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viernes, 26 de noviembre de 2021

Vivir en estado niño 💜





Si nos permitiéramos vivir como niños, cada instante nos posibilitaría un nuevo juego. Veríamos al mundo (y la Vida) desde una mirada más fresca, asombrándonos por lo que va sucediendo con curiosidad y alegría. Nos preguntaríamos el por qué de las cosas más obvias y cotidianas, descubriendo que la mayoría de las causas, no tienen demasiado sentido. Viviríamos con mayor entusiasmo y permitiendo darle alas a nuestra creatividad, para volar bien alto con nuestra imaginación. Haríamos amigos con rapidez y nos miraríamos sin prejuicios. 


¿Cómo sería el mundo, si de repente, todos decidiéramos vivir desde aquel estado niño? ¿Qué pasaría si éste fuera la norma y el adulto la excepción? Quizás, veríamos rostros más sonrientes en las calles de las grandes ciudades. 


Puede que también nos encontremos gente que hagan amigos fácilmente en cada esquina, o que no se tomen todo tan en serio. La moda pasaría por quién lleva el disfraz más llamativo en el contexto menos probable. Cada plaza estaría colmada de adultos columpiándose en las hamacas, disfrutando de los sube y bajas, gritando de alegría al bajar por los toboganes, corriendo por las veredas y tanto más... Los estados anímicos se nos pasarían más rápido, aunque quizás veamos también, algunos que se esfuercen por sostener berrinches desmedidos. Puede que (como todo en esta vida) tenga sus pro y sus contras, pero al menos a tanta seriedad (o sobriedad) le vendría bien alguno de estos recreos cada tanto. Podría ser una idea interesante de probar, que predomine en nosotros aquel estado niño y el adulto solo salga cuando lo necesitemos para cuestiones puntuales. 


Creo que lo más rico que nos aportaría sería atreverse a jugar con todo, reírse más, recuperar el asombro, cuestionar lo establecido, perder el miedo al ridículo y la vergüenza. Llenar de vivos colores aquellas escenas que parecieran estar tan fijas en blanco y negro. Permitirse contagiar ternura, alegría y curiosidad. A cada segundo, la idea me atrae mucho más. 


Si hay que empezar ahora: ¿A qué jugabas de chico? ¿Te animás a hacerlo, desde dónde estés y sin que te importe cómo te miren los demás? 


Así como hemos hablado ya de las heridas de la infancia y cómo esos niños internos seguían teniendo en nuestro presente el protagonismo, pero desde nuestro inconsciente, podríamos tranquilamente permitir que la parte sana y creativa de éstos sea la que aflore más. ¿Qué puede llegar a estar frenándolo? Lo mismo que suele frenarnos siempre... Nuestros miedos. 


Es hora de ir decidiendo. ¿Queremos vivir dejándonos frenar por nuestros miedos? No son más que ideas que se nos quedaron grabadas de momentos pasados; o simples proyecciones de escenarios futuros, que no sabemos si van a ser tal cual lo pensamos. Siempre estamos a tiempo de ponernos en acción y demostrarnos que no suele ser tan terrible como suena en nuestra mente. 


Les propongo entonces: ¡Salgamos a jugar y liberemos esos niños internos, para volver a asombrarnos con la magia del gran Juego de la Vida!  









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domingo, 14 de noviembre de 2021

💘 Cupido nunca existió. ¿Serán los vínculos un juego, o una obra de teatro?




La forma en que nos relacionamos con los demás podría verse tranquilamente como un juego o una obra de teatro. 


Tenemos roles, personajes con sus perfiles de caracterización bien definidos, dinámicas, escenarios, tendencias, triangulaciones, conflictos, tramas, desenlaces y muchos condimentos más para nunca aburrirnos... 


Todo esto probablemente, desde nuestra óptica egoica o inconsciente, es algo de lo más común y expresarlo como un juego (u obra) podría desatar una ola de dramatismo nunca antes vista. Pero como sabemos, somos mucho más que nuestro ego. También está nuestra resiliencia maravillosa que nos permite gozar del sentido del humor, tan sanador en algunos casos. 

La obra, o juego, es una interesante combinación de distintos factores como las proyecciones e identificaciones, tanto para con nuestras luces, como para con nuestras sombras. También hay quienes lo ven como espejos y a esas proyecciones como sus reflejos. Conocer a los personajes nos permite identificar aquellas veces en las cuales nos vinculamos con otros, desde éstas dinámicas más inconscientes. Muchas de ellas son las más familiares para nuestro niño interno, prácticamente serían sus memorias. Antes de adentrarnos en la divertida caracterización de los personajes, debemos nombrar cuál era la principal motivación de aquel niño que lo llevó a tener aquellas historias en su infancia. Todo niño busca obtener la aprobación de sus padres (o referentes) para sentirse aceptado e incluido en su grupo de pertenencia, y por ende, reconocerse querido. 


¿Cómo puede complicarnos todo esto siendo adultos? Muchas veces solemos actuar desde aquellas mismas motivaciones del niño interno, pero ni nos damos cuenta, porque se da de forma inconsciente para nosotros. Esas primeras relaciones y sus dinámicas dejaron asentada una base (o modelo guía) para todas nuestras relaciones posteriores. Lo que nos lleva a creer que valemos y merecemos (o no) el cariño de un otro, en base a obtener su aprobación, o buscar conseguir agradarle con lo que sea que hagamos y expresemos. Es ahí donde entran a jugar estos distintos personajes y los diferentes disfraces que puedan usar, pero siempre con el mismo objetivo común. Conseguir como sea ésa aprobación. Terminamos mendigando cariño y siempre buscándolo en un otro, por ende afuera de nosotros mismos, generando un vacío interno casi existencial y un apego o posesión muy fuerte a esos personajes, aún cuando en nuestro interior pulse algo totalmente distinto. Terminamos actuando desde la carencia de valor, la desconfianza y el miedo a perder esas aprobaciones, a no agradar, o a que no seamos lo suficientemente capaces de lograr conseguirlas y nos dejen de querer. Si esto último pudiera llegar a pasar, se nos suma el miedo mayor (que siempre está latiendo de base) a quedarnos solos. También se adhieren los miedos a sentirnos abandonados, rechazados, humillados, injustamente no reconocidos, traicionados y desamparados. 


Condicionar nuestro valor personal, siempre dependiendo de la atención o aprobaciones de un otro, no solo nos lleva a mendigar cariño. También nos impide ver que ya somos dignos de ser amados, aceptados y valorados, por ser tal cual somos. Al ignorarlo, se empiezan a dar todas éstas dinámicas que podríamos explayarlas jugando para reírnos un rato de dicha paradoja. Sí, buscando afuera lo que ya tenemos adentro, terminamos llevando las cosas a niveles ridículos y pagando costos desmedidos. Por lo tanto, veamos dicho aspecto más desde su lado cómico, que desde su parte trágica. 


Quizás les haya spoileado el final con estas descripciones, pero antes de empezar a ver de qué se trata todo esto, era necesario darle un marco de presentación al mejor estilo reglamento del juego planteando sus objetivos, o una buena introducción al guion de nuestra obra. Entonces, ya se habrán podido imaginar que los distintos guiones suelen tener casi siempre los mismos desenlaces: Insatisfacciones constantes, desvalorizaciones extremas y en algunos casos hasta se llega a cumplir el tan temido "quedarse solo". 






Empecemos por lo más interesante, las características principales de cada personaje. Vale aclarar que no suelen aparecer en un orden lógico, cronológico, ni siquiera de a uno por escena. Este detalle suele ser bastante caprichoso o aleatorio. Siempre que estén dispuestos a salir, entran en cualquier momento, solos o acompañados, teniendo mayor o menor protagonismo y hasta pudiendo aparecer tan solo por un par de líneas. 


