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domingo, 25 de octubre de 2026

Lo nuevo incomoda


Cuántas veces habremos deseado que algo cambie o reiniciar desde cero, pero a la vez cuando se nos presenta una nueva situación, una parte nuestra se resiste a aceptarla completamente sin desconfiar...

Aparecen las mismas voces que nos recuerdan experiencias anteriores con algunas similitudes y las interpretamos como advertencias para no volver a cometer los mismos errores si queremos obtener nuevos resultados. O simplemente nos apresuramos a juzgar de positivas o negativas las nuevas circunstancias sin siquiera terminar de darles el primer vistazo.

Pareciera que dentro nuestro hay un mecanismo latente que se activa de forma automática ante la mínima señal para prevenirnos volver a sentir dolor o sufrimiento. Y en realidad es lo que nos permite evitar exponernos a situaciones de peligro innecesario, por lo tanto, termina siendo imprescindible a la hora de cuidar nuestra integridad. El tema es que cuando capta las señales las juzga de peligrosas o seguras con demasiada inmediatez y siempre basándose en patrones de experiencias pasadas almacenadas en nuestra memoria. Y cuando el desafío es completamente nuevo no hay un registro desde el cual actuar para sentirse menos expuesto o más protegido. Por lo tanto, la tendencia a mantener el control nos puede limitar de vivir más plenamente lo nuevo.


Ditípico de formas flotantes y luz etérea
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Este tema tiene demasiadas aristas porque no podemos obviar que el cúmulo de experiencias en nuestras memorias a veces está saturado de situaciones irresueltas a nivel emocional o de interpretaciones poco favorables para nuestra evolución más amorosa o fluida. Lo que termina generando mayores trabas en nuestros avances, porque hay muchos miedos o culpas que ni siquiera tienen verdadero fundamento, pero que igual se nos quedaron grabados prácticamente con la impronta de un trauma. La gran parte de ellos desconocemos seguir almacenándolos, ni registramos que las huellas de nuestros primeros años tenían tanto impacto, que quizás nuestro nivel de consciencia y comprensión de aquel viejo momento nos impedía sacar mejores conclusiones, o solo se trataban de experiencias demasiado dolorosas como para asimilar y superar del todo ni bien ocurrieron.

Es por eso que la necesidad de revisar esas historias, casi oxidadas de tanto repetirlas, se vuelve tan imprescindible en una parte del camino. Y aún así, se nos pueden volver nuestras propias cárceles mentales si no sabemos cuando dejar de sostenerlas.

Encontrar patrones o similitudes en las nuevas circunstancias nos es inevitable. Digamos, por simplificar bastante, que es el método preferido de nuestra mente para organizar la información que recoge de cada ambiente. Es la forma más práctica que utiliza para ordenar grandes cantidades de estímulos que absorbe en simultáneo. Pero a pesar de ser un proceso inconsciente o una tendencia orgánica en nuestras funciones cognitivas no estamos presos en una jaula ni encerrados en un bucle infinito. Nunca fuimos tan impotentes como solíamos creer...

Además de limpiar y ordenar nuestra mente de viejas historias que pudimos encontrarles nuevas interpretaciones favorables para superar experiencias difíciles, fuimos aprendiendo a apreciar mejor nuestro poder personal de decisión. Porque podemos pensar o sentir lo que sea, que lo importante terminará siendo qué decidimos hacer con ello.

Controlar lo que nos llega o qué impacto psicoemocional nos causa siempre nos fue imposible, pero decidir cómo actuar o desde qué actitud afrontarlo siempre serán nuestras mejores opciones y estarán incondicionalmente disponibles.

Solo se requiere de un cierto grado de consciencia o atención para no responder de la manera automática o el rechazo inmediato a lo nuevo que nos aparece. A mayor presencia, mayor facilidad de reconocernos repitiendo una respuesta automática, en vez de haber evaluado si es la mejor de las opciones.

Jamás seremos los mismos que ayer. Las experiencias acumuladas nos otorgan sabiduría para tomar mejores decisiones, reconocer antes esos miedos, decidir dar nuevos pasos aún cuando sintamos incomodidad o no estemos tan seguros y para al menos admitirnos en voz alta que seguimos resistiendo a los cambios.

Es momento de sincerarnos y poder reconocernos cómo nos sentimos ante los nuevos escenarios. De dejar de luchar por no sentirnos como nos salga o por si lo que nos llega debería ser así o de otra forma. Porque no podemos hacer nada con lo que no se puede controlar, pero si podemos decidir mejor cada vez.

¿Estamos permitiendo o nos estamos protegiendo?

¿Por qué resistimos?

¿A qué le tememos tanto? 

Quizás un par de respuestas genéricas a la última pregunta podrían ser "a que me pase lo mismo de nuevo" o "a que otra vez falle/sufra" y claramente jamás lo sabremos hasta que eso suceda en un futuro que nunca podemos predecir con certeza. Las posibilidades siempre serán todas. Contemplá que las memorias acumuladas no te confundan ni te hagan olvidar del otro 50% de posibilidades positivas siempre disponibles para cada situación.

Lo que nos llega siempre conviene aceptarlo tal cual es y sin resistencias para poder decidir sin que nuestro juicio se tiña de un pasado que ya no existe. Esto no significa que no podamos responder distinto o que nos resignemos permitiendo algo que nos dañe. La aceptación y permiso es hacia lo que nos llega o hacia los efectos internos que nos pulsan inconscientemente. De otro modo siempre estaremos luchando contra una parte nuestra que lo único que busca es protegernos del dolor. Y si hay lucha hay conflicto y no hay paz ni la claridad necesaria para decidir desde la sabiduría acumulada o nuestros recursos internos para afrontar cada situación.

Habrán leído esos antiguos proverbios acerca de que siempre la persona que llega es la correcta, siempre lo que se va se tenía que ir, etc. Y se basan precisamente en cultivar esa aceptación de permitir que lo que nos llega/sentimos lo aceptemos sin resistirnos para luego ver qué podemos, queremos y nos conviene hacer con ello.

Lo nuevo suele venir acompañado de un silencio incómodo, una sorpresa que nos deja sin respuestas predeterminadas que nuestra mente pueda rastrear al instante, o un miedo a no saber cómo responder. Y lejos de ser una mala señal, en muchos casos, termina siendo todo lo contrario. Porque no todo lo conocido ni cómodo es lo mejor y nos ayuda a avanzar más fluido.

Tenerlo presente nos ayuda a superar ese instante de incomodidad para ir descubriendo en la experiencia que no todo tiene el mismo sabor, que hay nuevas facetas o recursos muy nuestros esperando aflorar de nuestro interior y nos invita a confiar, apostando en que somos más capaces de lo que solemos darnos cuenta.

¿Cuántas nuevas oportunidades habremos dejado pasar por no darnos la chance de superar un instante de incomodidad?


Ditípico de formas etéreas y cristalinas
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Quizás sea momento de no quedarnos de nuevo con esa intriga y animarnos a ir por mucho más.


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