personaje muy complejo, astuto y talentoso; que toda
trama interesante no puede ignorar. Demasiado eficaz, exitoso y tentador para que un
guionista, o un buen juego, no lo incluyan. Podríamos pensarlo como la evolución de
aquel niño, que buscando entender las reglas de una familia, fue probando diferentes
estrategias para conseguir lo que buscaba. ¿Cuántas veces consiguió lo que buscaba
llorando? ¿Fue eficaz esa respuesta? Guarda ése registro, y con el tiempo, lo va
actualizando. Como le costaba aceptar un NO como respuesta, ponía a su servicio
toda la creatividad disponible para lograr cumplir aquellos caprichos. Esto es algo que
todos hemos hecho de pequeños, llegamos hasta donde nos lo permitieron; pero el
manipulador desde la culpa es una evolución distorsionada (o llevada hasta un
extremo) de cómo moverse exclusivamente por interés. Está a otro nivel y esto lo
vuelve demasiado atractivo para todo buen guionista.
Antes de continuar con más personajes, debemos aclarar que así como todos se
disputan el "disfraz del bueno"; quizás todos pasen (al menos por un momento) a
camuflarse con el personaje de la víctima. Ya que un damnificado se vuelve
predominante en cualquier relato. Para evitar confundirlo, tanto con su villano o con el
mismo manipulador desde la culpa, podríamos recordar alguna de sus frases más
trilladas. Las cuales son 2 palabras y 1 pregunta, que usa casi de muletillas y muchas
veces hasta las combina con facilidad. Estamos hablando de: "siempre", "nunca" y
"¿Por qué a mí?". Los ejemplos sobran, son demasiado populares, pero nombraremos
algunas de sus frases predilectas, para los que todavía no los hayan reconocido:
"siempre me hacés lo mismo", "siempre me tratás mal", "yo siempre último" "siempre
soy yo el que me perjudico/sacrifico", "siempre me sale todo mal", "nunca tenés en
cuenta mis sentimientos", "nunca te importo" (en variante de su famoso "no le importo
a nadie"), "nunca me escuchás", "a mí nunca me salen bien las cosas", "¿nunca hago
nada bien para vos?", "¿por qué me pasa esto a mí?", "¿por qué nunca puedo disfrutar
nada?", "¿por qué siempre todo me sale mal?", etc., etc. También este personaje tan
peculiar presenta una cualidad bastante curiosa. Está siempre buscando problemas;
los atrae, necesita y hasta vive de ellos. Se regodea en ellos, los puede llegar a inventar
y ver alguno donde nadie más pueda imaginárselo siquiera. ¿Qué es lo que lo lleva a
problematizar todo, todo el tiempo? ¿Cuál es la ganancia de buscar tantos problemas?
Sencillo: Es de ésta forma que consigue no hacerse responsable de las consecuencias
de ningunas de sus acciones. Porque todos aquellos problemas siempre son generados
(según él) por su villano de turno o las circunstancias que su agresor genere. Gana
vivir desde el inconformismo necesario para continuar con sus quejas, los problemas
imposibles de resolver y su sufrimiento. Busca ser aceptado, vincularse y agradar
desde la lástima. Se pone el disfraz del "pobrecito" y lo usa hasta que se le desgaste. Es
muy coqueto también, y como el manipulador desde la culpa, son los que más aman
seguir cualquier moda de turno o tendencia. Ambos necesitan tener sus repertorios de
argumentos constantemente actualizados para destacarse por ello y ver si consiguen
así los papeles protagónicos mejores pagos. Se funden tanto con sus personajes; que
anulan cualquier tipo de autoobservación, autocrítica e introspección. Cualquier
personaje que le sugiera (a ambos), al menos exponerlo con alguna de estas
cuestiones, es transformado en un nuevo villano que además (según ellos) carece de la
empatía necesaria como para tener en cuenta su sufrimiento que están alardeando
todo el tiempo. Pero esto les dura poco, tal como cualquier primera cita fallida, ya que
huyen de mantener vínculos con los personajes más resolutivos que no puedan
envolver en sus manipulaciones. No les ven futuro a estas relaciones y si alguien les
pregunta por qué se cortó ese vínculo, aluden a que eran demasiado insensibles y
vuelven a contar todo lo que les apena para generar que otros se compadezcan de ello
también.