Los personajes que gozan de mayor popularidad son: "víctima", "villano", "héroe o salvador" y "manipulador desde la culpa". En realidad, hay una triangulación entre víctima, villano y héroe. A veces, cada uno de ellos se pueden fusionar con "el manipulador desde la culpa" haciendo aún más confusas sus diferencias. Para que haya un víctima, tiene que haber un villano que lo someta y un héroe que lo salve o rescate. Esa es la triangulación más clásica. Sus motivaciones suelen ser bastante similares: dominar para no ser dominado (villano), ceder su poder para no asumir su responsabilidad (víctima) y siempre estar buscando alguien para salvar y ser considerado como el justo (héroe). Estas motivaciones son similares, al menos en dos cuestiones principales. 


La primera es sobreidentificarse con su rol, a tal punto que podríamos decir que se los come el personaje. El víctima va teniendo villanos en todas las áreas de su vida, el villano busca controlar a todos sus vínculos y el héroe se rodea de víctimas a quienes salvar para definirse como el bueno de la historia. Ninguno parece darse cuenta de la triangulación, ni mucho menos de que suelen alternar los lugares sutilmente, achicando las diferencias tan marcadas que creen tener. Un ejemplo de ello sería: el salvador para con el víctima, al defenderlo del villano, termina ejerciendo sobre él aquel mismo dominio del cual busca rescatarlo. La diferencia que suelen "decirse tener" es que el héroe lo hace por el bien de la víctima, a diferencia del villano, que solo persigue su propio interés a costa de éste. Quizás el que pareciera quedarse en su punto del triángulo sin moverse sería el víctima; ya que cede su poder personal, tanto a un villano para ser sometido, como a un héroe para ser salvado. Genera dependencia con ambos por igual, como si no fuera capaz de valerse por sí mismo o hacerse cargo, ni para bien ni para mal. 


La segunda similitud es que todos se disputan "ser los buenos" de la historia. El villano nunca se reconocería como tal, la víctima lo necesita y está ayudándolo con un sinfín de excusas para justificar la nobleza de sus actos. Al igual que el héroe, cuando dice estar ayudando al víctima a rescatarlo de las garras del villano, porque también lo cree incapaz de hacerlo por sí mismo. Por último; el víctima cree ser tan bueno que le cuesta poner límites para que no lo usen, abusen, ni se aprovechen de su “inocencia”. 


Ahora veamos al manipulador desde la culpa que suele disfrazarse o confundirse con los otros tres. Lo mueve la necesidad de estar reprochando y usando lo que le da a un otro, en función de su beneficio personal. Dicho de otro modo, no da puntadas sin hilo y todo lo hace por interés. Suele vivir demandando y reclamando deudas pendientes con una asombrosa habilidad y apoyado en su gran talento de tener una memoria privilegiada. Se acuerda tanto (y con lujo de detalles) que muchas de sus batallas son ganadas por ello, ya que hace dudar a cualquiera siendo tan hábil (como el mejor vendedor del mundo) para convencerlos. Es un experto en detectar los puntos más débiles o talón de Aquiles de los demás y de incluirlos en su infinito repertorio de argumentos. Cual mejor base de datos, o animal estudiando a su próxima presa, va recolectando toda la información de los otros para administrar luego en los momentos justos, casi con la astucia de un zorro. Muchas veces con sus técnicas variadas de manipulación desde la culpa, parece fundirse con la víctima, o hasta con el villano. Sus frases célebres en estos casos son: "con todo lo que yo hice por vos", "me duele que seas tan desagradecido conmigo", "después de todo lo que sacrifico por vos", "no me vayas a dejar solo otra vez, ¿no ves que no tengo a nadie más?", etc. Algunas veces, recurre a mandatos o lealtades (tanto familiares como sociales), como cuando pregunta dramatizando: "¿Cómo le vas a hacer esto a tu madre/padre/hijo/pareja/jefe/amigo?". Es todo un experto en crear originales argumentos que va actualizando constantemente (según cuáles le sean más efectivos para cada momento en particular). De este modo, ataca a varios frentes y trata de no repetirse en sus demandas o reclamos continuos. Y así va por ahí consiguiendo lo que necesita a través de sus talentos. También goza de un timming casi perfecto. Sabe aparecer cuando el otro menos se lo espera y parece más necesitarlo. Esto le da el perfecto camuflaje, o disfraz ideal, para que nadie conozca sus verdaderas motivaciones egoístas. Ante los demás lo hace parecer generoso, atento, amable y hasta desinteresado. Ninguno se imaginaría que puede pasar muchos años hasta cobrarse aquel favor. Es un personaje muy complejo, astuto y talentoso; que toda trama interesante no puede ignorar. Demasiado eficaz, exitoso y tentador para que un guionista, o un buen juego, no lo incluyan. Podríamos pensarlo como la evolución de aquel niño, que buscando entender las reglas de una familia, fue probando diferentes estrategias para conseguir lo que buscaba. ¿Cuántas veces consiguió lo que buscaba llorando? ¿Fue eficaz esa respuesta? Guarda ése registro, y con el tiempo, lo va actualizando. Como le costaba aceptar un NO como respuesta, ponía a su servicio toda la creatividad disponible para lograr cumplir aquellos caprichos. Esto es algo que todos hemos hecho de pequeños, llegamos hasta donde nos lo permitieron; pero el manipulador desde la culpa es una evolución distorsionada (o llevada hasta un extremo) de cómo moverse exclusivamente por interés. Está a otro nivel y esto lo vuelve demasiado atractivo para todo buen guionista. 


Antes de continuar con más personajes, debemos aclarar que así como todos se disputan el "disfraz del bueno"; quizás todos pasen (al menos por un momento) a camuflarse con el personaje de la víctima. Ya que un damnificado se vuelve predominante en cualquier relato. Para evitar confundirlo, tanto con su villano o con el mismo manipulador desde la culpa, podríamos recordar alguna de sus frases más trilladas. Las cuales son 2 palabras y 1 pregunta, que usa casi de muletillas y muchas veces hasta las combina con facilidad. Estamos hablando de: "siempre", "nunca" y "¿Por qué a mí?". Los ejemplos sobran, son demasiado populares, pero nombraremos algunas de sus frases predilectas, para los que todavía no los hayan reconocido: "siempre me hacés lo mismo", "siempre me tratás mal", "yo siempre último" "siempre soy yo el que me perjudico/sacrifico", "siempre me sale todo mal", "nunca tenés en cuenta mis sentimientos", "nunca te importo" (en variante de su famoso "no le importo a nadie"), "nunca me escuchás", "a mí nunca me salen bien las cosas", "¿nunca hago nada bien para vos?", "¿por qué me pasa esto a mí?", "¿por qué nunca puedo disfrutar nada?", "¿por qué siempre todo me sale mal?", etc., etc. También este personaje tan peculiar presenta una cualidad bastante curiosa. Está siempre buscando problemas; los atrae, necesita y hasta vive de ellos. Se regodea en ellos, los puede llegar a inventar y ver alguno donde nadie más pueda imaginárselo siquiera. ¿Qué es lo que lo lleva a problematizar todo, todo el tiempo? ¿Cuál es la ganancia de buscar tantos problemas? Sencillo: Es de ésta forma que consigue no hacerse responsable de las consecuencias de ningunas de sus acciones. Porque todos aquellos problemas siempre son generados (según él) por su villano de turno o las circunstancias que su agresor genere. Gana vivir desde el inconformismo necesario para continuar con sus quejas, los problemas imposibles de resolver y su sufrimiento. Busca ser aceptado, vincularse y agradar desde la lástima. Se pone el disfraz del "pobrecito" y lo usa hasta que se le desgaste. Es muy coqueto también, y como el manipulador desde la culpa, son los que más aman seguir cualquier moda de turno o tendencia. Ambos necesitan tener sus repertorios de argumentos constantemente actualizados para destacarse por ello y ver si consiguen así los papeles protagónicos mejores pagos. Se funden tanto con sus personajes; que anulan cualquier tipo de autoobservación, autocrítica e introspección. Cualquier personaje que le sugiera (a ambos), al menos exponerlo con alguna de estas cuestiones, es transformado en un nuevo villano que además (según ellos) carece de la empatía necesaria como para tener en cuenta su sufrimiento que están alardeando todo el tiempo. Pero esto les dura poco, tal como cualquier primera cita fallida, ya que huyen de mantener vínculos con los personajes más resolutivos que no puedan envolver en sus manipulaciones. No les ven futuro a estas relaciones y si alguien les pregunta por qué se cortó ese vínculo, aluden a que eran demasiado insensibles y vuelven a contar todo lo que les apena para generar que otros se compadezcan de ello también. 


