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domingo, 5 de julio de 2026

Lo que nadie te cuenta de tu mejor versión | Actualidad


   Hoy todo el mundo pareciera saber qué tenés que hacer. Miles se obsesionan por vivir la vida de sus sueños y, de los que lo logran, otros miles se frustran en seguida.

  Es que no se trata de cambiar por cambiar. Tampoco de conseguir lo que siempre te dijiste que querías tanto. Y al llegar, hay cosas que nadie te cuenta. Solo te muestran la mejor cara y comparten consejos por las redes. Pero detrás está sucediendo todo un universo entero que callan.


Mujer que aparenta vida lujosa pero oculta un cuarto oscuro desordenado y su desidia
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

  Primero aclaremos que muchos no logran progresar y no por las razones que suelen creer. Todos tenemos la misma capacidad de salir adelante, todos lo venimos haciendo, aunque ni nos demos cuenta. Porque si vamos al caso, un día más de vida es un día ganado. Los cómo son debatibles y relativos a las historias que decidamos contarnos. Cada experiencia se puede contemplar desde varios puntos de vista distintos. Además, cuando éramos chicos nos habrá costado aprender a caminar, leer, escribir, estudiar, etc. etc. Y todo aquello lo fuimos logrando, pero no lo valoramos tanto porque nuestra mente siempre se enfoca en el nuevo desafío a cumplir, en vez del camino ya recorrido.

  Como decía, muchos no progresan aun cuando realmente pueden hacerlo. A veces es por no estar tan decididos, otras porque las circunstancias son más desafiantes y no logran atravesarlas. Porque tampoco vamos a mentir, hay gente que está sumergida en contextos demasiado complicados. Y seguramente sean los que más fuerza interna posean o mayor potencial para desarrollar hayan traído.

  Pero también hay muchos que no toman consciencia de lo que un cambio de realidad tan drástico implica. Cuando la vida te tiene que sacar de donde te conformaste y ya te queda chico porque merecés mucho más, te presiona hasta obligarte a dar el salto. Saltás sin garantías, sin norte visible y te metés de lleno en la niebla de la incertidumbre.

  Las presiones para que avances, que te trajo la vida antes de saltar, no son casuales ni por obligarte a salir de tu comodidad. Tienen un propósito: te van preparando. El cuerpo es el primero en recalibrarse, pero ni lo registrás. Necesitás expandirte para saber cómo sostener más y aprender a pensar a largo plazo desde una nueva identidad. Pongamos un ejemplo común, ahora que tanta gente habla de la energía solo para conseguir más dinero: Si de la nada te aparecen en la puerta cuatro millones de dólares y no estás preparado mental ni físicamente para disfrutar de tus riquezas, probablemente se te esfumen en las primeras 24 horas o los retengas con miedo de que alguien te los reclame. Quizás creas que es un error, que no te lo merecés o te parezca demasiado. Que no te los ganaste, por lo tanto, sería injusto o inmoral quedártelos. Pero más allá de tus ideas tu cuerpo te puede estar avisando mediante signos de ansiedad que recibir tanto no es seguro. Esos miedos a que se te acaben pronto, a que no los merezcas realmente, o que seguro te meterán en problemas en vez de aliviarte, son alarmas de peligro. Que no te extrañe que a los dos días se te rompa la heladera o debas hacer algún gasto grande imprevisto. En vez de casualidades estás rechazando inconscientemente lo que recibiste. Porque no se trata solo de ganar mucho, también hay que saber sostenerlo, no derrocharlo sin volverte mezquino, hacerlo multiplicarse para que se mantenga en crecimiento, postergar o medir (sin reprimir) la gratificación inmediata, usarlos de puente para expandir tu libertad, saber seguir creciendo sin depender de los resultados y aprender a ser profundamente agradecido con los que te lo dan o el mismo universo. Y cuando uno pasó años menospreciándose o conformándose con mucho menos de lo que merecía, hay que reentrenar el saber recibir desde un lugar de plenitud, habitar lo nuevo sin rechazarlo y disfrutar de seguir creciendo. Muchos ganan la lotería pero no les cambia la vida para siempre, mientras que a otros con menos asegurado desde el principio, o recibiendo lo mismo, ya no dan vuelta atrás. Y esto por dar un ejemplo con el dinero, pero lo mismo aplicaría a una pareja, un trabajo, una casa más cómoda, haber cambiado tu círculo social por uno mucho más sano y enriquecedor en vez de tóxico, emigrar a tu país soñado, etc., etc.

  Es un tema que vengo hablando hace tiempo (en especial te recomiendo que después leas el siguiente artículo). Porque no se trata de hacer o tener, sino más bien de ser. Si uno está siendo más auténtico y se enfoca en conocerse más para saber explorar sus riquezas internas, va a ir haciendo paso a paso un camino disfrutable de superación constante. No porque crea necesitarlo por rechazo a su situación actual, más bien por curiosidad genuina de cómo sería experimentar escenarios todavía inéditos. Por preguntarse quién sería en el camino si lo que tanto deseaba finalmente lo encuentra. Porque la plata, el amor, la amistad, la familia incluso, son amplificadores de lo que ya tenemos dentro. Terminan siendo las excusas que uno encuentra para experimentar sus sentires, cómo es ante la adversidad, cómo actúa frente a la calma, las incomodidades, la maternidad, la reciprocidad de los vínculos, si puede disfrutar de sus avances o se sentirá culpable de que los que lo rodean estén en otra sintonía, etc.

