Si bien no me gusta hablar de "cómo está el mundo hoy" me es imposible no nombrar ciertas tendencias que me inspiran a tratar de entenderlas mejor. Me refiero al odio y al desempoderamiento ante los avances tecnológicos y otras cuestiones.
Considero que la actualidad es demasiado compleja como para reducirla a una única narrativa tratando de describir cómo es el mundo en este momento. Además, deberíamos cuestionar la subjetividad de quién lo dice y sus intereses o motivaciones internas desde las cuales se expresa para no comprar cualquier discurso. Hace años que ya sé que no vemos el mundo como es, sino que lo vemos como somos nosotros. Y si es una idea que nunca leíste te pido que le prestes atención...
Cada persona juzga o valora las circunstancias desde sus valores o ideales personales. Objetivamente el mundo es, y en él encontraremos lo que estemos motivados a buscar en primer lugar. Porque comprende todos los matices al mismo tiempo y no es lo mismo cuáles elijamos destacar y cuáles descartar para describirlo.
Por lo general, las personas describen la actualidad desde su subjetividad y más inclinadas a priorizar su sentir o la relación con los hechos que tratan de explicar. Al ser seres subjetivos no podemos escapar de ello y esta tendencia a describir algo según cómo nos hace sentir se presenta en todos los aspectos mucho más seguido de lo que nos damos cuenta. Por eso dos hermanos describen la misma situación familiar vivida en su infancia de dos maneras distintas. No lo hacen contando lo que pasó, sino más bien lo que cada uno pudo o supo valorar, o hasta influenciados por sus expectativas y lo que les hizo o no sentir. Por eso no creo que se pueda acordar que el mundo está de una determinada manera sin que esta termine siendo simplista y errónea.
Ahora bien, eso no quita que no notemos ciertas tendencias colectivas y que no debamos revisarlas desde una mirada más consciente o amorosa. Porque quizás lo que más nos evidencian es la falta de empoderamiento y de precisamente más amor.
Entendiendo mi aclaración acerca de las subjetividades, es fundamental que no perdamos de vista que las narrativas que encontremos sobre el mundo de hoy deben ser siempre sometidas al filtro de nuestro propio discernimiento. Aun así cada día me encuentro con nuevas historias que siguen dividiendo y confrontando a una misma humanidad que se aleja de reconocerse positivamente desde la diversidad que la compone. Se falta el respeto, se discrimina y se agrede a sí misma desde una de sus mayores virtudes. Porque cada voz es importante e imprescindible de escuchar para crecer, enriquecernos y evolucionar entre todos.
A veces ya ni importan los argumentos que aporta cada voz, sino que pesa más quién lo está diciendo. Y esto no es casual, sucede así para poder descalificar de antemano cualquier opinión. Para seguir sosteniendo la idea previa que se formó mentalmente (lo que en psicología se conoce como "sesgo de confirmación"). Pero si ni siquiera escuchamos al otro, ¿qué nos queda?
¿Se debate para plantear cómo mejorar o se debate para tener la razón? ¿Se habla para expresarse y escuchar a un otro también hacerlo con el fin de llegar a hacer acuerdos, o para querer convencerlo de nuestra idea/postura? ¿Hablamos de los asuntos de los que somos responsables o de los ajenos? ¿Somos capaces de reconocer que los argumentos de otros sean tan válidos como los propios, aun cuando opinemos lo contrario? ¿Somos capaces de cuestionar nuestros ideales sin que ello implique sentirnos ofendidos? ¿Tenemos la capacidad de cambiar nuestra opinión o seguiremos sosteniendo lo mismo a cualquier precio?
Nadie escapa a seguir teniendo un ego que se nos entromete sin darnos cuenta. Y en cualquier debate o conversación aparece disfrazado y sin pedirnos permiso. La mayoría de conflictos vienen cuando hablamos desde nuestro ego, que se resiste a ceder por orgullo. Y si no somos conscientes de ello, nos estamos perdiendo la oportunidad de crecer a partir de las diferencias que nos aporten los demás.
En ocasiones encontraremos discursos con los que no estaremos de acuerdo, por nuestros valores personales o experiencias de vida, pero eso no implica que debamos descartarlos sin escucharlos. Porque siempre estaremos abiertos a incorporar nuevas miradas, a comprender desde la empatía que un otro no piense como nosotros sin que ello genere ningún inconveniente en la convivencia. A lo sumo nos sirve para saber qué no nos gusta repetir en nuestra vida, cómo no queremos ser, qué límite jamás cruzaríamos, etc.
Sin embargo, hoy es más común escuchar que esas diferencias generen divisiones irreversibles. Se van descartando grupos enteros de personas por haberlos sometido mentalmente a hacerlos encajar en una categoría invisible que hay que denigrar o combatir. Se forman otros grupos que sistemáticamente se atacan entre sí, se cancelan o están pendientes de nombrarlos cada vez que puedan para humillarlos, les siguen los pasos invadiendo de hate sus últimas publicaciones, o cosas similares. Como si hubiéramos vuelto a la época de las hogueras cuando más allá del fallo de una corte, inevitablemente la opinión pública los condenaba a las llamas.
