Es común creer que tener números maestros en el mapa te hace especial. Comienzo aclarando este mal entendido, porque está lejísimo de ser verdad. Primero que todos somos especiales para alguien o en algún sentido y los números maestros no nos hablan de ello.
La maestría de los números, que otros conocen como "números espejo", es bastante distinta de lo que la gente se imagina. Proponen un camino de crisis, transformaciones profundas, resiliencia y aprendizaje tal, que luego se vuelva el recurso disponible para vivir mejor, o que con su simple presencia les muestren a los demás una salida distinta que nadie hubiera imaginado que existía en primer lugar.
Tampoco es lo mismo la ubicación de cada número maestro dentro del mapa numerológico de una persona o país. Si lo tenés de misión vas a atravesar primero su sombra para poder expresar las vibraciones más elevadas de dicho número, pero va a ser un camino de incertidumbre que cada paso te va a llevar al siguiente porque estás experimentando todas las frecuencias de dicha energía. Por lo tanto, no es una energía que los demás identifiquen en vos, ni tampoco será cómoda desde el comienzo. En cambio, si lo tenés en la personalidad ese número ya viene integrado. Y siendo una persona que tiene un número maestro de misión, les puedo decir que tenerlo en la personalidad es mil veces mejor. Porque no es tu destino pasar por pruebas tan difíciles como para recién después de años de oscuridad ver la luz. Si pensáramos de una manera más evolutiva traer el número maestro en tu personalidad quizás implicaría que es una energía que ya dominás de vidas anteriores. No te evita las crisis, pero te recuerda que esos aprendizajes y recursos para atravesarlas los trajiste desde el nacimiento. El número maestro de destino lo está descubriendo cada día que pasa y hasta duda de saberse capaz de atravesar cada tormenta.
El país Argentina es personalidad 44. Y algo de ello ya les contaba en el análisis numerológico de la final del mundial de Qatar 2022 (que después les sugiero leer acá si están interesados). Su número de destino es 5 y está atravesando un año personal 8. No pretendo hacer un análisis tan detallado de su mapa, pero los pongo en contexto por si les despierta curiosidad. Además de mostrarles que no sólo importan los números que tengan, sino las dinámicas que se generan al combinarlos y sus compatibilidades.
Si tuviera que resumir en una palabra el 5 de destino o misión de Argentina, sería LIBERTAD (en su mayor virtud, porque en su peor versión podría ser tiranía). Pero como expresaba anteriormente es una energía que tiene que ir explorando a cada paso comenzando por su parte más difícil de atravesar. Y si redujera a una palabra el 8 del año que transitamos sería PODER (en su mejor versión porque en su vibración más baja sería desempoderamiento o hasta agresión), aunque si lo combinamos con el 1 del año nos da un 9 y podríamos resumir a grandes rasgos que ese poder tiene que inclinarse a cerrar un ciclo para ganar mayor libertad. Dicho de otro modo, debe liberarse de ciertas tendencias al ejercer su poder que coartaban su libertad. Y esta sería la dirección que este año le estaría sugiriendo la energía, el 1 del año le da la oportunidad de iniciar un nuevo camino, una nueva mirada o forma.
Pero ante el desafío de este año está parado un número maestro. Cuya sombra es un 8 y esto puede activarse para hacer la liberación a la fuerza. Aunque también puede explicarse con la irreverencia ante el poder que se ve tanto en la supuesta idiosincrasia argentina.
Porque el 8 es el número del infinito por eso se lo asocia al poder y se dice que es el más agresivo de los números. Tiende a controlar e imponer, en vez de negociar y consensuar. Es el arquetipo de la economía y del jefe que administra los capitales materiales y humanos de una empresa, por ejemplo. Y en las crisis maestras de un 44, que busca transformarse desde la raíz más profunda para construir un sistema mucho más elevado para sí mismo y para los demás, tanta fuerza se siente caótica o hasta tanto poder puede volverse demasiado violento. Pero no se asusten que por más fuerte que se exprese, y hasta cuanto más roto parezca, los recursos que emergen para atravesarlo son tan resistentes como los diamantes que solo se forjan bajo alta presión.
