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domingo, 23 de agosto de 2026

Las 11 claves de una "persona de alto valor" (más allá de las apariencias y máscaras) | Autoestima vs marketing


Habrán escuchado que se puso de moda hablar sobre "personas de alto valor", o de mujeres u hombres de alto valor, como si sólo algunos seamos dignos de ser valorados con profundidad. Pero más allá de la información que se difunde en las redes, que en sociedades tan superficiales se suele asociar a gente que se viste elegante, invierte grandes sumas de dinero en su apariencia o específicas rutinas diarias o viven un éxito externo y llamativo, como todo, encierra una gran verdad algo distorsionada por el consumismo, las soluciones mágicas y las máscaras del ego.

Entonces, es mi intención desmenuzar el poderoso mensaje detrás de este tema que podemos tomar de inspiración para nuestro camino de crecimiento personal. Porque esa gran verdad que encierra, aunque muchos solo la vean como una charlatanería más de redes, es un llamado a nuestro empoderamiento femenino o masculino (y tomen estos términos más allá del género biológico, porque al nombrarlos me refiero a energías con las que cada uno pueda identificarse libremente).


Retrato de mosaico entre páginas, tierra y oro
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Les comparto lo que en mi criterio y experiencia considero buenas cualidades para cultivar con amor y constancia para aumentar nuestro valor interno. Por decirlo de otro modo, las claves que yo destacaría para alimentar tu propio "alto valor" serían las siguientes:


1. Amor Propio 

Amarte incondicionalmente como prioridad en cualquier estado, día o momento. Amar todas las partes de tu ser que te hacen la persona que sos y no sólo las que más te agradan ver reflejadas en el espejo. 

No juzgarte con tanta dureza ni autoexigencia, siendo más compasivo con tus procesos y tiempos. Siendo tu primer y mayor refugio, prioridad y centro de tu vida. 

Porque si primero no te llenás de ese amor real que desborda, lo que le darás a los demás podría venir desde una actitud de autosacrificio, de interés (buscando o esperando que luego el otro te responda con reciprocidad), desde mezquindades o comodidades que, a la larga, demuestran irresponsabilidad afectiva o dependencia emocional. 

Nadie más que vos sabe qué necesitas y los demás no tienen por qué deducirlo, ni adivinarlo. Solo vos estás a cargo de comunicarlo sin dramas ni demandas y de tomar las decisiones coherentes cuando veas que tus necesidades no están siendo cubiertas en tus relaciones o con vos mismo. 

Quizás no te estás escuchando tanto y no podés identificar qué necesitás en este momento. Hacé una pausa, escuchá el silencio, respirá lento y profundo, descansá más y date el espacio que necesites sin dejar que nada ni nadie te presione; hasta que logres identificar tus necesidades.

Otra posibilidad es que estés poniendo tu valoración personal en lo que hagas o en lo que hayas o no logrado, en vez de en tu energía, presencia, tiempo y a lo que le dedicás amor o te hace ilusionar. Si ese es el caso, recordá que tu valor es siempre interno, de otro modo es como si dejaras que los demás o la misma sociedad te pusieran el precio. 

Pero si pudieras preguntarle a tus familiares, hijos, amigos o pareja qué es lo que más te valoran te darías cuenta por sus respuestas que tu interés, dedicación, amorosidad o energía invertida en gestos, escucha, conversaciones, atenciones o acciones, es lo que más destacarían de vos. Por lo tanto, el foco de tu autovaloración debe ser redirigido hacia tu interior y presencia. Para descubrir después que esa energía se expresa orgánicamente en todo lo que salga de vos y en cada momento o actividad.

Un ejercicio práctico que se puede hacer, en un momento a solas y en completa honestidad, consta de hacer una lista de las cualidades que valores de vos. No de lo que hagas, ni de tu apariencia. Tienen que ser exclusivamente aspectos de tu personalidad, actitudes genuinas que podés reconocer que afloran de vos a través de los escenarios externos, lo que más te gusta y hace que seas vos. Tienen que ser cualidades que realmente las creas y se sientan verdaderas, no valen los cumplidos que otros te hacen y no terminás de asumirlos tan ciertos. No importa si te cuesta empezar la lista o si anotaste solo un par. Esa lista puede aumentar con el paso de los días y es otra forma simple de reconocer tu valor y darle el foco de tu energía. Tu inconsciente, que ama los desafíos simbólicos, se redigirá hacia esos aspectos positivos internos que más valore de quién sos, más allá de lo que logres o de si los lográs expresar siquiera hacia el afuera. 