Ahora sí continuemos con los siguientes personajes. Es el turno del "cuidador", el hermano gemelo del héroe. Los gemelos comparten varias similitudes como la motivación de hacer cualquier cosa (por más imposible que pueda parecer) con tal de sentirse necesarios e imprescindibles para los demás. Es su forma de buscar aceptación, cariño y agradar. Son especialistas en volver a los otros dependientes de su ayuda o cuidados. Tienen el mejor detector de necesidades (el cuidador) y de peligros (el héroe). Siempre están a la búsqueda de personas que no puedan valerse por sí mismas, para que dependan de su generosa ayuda y salvación. En el caso del cuidador, podríamos decir que sufre de "complejo de enfermera o madre adoptiva". Viaja siempre con una valija llena de muchísimos recursos, talentos variados, múltiples frascos de buenas acciones y de sabiduría sobre habilidades de cuidados, atención y protección. Siempre encuentra algún paciente, o hijo nuevo, a quien atender y poner bajo su protección. Estos suelen coincidir con las víctimas que "salva" su hermano, si es así, se van turnando en asistirlos. Cuantos más sean mejor, ya que más necesarios se vuelven. Ahí es cuando suelen fundirse también con el manipulador desde la culpa, ya que están siempre alardeando de sus buenas obras y generosidad. Como tantos otros, ellos solo se perciben como los buenos, altruistas, generosos, sensibles a las necesidades de la humanidad y siempre dispuestos a hacer cualquier sacrificio para lograr ayudar. Se ocupan tanto de los demás que se olvidan de cuidarse a sí mismos. Pueden llegar a olvidarse de dormir, comer, bañarse, o hasta peinarse, por salir a cubrir las urgencias de los demás. Gozan de una vista privilegiada. Siempre enfocada a detectar aquellas necesidades. Si conocen alguien nuevo, nunca dejan de nombrar la larga lista de acciones solidarias que hicieron en su vida. No lo pueden evitar, necesitan que se los vea como los buenos o generosos, pero sobre todo se definen (y existen) si se volvieron necesarios e imprescindibles para los demás. Son otros de los que se disputan el disfraz de buenos y terminan siendo el objeto más cotizado de la obra, o cualquier hilo conductor de una rica historia. Si entrevistáramos a cualquier elenco y les preguntáramos: ¿De quién es el disfraz de bueno en este guion? Todos, sin excepción, contestarían en primera persona. Cada uno desde su particular forma de justificarlo, o desde su amplio repertorio de argumentos y excusas; pero siempre llegando a concluir que solamente son ellos mismos. Un buen consejo, si te interesa en algún momento entrevistar a algún elenco, es que evites a toda costa los careos y entrevistas grupales. Este tema sale siempre y es tan sensible, que puede dividir mucho más que cualquier grieta política.




El siguiente personaje, quizás sea el menos querido, y se lo conoce por "el tomador". Es aquel que solo concentra su energía en recibir. Se diferencia del manipulador desde la culpa (aunque ambos siempre estén actuando por sus intereses personales primero) en que el tomador ni siquiera da algo, como para luego reclamarlo. Es también conocido como "el cómodo" y hasta algunos detractores lo denigran describiéndolo como parásito. Vive tomando de otros lo que necesita, en vez de conseguirlo por sus propios medios. Tiene grandes habilidades para aparecer en los momentos justos. Es el que siempre aprovecha cualquier muestra gratis, nunca dice "no" a lo que sea que le ofrezcan, suele estar justo en el baño cuando traen la cuenta para pagar y por lo general, anda siempre con su billetera vacía. Si por alguna razón alguien notara esta tendencia y le llegara a sugerir que haga su aporte, responderá amable y diplomáticamente, se hará el distraído, podría hasta fingir que lo interrumpe una llamada telefónica y al poco rato; desaparecerá superando cualquier truco de magia nunca antes visto. Si suele tener un poco de experiencia, sabe detectar aquellas situaciones mucho antes de que sucedan y prevenirlas huyendo con anticipación para seguir con su búsqueda del próximo oasis que drenar. No le gusta llamar la atención y parece bastante tímido, pero más allá de que pueda serlo, dicho detalle le permite que nadie note cómo está constantemente rompiendo el equilibrio universal de dar y recibir. Todo guion exitoso incluye historias donde el tomador y el cuidador suelen empatizar tan fácilmente, como cualquier amor a primera vista o flechazo. Así como se suele decir que la pareja del zodiaco es cáncer y piscis, por los pasillos teatrales o ambientes lúdicos, es muy común escuchar que el tomador y el cuidador están hechos el uno para el otro. Los únicos que podrían pelearles dicho puesto son el víctima con su héroe, pero algunos dicen que esto es incomparable, a causa de las tendencias de infidelidades continuas de la víctima (ya que pareciera nunca conformarse con un solo villano y mucho menos con un solo héroe). Otros suponen que quizás sea fan del poliamor. Dejando atrás cualquier comentario amarillista, todo guion exitoso o que persiga recibir buenas críticas, incluye estas parejas y sus complejidades. ¿Será también por el amplio porcentaje de fans de la víctima, que abundan en las audiencias? 


Ellos se identifican tanto con su personaje admirado, que también aman los conflictos y el drama de las obras. Aunque puede ser solo una tendencia actual, que en algún momento pase de moda o mute hacia otras versiones. Habrá que ir viendo con el tiempo... 


Por último, vamos a hablar de un cuarteto de amigos que siempre que se los incluye en un guion buscan (consciente o inconscientemente) agruparse o estar cerca al menos. Estos son: "el juez", "el perfeccionista", "el envidioso" y "el miedoso". Son inseparables y el centro (como el pegamento que siempre los une) no puede dejar de ser el miedoso. En realidad, el miedoso es un personaje tan carismático, que se entiende bien con absolutamente todos los demás de cualquier elenco sin excepciones. Es que resuena o empatiza con todos en algo. Veamos ejemplos: con el víctima comparte el miedo a no poder, con el villano el miedo a soltar el control, con el héroe el miedo a ser su propio villano, con el cuidador el miedo a no ser necesario, con el tomador el miedo a ser descubierto, con el juez el miedo a ser injusto, con el perfeccionista el miedo a equivocarse, con el envidioso el miedo a no tener y con otros miedosos el miedo a sentir miedo o el miedo a confiar. Es como el preciado disfraz del bueno, pero en su versión antagónica. Todos los personajes hablan y se entienden con cualquier miedoso, pero la mayoría de ellos trata de que nadie se entere de esta afinidad. Todos quieren apropiarse del disfraz del bueno y mostrarse con él, pero nadie quiere ser visto ni emparentado con un miedoso. Ninguno lo reconocería públicamente, mientras que todos buscan alardear de ser los buenos. Es otro detalle infaltable en una buena obra, por más paradójico que suene. 


Para describir al juez tenemos que decir que es muy fácil de reconocer. Presenta una conducta demasiado clásica e identificable. Siempre está con su dedo índice levantado (independientemente de a qué mano pertenezca). Vive juzgando a todos y a todo constantemente. Sus criterios o parámetros son duales. Sus favoritos son: culpable-inocente, bueno-malo, correcto-incorrecto y legal-ilegal. Pero tiene muchos más como: apropiado-inapropiado, verdad-mentira, lógico-ilógico, coherenteincoherente, entre otros. Luego de emitir sus juicios, tiende a sugerir los castigos más adecuados según sus parámetros, que él considera como verdades absolutas e incuestionables. Es un tanto soberbio y crítico de todos, menos de sí mismo. A veces choca con las ideas del perfeccionista o cuando emite sus sentencias contra algún villano, víctima o héroe. Es que los de esta triangulación suelen estar tan metidos en sus simbiosis, que les cuesta aceptar que alguien externo pueda siquiera opinar sobre ella. 