La maestría del 44 busca construir cimientos verdaderos, rompiendo todo lo que no logra sostener lo esencial. Puede doler, lastimarse demasiado, pero jamás se quiebra. Porque lo que se preserva es lo que permite construir tan alto como nadie antes se imaginaba posible. Quizás por eso se lo relaciona con el faro universal. Cuando se llega a esa cima su luz muestra un camino inédito, que siempre estuvo oculto en las tinieblas esperando que alguien lo ilumine.
La luz se ve por contraste a la oscuridad e iluminar molesta a los que prefieren seguir contándose viejas historias desde las tinieblas.
Lo que destaca siempre despierta reacciones. Y acá me permito hablar en general, más allá de Argentina. Porque para bien o para mal suele destacar, pero según cómo se interprete esto no todos saben reconocer las virtudes y prefieren enfatizar los defectos. Por lo tanto hablemos en general, cuando alguien brilla tanto opaca el brillo de los demás o muestra que se puede subir la intensidad poniendo más coraje, voluntad, propósito, talento, enfoque y ello suele despertar un sinfín de reacciones. Algunos los ciega la admiración, a otros los confronta con su propio brillo, a algunos les da envidia, a otros los enfurece, y siempre hay quienes intentan moderarle o apagarle su intensidad para minimizar su alcance o hasta para encajarlos en el mismo molde controlable de los demás.
Si les soy sincera son las observaciones que menos me gusta tener que escribir. Podrán notar cómo desde el comienzo vivo repitiendo el slogan de SOMOS SOL acerca de recordar su propio brillo y si se encuentran a alguien a quien eso le moleste, dejen que se tape los ojos porque tienen derecho a brillar a todo su potencial y no a media máquina para no incomodar. Pero esos consejos no nacieron de la nada. Vienen de muchas experiencias donde mi intensidad fue cuestionada, criticada, controlada y ninguneada. Y quizás no todos lo llamen brillo, pero en términos de autoconocimiento es lo mismo que decir esencia o autenticidad.
Y volviendo al título de este artículo, Argentina se muestra desde su maestría 44 que busca cumplir su destino de libertad, de poder expresarse tal cual es sin ser menospreciada por eso. Sin tener que moderar su esencia para no incomodar a otros, sin que la quieran encasillar, ni arrodillarse ante un supuesto poder de turno. Y no estoy hablando de política sino de empoderamiento. El 44 con la fuerza del 8 ilumina el camino construido como un sistema y que como tal siempre contempló a los demás que quisieran ser parte. Porque los números maestros implican a los demás, por eso se dice que son números volcados al servicio. Sus transformaciones nos sirven a todos. A veces eso se expresará de maneras relacionadas a una nueva visión, mentalidad, o a la educación al guiar a los demás como se suele decir del 11, pero el 44 construye en silencio y a ritmo sutil. Derrumbándose para quedarse solo con los mejores materiales y bases que permitan sostener el faro más alto. Un faro sin barcos que guiar no cumple su propósito, además de haber sido construido para ser funcional.
Como venía diciéndoles en los últimos artículos, el poder de las narrativas que elijamos para contarnos la realidad nos filtrará la mirada. Por eso me permito compartirles estas reflexiones recordándoles que no se olviden de interpretarlas desde su propio discernimiento, contrastándolas con la información que crean necesaria y formando sus propias opiniones. Desde mi lugar, me gusta aportar algunas ideas basadas en patrones que, como 11 de misión o destino que tengo, me inspira a expresar y compartir.
