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domingo, 11 de octubre de 2026

El poder de la fe (y no, no estoy hablando de religión)

 

Lo inimaginable, la incertidumbre, la fe en lo invisible cociéndose a fuego lento detrás de escena, el lenguaje de la intuición, la inconformidad de jamás volver a ponerse un techo. Es abrirse a la incertidumbre; poner el foco donde nadie lo hace y hasta la mayoría te desaconseja; es dejarse sorprender por la magnificencia del poder de tu voluntad y la decisión firme alineada con ella; tener la valentía de apostar e ir por lo extraordinario, aunque al principio ni sepas lo que ello implique...

Imaginate un domingo por la tarde, cansado de una semana súper agitada y sin energía para volver a levantarte de la silla, ni siquiera para arrastrarte hasta la cama. Y en ese instante una brisa entra por tu ventana y te susurra una pregunta: ¿Y si estás para mucho más?

Tu reacción no sería de alivio ni asombro, más bien una parte tuya te forzaría a mover rápido la cabeza como para distraerte de esa pregunta de fantasía o mera ingenuidad. Y quizás logre su cometido y te vayas a acostar temprano, acortando tu fin de semana. Pero a medida de que pasan los días, la pregunta sigue resonando en tu cabeza y en vez de entusiasmarte te da una puntada en la boca del estómago.


Escritorio acogedor con ventana a un paisaje mágico
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

El malestar es fastidio, es darse cuenta de que ya ni siquiera podés resignarte con tratar de volver a activar el piloto automático para seguir tu vida como antes. Y la tortura de que sabés que la pregunta se volverá más fuerte si seguís ignorándola.

Sin embargo, te parece imposible crear algo distinto e ir más allá. Puede que llegues a sentirte culpable o desagradecido de no saber valorar mejor todo lo que lograste hasta ese momento y, aun así, te es inevitable sentir que tiene sabor a poco. Pensar en empezar algo que no se te ocurre qué puede ser, tratar de ver más allá de un horizonte estrecho y oscuro. Entonces aparecen las excusas acerca de la edad, los contextos, la falta de capacidades, los no tengo lo que se necesita, las inseguridades, los recuerdos de fracasos anteriores, las veces que te desilusionaste una y otra vez, etc.

Y sin embargo, lo que antes te alcanzaba para distraerte y darte una felicidad inmediata, aunque efímera, ya ni siquiera te despeina. Te volviste apático a lo que no hace tanto te funcionaba para apaciguar el vacío, te hacía no pensar y ahogaba esas preguntas al instante.

Encima puede que la vida que creaste no esté nada mal o incluso que a otros les parezca un lujo. Pero te aburrió, se desgastó el entusiasmo, ya no la sentís tan disfrutable como antes o te pesan los párpados al escuchar el despertador y cada movimiento al salir de la cama para empezar el día te cuesta un poco más de energía cada vez. 

Tu alma no está diseñada para el confort ni su sed se sacia con impulsos consumistas o distracciones momentáneas. Necesita la incomodidad para expandirse y que dejes de fingir que no la estás escuchando.

Más allá del ejemplo imaginario y el dramatismo que mi mente de escritora haya filtrado sin querer, si hay algo que te resonó no lo ignores. Porque hay momentos que lo que vivimos ya se nos hizo tan cotidiano que parece haber perdido la magia de encender nuestro entusiasmo y a la ambición a veces hay que alimentarla o volverla a despertar. 

Querer ir por más está en nuestra naturaleza y no te juzgues si lo que dejás atrás es para otros una vida soñada. Porque no son ellos los que la tienen que habitar y probablemente desde su mirada les sea imposible entender tu impulso interno, ese que todavía a vos te cuesta poner en palabras.

Nuestra mente no puede imaginar más allá de lo conocido. A lo sumo formulará mejoras y variaciones de viejos conceptos tomados como puntos de referencia o de partida. Y es momento de abrirse o de saltar hacia lo incierto.

Si no tenés en claro qué más querés o sentís que tu alma te llama hacia algo más grande, no te desesperes. Date el permiso de no saber, de estar en paz con reconocer que tu vida hasta ahora ya no te alcanza y que eso no te angustie. Tomá consciencia y decidí abrirte a lo nuevo, a lo inimaginable desde tu presente y habitá la incertidumbre sin miedos ni culpas. Únicamente necesitás estar disponible.