En cuanto al perfeccionista siempre está corrigiendo a todos, al mejor estilo de editor literario o corrector de una computadora. Es especialista en ver errores, fallas y todo lo que puede no funcionar en cualquier vínculo y escena. Sería también un gran analista de riesgo en una compañía de seguros. Comparte el mismo espíritu crítico que el juez, pero si no logran ponerse de acuerdo, o si se llegan a enfrentar en cualquier bando/careo, se terminan enganchando en largas y acaloradas discusiones sin sentido. Pueden batir el récord de las discusiones menos productivas más largas del mundo. Ambos se llevan muy bien con el envidioso, ya que éste también está juzgando o criticando a los demás, pero solo a los que tengan algún objeto o cualidad de su interés. A diferencia de ambos, el envidioso, puede llevarse bien con todos los que no le refrieguen algo que le gustaría tener, conseguir, o que le cuesta valorar que ya tiene. Tiende a ser bastante celoso o posesivo en sus relaciones y también demasiado materialista y superficial. Vive con una constante insatisfacción y un enorme vacío que le gustaría llenar, aunque la mayoría de las veces, prefiera no admitirlo. 


Analicemos un detalle que suele aparecer casi siempre. Los procrastinadores por excelencia de cualquier guion o juego, suelen ser el tomador y el miedoso. El primero por siempre buscar su comodidad a costas de que las acciones necesarias para ello, provengan o las realice un otro. Y el segundo porque todo miedoso le huye, hasta con pánico, a la acción. Es como su Kriptonita. Si un miedoso pasara a la acción confirmaría muchos de sus autoengaños, dejando al descubierto la falsedad de la mayor cantidad de sus miedos. Así que ambos se vuelven expertos en procrastinar, haciendo de la postergación de la acción todo un verdadero arte. 


Para terminar, debemos retomar lo dicho al comienzo. Casi todos los finales parecen bastantes predecibles, pero por eso no dejan de ser menos dramáticos. Insatisfacciones constantes, desvalorizaciones profundas, soledad, mucho conflicto y dolores de todos los colores. Al mejor estilo tragedia griega. Ahora bien, debemos aclarar que cuando ese vacío se vuelve tan grande e insoportable en algún punto, se puede llegar a una saturación de dolor y sufrimiento. Y aunque suene aún más trágico, en realidad suele ser la puerta de entrada o el punto de partida de un viaje de verdadera transformación bastante sanadora. Nos iríamos despidiendo de cada personaje con un ramo de flores y una tarjeta de agradecimiento. Podríamos ir cerrando con amor y gratitud (por tanto aprendizaje) todas aquellas historias, heridas y liberaríamos todas esas memorias de dolor, para reemplazarlas por nuevas de mayor autenticidad o lealtad para con nuestra esencia. Es posible que sea un camino de introspección y reconocimiento mediante la observación compasiva que nos vaya llevando a una reconciliación verdadera. Si este fuera el final, podríamos ver que todo aquello que tantos personajes buscaban siempre de los demás, tan solo era cariño, aprobación y valoración. Pero que nunca se habían dado cuenta que ya lo tenían todo y no les hacía falta salir a buscarlo, ya que aquel movimiento siempre terminará en sufrimiento. El vínculo que merece toda nuestra atención y prioridad siempre será, el más duradero y principal, el que tenemos con nosotros mismos. ¿Quién otro vive nuestra vida, más que nosotros? La clave va a estar en que sepamos desidentificarnos de esos personajes y nos recordemos que, porque en algún momento de nuestra vida ésas hayan sido nuestras historias y memorias, no significa que deban repetirse eternamente. Siempre estamos a tiempo de abrir el corazón, volverlo a intentar y reescribir guiones más plenos y felices. Si lo hiciéramos, estaríamos dejando de vivir de proyecciones que nos hacen relacionarnos a través de idealizaciones de los demás y terminan rompiéndose en mil pedazos con el tiempo. Nos permitiríamos tener conexiones más reales y genuinas. 


Muchas veces, todo eso que tanto nos esforzamos por darle a un otro, es lo que más necesitamos nosotros mismos primero; y esto nos lo puede recordar bien claro el personaje del cuidador. Buscaba siempre cuidar a todos los demás pero se descuidaba a sí mismo, ¿No estaría proyectando su necesidad de cuidarse en los demás? Si se hubiese dado cuenta, y logrado revertirlo cuidándose primero, la ayuda que hubiera salido hacia otros, quizás habría sido verdaderamente altruista. No la hubiese sentido necesaria e imprescindible para agradar a los demás. Incluso habría notado como otros también son capaces de hacer las cosas por sí mismos y no les tiene por qué tener ninguna lástima. Quizás hasta habría llegado a tenerles admiración, o haber podido aprender algo de ellos. 


Como en muchas historias, simples detalles, pueden cambiar cursos enteros de cualquier narrativa hacia nuevos horizontes; aportando además mucha más riqueza. 


Seguramente me quedaron algunos personajes afuera. De cualquier manera el material sigue siendo bastante extenso y lleno de puntos interesantes, al menos, para observar desde la óptica del espectador. 


Quizás la gran intriga de todo esto radica en saber: ¿Quién es el productor que paga, provee y permite todas éstas obras y juegos? Es el único que puede darle vida (o no) a todos estos personajes e historias. Quizás ustedes lo conozcan, o hasta pueda estar más cerca nuestro de lo que creemos...  









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martes, 9 de noviembre de 2021

Se dice por ahí que las CASUALIDADES no existen...



Lo habrás escuchado mil veces. Pero en ciertas ocasiones nos suena a un dicho bonito, frase hecha, a resignación, o un tanto demasiado mágica e ilusa... 

Ahora bien, si nos ponemos a evaluar seriamente el asunto, quizás nos sorprendamos. Para que un evento cualquiera suceda en la vida, tiene que dar lugar a que miles de otros posibles no estén sucediendo. Si uno de esos tantos miles fallara por error o decidiera participar en aquel instante, el suceso ya no sería el mismo. Siempre que introducimos una variable, algo (por más pequeño que sea) cambia. Por ejemplo: De los millones de espermatozoides que llegaron al cuerpo de tu madre, solo uno te permitió estar ahora vivo leyendo esto. Tenía hasta 24hs y una competencia demasiado desafiante llena de obstáculos para lograrlo, pero lo hizo. ¿Qué hubiese pasado si otro le ganaba? 

Ahora, el cambio de solo un elemento en un suceso determinado ¿suena un poco más relevante, no? 

Más allá de lo peculiar del ejemplo, esto sucede todo el tiempo. No podemos escapar de ello. Es una ley como la de la gravedad. No importa si conocés la existencia, o el nombre de esa ley, ésta siempre está funcionando para todos por igual. En este caso sería la ley de causa y efecto. Para cada efecto hay una causa y para cada causa hay un efecto. Si alteramos o variamos de causa, siempre va a impactar en el efecto. Por lo tanto, si de miles de alternativas solo una causa es la responsable de aquel efecto determinado, ¿lo que llamamos casualidad dónde entra? 

Quizás, debamos empezar por aclarar a qué solemos llamar CASUALIDAD. La gente suele referirse con este término, a toda cuestión que no pueda explicar desde la lógica o probabilidad. Algunos lo atribuyen al Azar, otros nombran que deben ser “por casualidad” como si eso tuviera un significado o más sentido que otra explicación... 