Hablemos un poco de la copa del mundo que terminó recientemente. Como evento capta una de las mayores audiencias globales. Más de un billón de personas concentrando su atención hacia el mismo punto. Dicho así es innegable el poder que despierta. Para algunas personas eso lo vuelve tanto un foco de distracción de otros eventos que ocurren en simultáneo, como el escenario ideal para imponer nuevas narrativas o discursos de cualquier tipo.
Si a ello le sumamos un par de sucesos astrológicos como los que se dieron en la final del 19 de julio con un Júpiter en Leo y La Canasta de Barbault (una alineación singular en el grado 4 entre tres planetas transpersonales del inconsciente colectivo como Urano, Neptuno y Plutón, junto a Júpiter que forma parte de los planetas del inconsciente personal pero en Leo el signo del Sol, del empoderamiento, que tiende a dominar o quererse imponer con firmeza) es como si hubiéramos encendido todos los reflectores del escenario a la vez. No soy tan experta en astrología, pero oí a varios astrólogos hablando del cambio del eje de poder que, al combinarse los elementos de aire y fuego representando al espíritu y a la mente en acción, purifican lo necesario para gestar la matriz de un futuro a nivel de una consciencia colectiva más despierta. Y me hizo todo el sentido que mi inspiración me estuviera dictando para hablar en estos últimos artículos acerca de los discursos. Yo lo llamo intuición, aunque también tengo demasiado piscis en mi carta como para no enterarme de lo que involucra Neptuno y a Júpiter, que además lo tengo en su signo natural.
Pero no me voy a adelantar, porque desde el comienzo del torneo vimos aparecer un sinfín de discursos en las redes, en los medios y hasta nosotros mismos repitiéndolos sin darnos cuenta. Y si bien soy demasiado empoderada, y a todo orgullo gracias a mi ascendente leo, como para dejarme influenciar por discursos ajenos... el mundial ya es una competencia deportiva que enfrenta a países e hinchadas. Nos separa para competir, pero nos separa en fin, en vez de unirnos en un momento donde estaba por cambiar el eje de poder, donde se revelaban nuevas visiones para elegir mejores opciones desde donde pensarnos empoderados de nuestro propio camino.
En este punto algunos estarán pensando en un grupo demasiado selecto que domina el mundo por sobre los demás y elige guiar la atención de la mayor cantidad de personas para enfrentarnos. Además de que el último día coronan a un país cuyo pasado de colonizador lo precede, en vez del único país (incluso el único de los cuatro semifinalistas) que no fue colonizador sino colonia, logró independizarse y ayudó a varios de otros países en sus procesos de independencia (como San Martín en Chile y Perú, o las Provincias Unidas del Río de la Plata en el Caribe, por nombrar dos ejemplos rápidos). Pero para los que hayan pensado en esto o algo similar dejenmé decirles que ese es otro discurso que enfrenta y separa. Y que por sobre todas las cosas busca desempoderarnos. Nos hace sentirnos víctimas de un mundo injusto, usando las heridas abiertas de varias naciones para darle peso a sus palabras y seguir ahondando en historias de superioridad, rechazo y odio. Podrán disentir conmigo, pero no suena demasiado favorable para lograr un empoderamiento sano. Además, repite el mismo viejo error de siempre: ceder nuestro poder a un otro.
Porque sea quien sea ese otro el poder sigue estando afuera. Cuando en realidad y en el día a día te relacionás con gente de esas naciones y continentes lejanos de lo más bien. Todos los países tienen un pasado, bastante oscuro por distintas razones, y si algo me enseñó vivir en Argentina es que los gobiernos y políticos rara vez, o casi nunca, representan los mejores valores de su pueblo. Por lo tanto, jamás serán puntos de referencia para conocer bien la idiosincrasia de un país.
Y si vamos más allá, ¿quién define la idiosincrasia de toda una nación? Si ni siquiera sabemos quiénes somos nosotros y tardamos años en ir descubriéndolo, siempre va a ser erróneo y reduccionista hablar de un grupo de personas generalizando tanto. Por eso si te ponés a pensar, todo termina siendo una ridiculez, o al menos llevándote a una falacia sobre la cual vas a fundar tu idea de mundo.
