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domingo, 23 de noviembre de 2025

Mirar adentro para dejar de danzar con la ilusión



¿Cuántas veces te dijiste: "No me eligen, no me quieren, no soy suficiente, me quieren si me callo, me quieren si encajo, me quieren si soy complaciente" -o algo similar- sintiendo que tenías que ganarte el amor de los demás y convirtiéndolo así en un campo de batalla?

Si te resuenan mis palabras y estás cansado de esa lucha, seguí leyendo esta reflexión con la mente abierta. Bajá las armas del ego y apoyá su escudo en el suelo, porque acá no hay ningún combate, urgencias, ni adversarios.

El amor no duele, porque no lastima. Duele su ausencia, los apegos, o creerse separados de lo superior, divino, total (o como quieras llamarlo según tus creencias) que antes de nacer sentíamos pertenecer.

Éramos una unión indivisible y quizás esa fusión con la totalidad sea una definición más adecuada para el amor. Porque el amor incluye tomar el interés común como propio y por eso no lastima, se dañaría a sí mismo mientras daña a un otro. Y aunque sintamos la separación con lo trascendental y eso origine en nuestro interior aquel famoso vacío, nunca dejamos de llevar en la sangre nuestra esencia.

El amor, la unión, el todo, la esencia, aquella fusión con nuestras raíces... En este aquí y ahora sigue latente dentro nuestro, aunque no la veamos por distraernos buscándola afuera. A pesar de que dicha búsqueda sea completamente inútil, frustrante y dolorosa sino entendemos de dónde viene.

Lo vivimos como heridas de rechazos y abandonos de un otro, hasta de entornos, contextos, etapas y lugares (que esto te resuene demasiado ahora no sería tan extraño, teniendo en cuenta el año 9 que estamos transitando, ya que es el de los cierres y finales). También lo confundimos con pérdidas, como si al pasar los años nos fuéramos fragmentando y esas partecitas nuestras se nos desprendieran con la brisa al caminar. Si no hacemos la pausa necesaria para cambiar esa narrativa, sentiremos la nostalgia de un pasado que nos va rompiendo y el crecimiento abrumador -y despiadado- de ese vacío en cada paso.

Porque nunca estuvimos separados. Ni siquiera encontraremos el origen de esas "heridas" de abandono o rechazo en nuestras primeras memorias de esta vida. Creo que el mejor ejemplo, que se me ocurre para que se entienda lo que quiero decir, es el del embarazo y nuestro nacimiento. Estuvimos en el cuerpo de nuestra madre, con todo a nuestra disposición, fundidos en plena armonía con la totalidad. Sintiendo el ritmo de la vida suceder y nutriéndonos con cada sonido del latido del corazón de mamá. Ese repiqueteo de tambores, como el tic tac de los relojes, nos daba paz y confianza. No debimos sentirnos más seguros en ningún otro lugar, ni experiencia, que durante el embarazo de nuestra madre. No había dolor, daño, peligro ni indiferencia. Sólo la contención del amor moldeándonos cada célula con ternura.

Y de repente, la vida nos expulsa afuera. Nos arranca de aquel abrazo constante para dejarnos llorando en un mundo que nos aterra, porque no lo entendemos. Nuestro inconsciente lo interpreta como un abandono, un rechazo a seguir viviendo de esa simbiosis tan perfecta y luminosa que nos embriagaba de amor. Pero no se originó en el útero primero, sino al decidir encarnar. Aunque de eso ni conservemos memorias.

Como un trauma lo replicamos hasta el infinito. Con cada vez que nos dejaron llorando solos, que no nos entendieron, que nos juzgaron, que nos convencieron de que no debíamos sentirnos de esa forma, o que sentimos que no había manera posible de no defraudar a los demás. Se gestó de a poco la sensación de que había algo demasiado malo en nosotros que era indigno de amor, o algo roto que debíamos reparar. Pero a pesar de todos nuestros intentos la angustia no calmaba, habitándonos como una huella invisible e imborrable. 