Pero si para que haya un efecto tiene que siempre haber una causa que lo genere, quizás eso que llamás casualidad tenga su causa también, aunque vos la desconozcas. Porque que uno no pueda saber explicarse algo, o entenderlo en profundidad, no es razón para que ese algo no sea posible. Quizás solo es uno que no sabe lo suficiente, o no sabe dónde buscar la causa correspondiente a aquel efecto. 

Te lo planteo distinto, así todo esto no se vuelve tan técnico. Pensá en algún evento de tu vida en el que un mínimo cambio hubiese dado un giro enorme e irremediable para el transcurso de esos años, o hasta la actualidad. Solemos tener bien presentes estos ejemplos si nos arrepentimos de algo en el pasado, o con algún evento traumático vivido que nos genere culpa. En ese caso, sí sabemos que un solo evento hubiera marcado toda la diferencia, ¿no? 

También tenemos esos ejemplos en los que intentamos de mil formas distintas algo y no pudimos conseguir cambiar el resultado. Algunos, esto lo atribuyen al destino. Pero pareciera que cuando algo tiene que suceder no hay como evitarlo. Quizás, ese algo sea un efecto a una causa determinada que ya se generó y no hay como frenarlo. 

Entonces, si unimos todos estos puntos, podemos ver que en realidad TODO está sucediendo por esas sincronicidades (múltiples causas simultáneas). Por aquellos eventos, que si no pasaban de esa forma, los resultados no eran los mismos. No será entonces que, ¿todo es casualidad, o que la casualidad como evento azaroso y error no existe? 

Quizás, estamos pensando todo al revés y todo eso que llamamos CASUALIDADES es lo que sucede todo el tiempo. O casualidad y causalidad sean lo mismo... 

Al menos para mí, cuando fui descubriendo esto, me pareció bastante curioso y me asombró ¿cómo no lo había pensado antes? 

Hay como esa cierta magia a nuestro alrededor, de múltiples efectos sucediendo por causas que desconocemos, porque no las sabemos comprender lógicamente. 





Para muchos la Numerología, o las explicaciones que nos proporcionan nuestros números con la fecha de nacimiento y nuestro nombre, son meras casualidades. Quizás, solo eligen creer en lo que ven y el alma no es algo que nuestra vista pueda percibir. Algunos, ni se plantean la posibilidad de pensar que antes de nacer uno está decidiendo cuándo hacerlo y elije hasta un contexto familiar determinado. 

...No hay Verdades absolutas, cada uno es libre de elegir qué creer y eso tiene su magia también, respetemos todas las voces y crezcamos con los diversos aportes que cada una hace... 

Las casualidades podríamos empezar a llamarlas: Sincronicidades. Eventos que se van sincronizando con otras posibilidades para que se den de esa forma y no de otra distinta. Cada efecto y su causa es un evento sincrónico de diferentes otras causas, con sus respectivos efectos, para hacer que eso suceda de esa manera. 

A veces, no nos damos cuenta del porcentaje de energía inconsciente que tenemos en nuestro aparato psíquico. No darnos cuenta, no evita que esto nos afecte igual. Muchas veces esos efectos, que no sabemos explicar por no conocer sus causas, son fácilmente entendidos desde la lógica de nuestro inconsciente. Es como en un sueño. Al recordarlo no podemos explicarnos cómo llegamos a un lugar determinado, pero en el sueño eso era normal y lógico, ese detalle no era significativo. Esto sucede porque nuestro inconsciente y nuestro consciente no tienen las mismas leyes ni reglas. Quizás muchas de esas mal llamadas casualidades podrían entenderse claramente desde las normas que rigen nuestra energía inconsciente. 

El psiquiatra Carl Gustav Jung decía: "Hasta que no hagamos consciente nuestro inconsciente, éste mismo dirigirá nuestra vida y lo llamaremos Destino". Se estaba refiriendo a éste tema, precisamente. A todas esas circunstancias, que como no sabemos hacer conscientes sus causas, atribuimos al destino o a las casualidades; pero que provienen del porcentaje de nuestra energía inconsciente (que es un 90% aproximadamente del aparato psíquico). 

El punto de este artículo es que quizás debamos replantearnos muchas cosas que estamos acostumbrados a creer, o a no creer, por no entenderlas desde la lógica racional. Porque no solo somos una mente racional. En nuestro cerebro también está el hemisferio derecho, cuya lógica responde más a la intuición y a la creatividad. Hay mucho más en nosotros que el pensamiento lógico racional. 

Muchas veces siguiendo esas sincronicidades por intuición, la vida nos va llevando por giros mucho más interesantes que cuando decidimos ignorarlas. Será cuestión de probar y de nuestra libertad de elegir. 

No todo en esta vida tiene que ser racionalmente explicado. Probablemente lo hayamos naturalizado tanto, que no nos demos cuenta hasta dónde nuestras ideas pueden interferir y privarnos de abrirnos más a la mágica belleza de la vida. Tenemos muchos otros lenguajes, respiremos, cantemos, bailemos, creemos algo nuevo, amemos, dejémonos inspirar... Conectémonos más con nuestro sabio cuerpo que lo siente, permitiéndonos dejarnos sorprender por todo aquello incierto que nos envuelve... 








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viernes, 5 de noviembre de 2021

Personalidades culposas y complacientes

 



¿Solés sentirte culpable por todo lo que sucede? ¿Estás constantemente priorizando las necesidades de los demás por sobre las tuyas? ¿Te cuesta decir NO cuando un otro te pide algo, aunque no tengas ganas, ni quieras cumplir con eso? En este artículo vamos a sumergirnos bien profundo en estas cuestiones, leelo hasta el final y deja tu valioso aporte en los comentarios ¡Así seguimos aprendiendo juntos! 

Los PAS (Personas Altamente Sensibles, o HSP en inglés) sabemos perfectamente lo que se siente ahondar por estas aguas tan turbulentas y profundas. Sentimos todo con tanta intensidad, que nos vamos volviendo expertos en transitar estas emociones. Pero no solo a los más sensibles afecta este tema. Resulta que, para entender un poco el origen de estas cuestiones, tenemos que remontarnos a nuestra primera infancia... 

De chicos íbamos explorando el mundo y aprendiendo a vivirlo, gracias a lo que nos fueron enseñando aquellos adultos que tomamos como referentes. En la mentalidad de un niño bien pequeño, estos adultos siempre tienen la razón y lo que le dicen se le va grabando como verdades indiscutibles. Es normal, ellos dependen de alguien que los cuide, quiera y enseñe, para luego poder valerse por sí mismos. El tema es que por estas particularidades y su combinación, de adultos, tenemos ciertos inconvenientes o limitaciones que para vivir más plenamente debemos atender, sanar y trascender. 

Si crecimos pensando que la palabra del adulto era la única verdad, es normal que la priorizáramos por sobre la nuestra, o cualquier impresión propia. Este aspecto se refuerza aún más en la escuela, ya que los maestros son los referentes en ese ámbito. Nos van moldeando sobre cómo comportarnos; qué es correcto hacer, sentir y decir. De niños recibimos mensajes como ser los buenos y obedientes para obtener aprobación. Aclaremos que para el niño ser aprobado por un referente, implica ser querido por éste. Por eso suelen esconder lo que creen que hicieron mal, para no defraudar al adulto y que no los deje de querer. También reciben mensajes como que hay emociones buenas y malas de sentir o expresar. No suelen enseñarles por qué se enojan, por ejemplo, ni qué hacer con sus enojos. Acá vale aclarar que no todos los sistemas de crianza y educativos son iguales, como en todo, siempre hay matices. Nos concentraremos en los que la mayoría, de los adultos de hoy, recibimos en nuestra infancia. 

Al crecer así, el niño, se condiciona a comportarse de ciertas formas y luchar por sentirse de una determinada manera. En caso de enojarse, llorar demasiado, encapricharse, o similares; es normal que tienda a reprimir esas emociones. Trata de no sentirlas, cree que es portarse mal, desilusionando a sus referentes que podrían dejar de quererlo, y que si se sienten así (o se equivocan tanto), hay algo malo en ellos, o hasta en su forma de ser. Se echan la culpa de lo que sucede, más allá de si fue verdaderamente su responsabilidad. Si los referentes siempre tienen la razón, los equivocados deben ser ellos mismos. Así suelen pensarlo. 




