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domingo, 18 de octubre de 2026

Desaprender para aprender todo al revés | Volver a ser vos


Aprendiste a mirarte a partir de la mirada de los que te rodearon.

Y en silencio, sin notarlo, fuiste tallando con sus formas cada impulso que te nacía,

resignando tus particularidades para que encajaran en los moldes de sus expectativas,

llenando los casilleros de sus listas, 

habiendo moderado la intensidad de tus enojos y caprichos para no disgustarlos, decepcionarlos ni preocuparlos,

habiendo hecho de la costumbre de forzarte a cumplir la única vía para no perder la conexión, sus aplausos y la palmadita en la espalda de su tan ansiada aprobación.

Ahogando tus reclamos, agachando la mirada hacia la punta de tus zapatos, para recordar cuál era tu lugar y no retrasarte en seguirle el paso a los demás.

Porque el reloj sigue corriendo su eterna maratón siempre hacia adelante y nunca hay tiempo para pararse a pensar, o la incomodidad y el silencio de esa tan urgente pausa que tu intuición te grita desde la boca del estómago es más aterradora que mantenerse en marcha como siempre.

Sin embargo, en algunos momentos, los ojos que te miraban desde el espejo se sintieron ajenos. La catalogaste de una extraña sensación, habrás esquivado tu propia mirada más veces de lo que te permitiste admitir, o encontraste un falso refugio en excusas como la edad, la somnolencia del recién levantado, algunas experiencias que te dejaron marcas, etc.

¿Y si el ajeno eras vos, en vez del reflejo de tu mirada?

¿Si ese vos nunca te fue del todo propio?

Quizás era un collage de miradas de otros donde el gran ausente era tu propio punto de vista...


La identidad que construimos desde afuera
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


Nadie puede sentirse tan cómodo ni pleno dentro de un personaje con el que no termina de conectar emocionalmente. Te podés resignar a actuar desde el rol que te tocó, asumirlo a tal punto que te autoengañes creyéndote realmente feliz.

Pero la vida es tan sabia que cada cierto tiempo nos regala una crisis. Como en la adolescencia que se te rompen las imágenes de superhéroes que le diste mentalmente a tus padres y te cuestionás quién estás siendo mediante la comparación con tus pares, amigos o nuevos ídolos de turno. O la que aparece cerca de los cuarenta para preguntarte si estás conforme con el curso que le diste a tu vida, si estás siendo el verdadero protagonista o un mero espectador sentado en una butaca de cine que se preocupa más por el sabor de los pochoclos o el volumen de la sala que por seguir la trama.

Y de a poco recordás el poder y la sustancia que emergen de hacerte ciertas preguntas. Esas que a veces te cuesta articular en palabras, que se sienten con un cansancio repentino aunque persistente, en un nudo en la garganta que aparece esporádicamente o disfrazadas de enojos desmedidos ante nimiedades. 

Cuando decidís registrarlas y animarte a pronunciarlas en voz alta, aunque sea en la oscuridad del silencio, frente al espejo, o en un desborde de lágrimas al hablarlo con un amigo; estás dando un paso gigante.

Podrás pensar que descubriste un enorme cuarto oscuro que no está nada vacío y como no hay tecla para encender la luz vas dando pasos cautelosos con la luz de una pequeña linterna. Y aun así, el paso más difícil era entrar al cuarto.

Porque encontraste todo lo que se fue acumulando sin darte cuenta en el fondo de tus recuerdos y que desde la sombra del desconocido inconsciente pulsaba para que lo escucharas, pudieras revisarlo, hacer limpieza y finalmente darle el orden que necesitabas.

El disfraz del personaje que se creó desde el afuera jamás le hizo verdadera justicia a tu riqueza interna. Y sólo cuando te adentrás en tus propios abismos se empieza a entender.

La sombra que tanto asustaba escondía tus más preciados tesoros, el único problema que tuviste probablemente se trató de que te enseñaron a verlos como si fueran objetos inútiles o basura. Y para los demás puede que hayan sido totalmente inservibles, pero para vos siempre fueron tus mejores recursos.


Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Si lo pensamos desde un sentido evolutivo cada generación trae mejoras, como si fueran actualizaciones del sistema. Y eso ocurre a todas las escalas. Por ejemplo, en una familia, los más chicos traen soluciones a conflictos que llevan años siendo ignorados dentro del clan. El tema es que los adultos no poseen ese recurso o solución y ante los ofrecimientos de los más chicos se suelen resistir o ni siquiera tomar sus palabras con la seriedad que se merecen. Hace un tiempo grabé un video sobre este tema proponiendo ver esos dolores o molestias como nuestros verdaderos aliados en los procesos de transformación (que si te interesa, después de esta lectura, te invito a verlo acá). Otras veces sucede que la resistencia de los adultos a escuchar las soluciones que proponen los más chicos nacen desde actitudes más orgullosas que sus egos no les permiten siquiera registrar.

Porque las molestias, dolores, angustias, enojos o indignaciones de tu sombra jamás fueron casuales. Tenían un propósito o sentido mayor. No eran para que vivas torturándote ni luchando por no sentirlas, sino para que les prestaras atención. Aparecían para que sepas que en esas áreas de tu vida hay un potencial de cambio y de hacer las cosas diferente a lo que te enseñaron o a lo que viniste haciendo. Y si las aceptás sin resistencia esas transformaciones muchas veces suceden de forma orgánica. Quizás solo necesitabas admitir en voz alta un miedo, para saber seguir caminando con coraje sin que esa idea te frene de hacer algo distinto o que tanto deseás. O que dejes de juzgar tus mejores cualidades y te entregues a cultivarlas hasta que den los mejores frutos.

El camino era dejar de pensarse desde el afuera, tus entornos, circunstancias o contextos para entenderse y pensarse desde adentro con mayor honestidad, amor, validación y sabiendo con qué recursos contás para resolver esas molestias, o para ir hacia donde realmente siempre quisiste y otros te convencieron de que era ingenuo o demasiado irreal.

Todos tuvimos diferencias con nuestros entornos. A mayor diferencia, mayor potencial requiere que lo rescates para validarlo y desarrollarlo en su plenitud. Porque en un mundo donde algunos solo buscan repetir fórmulas que les funcionan a otros, las personas más auténticas brillamos sin esforzarnos ni buscarlo. Eso que siempre te criticaron, es lo que te hace más único o distinto. Y probablemente todos necesitemos que dejes de reprimirlo para ponerlo a disposición desde tu lugar.

Por lo tanto, aprovecho la oportunidad que me otorgás al leerme, para recordarte lo importante que es para todos que hoy seas más vos que nunca.


Si te interesa seguir leyendo te sugiero que revises este artículo o este otro.


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