Esta exploración probablemente te abrirá la mirada que tenías de vos mismo, irá llenando la lista y aumentando tu autovaloración. Si surgen iniciativas de proponerse cultivar nuevos valores, desde la curiosidad (como por ejemplo explorar nuevos talentos o probar cómo te iría en algo que antes no habías probado), jamás las ignores. Puede que tu mundo interno te esté llamando a que lo enriquezcas y no solo para seguir completando tu lista, sino para aumentar tu bienestar general y tu expansión. Recordándote que siempre habrá energía disponible para cultivar nuevos talentos, cualidades o virtudes que antes ni nos llamaban la atención. 

 

2. Autocuidado amoroso

Autocuidarse no se trata solo de rutinas de skincare y demás tendencias, es mucho más profundo que hacer algo físico que lo complementa. Más bien implica una inquebrantable base de Autorespeto. Respetar y honrar tu tiempo, energía, mente, emociones y cuerpo/templo. Incluso tus espacios, círculos o entornos en los que te movés. Seleccionando con sabiduría lo que dejás entrar, o no, a tu campo de energía y lo que sale de vos.

Saber que no te vas a conformar con menos de lo que merecés y actuando en consecuencia, entendiendo que si te respetás en profundidad la misma energía que emanes será percibida como digna de respetarse, poner límites claros y sostenerlos más allá de incomodidades (a veces aun de las propias) y de las reacciones o críticas de los demás (los cuales no tienen por qué cuestionar tus límites, ni entenderlos siquiera), no justificar tus decisiones (aunque si considerás que una explicación tuya aporta paz al otro, que está dispuesto a escuchar desde el corazón, podés comentar el por qué decidiste así, pero sin darle lugar a que es imprescindible que entienda tus valores, ni de que pueda o debería ponerlos en duda), no dañarte alimentando relaciones sin reciprocidad fluida u orgánica, respetando tus ritmos internos y estados emocionales para cubrir siempre tus necesidades afectivas, sabiendo pedir ayuda, etc. 

Te volvés una persona selectiva. No cualquier actividad, información, vínculo, evento o lugar te aportará lo que quieras expandir o te resuene más. Y a los nuevos escenarios que te llamen la atención explorar llevarás tu respeto y discernimiento para decidir si valen o te aportan lo necesario para que les compartas tu energía o atención en adelante. En lo personal considero que donde no haya claridad en intenciones, objetivos, direcciones en común o reciprocidad genuina, en especial si se trata de vínculos, merece una verdadera evaluación inicial y la toma consciente de una decisión concreta sin postergar en el tiempo. 

El autocuidado amoroso parte de una escucha activa a tu mundo interno, que es sagrado. Que te lleva a definir valores, crear y sostener límites y luego llevarlos a la práctica. Primero con vos mismo, después a todos tus entornos. Respetarlo es cultivarlo a cada segundo para que siga creciendo. Lo cual te va aportando una mayor seguridad y claridad con la experiencia. Y además desde esa certeza interna en tus capacidades de cuidarte siempre, es más fácil no entrar en ansiedades que se activen ante estímulos externos. O de reconocerlas para saber cómo descargarlas a tierra en soledad, en vez de tomar decisiones cuando estamos tomados por esas emociones.

Continuando con el ejemplo de la lista, también podés hacer otra con tus valores personales, tus límites, tus innegociables, ideas que se te ocurran de cómo respetarte más de ahora en adelante o cualquier idea creativa que sientas que necesitás probar para cuidarte y respetarte mucho más.