Estos modos de lidiar con nuestras emociones y de tratar de comportarnos como los correctos, los tenemos grabados en nuestro inconsciente personal. De adultos salen en nuestros vínculos, pero no solemos asociarlos con estas cuestiones de la infancia. Nos comportamos desde estas tendencias, pero de forma inconsciente o automática. Nos suele costar decir que no, cuando realmente querernos, ya que tendemos a evitar desilusionar a un otro. Nos da culpa sentir que podemos dañarlo con nuestros comportamientos incorrectos, o expresando ciertas emociones “no aprobadas”. Tendemos a no querer equivocarnos, por lo que nos cuesta reconocer si lo hacemos, ya que esto es equivalente a no ser el niño bueno. Damos todo tipo de justificaciones y proyectamos nuestra responsabilidad en otros, o en las circunstancias, con tal de no admitir un error. Podemos estar horas discutiendo, con tal de no llegar a esa instancia. Tratamos de tener la razón y sostenerla a toda costa. No solemos admitirlo fácilmente. Pero esto no se debe a que carecemos de la humildad necesaria para hacerlo, sino que proviene generalmente de aquellas tendencias inconscientes. En todo esto, nuestro ego nos va llevando por todos sus mecanismos de defensa para no reconocerse errado. Podemos hasta ofendernos con ese otro que nos llegue a insinuar, siquiera, la posibilidad de estar equivocados. 


Desde aquellos dolores que pulsan nuestras heridas de la infancia, podemos llegar a forjar la creencia que hay algo malo en nosotros y que debemos proteger a los demás de hacerles daño. Ese juicio nos hace sentir tan culpables, que si algo sale mal a nuestro alrededor, podemos llegar a asumir culpas sin haber sido los responsables de las verdaderas causas. Nos solemos disculpar por lo que sentimos, por lo que expresamos, por la forma en la cual lo expresamos, etc. Esto es muy fácil de identificar, ya que parece que vivimos disculpándonos por todo. 


Volvamos a aclarar, que cada persona es un mundo o un universo y que estas descripciones generales, no aplican a todos los casos. Por ejemplo, en las personas altamente sensibles las tendencias a sentir que está mal ser tan sensible, llegan a lo más profundo y suele reforzarse en todos sus vínculos por su sobreempatía con el entorno. Como siente las emociones de los demás como propias, si siente que por un error suyo alguien puede salir lastimado; tenderá a pensar que ese dolor, el otro lo sentirá con la misma intensidad que la propia. No se da cuenta que quizás no es altamente sensible, y por lo tanto, puede que esa emoción no le cueste tanto trascenderla como a uno mismo. Esto lo lleva a sentirse culpable por el dolor del otro, a vivir ese dolor como propio e intensamente por su alta sensibilidad y a reforzar esa creencia de que hay algo malo en él; que necesita esconder o reprimir por los demás y para mantener la armonía en su entorno. Pero todo esto está distorsionado, por la no aceptación de tanta sensibilidad y por creer o pensar que otros sienten de la misma forma que uno mismo. En ese aspecto los PAS se autoexigen demasiado y refuerzan tendencias perfeccionistas, que hacen aún más difícil perdonarse un error. Lo cual agranda, aún más, esa creencia de que hay algo malo en ellos y de que son los responsables del bienestar de sus entornos. También refuerza la necesidad de armarse esa coraza para no mostrar su vulnerabilidad o su autenticidad, ya que tiene pánico de volverse a sentir rechazado o herido de nuevo. Todo esto puede sanarse, aún cuando quizás le lleve más tiempo que a otros, ya que esas heridas llegaron más profundo por tanta sensibilidad (si sos PAS te recomiendo ver el video de nuestro canal en el cual me explayo más sobre este tema y dejes tu like si te interesa). 


Vamos viendo que, más allá de los orígenes y de los matices en las formas de vivirlos o sentirlos, tenemos un montón de huellas de dolor grabadas en nuestro inconsciente. Ese niño interno sigue dentro nuestro y está herido. Depende de nosotros poder ayudarlo a sanar e informarle que no hay nada malo en él. Abrazarlo hasta que se sienta bien, validado y seguro. Atenderlo y perdonarlo, para perdonarnos a nosotros mismos, el haber juzgado con tanta dureza nuestras experiencias. Saber que no hay errores, que todo era válido para ese niño que desde esa inocencia iba aprendiendo y que cuando uno va experimentando, el error solo es aprendizaje. Reconocerle que sobrevivió a todas esas experiencias y que ahora nosotros somos los adultos a cargo para darle todo lo que necesitó y no tuvo en esa infancia, es sanarlo. Puede que nos lleve un tiempo y bastantes abrazos, quizás dependerá de los que hayamos recibido o no en el pasado. 


Ahora que tenemos la oportunidad de hacerlo con mayor información, gracias a lo aprendido por estas experiencias, vamos a concentrarnos en cuestiones más prácticas. 


La clave está en conocernos tanto, como para identificar: cuándo estamos diciendo que sí porque queremos y cuándo lo hacemos desde esas heridas no sanadas, o desde la necesidad de no confrontar con el otro. Hacer un verdadero acto de honestidad con uno mismo para identificarlo realmente. ¿Desde dónde estamos actuando? ¿Cuáles son esas motivaciones internas? ¿Es tan cierto lo que me vivo repitiendo? ¿Qué dice mi cuerpo, está tenso al pensar en esa respuesta, o se siente bien esa decisión? 


👉🏻 Un ejercicio muy útil, si estás en estos procesos de autoconocimiento, será que puedas registrar en algún cuaderno o diario emocional estas respuestas, cada vez que te suceda el conflicto de no saber desde dónde estás actuando. Con el tiempo, podrás ver que van dibujando un patrón. Eso que te sucedía con un vínculo o situación, también sucedía en otras áreas de tu vida. Nada es casual. Estás llegando a la base de tus creencias limitantes. Se te va abriendo todo un universo nuevo de posibilidades para trascenderlas y así explotar nuevos potenciales internos desde la responsabilidad de asumir ese poder personal de decisión. Nunca fuiste víctima de tus circunstancias, solo desconocías cuál era tu papel o rol, desde dónde las alimentabas y generabas. Siempre estás a tiempo de redirigir esa energía hacia vivir más plenamente, sin limitar todo tu potencial. 


Después de este "sincericidio"(🤭) nos queda animarnos a sentir esos dolores que nos causa conflictuarnos y no saber ir por lo que queremos realmente. En este punto es importante recordarte que como tenés una tendencia a sentirte culpable, tu mente puede llevarte a juzgar tus emociones o sentimientos. Por ejemplo: si uno descubre que con ese amigo (que estuvo siempre a su lado) ya no tiene más ganas de estar, porque la vida los fue llevando por distintos caminos o formas de percibir las cosas y ya no congenian tanto, puede tender a sentirse culpable de no hablar tan seguido con él y pensar que debería obligarse a hacerlo, o a decirle que sí inmediatamente si nos invita a encontrarnos. Ahí es claro que estaríamos actuando desde el compromiso o desde la no aceptación a que las cosas cambian y puede que nuestros vínculos cambien también. Otra cuestión que podemos evaluar es: ¿Hasta dónde tengo vínculos que disfruto mantener y hasta dónde estoy llenando espacios para no sentirme tan solo? Ese miedo a la soledad, ese fallarte a tu sentir por haberte obligado a juntar con alguien cuando no querías, te va a doler. Hay que reconocer con honestidad todo esto, sentir ese dolor y una vez que ya lo hayamos purgado de nosotros, podremos decidir con mayor claridad. Si querés seguir viéndolo, al menos sabés desde dónde decidís hacerlo; y si decidís dejar que se pierda ese contacto, no te vas a sentir culpable, ya que reconociste que no está mal y son cambios de la vida misma. 