Amanecer dorado sobre islas serenas
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


Porque lo que aterra o inquieta de la incertidumbre no es ella en sí misma sino la interpretación de que lo que pueda venir será malo, peligroso o pueda dañarte. Y tené bien presente que simplemente es una idea acerca de algo que solo es incierto, por lo tanto desconocido. Las posibilidades son todas al mismo tiempo y ninguna en particular que puedas adivinar.

Por eso la fe es un salvavidas para navegar esos mares tan inmensos que no te permiten ver la línea del horizonte. Según tus creencias podés depositar tu fe en distintos focos, para algunos será entregarse a que la Vida los sorprenda, para otros será entregarse a algo superior que los guíe, y para otros solo será confiar en los recursos internos de tener lo necesario para avanzar por cualquier camino que vaya apareciendo debajo de sus pies a cada paso que vayan dando.

Cuanto más grande sea tu fe, más fluido y expansivo será el camino. Desde tu corazón arderá una chispa de coraje que podrás alimentar hasta que se transforme en una hoguera cálida que te acompañe para seguir avanzando con firmeza.

Y el punto de inflexión se reduce solo a una decisión desde la voluntad honesta de no volver a conformarse. Lo importante no es hacia dónde vas, si todavía no se despejó la niebla frente a tus ojos, sino simplemente ponerse en movimiento.

Dejar de subestimar esos pequeños pasos o minicambios diarios que podés estar llegando a incorporar cada día. Permitirte dejarte sorprender y encontrarle el gusto a descubrir qué te espera por delante.

Animate a dejar el espacio vacío para que llegue lo nuevo, descartando esas ideas críticas que intentan derrumbar tu optimismo o te acusan de ingenuo, demasiado ambicioso y soñador. Volver a alimentar el fuego después de haber dudado durante todo un día cuestionando tu fe. Aprendiendo a soltar y dejar de sostener esas viejas identidades que construimos desde estados de consciencia previos, que ya no nos representan.

Pero no luches con tus circunstancias externas, porque solo son el reflejo de los techos imaginarios que tu yo del pasado creía imposible de superar. Y hoy son el piso desde donde te asomás a mirar por el balcón el sol al atardecer.

Porque la vitalidad se nos va apagando de a poco y sutilmente cada vez que dejamos de encender nuestra curiosidad, de imaginarnos nuevos escenarios, o cuando en silencio empezamos a creer que ya nada puede sorprendernos.

Y la magia radica en que hasta el último aliento la vida seguirá siendo incierta y esas posibilidades inimaginables nos siguen rodeando en un abrazo invisible. 

Usá tu creatividad y hacé cosas que te parezcan ridículas o ingenuas. Recuerdo el momento en el que estaba buscando mi nueva casa y los meses pasaban sin que todas las propiedades que iba visitando me convenzan. Tenía la presión de la persona que iba a vivir donde estaba en ese momento, llamándome ansiosa casi todas las semanas por escuchar que ya había encontrado algo así podíamos cerrar la venta de una vez. Y yo que no creía en nada superior en ese momento, pero siempre fui terca cuando me proponía hacer algo, casi sin pensarlo, me puse a armar las cajas de la mudanza. Por impulso o por inconscientemente obligarme a no renunciar a creer que el lugar perfecto para mí iba a aparecer, empecé a vaciar los placares de lo que sabía que embalar no me iba a complicar el día a día. Y me di la orden de seguir adelante. Cada nuevo día, otra caja más, otras visitas sin resultados positivos y la firmeza silenciosa de no abandonar mi misión. Hasta que finalmente encontré ese lugar más que perfecto y ambas operaciones se cerraron muchísimo mejor de lo que hubiera podido imaginar. Hoy sé que haber empezado a embalar esas cajas cuando todo parecía perdido fue un movimiento nada menor.


Mudanza bañada por el sol
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Seguramente en su historia tendrán miles de ejemplos similares y podrán identificar esos puntos de inflexión que por más aterradores que se hayan sentido actuaron de catalizadores de un cambio inevitable que los llevó a un mejor lugar o a empujar la línea del horizonte más allá de lo supuestamente posible. No los subestimen. Reconózcanlos un poco más y si se animan, compártanlos en los comentarios así los celebramos juntos.


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