Ahora sí continuemos con los siguientes personajes. Es el turno del "cuidador", el
hermano gemelo del héroe. Los gemelos comparten varias similitudes como la
motivación de hacer cualquier cosa (por más imposible que pueda parecer) con tal de
sentirse necesarios e imprescindibles para los demás. Es su forma de buscar
aceptación, cariño y agradar. Son especialistas en volver a los otros dependientes de
su ayuda o cuidados. Tienen el mejor detector de necesidades (el cuidador) y de
peligros (el héroe). Siempre están a la búsqueda de personas que no puedan valerse
por sí mismas, para que dependan de su generosa ayuda y salvación. En el caso del
cuidador, podríamos decir que sufre de "complejo de enfermera o madre adoptiva".
Viaja siempre con una valija llena de muchísimos recursos, talentos variados, múltiples
frascos de buenas acciones y de sabiduría sobre habilidades de cuidados, atención y
protección. Siempre encuentra algún paciente, o hijo nuevo, a quien atender y poner
bajo su protección. Estos suelen coincidir con las víctimas que "salva" su hermano, si
es así, se van turnando en asistirlos. Cuantos más sean mejor, ya que más necesarios
se vuelven. Ahí es cuando suelen fundirse también con el manipulador desde la culpa,
ya que están siempre alardeando de sus buenas obras y generosidad. Como tantos
otros, ellos solo se perciben como los buenos, altruistas, generosos, sensibles a las
necesidades de la humanidad y siempre dispuestos a hacer cualquier sacrificio para
lograr ayudar. Se ocupan tanto de los demás que se olvidan de cuidarse a sí mismos.
Pueden llegar a olvidarse de dormir, comer, bañarse, o hasta peinarse, por salir a
cubrir las urgencias de los demás. Gozan de una vista privilegiada. Siempre enfocada a
detectar aquellas necesidades. Si conocen alguien nuevo, nunca dejan de nombrar la
larga lista de acciones solidarias que hicieron en su vida. No lo pueden evitar,
necesitan que se los vea como los buenos o generosos, pero sobre todo se definen (y
existen) si se volvieron necesarios e imprescindibles para los demás. Son otros de los
que se disputan el disfraz de buenos y terminan siendo el objeto más cotizado de la
obra, o cualquier hilo conductor de una rica historia.
Si entrevistáramos a cualquier elenco y les preguntáramos: ¿De quién es el disfraz de
bueno en este guion? Todos, sin excepción, contestarían en primera persona. Cada
uno desde su particular forma de justificarlo, o desde su amplio repertorio de
argumentos y excusas; pero siempre llegando a concluir que solamente son ellos
mismos. Un buen consejo, si te interesa en algún momento entrevistar a algún elenco,
es que evites a toda costa los careos y entrevistas grupales. Este tema sale siempre y
es tan sensible, que puede dividir mucho más que cualquier grieta política.

El siguiente personaje, quizás sea el menos querido, y se lo conoce por "el tomador".
Es aquel que solo concentra su energía en recibir. Se diferencia del manipulador desde
la culpa (aunque ambos siempre estén actuando por sus intereses personales primero)
en que el tomador ni siquiera da algo, como para luego reclamarlo. Es también
conocido como "el cómodo" y hasta algunos detractores lo denigran describiéndolo
como parásito. Vive tomando de otros lo que necesita, en vez de conseguirlo por sus
propios medios. Tiene grandes habilidades para aparecer en los momentos justos. Es
el que siempre aprovecha cualquier muestra gratis, nunca dice "no" a lo que sea que le
ofrezcan, suele estar justo en el baño cuando traen la cuenta para pagar y por lo
general, anda siempre con su billetera vacía. Si por alguna razón alguien notara esta
tendencia y le llegara a sugerir que haga su aporte, responderá amable y
diplomáticamente, se hará el distraído, podría hasta fingir que lo interrumpe una
llamada telefónica y al poco rato; desaparecerá superando cualquier truco de magia
nunca antes visto. Si suele tener un poco de experiencia, sabe detectar aquellas
situaciones mucho antes de que sucedan y prevenirlas huyendo con anticipación para
seguir con su búsqueda del próximo oasis que drenar. No le gusta llamar la atención y
parece bastante tímido, pero más allá de que pueda serlo, dicho detalle le permite que
nadie note cómo está constantemente rompiendo el equilibrio universal de dar y
recibir. Todo guion exitoso incluye historias donde el tomador y el cuidador suelen
empatizar tan fácilmente, como cualquier amor a primera vista o flechazo. Así como se
suele decir que la pareja del zodiaco es cáncer y piscis, por los pasillos teatrales o
ambientes lúdicos, es muy común escuchar que el tomador y el cuidador están hechos
el uno para el otro. Los únicos que podrían pelearles dicho puesto son el víctima con
su héroe, pero algunos dicen que esto es incomparable, a causa de las tendencias de
infidelidades continuas de la víctima (ya que pareciera nunca conformarse con un solo
villano y mucho menos con un solo héroe). Otros suponen que quizás sea fan del
poliamor. Dejando atrás cualquier comentario amarillista, todo guion exitoso o que
persiga recibir buenas críticas, incluye estas parejas y sus complejidades. ¿Será
también por el amplio porcentaje de fans de la víctima, que abundan en las
audiencias?