3. Autoestima real y sano

Una persona de alto valor, como veníamos hablando en el primer punto, tiene una autoestima sustancial. El autoconcepto o la forma en la que nos percibimos a nosotros mismos impacta cada área de nuestras vidas. Ya les recordaba en otros artículos que no vemos al mundo como realmente es, sino cómo somos nosotros. Por lo tanto, la forma de vernos es clave para poder tener una imagen más real, amorosa, honesta y cultivar más amor propio (desde la aceptación y el compromiso responsable y paciente de mejorar con amabilidad lo que no nos agrada tanto ver). 


Dualidad entre sombra y luz
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Valorarse o expandir tu valor depende exclusivamente de vos y de tu capacidad de reconocerlo en tu interior. Desde pequeños nos acostumbramos a definirnos por las opiniones de otros (padres/referentes), pero de adultos es hora de que revisemos esas historias que nos repetimos de nosotros mismos. Porque hablan de tu autoimagen y de si es necesario redefinirla para construir un autoestima más sano o real.

Dejá de ceder ese poder a los demás, e incluso a tus actividades o trabajos, para que no te definan como persona ni te apliquen una valoración en base a ideales que no son tuyos. Retomá esa energía cuestionando las definiciones automáticas que se te escapan cuando tenés que presentarte o en cualquier conversación con alguien desconocido.

Esas experiencias son las mejores para identificar que autoimagen sostenés inconscientemente. Y tu relación con esa imagen trae por consecuencia una autoestima "predeterminado". Porque de nada sirve que te digas que te crees genial, si después te criticás todo el tiempo, te autoexigís o te insultás cuando algo te frustra. Así que son excelentes oportunidades para revisar qué ideas inconscientes asociás a tu autoimagen.

También podés hacer una lista. O armate papelitos de colores con tus virtudes o defectos, que sostengas con imanes en la heladera y andá actualizándolos a medida que vayas reconociendo y cultivando más tu valoración personal, para fortalecer tu autoestima. Jugá a invertir tus defectos para transformarlos en virtudes (por ejemplo tu terquedad podría transformarse en una inquebrantable fuerza de voluntad para cumplir lo que sea que te propongas). Pensá que son dos caras de la misma moneda y dejate sorprender por lo que tu creatividad y sabiduría interna te muestren al jugar.

Porque antes de seguir con los demás puntos, es necesario recordar que ni la autoimagen, autoestima y autovaloración son algo fijo e invariable. A mayor flexibilidad, mayor será tu crecimiento y es una tarea en la que se puede mejorar con constancia cada día. Jamás creas que algo de vos ya no tiene solución, porque seguramente es una de las trampitas que te pondrá tu ego al ponerte en acción para mejorar tu relación con vos mismo. Y saberlo es ganarle la partida en la primera mano. 


4. Honrar los éxitos de tu historia personal

Todos tenemos experiencias en la vida que van contando una historia, una colección de momentos de todo tipo. Una persona de alto valor tiene una historia de la que supo aprender para mejorar con paciencia. No nació sabiendo cómo actuar y sin cometer errores. Al contrario, decidió aprender de sus errores para capitalizarlos como su mayor ganancia y el vehículo de su crecimiento infinito y constante.

Honrar esa historia es mirarla desde la resiliencia, desde el amor y la compasión de entender que a cada paso hicimos lo que nos salió, lo que sabíamos o lo que pudimos con lo que teníamos. Pero tomar responsabilidad y evaluarlo desde una mayor consciencia te permite reconocer el valor que en ese momento se te pudo pasar por alto.

Por ejemplo, a mí me tocó experimentar situaciones verdaderamente difíciles y cruciales. Las sobreviví como me salió. Durante años el dolor de algunas no me dejaba ver más allá. Pero cuando las heridas sanaron pude reconocer que había sido más valiente de lo que me habría imaginado jamás, que supe actuar con inteligencia en momentos de tensión que no dan tiempo a pensar y en los que un error puede causar más fatalidad. Que haberme repuesto de ciertas situaciones, siendo altamente sensible, aun cuando por eso me llevó más tiempo superarlas, me hace imposible de ignorar mi fortaleza interna y capacidad de transformación profunda.