Yo prefiero mirar a los ojos a las personas sin importarme su nacionalidad ni ninguna otra categoría impuesta por otros. Todos tenemos un corazón que bombea sangre para mantenernos con vida, respiramos el mismo aire y buscamos ser felices. Quizás no compartamos la misma idea de felicidad y esas diferencias sean mucho más enriquecedoras de lo que nos lleguemos a imaginar (como les decía en anteriores artículos). Pero hasta del político que más te desagrada se puede aprender algo, aunque sea al menos no repetir en tu vida lo que te duele tanto ver en él.
Y volviendo a la numerología, cada uno decidirá qué pensar acerca de lo que desató el 44 maestro de Argentina durante el mundial. Sin darle cualidades de virtud o de defecto, es innegable que se destacó tanto en lo deportivo como en lo social. Y como pasa con el servicio de todos los números maestros, al aparecer en un escenario capta miradas e invita a que los otros se miren al espejo. Porque la esencia del faro es sólo iluminar.
Quizás para cerrar esta reflexión no haya mejor forma que esa. Los invito a mirar qué les despierta lo que va sucediendo en el mundo y a revisar mejor que no estén cediendo su poder personal, repitiendo discursos de otros. Especialmente de los que se propagan con las intenciones de sembrar odio, discordias o miedos.
Y no me puedo despedir sin antes reconocer desde mi admiración personal que el 44 maestro de Argentina además de desatar hasta campañas Anti-Argentina mostró: formas distintas de hacerle frente a las adversidades, fuerza física a veces sólo empujada desde el coraje del corazón y el propósito de cumplir un deseo colectivo y desafiando hasta la edad o lógica del físico de algunos jugadores, irreverencia ante el supuesto poder priorizando su expresión genuina en vez de aceptar sumisión, seguir intentando con total entrega hasta el último minuto, que en los festejos todos son bienvenidos, que la alegría se contagia, que la unión hace la fuerza, cómo lograr que un país históricamente tan exitista se rinda en elogios y festeje una medalla de plata incluso con la ilusión rota, que no hay que sobrevalorar los resultados por encima de los procesos, que los triunfos tienen distintas formas de valorarse más allá del premio que otros te otorguen, en especial con el ciclo de Scaloni nos recordó que perder una final también era posible como ya nos había dicho en algún momento (porque, salvo por su comienzo que nos dejó semifinalistas de una copa américa, nos tenía malacostumbrados a ganar todo torneo que se jugaba o a liderar todo ranking durante períodos de más de dos años y perdiendo sólo 10 partidos en sus casi 8 años de entrenador con 104 partidos jugados), que Messi es cada día más brillante y extrañaremos disfrutarlo cuando se retire, que la amistad y la familia en un equipo son extras invaluables, que jamás se subestima a ningún oponente aun cuando te falten el respeto porque para responderles está la cancha, que se puede ganar tanto sin haberse ganado la copa, que el amor y la unión protegen y vencen siempre al odio y las mentiras, que la grandeza no se devalúa por quienes no sepan ni quieran apreciarla, que no se necesita ganar cuando el éxito verdadero es disfrutar de ser quién sos en su máximo esplendor ya sabiendo lo que valés más allá de todo reconocimiento externo o de medirte con otros, y si algunos rumores son ciertos también demostraron que saben elegir el bien común a futuro por sobre la satisfacción personal inmediata, por nombrar algunas cuestiones nomás. Por las cuales siempre les estaré agradecida.
Dejen en los comentarios sus opiniones al respecto así sumamos perspectivas nuevas leyéndonos.
Si les interesa continuar con la lectura de este tema los invito a leer qué nos propone la numerología de este año 1 acá, o artículos anteriores relacionados.
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