Total honestidad reconociendo nuestro verdadero sentir, animarnos a sentirlo validando las emociones que tenemos, aclararnos y luego tomar decisiones; nos va ordenando. Es cuestión de priorizarse, saber atenderse y amarse primero, para que lo que le demos a los demás sea más verdadero. 


Otro punto a recordar, es que siempre sos libre de elegir. Solo vos vivís tu vida y sabés lo que sentís, nadie mejor que vos va a saber qué es lo que querés y nadie más que vos lo va a disfrutar o sufrir. Por lo tanto, las opiniones y juicios ajenos pueden ser referencias o simples opciones que otros nos muestran, pero los que estamos decidiendo sobre nuestra vida somos nosotros. Tu poder personal de decisión de cómo querés afrontar las situaciones siempre lo vas a tener. Nada, ni nadie, te lo pueden quitar. Solo sentís que no podés decidir, cuando estás cediéndolo al pensar primero en un otro, o en lo que crees que otros pensarían de vos, si haces eso que realmente querés hacer. Aún en las circunstancias que no puedas controlar, porque no dependan de vos, seguís teniendo la opción y el poder de decidir cómo vivirlas (con qué actitud atravesarlas). 


Es importante que si sentís culpa sepas que siempre proviene de un juicio previo. Sin juicio, no hay culpable. Esos juicios son ideas. Son creencias sobre qué es lo correcto de sentir o no, en esa situación; o de qué deberíamos hacer o no. Por lo tanto, para sanar la culpa, debemos perdonarnos por juzgar nuestro sentir y actuar. Aceptar mejor los errores desde asumir responsabilidades sobre ellos y aprender. Si nos equivocamos, recordarnos que nadie es perfecto. Y lo verdaderamente importante es tener la humildad necesaria de reconocer que lo que hicimos tuvo consecuencias, nos hacemos cargo, podemos pedir disculpas o repararlo y hacerlo mejor la próxima vez. Nada es tan definitivo, estamos aprendiendo. 


El perdonarnos y decidir tomar la responsabilidad sobre nuestros actos y esos juicios que nos hacemos, sanan nuestras culpas. Nos libera y vamos a sentirnos más livianos. Lo verdaderamente importante es la intención. Si uno actúa desde una intención bondadosa y amable, aún cuando no nos gusten las consecuencias que generemos, vamos a poder perdonarnos más fácilmente. Solo estamos aprendiendo a mejorarlo. Este es el caso, por ejemplo, de aquellos que suelen estar tratando de fortalecer su carácter para aprender a poner límites. Al principio, probablemente los van a poner desde la defensiva, por sentirse atacados u ofendidos. Pero luego, con la práctica de ir sabiendo cómo hacerlo más asertivamente, porque van aprendiendo a comunicar su sentir y sus necesidades más honestamente (y sin juzgarlas), van a poder hacerlo más amorosa y amablemente. Es la tan conocida resiliencia. Si te encontrás en estos procesos, es clave cultivar el amor propio necesario para tenerte paciencia, darte el tiempo y valorar más tus progresos. Suavizá la autoexigencia con más compasión. El peor juez solemos ser nosotros mismos. 


Por último, pero no menos importante, están los miedos. Aquellas ideas que nos hacemos de todo lo terrible que puede pasar, si llegamos a decirle que NO a alguien que queremos. En este punto volvemos a insistir que son IDEAS. Nuestra mente está llena de ellas, pero nosotros somos los que decidimos a cuáles escuchar o alimentar. No pretendas que no aparezcan pensamientos de miedos. Por más progresos que hagas, tenés que recordar que probablemente sea mayor el tiempo en el cual reforzaste estas conductas miedosas o culpables, que el que te esté llevando cambiarlas. Así que no te resistas a sentir tus miedos. Afrontalos, evalualos. A veces, sirve racionalizarlos con preguntas tales como: ¿Es tan así? ¿Puedo afirmar con absoluta certeza que eso va a pasar de esa forma? ¿Qué es lo peor que podría pasar? Te vas a ir dando cuenta, que por más terrible que te parezca ese escenario imaginario por el que te pasea tu mente, no estás seguro de que vaya a suceder de esa forma. La única manera de saber exactamente lo que podría pasar, es haciéndolo. Decí NO y probá qué pasa, te podés llegar a sorprender. Muchas veces, tenemos miedos a ser malos padres (o amigos o parejas) si realmente decimos que no tenemos ganas de hacer algo. Pero ¿Eso es tan cierto? Cuestionate todos tus miedos. Si no tenés ganas de hacer algo con alguien que realmente querés o te importa y lo hacés obligado, ¿le estás dando algo genuino y tan bueno? ¿No sería mejor ser sincero y buscar otras opciones que favorezcan a todos? A veces por miedos evitamos esos diálogos y privamos al otro de disfrutar vincularse con nosotros más honestamente, o de ser más justos con las necesidades de todos los involucrados. Así que, si te sucede alguna situación como ésta, al menos permitite cuestionarla y evaluarla más a consciencia. La mayoría de ellas son falsas, solo nos las repetimos, porque en un pasado al mostrarnos vulnerables compartiendo nuestro sentir, nos sentimos dañados. Que haya sucedido eso antes (a nuestro niño interno, probablemente), no significa que ahora nos vuelva a pasar. 


Al ser solo ideas, nuestros miedos, no nos dominan. Solemos sentirnos chiquitos ante ellos, pero esos pensamientos provienen de habernos dejado tomar completamente por esa emoción y estar pensando desde ella. La clave está en saber que el miedo te da la oportunidad de decidir qué hacer con él. Podés paralizarte, huir, o atacar estando a la defensiva (que serían las 3 respuestas inconscientes desde el miedo); o podés decidir superarlo probando hacerlo igual, aunque sientas miedo. Siempre depende de tu decisión. Son solo ideas que se nos quedaron grabadas inconscientemente y disparan esa emoción que sentís en el cuerpo. Retomá ese poder personal y permitite grabar nuevas memorias. 


Entonces, será cuestión de sanar esas heridas y atender esos dolores, para descubrir que lo que nos quedan son simples opciones disponibles sobre las cuales elegir. Y recordarnos que somos libres de elegir, de cambiar de opiniones, dueños de nuestra vida y animarnos un poco más a ir por lo que queremos realmente. Saber decir NO sin culpas y SI sin miedos. 


¡Valorá realmente la oportunidad de crecimiento que te está trayendo animarte a sentir ese dolor! 


¡¡¡Gracias por leerme!!! ¡¡Saludos y Bendiciones!! 💜🙌🏻


💟 Si te interesa ahondar más sobre estos temas, chequeá nuestras redes dónde encontrarás mucho material libre a tu disposición.











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¿La sensibilidad es debilidad o fortaleza? Personas Altamente Sensibles (PAS o HSP)



Antes de compartirte algo sobre este apasionante tema, te sugiero pasar por nuestro canal de YouTube y ver el video relacionado. Puede serte muy útil si sos PAS (Persona Altamente Sensible), tenés dudas, o te interesa saber más sobre esta temática.


