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domingo, 9 de agosto de 2026

¿Qué hay detrás de querer cambiar tu vida todo el tiempo? | Espiritualidad real


En el artículo anterior les hablé de poder valorarnos mejor para no escapar del presente tal cual es. Y hoy les propongo revisar otra arista más acerca de este tema, que potencia nuestra tendencia a querer cambiar constantemente.

No sólo juzgamos que nuestro presente es insuficiente para hacernos felices, a veces la motivación interna que nos pulsa a estar en constante movimiento de cambio pasa por otro lado, quizás nos despierta nuestra falta de compromiso de saber quedarnos cuando las situaciones nos presionan o no son las más deseadas.

Tendemos a priorizar las soluciones más fáciles y rápidas, lo cual por momentos nos lleva a normalizar que si algo parece roto enseguida buscamos reemplazarlo por uno nuevo. Y así como pensamos sobre objetos también lo hacemos acerca de relaciones u otras áreas de nuestra vida.

Pero hay algo, o alguien, con quien esta jamás será una opción viable: con nosotros mismos. Si bien estamos en constante evolución y fluir con los cambios sin luchar ni rechazarlos es parte de nuestro camino, hay una parte nuestra que existe impermanente. Somos esa misma persona transformándose, y para poder hacerlo más amorosa y amablemente, es necesario tomar responsabilidad y comprometerse a no querer huir de lo que nos incomoda.


Habitación por descubrir
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Se requiere coraje para atreverse a mirar nuestra sombra sin intentar reprimirla. Y como les decía en el artículo anterior aprender a valorarnos mejor es un paso fundamental, pero no es el único. Porque ignorar lo que menos nos gusta ver de nosotros en el espejo no nos sirve de nada.

Mirarlo desde nuevas perspectivas siempre nos va a ayudar, pero igualmente habrá aspectos que nos confronten vistos desde cualquier ángulo. Y muchos de los verdaderos cambios que tanto buscamos conseguir afuera, implicaban una simple aceptación de lo que más nos costaba reconocer adentro.

Porque para poder mejorar algo primero hay que conocerlo en profundidad. Y si nos genera tanto rechazo que nuestro ego se resiste a admitirlo, difícilmente estemos en condiciones como para saber entenderlo y encontrar la mejor forma de transformarlo.

Se vuelve imprescindible bajar la guardia y sincerarse por completo con uno mismo. Aceptar que eso que tanto criticamos afuera, o en los demás, también existe en nosotros. Quizás exista como un potencial que elegimos por valores personales no desarrollar, pero esa posibilidad sigue estando igual. Y si es algo que, aunque nos duela, podemos reconocer que tendemos a elegir, nos da la oportunidad de poder revisar por qué inconscientemente actuamos así y cómo no volver a hacerlo.


Estatua de arcilla sin terminar con forma de mujer
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos


Detrás de los defectos hay virtudes escondidas y la misma sombra que nos asusta contiene nuestros mayores tesoros
. En cuanto abandonamos la actitud de rechazo hacia lo que nos incomoda solo quedan opciones para elegir. Quizás esa terquedad contra la cual luchaste toda tu vida era una fuerza de voluntad inquebrantable que podías usar a tu favor en tus procesos de transformación o en tus proyectos personales, en vez de dirigirla hacia causas perdidas o hacia los demás. Tal vez esa persona que tanto daño te causó, te enseñó a no quedarte donde no te valoren o donde te maltratan y contribuyó a tu necesidad de aprender a valorarte como te merecías. A veces los "no" que obtenemos al intentar avanzar son los que más nos sirven para perfeccionar o pulir una habilidad que podemos desarrollar aún más y ni lo sabíamos.

Todo depende desde dónde se lo mire, y una vez que lo vemos mejor, de nuestro compromiso de qué decidimos hacer con lo que encontramos. Y quizás en este punto también lidiemos contra nuestras expectativas, porque a veces no basta con saber que tendemos a lastimarnos eligiendo lo que no nos conviene y aprendiendo a corregirlo. Puede pasar que esa corrección y nuestra nueva decisión consciente nos lleve más tiempo hasta que se vuelva nuestra reacción predeterminada o un hábito. Y en ese punto es donde nuestro compromiso con seguir adelante es lo que hace la diferencia. Si nos rendimos porque esperábamos que hubiera sido más fácil, jamás averiguaremos qué hubiera sucedido si seguíamos intentándolo.

La perseverancia que proviene de una voluntad clara y genuina es imparable. Y si no nos trae los resultados deseados, siempre nos muestra mejores versiones de nosotros mismos. Nos revela de lo que somos capaces cuando dirigimos el foco de nuestra energía hacia un mismo punto, nos permite descubrir nuestros recursos internos disponibles o despierta los que ni sabíamos que existían, nos enseña a prepararnos para recibir los resultados más allá de los que sean y de que somos capaces de sostenerlos a largo plazo (porque si seguimos adelante cuando no veíamos los frutos, cuando estos aparezcan, no mediremos nuestro valor en base a ellos, sino en base a la voluntad y energía invertida durante todo el proceso. Lo cual deja una memoria para el futuro independientemente de lo que logremos).

Recordemos que una oruga para convertirse en mariposa debe encerrarse en la oscuridad de su crisálida hasta terminar su metamorfosis. Y uno, a veces por incomodidades y pretendiendo encontrar fórmulas mágicas, está postergando la rendición de adentrarse en su sombra que va a ser su mayor aliada y lo que posibilite el vuelo que necesita emprender en un futuro próximo.

Es normal que nos de miedo, que tendamos a evitarlo, a controlar, o a huir y por eso les recordaba que se requiere de coraje. Y el proceso, a la vez puede ser inevitable o una simple decisión. 


Bifurcación de un río ante una roca enorme
Imagen conceptual generada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos

Tal vez sea cuestión de confiar un poco más en nosotros mismos, en nuestros tiempos, o en nuestras maneras más amables y pacientes de acompañarnos incondicionalmente para no abandonarnos a la primera.

Seguramente lo estés haciendo mucho mejor de lo que te das cuenta y el hecho de comparar tus procesos con el de los demás te esté haciendo sentir menos. Y si ese es el caso, recordá que nadie más que vos experimentó tus circunstancias y desafíos, que todos estamos en procesos similares que no siempre se ven superficialmente y que cada uno es libre de decidir según sus ritmos internos, valores personales y prioridades. Además de que te sugiero valorar mucho más tus avances sin estresarse mirando la distancia que te separa de la meta. Porque la forma de dar cada paso es más importante que cumplir objetivos y es lo que nos permite disfrutar el recorrido en vez de sufrirlo.


Si el tema les resonó, les sugiero las siguientes preguntas:

¿Qué es lo que estoy resistiéndome a aceptar de este momento?

¿Cuál es mi mayor miedo? ¿Qué puedo hacer ahora para afrontarlo y lograr superarlo?

¿Para qué quiero cambiar? ¿Qué quiero conseguir en realidad?

¿Puedo valorar mi recorrido más allá de lo logrado y de lo que me gustaría lograr?


También los invito a dejarme su opinión en los comentarios y a que compartan este artículo con quien pueda llegar a interesarle.



Pueden complementar esta lectura con el artículo anterior si no lo leyeron o con este otro.


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