Buscá en tu historia, como si fuera una película que le sucede a otro protagonista, qué cualidades virtudes o valores se te pasó por alto ver. También de los capítulos más dolorosos permitite rescatar la riqueza de la lección aprendida y cómo eso se te puso a favor para afrontar otros desafíos posteriores que hayan sido similares. Reconocete más méritos, triunfos y éxito. 

Porque ese es el verdadero éxito que se le debería asociar a una supuesta persona de valor. Las victorias materiales no nos las llevaremos al morir. Pero quizás, las demás habrán expandido nuestra alma para sentirnos más en paz al partir. O habrán ensanchado nuestro corazón a tal punto de experimentar amar mucho más y mejor, dejando una huella más profunda en los corazones de los que tuvimos el privilegio de interactuar.

Y aunque a veces nos obsesionemos con los éxitos tangibles, los otros son igual de imprescindibles y nos llenan mucho más. Jamás olvidaré la sonrisa que me sacaron en un momento de puro luto y dolor, la cantidad de personas que se juntaron para despedir a una de las personas que más amé en mi vida, porque fueron tantas las vidas que su bondad alcanzó que era imposible no admirarlo con una sonrisa. Y para mí eso fue uno de sus grandes éxitos, a pesar de haberla escuchado repetir que le quedaron demasiados sueños frustrados por cumplir.

 
5. Consciencia

No voy a caer en el cliché de decir que una persona de alto valor es una persona despierta. Porque no se trata de frases hechas, ni de charlatanerías del ego que se cree superior por leer algo espiritual o practicar yoga. 

Ser consciente es ser responsable. Es sentarte en el lugar que te corresponde para dirigir desde tus decisiones y empoderamiento personal toda tu vida. Es dejar de echar culpas a otros, a circunstancias o factores externos. Tomar la responsabilidad desde tu lugar y actuar con coherencia. Ser responsable afectivo, sabiendo por ejemplo que nadie "te hace enojar" sino que te enojás por una idea previa que desde tu mente disparó tu emoción. Y que reconocerlo te da el poder y la oportunidad de aplicar tu inteligencia emocional y hacer de ese malestar un crecimiento.

Implica dejar de vivir desde impulsos inconscientes. Poner luz a tu sombra para entenderla, integrarla y actuar desde una actitud más consciente y responsable sobre lo que genera tu presencia y lo que aportás a cada circunstancia o experiencia.

Cuando sos responsable y cometés un error tu tendencia natural va a ser reconocerlo de inmediato y tomar las acciones correspondientes que requiera la reparación necesaria. No vas a pedir disculpas por responder algo que creés que el otro necesita escuchar, a sentirte culpable sin cambiar nada o a torturarte con vergüenzas que te paralizan, ni tampoco vas a justificarte desde el orgullo del ego. Simplemente tu humildad para asumir la responsabilidad sobre tu error y saber pedir perdón, irá acompañado de la reparación que demuestre en hechos tu arrepentimiento profundo o verdadero. Lo cual también ayuda a que los demás te vean como una persona digna de respeto y consecuente con sus palabras.

Porque sos consciente de que las culpas, vergüenzas, evasiones e irresponsabilidades no ayudan a construir. Al contrario, son las perfectas excusas para mantenerte estancado siempre en el mismo lugar de sufrimiento.

Y dicha responsabilidad es una elección que te da mayor libertad. Ya no reaccionás sin pensar, decidís cómo responder. Elegís ser proactivo en vez de problemático, elegís qué historias validás y mucho más. Es la liberación que te aporta ejercer tu poder personal de forma responsable y amorosa con vos y para con los demás. Y la mejor parte es la enorme paz interior que se va cultivando a largo plazo, de manera silenciosa y nutrida. Porque esa paz es invaluable, y valorarla como se merece te ayuda a no querer arriesgarla con cualquier persona, ni situaciones que no te aporten mayor paz o crecimiento. Por lo tanto, contribuye también a que seas más selectivo al elegir qué alimentar energéticamente o en qué invertir tu tiempo.