Ya no importa el primer dolor, ni su origen, porque nuestro interior lo sigue cargando. Y cada presente encierra una nueva posibilidad de tomar consciencia para liberarlo definitivamente. Dejar de aceptar migajas de amor a cambio de volver a siquiera sentir un segundo de esa paz tan preciada. Dejar de buscar afuera lo que creo que calmará el grito del vacío que me come por dentro. Dejar de anestesiarlo con distracciones o adicciones esporádicas que considero que emulan algún atisbo de aquella paz...

Porque el alma sabe. Sabe que nunca fue rechazada, que nunca la abandonaron y que jamás dejó de ser y experimentar ese amor pacífico, aliviador y balsámico. Sabe que no hay vacío ni ausencia, que no hay separación. Y espera paciente. Espera a que recuerdes quién sos. Espera con la dulzura de una madre cuando acaricia al bebé entre sus brazos por primera vez. Aguarda a que recuerdes que el sonido de los latidos de tu corazón, son el mismo pulso del amor que recorre tus venas. Espera que recuerdes que estás hecho del mismo material cósmico que hace brillar a las estrellas. Que nunca te separaste, ni te puede abandonar tu esencia. Que del mismo modo que ese espacio vacío mantiene los elementos de un átomo siempre unidos, nada se pierde. Que todo está cambiando y transformándose, pero tu esencia la llevás a donde sea que vayas y es la que te hace brillar más fuerte con cada respiración. Que sos ese amor indivisible, en una forma y envase distinto nomás. Y que, si en algún momento te volvés a olvidar, podés cerrar los ojos para sentir de nuevo a tu paz abrazándote en tu interior.

Ya no hay rechazo ni abandono, más que tu olvido pasajero. Te podrás entretener un rato danzando entre ilusiones, hasta que, al elevar la vista, verás a tu reflejo aplaudiéndote de pie. Y al bajarte del escenario, te mirarás en el espejo del camarín para reconocerte otra vez.




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martes, 18 de noviembre de 2025

No permitas que la sobreinformación te abrume



Cuando entramos en el loop de sanar nos perdemos. Terminamos descartando toda herramienta como si fuera un engaño de un otro para ganar dinero, estafando a la gente más vulnerable. Pero no hay que dejarse llevar por exabruptos semejantes. No todo es blanco o negro, la mayoría son matices. Y lo genuino siempre es simple.

Podríamos comenzar por analizar la carga invisible que conlleva la palabra "sanar" o sanación. Si hay algo que sanar es porque primero existió una enfermedad, así como si hay algo que "reparar" existió algo o alguien que lo rompió en primer lugar. Y ambos términos nos llevan a distorsiones. Nos hacen pensarnos enfermos o dañados, como si hubiera algo malo en nosotros que nos obliga a cambiarlo con urgencia porque lo juzgamos de peligroso. Pero esos dolores del pasado (que llamamos heridas) en algún momento fueron un recurso efectivo, que hasta pudieron salvarnos la vida.

En el caso de una experiencia traumática, el dolor emocional que nos genera ese momento puede interferir con nuestra claridad mental para encontrar los mejores recursos de cómo atravesar dicha experiencia de la forma más eficaz. En un accidente, por ejemplo, si nos dejamos vencer o pensamos desde el miedo y el dolor que aparecen al darnos cuenta la situación que vivimos, podríamos no tener la claridad mental de que debemos salir del auto antes de que explote. El miedo nos paralizaría impidiendo nuestra respuesta más eficiente y poniendo en riesgo nuestra vida. Es cuando nuestra inteligencia en modo supervivencia le apaga el volumen a nuestras emociones. Las reprime para actuar y resolver la situación. Recordemos que el cuerpo y la mente funcionan a base de principios de optimización de energías y atender lo emocional en ese momento, nos dispersa de enfocarnos exclusivamente en el pensamiento y la acción. Por lo tanto, bloquearlo temporalmente termina siendo la opción más inteligente.

El problema viene cuando no sacamos de la represión todo ese sentir y seguimos ignorándolo/tapándolo, porque es demasiado incómodo atenderlo ahora en el presente que no existe el accidente ni el auto. Lo que resistimos persiste y crece desde nuestro inconsciente. Buscará formas cada vez más invasivas de aparecer a gritos, pidiendo que nos hagamos cargo de que existe latiendo en nosotros.