Hace click acá para ver nuestro video, y si te gusta, ¡no te olvides de dejarle like, compartir y suscribirte! 💜


Los PAS nos enfrentamos a diversos desafíos en un mundo como este. El mayor podría ser el prejuicio de muchos acerca de que la sensibilidad es signo de debilidad y que es algo que debemos tratar de no mostrar u ocultar. Como te contaba en el video, la alta sensibilidad es un rasgo de nuestra personalidad. Tiene implicaciones en nuestro sistema nervioso y cognitivamente nuestra forma de procesar la información que percibimos en tan grandes cantidades, es diferente a la de la mayoría que no posea este rasgo. En nuestro cerebro se activan algunas zonas más emocionales que racionales, más creativas y que nos permiten conectar fácilmente ambos hemisferios para llegar a una conclusión a la hora de resolver un conflicto. Esto puede implicar aportar una solución más rica en creatividad, originalidad y contemplando empáticamente el bienestar común de los involucrados; que las posibles soluciones más lógicas o racionales que aporten los que no posean el rasgo. Al estar acostumbrados a procesar mayor cantidad de información, solemos tener una gran capacidad de síntesis. O a veces, contemplamos aspectos más globales que a otros, a simple vista, se les pasa por alto. ¡Ojo! esto no significa que seamos especiales, superdotados, ni esas cuestiones. Sólo tenemos caminos más divergentes en nuestras redes neuronales que son diferentes al resto de la población. También nuestro mayor desafío proviene de poder estar en el estado de relajación necesario, para aprovechar estas cualidades más creativas y toda esa información extra que captamos del entorno más intuitivamente. Ante tanta información que nos llega más profundo, tendemos a sobrecargarnos fácilmente, y si no estamos muy conscientes de estas cuestiones, podemos abrumarnos emocionalmente dejando que la situación nos sobrepase, irrite o desborde. 


Considerar sentir todo más intensamente como una debilidad, es una idea que no tiene ningún fundamento sostenido. Una cosa es que nos requiera mayores esfuerzos para saber lidiar con tantos estímulos que ingresan al mismo tiempo con tanta intensidad. Otra muy distinta es que por ello, y la intensidad de nuestras emociones, seamos más frágiles o débiles que el resto. Por el contrario, se requiere mayor habilidad para lidiar con tanto de formas asertivas. Si logramos estabilidad y madurez psicoemocional, por haber aceptado el rasgo de la alta sensibilidad (en vez de resistirnos y luchar contra ella), el permitirnos conocer nuestras cualidades, nos va llevando a desarrollar mayor inteligencia emocional. Nos aporta grandes aprendizajes sobre cómo sentir emociones bien intensas sin dejarse tomar completamente por ellas. No actuamos, ni pensamos desde esas emociones. Solo las transitamos y al bajar su intensidad, descubrimos pensamientos reprimidos o nuevas formas de afrontar esas mismas situaciones con mayor resiliencia. ¿En realidad ahora sí suena más a fortaleza, no?... 


Es que la verdadera cuestión radica en no resistirse a una forma de percibir y procesar la información diferente. Conocerse o haber ido experimentando transformaciones personales profundas posibilitadas, precisamente, por las cualidades del rasgo de alta sensibilidad. Esto nos permite encontrar nuestras propias herramientas psicoemocionales para estabilizarnos y no sobrecargarnos tan fácilmente. 


Si todavía no llegaste a descubrir tus verdaderas fortalezas internas, como PAS, te invito a leer algunos consejos que te propongo a continuación y a que te animes a descubrir tus riquezas internas; ya que son un gran potencial que habita en vos. 



Consejos prácticos para PAS: 


1) Acepta y valora tu alta sensibilidad. Reconoce las veces que por intuición actuaste con resiliencia, tus avances, capacidad de disfrute de la simpleza (es una gran virtud poder apreciar la belleza de lo simple), la gran habilidad de estar en armonía con el entorno, mientras que internamente sientes todo intensamente, la calma que puedes mantener en cualquier ambiente y como eso lo transmites, etc. También registra las veces que no asumes tu sensibilidad y que la escondiste o reprimiste (para no repetirlo). 


2) Diario emocional. Registrar lo que sentimos nos permite canalizar las emociones en vez de retenerlas, tener tiempo a solas para ordenar nuestros pensamientos. Tomar consciencia sobre nuestro mundo psicoemocional para saber gestionarlo y conocerse nos alivia y relaja, para activar nuestra creatividad de cómo afrontar diferente las mismas situaciones que antes nos estresaban y ver cómo esa sobreestimulación nos agobia por no entendernos ni respetar nuestros tiempos. 


3) Reconoce y sana las heridas del niño interno, o todas esas huellas que te dejó ser diferente a tu entorno y no haber sido comprendido ni valorado. Validar que no está mal ser altamente sensible es trascender esas heridas, aceptarse, amarse como se es y comprender que las actitudes de estrés y ansiedad venían del hecho de sentir la necesidad de protegerse ante un ambiente percibido como hostil. Te sirvió para sobrevivir, protegerte y te trajo todo este aprendizaje para conocerte y poder convivir con otros que no lo entiendan, sin sentirte atacado, ni ofendido por ello. Pero ya no son respuestas efectivas ahora. Cada uno percibe, interpreta y siente la realidad como es. No todos piensan y sienten con la profundidad que nosotros y eso no es malo, ni nos hace especiales. Simplemente cada uno es diferente. Tenete paciencia y date el tiempo que necesites para sanar esas heridas desde el amor propio. Se esos padres amorosos que necesitaste que te validaran como eras. No te abandones rechazando lo que sientes. Las veces que te rechaces, juzgues, invalides o te estreses entrando en ansiedad; son tus verdaderas oportunidades para acompañarte y darte esa validación que te merecés, siempre de forma incondicional a lo que sientas. Si te tienes a vos mismo y te validas, no hay ambiente hostil ni peligroso que pueda dañarte. Solo te dañas al no aceptarte y siempre estás a tiempo de hacerlo. 


4) Cuando sientas que entras en crisis, date el tiempo de sentirlo hasta calmarte y relajarte. Busca un espacio a solas, concéntrate en la respiración, toma consciencia de que tu mente también va a un ritmo intenso y suele enroscarse fácilmente. No importa dónde estés, ni que estés haciendo, nada ni nadie es más importante que vos mismo y más en ese momento. Nadie es imprescindible. Respetate, valorate y escuchate, hasta que ése estado emocional pase. No intentes apurarlo, ya que entrarías en rechazo y ansiedad. Permitite expresar lo que sentís como lo vivís. Para aquellos momentos puede ayudarte mirar nuestros videos sobre: La autoobservación y la pausa para centrarse , Fluir sin resistencias o Vivir en el aquí y ahora

 

5) Reconocé que tenés todas las capacidades necesarias para ser tu mismo, tal cual eres, en cualquier grupo y conectar profundo con otros. 


6) Para poner límites de lo que no nos gusta (o daña) sin culpas, sirve aceptar que no todos piensan, ni sienten como nosotros y hay que dejar de anticiparse con esas expectativas basadas en aquella tendencia distorsionada de que el otro va a reaccionar como esperamos, o como nosotros lo haríamos. Creemos que el otro percibe intensamente como yo, siendo altamente sensible. Al saber esta distorsión, no la damos por cierta. Cortamos esa tendencia a creer que el dolor del otro es la intensidad del sufrimiento que nosotros sentiríamos en su lugar y que sentimos responsabilidad o culpa de no hacer nada para evitarlo, si no lo ayudamos. Es saber que el otro es capaz de resolver sus conflictos, saber que no sabemos si lo que creemos es así; sino que es simplemente nuestra idea de ello y probablemente nos equivoquemos, porque el otro es distinto a nosotros. Quizás lo que pienses no sea lo que el otro sienta o necesite y haciendo eso nuestra emoción de dolor (que apropiamos por empatía al otro) baja hasta desvanecerse. Todas las emociones se desvanecen, si las dejamos fluir observándolas sin juicios ni rigidez. Fluir siendo responsable solo de mis estados, sabiendo que siempre pasan, si los acompaño y no reprimo. Y cuando me encuentre pensando desde el miedo y la necesidad de hacer algo para que el otro "no sufra", poner el freno de que ésa es solo mí idea, que es distorsión por mí profundidad, sobreempatía y alta sensibilidad. 


7) Infórmate. Reflexiona profundamente, hasta encontrar tus propias formas de aceptarte como sos y de encontrar tu mayor fortaleza. ¡Merecés darte esa oportunidad! Si yo pude hacerlo, sé que vos también podrás, ¡Confiá más en vos mismo! 💖






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