6. Honestidad

Siempre estar abiertos, ser transparentes y poder hablar con sinceridad será una virtud de alto valor. La honestidad ante otros requiere coraje. Puede que te cueste superar el miedo a la vulnerabilidad o el juicio que te avergüence. Pero si trabajaste internamente para asumir la completa responsabilidad de tu vida, habrás podido ver en tu historia que esos miedos y juicios sólo son ideas que tuviste que dejar de alimentar para no limitar tu crecimiento.

Y de la misma manera que no tiene sentido mentirse a uno mismo, creando enemigos afuera para reducir lo que te duele ver una herida personal, tampoco tendrá sentido adornar tu historia ante otros. Una vez que dejás de juzgarte tanto y te admitís con sinceridad lo que tanto te costaba, admitir cosas incómodas a un otro también se vuelve más fácil y cotidiano.

Las críticas y juicios de valor que recibas perderán su fuerza, a veces y dependiendo de tu sensibilidad o estado de ánimo, conseguirás que ni siquiera te afecten. Porque cuando uno se conoce y se habita desde la responsabilidad constructiva tiene la consciencia tranquila. Y puede vivir en paz, aunque sepan que serán los villanos de películas ajenas.

Y las veces que no logres salir inmune, sabrás exactamente cuál es la responsabilidad que te tocaba y qué hacer para recomponerte emocionalmente después del daño. Pero como verás sin honestidad real, nada de todo esto sería posible.

Cuando uno invierte la dedicación necesaria para conocerse en profundidad sabe más que nadie cuáles son sus defectos, tendencias y hasta las trampas predilectas de su ego. Por eso ya no duelen las críticas que puedas recibir como dolían antes. Y esto te aporta una claridad que alimenta ser cada vez más honesto con vos mismo y cuando lo requieras también serlo con los demás. Y ni hablar de que te volvés imposible de controlar o de ser manipulado...

Aunque sea una aclaración bastante obvia, no es necesario que seas un libro abierto con todo el mundo por ser una persona íntegra y honesta. Cada uno es libre de decidir qué información compartir con quién, especialmente si te volviste tan selectivo en tus vínculos. Porque no todos van a entender ciertas cuestiones y tampoco es tu intención convencer o adoctrinar a nadie (seguramente elegiste este camino para una satisfacción personal o por hartazgo del continuo sufrimiento), ni entrar en conversaciones donde exponer tus valores habilita a que los demás los pongan en duda. Por lo tanto, recordá que estás eligiendo desde tu libertad y no hay una forma correcta, sino que vas a ir encontrando lo que mejor te hace a vos en cada momento.


7. Amabilidad

Ser responsables de uno mismo nos lleva a ser amables y cuidadosos al lidiar con el mundo emocional de un otro. También a tener suavidad, ofrecer confianza y seguridad para que el otro se muestre desde su autenticidad y, si aflorara algún miedo a la vulnerabilidad, sabremos atenderlos con el respeto y cuidado que se merece para ser trascendido sin presionar ni dañar.

En las mujeres esta cualidad se ve especialmente en el tipo de nutrición cariñosa, dulce y suave que aporta la misma esencia de la energía femenina sana. Como cuando una mujer ayuda a un padre con su hijo de cualquier manera altruista por la calle, cuando lo ve luchando con algún percance que le cuesta resolver, o calmando el llanto de un bebé haciéndolo reír, o recordándole a alguien que se acomode el cuello de la camisa, etc.

En los hombres se expresará más desde la protección, generosidad o la ternura de saber tratar con delicadeza lo valioso del mundo interno compartido, típico de su energía masculina sana. Como cuando un hombre hace algún acto servicial con una mujer desconocida que le cuesta cargar peso, la protege de algún posible peligro, o cuando necesita alguna ayuda rápida por la calle (como la vez que me ayudaron a arreglar un zapato que tuvo la osadía de romperse de la nada en un momento inoportuno).

Porque si pretendemos abrirnos para ser transparentes, la amabilidad o el proveer el espacio seguro para que un otro lo haga en reciprocidad con nosotros, es imprescindible.

Cada persona es un mundo que merece respeto, cuidado y nuestra amorosidad al interactuar en su campo energético. Y si bien son cosas que surgen orgánicamente cuando estamos ante alguien a quien queremos, también es importante entender que es una cualidad de alto valor que tenemos siempre disponible y que actuar en coherencia implica que la llevaremos a cualquier entorno. Incluso a los nuevos o ante completos desconocidos que probablemente no nos volveremos a cruzar.