Y podés memorizarte todos los protocolos, haberte leído miles de manuales y descubrirte paralizado ante ese miedo o dolor que vuelve a aparecer. También podés trascenderlo y vas a ver que te va a seguir apareciendo, disfrazado en otras situaciones y circunstancias distintas que jamás asociarías entre sí. Acá es donde podemos "sanar" síntomas una y otra vez, sin darnos cuenta de que necesitamos llegar a lo más profundo para encontrar las causas que los están generando en primer lugar. O por lo menos el núcleo central que los dispara, el origen que tienen en común. 

Es cuando, en vez de abandonar lo que te propusiste con tanta valentía superar, tenés que aprender a discernir qué herramientas o métodos son más profundos o te hacen mirar en lo sustancial y no rendirte. Desde mi experiencia y aprendizaje te digo que dejes de mirar afuera y no te distraigas con circunstancias, síntomas, nombres, edades ni personas. Todo está tocando una fibra muy interna que todavía late en tu inconsciente. La ventaja es que está bastante desesperada o cansada de gritarte que la escuches, por lo que no es tan difícil saber por dónde hurgar.  

Aquellas partes de nosotros mismos más que sanación/reparación necesitan nuestra mirada, observación sin juicio y la valentía de tratarlas con amor, en vez de hacerlo desde el miedo o el fastidio de encontrar siempre algo más que atender. Si pensamos en sanar/enfermar vamos a vernos víctimas de algo que no podemos más que atacar. Si pensamos en mirar e integrar, la aceptación viene de un amor incondicional sin juicio a lo que encontremos, porque está en nosotros y merece ser escuchado o visto.

Es importante observar desde dónde hacemos lo que hacemos. La intención de sanar viene de reparar algo enfermo y genera miedo, mientras que integrar conlleva la intención de incorporar desde nuevas miradas más amorosas lo que nos pide atención.

Muchas de esas "heridas" o marcas se originaron en nuestra infancia y como dijimos fueron recursos de supervivencia. Ahora que ya no estamos en situación de peligro necesitamos actuar desde la seguridad, la calma y la presencia que permite, en vez de rechazar.

Otras veces simplemente se trata de tenernos paciencia y desde el amor ir más despacio, o a nuestro ritmo. Hay lugares, situaciones o personas que nos traen paz y nos posibilitan más fácil mantener la calma; mientras que otros nos activan los viejos recursos que aprendimos desde el miedo y actuando a la defensiva. También pasa que nuestro sistema nervioso sigue protegiéndonos, aun cuando ya no exista peligro, de maneras más instintivas. Tenés derecho a priorizar tu paz. Y en estos casos no te confundas, no es que no sanaste esas viejas "marcas", sólo necesitas atravesar el momento de transición al nuevo estado de una manera más amable, priorizando lo que te da paz y aprendiendo a usar las nuevas herramientas o recursos (si te interesa profundizar más este aspecto tan complejo te recomiendo leer este otro artículo o podés mirar este video). 

Una vez escuché a alguien proponer un ejercicio bastante poderoso e introspectivo. Como todo, requiere de nuestra absoluta honestidad y la prohibición de juzgar o criticar lo que aparezca durante el proceso. Se trataba de tomarse un momento, en completa soledad que sea largo y sin interrupciones, para cerrar los ojos. Primero hacer dos o tres respiraciones profundas llevando toda nuestra atención al ritmo y sonido del latido de nuestro corazón. Si nos aparecen pensamientos, mirarlos como si fueran nubes en el cielo, dejando que el viento los mueva sin pelearnos porque estén ahí. Seguimos respirando y escuchando nuestro latido. Esto nos permitirá encontrar aquel estado de calma desde dónde iniciar. 
Luego vamos a visualizarnos entrando a un ambiente en el que encontraremos, de a una y paradas en un semicírculo, a todas nuestras antiguas versiones, e incluso a una de nuestro futuro. La niña más chiquita, la preadolescente, la adolescente, la joven, la que quizás haya anestesiado más su sufrimiento con distracciones como el trabajo u otras cosas, la adulta de hace cinco o seis años atrás y una versión del futuro que visualizaremos con todo resuelto y en la mayor plenitud. 
El ejercicio propone que vayamos recorriendo el semicírculo de a una versión por vez, sin apresurar los tiempos para dialogar con cada versión. La idea es imaginarse acercándose, por ejemplo a la niña, para mirarla a los ojos con amor y silencio primero y con dulzura ir haciéndole preguntas:

¿Qué te duele?
¿Qué sentís?
¿Qué te enojó más de lo que te dijeron o de cómo reaccionaron los demás?
¿Qué mensaje necesitaste escuchar que no te dijeron?
¿Qué cargas o responsabilidades de otros seguís sosteniendo?
¿Qué es lo que más te preocupa?
¿Cuál es tu mayor miedo?
¿Sos tan culpable o hiciste lo que te salió y te olvidaste de que sólo estabas aprendiendo?
¿Qué necesitás?
¿Qué es lo que más querés?
¿Querés decirme algo más? No tengo apuro, tomate tu tiempo.

Y todas las demás preguntas que se les ocurran para lograr una comunicación desde la compasión que vaya guiando el diálogo hacia darle las respuestas, que ahora desde esta mayor consciencia del presente, le podamos dar para tranquilizarla por completo. No importa si lo que hizo o dijo no fue lo mejor, no la queremos corregir. Sólo dejarla hablar, escucharla y regalarle nuestra presencia amable y compasiva.
Lo importante es terminar el diálogo de esa versión con un abrazo y diciéndole a la niña que deje que ahora nosotras nos hagamos cargo de todo, porque tenemos más herramientas para resolverlo. Invitarla de la mano a que nos acompañe a hablar con la siguiente versión y así repetir el proceso, hasta que se llega a estar de frente a la versión del futuro.
A esa última de nuestras versiones la vamos a mirar con atención, tratando de describirnos qué nos transmite. ¿Cómo luce? ¿Qué siente? ¿Qué logró? ¿Cómo nos hace sentir su felicidad o autorrealización? y después sólo le vamos a pedir consejo. Le podemos pedir que nos guíe a dar el próximo paso en el presente para seguir sus huellas de la forma que mejor nos haga sentir y recordarle que siempre puede guiarnos a través de nuestra intuición.
El cierre del ejercicio prefiero dejarlo a libre elección. Pueden darse un abrazo, celebrar, sentarse en una ronda a charlar cosas más amenas, etc. Lo importante es agradecerles y registrar que se hayan liberado de toda carga, dolor o tensión que presentaban al principio.
Al finalizar nos despedimos del ambiente, sabiendo que esa puerta que cerramos está ubicada en nuestro corazón.

Puede parecer un delirio, un juego, una pavada o un acto de muchísima liberación. La clave va a estar en no apresurarnos, darle lugar a la profundidad, respetar los tiempos, silencios, las reacciones y llantos o berrinches y que a nadie le quede más nada por decir. También en tratar con tanto amor a cada versión que podamos llegar a ver en su rostro el alivio y la sonrisa. Y por supuesto en jamás olvidar que esas versiones habitan en nuestro interior, las podemos volver a visitar repitiendo el ejercicio cuantas veces creamos necesario. En realidad, de esta manera logramos ordenar nuestro hogar interno, volverlo nuestro espacio seguro, donde se pueda hablar sin represiones ni reglas, y donde sepamos acompañarnos sin soltarnos la mano ni abandonarnos. 

Si bien puede no ser el mejor método, es un ejercicio siempre disponible que alivia mucho.

El objetivo de este artículo es recordarles que a veces nos perdemos en qué funciona más rápido y fácil, cuando verdaderamente necesitamos simpleza y profundidad. También en recordarles que los métodos genéricos no a todos les funcionan y siempre hay que traducirlos a nuestro lenguaje o forma. A que no dependan jamás de nadie externo para que "los salve" o se olviden de que el cambio más duradero es el que hagamos desde lo más esencial con nosotros mismos y que podamos aplicar o ver funcionar cada día.