Ellos se identifican tanto con su personaje admirado, que también aman los conflictos
y el drama de las obras. Aunque puede ser solo una tendencia actual, que en algún
momento pase de moda o mute hacia otras versiones. Habrá que ir viendo con el
tiempo...
Por último, vamos a hablar de un cuarteto de amigos que siempre que se los incluye
en un guion buscan (consciente o inconscientemente) agruparse o estar cerca al
menos. Estos son: "el juez", "el perfeccionista", "el envidioso" y "el miedoso". Son
inseparables y el centro (como el pegamento que siempre los une) no puede dejar de
ser el miedoso. En realidad, el miedoso es un personaje tan carismático, que se
entiende bien con absolutamente todos los demás de cualquier elenco sin
excepciones. Es que resuena o empatiza con todos en algo. Veamos ejemplos: con el
víctima comparte el miedo a no poder, con el villano el miedo a soltar el control, con
el héroe el miedo a ser su propio villano, con el cuidador el miedo a no ser necesario,
con el tomador el miedo a ser descubierto, con el juez el miedo a ser injusto, con el
perfeccionista el miedo a equivocarse, con el envidioso el miedo a no tener y con
otros miedosos el miedo a sentir miedo o el miedo a confiar. Es como el preciado
disfraz del bueno, pero en su versión antagónica. Todos los personajes hablan y se
entienden con cualquier miedoso, pero la mayoría de ellos trata de que nadie se entere
de esta afinidad. Todos quieren apropiarse del disfraz del bueno y mostrarse con él,
pero nadie quiere ser visto ni emparentado con un miedoso. Ninguno lo reconocería
públicamente, mientras que todos buscan alardear de ser los buenos. Es otro detalle
infaltable en una buena obra, por más paradójico que suene.
Para describir al juez tenemos que decir que es muy fácil de reconocer. Presenta una
conducta demasiado clásica e identificable. Siempre está con su dedo índice
levantado (independientemente de a qué mano pertenezca). Vive juzgando a todos y a
todo constantemente. Sus criterios o parámetros son duales. Sus favoritos son:
culpable-inocente, bueno-malo, correcto-incorrecto y legal-ilegal. Pero tiene muchos
más como: apropiado-inapropiado, verdad-mentira, lógico-ilógico, coherenteincoherente, entre otros. Luego de emitir sus juicios, tiende a sugerir los castigos más
adecuados según sus parámetros, que él considera como verdades absolutas e
incuestionables. Es un tanto soberbio y crítico de todos, menos de sí mismo. A veces
choca con las ideas del perfeccionista o cuando emite sus sentencias contra algún
villano, víctima o héroe. Es que los de esta triangulación suelen estar tan metidos en
sus simbiosis, que les cuesta aceptar que alguien externo pueda siquiera opinar sobre
ella.
En cuanto al perfeccionista siempre está corrigiendo a todos, al mejor estilo de editor
literario o corrector de una computadora. Es especialista en ver errores, fallas y todo
lo que puede no funcionar en cualquier vínculo y escena. Sería también un gran
analista de riesgo en una compañía de seguros. Comparte el mismo espíritu crítico
que el juez, pero si no logran ponerse de acuerdo, o si se llegan a enfrentar en
cualquier bando/careo, se terminan enganchando en largas y acaloradas discusiones
sin sentido. Pueden batir el récord de las discusiones menos productivas más largas
del mundo. Ambos se llevan muy bien con el envidioso, ya que éste también está
juzgando o criticando a los demás, pero solo a los que tengan algún objeto o cualidad
de su interés. A diferencia de ambos, el envidioso, puede llevarse bien con todos los
que no le refrieguen algo que le gustaría tener, conseguir, o que le cuesta valorar que
ya tiene. Tiende a ser bastante celoso o posesivo en sus relaciones y también
demasiado materialista y superficial. Vive con una constante insatisfacción y un
enorme vacío que le gustaría llenar, aunque la mayoría de las veces, prefiera no
admitirlo.