Procuremos que esas huellas o impresiones que vayamos desperdigando en las memorias de los que vayan compartiendo el camino con nosotros sean las más amables, amorosas y bonitas. Y graciosas también, porque jamás sabremos cómo sacarle a alguien una sonrisa le pudo haber cambiado el humor de ese día.


8. Fortalezas internas

Este punto va de la mano con ser conscientes o responsables. Poder reconocer y valorar más nuestras fortalezas (incluso las que tuvimos que revisar y agregar después de haber analizado nuestra historia personal como si fuera una película) nos prepara para sentirnos más seguros ante la incertidumbre misma de la vida.

Sabemos que las transformaciones internas pueden ser infinitas. Es importante conseguir reconocer cuándo no estamos lidiando bien con algún estado emocional, saber pedir ayuda, ser honestos y no avergonzarnos por ello. Dejar entrar a un otro en quien confiar, selectivamente elegido, para que nos acompañe en esos momentos a veces es complicado. Pero necesario. No estamos tan solos como a veces nos contamos. No tenemos que poder con todo solos por ser fuertes.

La fortaleza no se trata de no tener miedo nunca más, ni de vivir sin que nada nos perturbe. De hecho, se suele apreciar mejor cuando en esas situaciones imprevistas decide surgir desde nuestros recursos internos como si hubiera estado esperando aquel momento para acudir a nuestro rescate.

Saber identificar nuestros estados internos para comunicarlos o actuar en consecuencia según lo que requieran, es una fortaleza y una cualidad de alto valor para seguir cultivando.


9. Alimentar lo que nos hace bien

Dedicarle energía, tiempo, voluntad y ganas a lo que nos va haciendo sentir mejor en cada etapa es una gran cualidad que aporta valor a nuestra vida. No estamos dejando pasar la vida, ni sobreviviendo a ella. La estamos experimentando, descubriendo y disfrutando.

Es importante que dediques el tiempo que tengas o te hagas el espacio necesario para siempre estar haciendo algo que te guste y disfrutes. Puede ser una actividad, hobby, ejercicio, leer un libro, jugar a algo, dibujar, cantar, pintar, bailar, arreglar tus plantas, cocinar, decorar tu cuarto, meditar, escuchar música, tocar algún instrumento, aprender algo nuevo, llenar la bañera de sales, flores y velas para dedicarte un hermoso rato de relajación, apagar las luces para escuchar música tomando algo que te guste y registrando tus sensaciones físicas o sensoriales, etc.

Elegí algo que te encienda, que te recuerde el placer de estar presente y disfrutando. No escatimes el tiempo que le dediques, al contrario, tratá de ir aumentándolo. Miralo como si fuera lo que te cargara de pilas para lo demás que tenés planeado hacer. No es necesario invertir dinero ni irse de vacaciones, quizás te implique que seas un poco más creativo y explores cosas nuevas hasta saber qué es lo que te llena de alegría o enciende tus pasiones.

Si cuidás tu apariencia, no lo hagas exclusivamente antes de salir de tu casa. Probá hacerlo para vos. Arreglate por el gusto de disfrutar verte pasar al lado de un espejo. Por recordarte tu belleza externa como resultado de tu belleza interna. O elegí ropa que te represente mejor, que diga quién sos o qué te gusta. Adueñate de tu look, que no sea tan serio si te aburre. Siempre podés darle tu toque personal y por eso sentirte más arreglado o atendiendo esos detalles que son significativos y pequeñas demostraciones de autocuidado.

No hace mucho tuve una conversación con alguien de veinte años que me dijo que le entristecía ver cómo la gente más adulta se iba apagando. Yo le recordé que no a todos les sucede y que es cuestión de no resignarse a que la vida nos pase por encima y el peso de la rutina o los años nos oxiden. Que sólo se necesita voluntad y ganas. Y que si a ella la entristecía, que lo usara de motivación para siempre estar en movimiento por cosas que la encendieran en disfrute, en vez de sólo hacer las cosas desde la obligación y resignación. De nuevo reitero que las historias que nos contemos, en este caso sobre la edad o el paso del tiempo, tienen una influencia mayor de la que solemos reconocer. Elijamos cambiarlas por otras que nos mantengan en contacto con la alegría y el disfrute de un día más y no de un día menos. Todo termina siendo cuestión de actitud.