  En definitiva, un crecimiento exponencial y constante en cualquier área de nuestra vida va a estar generado y potenciado por nuestro crecimiento interior. Y si el deseo o lo deseado es realmente genuino, se convertirá en uno de los medios para impulsar y posibilitar esa expansión. 


Imagen simbólica de expansión. Hombre construyendo una torre espiralada en un desierto
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


  Pero no siempre se da de las mismas maneras. Y como ya decía en otro de mis artículos (no, ya no los voy a recomendar porque si les interesa lo pueden buscar debajo 😉) siempre debemos atravesar ese momento de transición entre lo viejo y lo nuevo. Pero en verdad esto se trata de procesos y no hay errores, ni atajos. Por eso querer saltarse pasos sin estar aprovechando la posibilidad de preparación que nos aportan las adversidades solo nos retrasa y nos genera sufrimiento, además de llegar a arriesgarnos de terminar creyendo que somos incapaces de lograrlo. En dichas transiciones la clave está en saber capitalizar la oportunidad, que nos regala la falta de resultados deseados, para fortalecer nuestra voluntad. También en saber elegir distinto y purgar todo lo que el viejo paradigma nos dejó. 

  Es por eso que muchas de las mejores etapas comienzan por frustraciones, los no y las puertas cerradas. No estás haciendo mal las cosas, tampoco se deben a que no te merezcas mejorar. Simplemente tenés que actuar desde la coherencia con lo elegido todavía en un contexto que se quedó desactualizado. Lo nuevo no tiene precedentes como para que nuestra mente actúe como lo hacía en circunstancias que le son conocidas o familiares. Es normal que nos incomode. Y es más que habitual que cuando te proponés a hacer algo que jamás antes habías hecho, no te salga a la primera o como esperabas. Pero ahí radica la magia...

  Esos escenarios te permiten cuestionar en profundidad si el nuevo rumbo es el deseado desde el corazón. Por ejemplo: quizás solo buscabas una pareja para huir del pánico a la soledad. Y no hay pareja ideal que pueda apaciguar ese dolor interno que estás cargando. Pero tus decepciones amorosas son las que te muestran ese miedo tan arraigado. Te lo ponen de frente para que dejes de mirar hacia otro lado y lo afrontes de una vez. Y quizás si lo hacés, al final descubrís que no estabas dispuesto a hacerle lugar en el placar a otra persona, que no querés mudarte, que no tenías tantas ganas de invertir en construir una pareja como tanto creías. O también puede pasar que reafirmes ese deseo genuino de compartir la vida con otro a tu lado, pero ya desde la elección en vez desde la necesidad o dependencia emocional. En todos los casos es ese NO que te trajo la vida el que te lleva a crecer, si estás dispuesto a seguir avanzando.

  Además, ¿de qué se trata realmente ser tu mejor versión? Si es acerca de tener más, no te olvides de contemplar que tus responsabilidades también van a aumentar junto con tu patrimonio. ¿Estás consciente de que quizás debas dedicar más tiempo a atender dichas cuestiones, en vez de dejarlo siempre en manos de otros? Quizás debas seleccionar mejor a tu entorno, no olvidarte de que solo sos responsable de tu bienestar y no el de todo el mundo. Puede que cambie tu círculo social, haya gente que reaccione mal ante tu éxito y te muestren una cara que jamás te imaginaste ver.  O que tengas todo el tiempo libre porque hayas finalmente renunciado a ese trabajo que tanto te drenaba, pero no sepas cómo administrarlo mejor. Porque desde afuera todo se idealiza. 

  Y en este punto me permito hablar desde la experiencia. A pesar de que todavía celebro no tener que cumplir con obligaciones y siempre me aburrió la rutina, también tuve que aprender a lidiar con tener tanto tiempo disponible. Ahora disfruto de pequeñas rutinas que elijo desde el amor propio y la motivación genuina (pasaron casi 5 años ya). Pero fue gracias a que en un momento estuve en crisis. No me daba cuenta, porque me repetía a mí misma la victoria de haber renunciado y estar haciendo mi vida a mi antojo. Aunque, por debajo, me habitaba una tristeza sutil. Porque ese trabajo me enseñó muchísimo, me hacía ver a mucha gente con la que me encariñaba, me aportaba experiencias enriquecedoras con los adolescentes y su energía eterna e idealista, por ejemplo. Es cierto que no podía coordinar una cita en los cines del shopping más cercano, sin que después sea el comentario de la semana; o salir de entre casa hasta el almacén sin saludar a algún exalumno o padre. Y sin embargo, había demasiado silencio. No sé si alguna vez experimentaron sentir que los invadía una paz extraña. Sé que suena contradictorio cuando uno suele desearla tanto, pero precisamente a esto me refiero con el título del presente artículo.