No se trata de sanar, por lo general es saber entenderse. Por eso el autoconocimiento siempre va a servir. No siempre vas a encontrar las mejores herramientas, pero jamás dudes de tu capacidad de trascender y evolucionar. Puede que necesites que te acompañen o pedir ayuda, también es importante saber reconocerlo. Pero siempre hay una voz adentro tuyo que sabe, el yo del futuro que te guía o tu creatividad sugiriéndote ideas. No las descartes, proba cuál te funciona mejor. A veces será escribir cartas que después se rompan o quemen, especialmente para hablar con los que ya no estén todo lo que nos quedó por decirles, un diario emocional donde descargar esos pensamientos que no te animás a pronunciar en voz alta, etc., etc.

No perdés nada con intentarlo y podés ganar mucho. Hoy te comenté un par de aspectos sobre este tema, pero se puede ver mucho más. Dejame en los comentarios si te interesaría que sigamos explorándolo juntos🤗




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viernes, 7 de noviembre de 2025

Date permiso de dejar de ser "la fuerte que todo lo puede"




  Quizás a los hombres les suceda algo similar con la energía femenina o su sensibilidad. Pero a muchas de nosotras no nos quedó otra opción más que crearnos la armadura de fortaleza para salir adelante. Y sostenerla a largo plazo, es completamente agotador.

  Tal vez la ansiedad, que tanto combatimos, nos muestre las fugas de esa armadura vencida. Es que, al no sentirnos seguras, es comprensible que los miedos salgan a nuestro rescate y encima, al ser tan incómodos de sentir, los vemos como nuestros enemigos de turno a combatir. Cuando en realidad, a veces, sólo sean nuestras formas de pedirnos una pausa que nos habilite hacer un cambio profundo.

  En el día a día no te das cuenta. Es probable que hayas normalizado poder con todo vos sola, o sientas que no tenés otra opción. Y lamentablemente, en algunos casos, lo último sea verdad.

  Sin embargo, TODOS necesitamos y merecemos dejarnos sostener. 

  El miedo más grande que asoma al pensarlo es a la propia vulnerabilidad. Mostrarse vulnerable implica no tener corazas que nos protejan y arriesgarse a sentir dolor nuevamente. Aunque solemos olvidar que también implica la parte más positiva: ¿Y si sale bien y podés confiar? ¿No será que también tendremos miedos a que nos salga bien?

  Creo que ante estas situaciones es necesario no olvidarse de separar el merecimiento y la autovaloración personal, de los resultados externos que vayamos a cosechar. La verdadera seguridad no te la va a dar ninguna armadura. Ese es un autoengaño que adoptamos en un momento de supervivencia, cuando no nos quedaba otra opción más que salir de esa circunstancia difícil con lo que teníamos disponible.

  El amor propio es una herramienta más útil, próspera y siempre disponible. Si no te abandonás ante el primer dolor que sientas, te darás cuenta de que el verdadero lugar seguro es una autoestima sana. Las circunstancias o vínculos pueden arrojar diversos resultados, pero jamás dependerán de tu valor ni de si sos suficientemente digna de amor o de recibir contención, sostén y seguridad. Además, porque la gente da lo que es o lo que tiene y no lo que te merecés. Nadie abraza más fuerte de lo que aprendió a sostenerse y nadie ama más limpio de lo que sanó su herida.

  Hay que entrenarse para volver a traer nuestra mirada y energía a nuestro interior, las veces que sean necesarias. Enraizadas en un mundo interno fuerte, no se necesitan armaduras. Sentiremos dolor cuando las cosas no salgan como esperábamos, porque es normal y porque elegimos soñar o ilusionarnos.  La solución no está en no ilusionarse de nuevo, en no volverlo a intentar por miedo a volver a sentir ese dolor, ni en autoconvencernos de que podemos solas siempre. Sino en atrevernos a bucear en nuestra vulnerabilidad.

  Quizás el mejor sinónimo del tipo de vulnerabilidad al que me refiero puede llegar a ser autenticidad o transparencia. Si seguimos ocultando que necesitamos dejarnos sostener de vez en cuando, proyectaremos una imagen distorsionada de lo que somos, sentimos y de lo que necesitamos realmente. Quizás nos creímos el personaje de la heroína que todo lo puede y hasta nos cueste reconocer cuando necesitemos ayuda. O lo asociemos con debilidad, cuando no sería correcto. Se necesita coraje para reconocer lo que nos pasa y comunicarlo asertivamente, y al menos yo, no veo signo alguno de debilidad en ello.