10. Liviandad y gracia

Cultivar el buen humor, estar más disponibles a divertirnos o a reírnos de cada situación, son valores necesarios de seguir cultivando. Nada es tan pesado como parece, y lo digo desde la alta sensibilidad que a veces se ahoga en un vaso de dudas de un segundo para el otro. Cuando uno libera las cargas, porque ordenó las responsabilidades y ya no se ocupa de lo que debe aceptar porque no está a su cargo cambiar, todo se vuelve más claro y ese orden trae liviandad.

Uno de mis signos favoritos de darme cuenta de que superé algo difícil es reírme al recordarlo. Porque en algún punto del camino hay ciertas cárceles mentales tan absurdas que sostuvimos tanto tiempo que, con los años, nos causa gracia recordar aquello como un verdadero problema. Reírse de eso no es faltarle el respeto a tu yo del pasado que lo vivió desde el sufrimiento, ni tampoco implica minimizar una emoción. Se da de manera espontánea cuando la distancia nos muestra otra nueva perspectiva acerca de la vieja historia que ya no tiene ningún efecto sobre nosotros. Aunque es verdad que no sirve de nada forzarse a reírse de algo que todavía supura y es una respuesta espontánea y automática que a veces surge y otras no.

Pero poder reírse siempre aliviana. Entonces, si no es de tu pasado, tratá de alimentar la risa o la liviandad de otras maneras. Comedias, bailar de formas ridículas cuando nadie te vea, jugar con las palabras, cambiar tu nombre buscando significados de grandeza, hablar solo sin criticarte ni entrando en temas profundos, garabatear en una hoja lo que se te ocurra, dibujar algo que sabés que no te va a salir solo para reírte de lo que quedó (quizás te sorprendas) o cualquier cosa que se te vaya ocurriendo que te genere reírte más y vibrar la vida desde la liviandad.

Porque en cada presente existen varias frecuencias energéticas disponibles desde donde vivirlo y las más elevadas son las más livianas. Al reírte o bromear sobre algo que te preocupaba le quitás el peso y lo empezás a vibrar desde frecuencias más ligeras que te permitan recibir nuevas perspectivas desde donde pensar lo mismo sin necesidad de que eso cambie en el exterior.

Jugá a cambiar los personajes de una historia que te cuesta aceptar, imaginate que le pasó a una amistad y al contártelo pensá qué consejos le darías, reemplazate por un personaje de ficción e imaginá qué habría hecho; escribí una carta que no vas a enviar para ver qué sale; permitite decir las cosas más horribles o políticamente incorrectas que no quisiste pensar sobre algo que te irritó; hacé un cartelito con un tema que ya no querés tener que sufrir más y, tomando las precauciones necesarias, quemalo imaginándote que por hacerlo ya se desvaneció de tu vida; decidí no tomarte nada personal durante las próximas 24 hs y cumplilo a rajatabla; inventate desafíos absurdos; etc.

Potenciá la creatividad para sentir más livianas las experiencias y así no olvidarte de cultivar más este gran valor siempre disponible en vos que, además, te conecta a frecuencias más elevadas.


11. Independencia

Este punto no se trata de vivir solo, no mantener a nadie o cosas por el estilo. Este valor o cualidad nos habla de sentirnos completos y satisfechos por nosotros mismos. De tener nuestros espacios privados o momentos exclusivos en soledad, está relacionado al punto de los hobbies, pero va más allá.

Te recuerda que adentro tuyo están disponibles muchos más recursos de los que solés registrar. La verdadera fuente de felicidad, riqueza o amor es siempre abundante, infinita e interna. Porque lo que tanto buscás afuera son los contextos para que esos sentimientos encuentren un cauce de salida o expresión. A pesar de que tu mente te convenza de que sólo en un determinado escenario (expectativa) sea posible ser feliz o sentirte pleno. El alma lo sabe y es cuestión de abrir las ideas para permitir dejarse sorprender.