Analicemos un detalle que suele aparecer casi siempre. Los procrastinadores
por excelencia de cualquier guion o juego, suelen ser el tomador y el miedoso. El
primero por siempre buscar su comodidad a costas de que las acciones necesarias
para ello, provengan o las realice un otro. Y el segundo porque todo miedoso le huye,
hasta con pánico, a la acción. Es como su Kriptonita. Si un miedoso pasara a la acción
confirmaría muchos de sus autoengaños, dejando al descubierto la falsedad de la
mayor cantidad de sus miedos. Así que ambos se vuelven expertos en procrastinar,
haciendo de la postergación de la acción todo un verdadero arte.
Para terminar, debemos retomar lo dicho al comienzo. Casi todos los finales parecen
bastantes predecibles, pero por eso no dejan de ser menos dramáticos.
Insatisfacciones constantes, desvalorizaciones profundas, soledad, mucho conflicto y
dolores de todos los colores. Al mejor estilo tragedia griega. Ahora bien, debemos
aclarar que cuando ese vacío se vuelve tan grande e insoportable en algún punto, se
puede llegar a una saturación de dolor y sufrimiento. Y aunque suene aún más trágico,
en realidad suele ser la puerta de entrada o el punto de partida de un viaje de
verdadera transformación bastante sanadora. Nos iríamos despidiendo de cada
personaje con un ramo de flores y una tarjeta de agradecimiento. Podríamos ir
cerrando con amor y gratitud (por tanto aprendizaje) todas aquellas historias, heridas
y liberaríamos todas esas memorias de dolor, para reemplazarlas por nuevas de mayor
autenticidad o lealtad para con nuestra esencia. Es posible que sea un camino de
introspección y reconocimiento mediante la observación compasiva que nos vaya
llevando a una reconciliación verdadera. Si este fuera el final, podríamos ver que todo
aquello que tantos personajes buscaban siempre de los demás, tan solo era cariño,
aprobación y valoración. Pero que nunca se habían dado cuenta que ya lo tenían todo
y no les hacía falta salir a buscarlo, ya que aquel movimiento siempre terminará en
sufrimiento. El vínculo que merece toda nuestra atención y prioridad siempre será, el
más duradero y principal, el que tenemos con nosotros mismos. ¿Quién otro vive
nuestra vida, más que nosotros? La clave va a estar en que sepamos desidentificarnos
de esos personajes y nos recordemos que, porque en algún momento de nuestra vida
ésas hayan sido nuestras historias y memorias, no significa que deban repetirse
eternamente. Siempre estamos a tiempo de abrir el corazón, volverlo a intentar y
reescribir guiones más plenos y felices. Si lo hiciéramos, estaríamos dejando de vivir
de proyecciones que nos hacen relacionarnos a través de idealizaciones de los demás
y terminan rompiéndose en mil pedazos con el tiempo. Nos permitiríamos tener
conexiones más reales y genuinas.
Muchas veces, todo eso que tanto nos esforzamos por darle a un otro, es lo que más
necesitamos nosotros mismos primero; y esto nos lo puede recordar bien claro el
personaje del cuidador. Buscaba siempre cuidar a todos los demás pero se descuidaba
a sí mismo, ¿No estaría proyectando su necesidad de cuidarse en los demás? Si se
hubiese dado cuenta, y logrado revertirlo cuidándose primero, la ayuda que hubiera
salido hacia otros, quizás habría sido verdaderamente altruista. No la hubiese sentido
necesaria e imprescindible para agradar a los demás. Incluso habría notado como
otros también son capaces de hacer las cosas por sí mismos y no les tiene por qué
tener ninguna lástima. Quizás hasta habría llegado a tenerles admiración, o haber
podido aprender algo de ellos.
Como en muchas historias, simples detalles, pueden cambiar cursos enteros de
cualquier narrativa hacia nuevos horizontes; aportando además mucha más riqueza.
Seguramente me quedaron algunos personajes afuera. De cualquier manera el
material sigue siendo bastante extenso y lleno de puntos interesantes, al menos, para
observar desde la óptica del espectador.
Quizás la gran intriga de todo esto radica en saber: ¿Quién es el productor que paga,
provee y permite todas éstas obras y juegos? Es el único que puede darle vida (o no) a
todos estos personajes e historias. Quizás ustedes lo conozcan, o hasta pueda estar
más cerca nuestro de lo que creemos...
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