Sé que la comparación suena exagerada, pero fijensé por ustedes mismos las similitudes. El punto es que es más fácil dejarse arrastrar por las olas de odio que sostenerse en pie viendo el mar retirarse de la orilla. Y no se crean que es algo tan ajeno, porque ¿cuántas personas ven que alguien postea que hace algo distinto y tienen que soportar miles de comentarios criticándolos, enseñándoles moral o lo que deberían haber hecho? Es tan amplio que va desde un peinado, una forma de criar a tu hijo, un gusto de comida, a una opinión religiosa o política, etc., etc. Y lo peor es que no se mide el efecto que causa cada palabra en esa persona.
Y todos lo habremos hecho, en mayor o menor medida, alguna vez. Por eso saber que uno no ve el mundo como es, sino desde la lente filtrada de cómo somos, debe llevarnos a revisar nuestros valores. Dominar nuestro ego para que prevalezcan el respeto y la apertura a crecer a partir de cualquier diferencia. No perder de vista jamás qué tipo de persona estamos siendo al opinar y si nos gustaría recibir un comentario como el que estamos haciéndole al otro, o es mejor elegir otras palabras.
Puede que no obtengamos de vuelta el mismo respeto o empatía, pero como no lo hacemos por agradar ni por convencer, podemos aceptar y permitir que el otro elija cómo ser desde sus valores, perspectivas y responsabilidad.
Porque si tenemos bien en claro lo que nos corresponde estaremos ejerciendo nuestro poder personal de decisión de cómo actuar o responder en cada situación. Y hablando de empoderamiento me parece clave relacionarlo con ciertas cuestiones que nos van desempoderando sin darnos cuenta.
La primera es elegir repetir narrativas de otros sin haberlas ni siquiera cuestionado. Como les decía, es fácil dejarse arrastrar por la ola y debemos recordar filtrar todo desde nuestro discernimiento. Hay que preguntarse si lo que leo, escucho o repito sin pensar me representa en valores y si no tiene un interés oculto detrás. Porque muchos discursos colectivos no surgen de la nada, sino que se imponen o impulsan con un objetivo específico. Muchos de esos objetivos simplemente buscan aumentar la división, el odio o la descalificación de otros. Probablemente para sembrar caos o reinar sobre eso, otros serán con intereses políticos o de cualquier tipo, pero la mayoría tiene un objetivo implícito. Y si dicho objetivo no es constructivo, entonces no compremos esos discursos. Pensemos antes de repetirlos porque los leímos o escuchamos mil veces en voces de otros. No importa que sean voces con cierto prestigio, podemos respetar y admirar a alguien y no por eso debemos pensar como ellos. Cada quién es libre de pensar lo que elija. Y recordarlo es recuperar nuestro poder para empoderarse. Nuestras decisiones tienen un inmenso poder y a veces lo olvidamos, las dejamos vacantes para que otros decidan por nosotros o las cedemos para luego echar culpas afuera cuando los resultados nos desilusionan. Pero el precio de ceder tu poder personal es demasiado alto.
Una tendencia que vengo notando con respecto a la tecnología es que ahora mucha gente consulta todo con la IA. Y si bien yo también la utilizo (y con bastante frecuencia), estoy siempre atenta a filtrar la información que me da. No sólo por los errores, que cometen más seguido de lo que admitirían, sino que también por no dejarme influenciar a la hora de decidir. Una cosa es consultar o usar una herramienta y otra muy distinta es dejarse usar o depender de ella. Y lo mismo podríamos decir de las redes sociales y los algoritmos.
Usemos la tecnología a nuestro favor y con discernimiento. No confiemos sólo en lo que nos digan, contrasten la información, sostengan sus criterios y no cedan su poder personal a que una herramienta tecnológica les diga qué hacer, qué va a suceder o qué son capaces de lograr.
Porque no sé si estarán de acuerdo, pero a mí ya me aburre ver cómo todos los contenidos "están cortados por la misma tijera". Entiendo que la IA te aconseja en base a su archivo de datos con miles de registros de lo que mejor funciona, pero repetir fórmulas no es garantía de éxito. Y más aún cuando todos hacen lo mismo. No dejemos morir esa creatividad, ni la originalidad espontánea por consejos que además no suelen funcionar.
Ya estamos sujetos a que los algoritmos nos muestren lo mismo en base a los datos que recaudan acerca de nuestros consumos e intereses. Tomemos consciencia y no nos olvidemos que a cada uno le muestran cosas distintas. Sepamos que existen más narrativas, retomemos nuestro poder, no nos dejemos influenciar y mantengamos la mente abierta.
Quizás la reflexión más sustancial que estos avances nos aportan tenga que ver con el poder de nuestra atención. Donde centremos nuestra mirada, estaremos perdiéndonos de observar otros detalles. Pero a la vez, elijamos mejor qué alimentamos con el poder de nuestra atención, tanto en qué tipo de contenidos consumimos como en qué discursos adoptamos. Porque nuestra mente absorbe muchísimo más de lo que nos damos cuenta y si uno está viendo miles de estímulos que infunden división, odio, miedo o inestabilidad, será cada vez más difícil no dejarse arrastrar por las olas.
Como en otros artículos los invito a recordar el poder que tiene hacernos preguntas. Cuestionemos todo, internamente, con la mente abierta y flexible. Las creencias que no pongamos a prueba van a arraigarse, generándonos sentencias absolutistas que en algún futuro seguramente limiten nuestra evolución.
Por lo tanto, les pregunto: ¿qué opinan de lo que les compartí hoy? Dejen un comentario así nos leemos compartiendo sus impresiones, que quizás a otros les sirva leer.
Y después, les sugiero seguir leyendo este artículo o este otro.
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