La independencia te da libertad. Nadie te mira ni te juzga, no tenés que estar actuando. Aun cuando seas una persona auténtica que no cambies demasiado al pasar de tus ratos a solas a una conversación con alguien, siempre habrá una parte de vos que sólo se animará a salir cuando no se sienta observada. No la ignores. Cumplile el capricho y fijate qué sucede.

Probá hacer algo por vos mismo que antes siempre dependías de un otro. Desafiate. Ahorrá un peso por semana para probarte que más allá de la cantidad podés ahorrar. Porque el mensaje que le das a tu inconsciente es más poderoso de lo que te das cuenta. Estarías declarando y viviendo como una persona que puede ahorrar, nadie tiene que saber cuánto y no lo juzgues. Con lo que sea que elijas empezar está bien.

El objetivo de ser más independiente es hacerte tu prioridad, ponerte en el centro de tu vida para moverte desde ahí sin abandonarte. Y cuando aquella relación, que creías segura para siempre, se rompa de la noche a la mañana no te quedes tan desamparado, porque podés volver a ese centro y recuperarte el tiempo que lo necesites.

Se trata de mejorar la relación con uno mismo, más allá de cualquier contexto o desafío que la vida te traiga. Y si cultivás tus fortalezas internas desde el centro de tu independencia vas a ver que el mundo ya no te parece tan inseguro o desafiante como antes. Vas ganando autoconfianza y el sabor de cada experiencia posterior se siente distinto. Te tenés fe, de esa fe que te permite no volver a derrumbarte ante las dificultades porque confiás que sos capáz de trascenderlo por más que no sepas como. Y si encima creés en algún poder superior que te guía, más confianza te permitirá sentir. Porque hay situaciones que podemos soltar y confiar que el Universo, la vida, o Dios, es más sabio y sabrá guiarnos a cada paso para salir adelante como ponemos toda nuestra voluntad al servicio del avance.


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En definitiva, una persona de alto valor es auténtica sin miedos ni culpas, no teme brillar, no se traiciona, está segura de sí misma y desde su centro de poder (femenino/masculino) inspira como un faro a todos los demás, que todavía dudan de también poseer su propio valor tan inmenso. Además, brillar más no implica la perfección, sino la mera intención de vivir desde la armonía más pura, creando belleza para iluminar cada área de nuestro ser, como nos vaya saliendo.

"Mi vida es un portal para atravesar cada emoción en su intensidad con todo mi corazón y no voy a limitarlo por la tibieza de nadie"

Si bien a una persona de alto valor no debe interesarle si ser así conlleva recibir críticas o confrontaciones, es un detalle que es importante mencionar. No estás haciéndolo mal, ni tenés que ajustar nada. Simplemente tomá consciencia de que este tipo de energía llama la atención, o causa efectos. Y los demás sólo reaccionan. Desde lo que ven o proyectan en vos, o desde sus propias inseguridades. También habrá otros que lo valoren y te recuerden que estás radiante, cada día más, o te pregunten qué hiciste desde una curiosidad genuina por tomarte de inspiración. Pero a los que les moleste tu brillo o alto valor, no le debés explicaciones, justificaciones ni disculpas. Comprendelos desde la compasión amorosa de quien sabe que cada uno está en sus procesos internos (que tampoco debemos juzgar ni comparar desde la soberbia del ego) y por lo tanto no se lo toma personal.

Y por último me gustaría invitarte a que revises bien tu historia, porque en mi caso esta energía emanaba de mí, sin siquiera registrarlo. Cuando empecé a tomar responsabilidad y consciencia de esto, varios comentarios sobre las primeras impresiones que generaba en los demás y algunas de sus reacciones, finalmente cobraron sentido. Así que, quizás te esté pasando lo mismo y ni lo habías pensado...

"¡Que mágicas esas personas que sin darse cuenta van por la vida sintiendo a pleno corazón abierto, porque inspiran un montón!"


Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

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