  Cuando de repente se te cumple lo que tanto querías y se va evaporando la euforia, queda un silencio incómodo. Ya no te levantás pensando estrategias para lograr algo que antes parecía imposible, cambió tu prioridad principal, ya no sos el mismo.  Y no solo hay que acostumbrarse a lo nuevo. Quizás imaginabas que sería distinto. Empezás a descubrir el lado B de lo que idealizaste tanto y creías desear con todas tus fuerzas. Porque todo tiene sus pros y contras. Y a veces surge esa irónica añoranza hacia lo que dejaste ir con tanta certeza. Tal vez a la distancia valores más lo que antes normalizabas. En mi caso estar siempre rodeada de tanta gente en la escuela me abrumaba, pero desde lejos lo llegué a apreciar distinto. Jamás me hizo dudar de haber tomado la decisión correcta, porque estaba demasiado segura de que esa etapa de mi vida estaba cerrada. Pero reconozco que no me imaginé pensar en extrañar con cariño esos detalles. También debí aprender a administrar mi tiempo con mayor sabiduría, a lidiar con no entregarlo de más por tenerlo tan disponible, a seguir alimentando mi curiosidad constante por aprender cosas nuevas, a no sentirme culpable porque los demás que me rodeaban y más quería no estaban pasando su mejor momento como yo (en especial porque algo similar ya me había sucedido durante el 2020), a que mis pasiones también debía considerarlas mis trabajos en vez de hobbies y merecían ser retribuidas económicamente como corresponde, a recibir más dinero del pactado sólo porque la otra persona estaba demasiado agradecida con mi aporte y lo valoraba mucho más de lo que me había dado cuenta, etc., etc.

  Porque si dejamos de lado esas metas podemos encontrar que de fondo corren siempre los mismos ríos. Nuestras emociones, nuestro autoconcepto, la capacidad de valorarnos mejor, amarnos incondicionalmente y no solo cuando nos vaya bien o nos sintamos genial. Y en especial habría que desromantizar el logro. Porque si bien deberíamos apreciar mejor nuestros logros cotidianos, idealizarlos nos puede llevar a identificaciones dolorosas. No sos un fracasado por saber que podrías y que querés mejorar tus circunstancias actuales. Tampoco te creas que al llegar a la meta dejás de ver el horizonte, porque siempre se está moviendo más allá. Y principalmente derrumbá la idea de que obtener lo que tanto deseás te va a evitar que vuelvas a tener un día donde te sientas mal. Porque no se trata de no volver a sentirse triste, por ejemplo, porque esa meta sí es irreal. Las mismas emociones que te atraviesan ahora, te acompañan al saltar. Y eso no demerita tu logro, ni te hace ser un eterno inconformista. Simplemente estamos diseñados para siempre estar moviéndonos hacia adelante, proponernos nuevas metas y seguir creando caminos. Quizás sea hora de aprender a habitarlos mejor, de disfrutar más cada paso sin obsesionarse con la cima, o de surfear todas las olas sin depender ni definirnos por lo conseguido y lo que desearemos lograr en un futuro. O de darnos cuenta de que romantizamos tanto el concepto de "mejor versión" que las expectativas que le pusimos no solo son irreales, sino que, además, ni siquiera son las deseadas.


Hombre escalando una cima montañosa entre la niebla, persiguiendo una zanahoria dorada con hilo que se aleja
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

  Si no tenemos en cuenta estos matices del proceso podemos llegar a forzarnos a cambiar por cambiar, a dañarnos nuestra autoestima, a desvalorizarnos sin razón, en fin, a sufrir exigiéndonos avanzar como sea. Recordemos por qué deseamos tanto mejorar en primer lugar. Si lo hacemos por rechazo o huida de nuestras circunstancias actuales, lo único que conseguiremos van a ser nuevos contextos que nos revelen todo lo que no aceptamos de nuestro ahora (encima al ignorarlos, se pueden volver más agresivos). Recordemos lo que nos decía el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung: "Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, te transforma".

  Y saber dejarse transformar, por lo general, es incómodo. Aunque, a la larga nos damos cuenta de que además era inevitable y necesario. Por eso hay que hablar de lo que subyace por debajo de conseguir lo que uno quiere. Porque siempre estaremos queriendo más y mejor, y es normal, pero obsesionarnos con ello o hacerlo sin sentido ni sustancia nos daña demasiado.

  Empecemos por valorar más, saber estar mejor donde sea que estemos, agradecer todo lo recorrido, apreciando más lo que damos por garantizado. La vida no es eterna, la salud no siempre acompaña, los seres queridos se van. Y todo eso sucede mientras corremos detrás de zanahorias que no nos vamos a llevar al dejar este mundo.

  Quizás este artículo sea un simple recordatorio. Tal vez nos sirva para reconocer que a veces nos subimos al tren de estar ganando o consiguiendo más y más, pero ni lo disfrutamos como nos merecemos.


  ¿Y ustedes qué piensan? Anímense a dejarlo en los comentarios. Y si conocen a alguien que podría servirle leerlo, no dejen de compartir el artículo.


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