  Escribo este artículo porque la mayoría de las veces, y en especial en ciertos casos puntuales como madres solteras (si es tu caso, no te olvides de leer después el siguiente artículo) o personas que atravesaron experiencias demasiado difíciles, ni siquiera somos conscientes de que otra vez recurrimos a usar las viejas armaduras.

  Sentimos la ansiedad, la confundimos con otro tipo de temores, los buscamos racionalizar y nos autoconvencemos de que estamos bien de nuevo, para seguir adelante rápido. Pero quien huye de la profundidad, no encuentra la única llave que está en el fondo del pozo.

  La valentía y el coraje vienen del corazón, no de una armadura. La armadura con el tiempo se oxida, se vence y se vuelve increíblemente pesada. Sin embargo, el sentir y la vulnerabilidad aportan la energía necesaria para sumergirse en la oscuridad y encontrar la llave. Contienen el poder y la suavidad del agua que, con constancia y a largo plazo, hasta desgasta las piedras más sólidas.



  Reconocer que a veces no podemos con todo solas es necesario. Es abrir la puerta a un otro, que seguramente esté más que dispuesto a darnos una mano. Y si el otro que tenemos delante no nos ofrece esa disponibilidad, sabremos encontrar a alguien más que sí le nazca genuino del corazón ayudarnos cuando lo necesitemos. Algunas veces será un profesional, otras algún familiar o amigo, quizás una pareja o hasta un desconocido. 

  Si entendemos que en realidad se trata de energía, nos daremos cuenta de que, haciéndonos la fuerte, sólo estábamos bloqueando el flujo de un caudal siempre disponible a atravesarnos para limpiarnos. Sólo nosotras manteníamos cerrada esa puerta, por miedo a sumergirnos para encontrar la llave y abrirla.

  Quizás sea momento de que recuerdes que te merecés dejarte sostener, que te merecés nuevas oportunidades y que cada experiencia dolorosa del pasado te ayudó a saber elegir mejor en este presente. No te castigues de más. Perdonate e intentalo otra vez desde nuevas perspectivas. No dejarse ayudar ni compartir la responsabilidad, también es otro tipo de abandono. Permití que el caudal de amor propio rebalse desde tu corazón y la vulnerabilidad haga su magia por sí sola... No me creas, pero date el permiso de siquiera intentarlo, soltando la armadura al menos por un rato.



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viernes, 31 de octubre de 2025

No estás retrocediendo, estás tomando impulso






  Si en estos días o el último mes te sentiste convulsionado, arrastrado por tus emociones, o incluso reaparecieron viejos miedos que creías haber superado hace tiempo; leé este artículo hasta el final. Puede que te sorprenda o te invite a encontrar una nueva perspectiva que no imaginaste...

  Quizás las personas con mayor presencia de signos de agua (Cáncer, Escorpio o Piscis) seamos las que más sentimos estos movimientos. También puede ser que los captemos por nuestra sensibilidad y ni siquiera entendamos por qué nos sentimos así tan de repente. Más allá de los signos que predominen en nuestra carta natal astrológica, es innegable que, desde cualquier disciplina o herramienta, podemos analizar los grandes movimientos energéticos que nos trajo octubre.

  Veníamos de los portales de septiembre, que hacían grandes cierres en este año numerológico 9. Y si bien octubre vibra 1 sigue perteneciendo a este año de cierres. No es un uno cualquiera, es el comienzo del cierre que se anticipa a fin de año.

  Si no te interesa la numerología, no te preocupes, todo esto se puede pensar y observar desde múltiples ópticas.

  Me gustaría compartirte una experiencia personal. Hoy me reconocí sintiendo una sensación demasiado familiar. Hacía varios días que venía lidiando con altibajos aparentemente inconexos, como emociones que aparecían y se iban sin explicación. Hasta que hoy me cayó la ficha. Ya viví esta situación antes y eso me permite reconocer su sabor.
  
  Resulta que hace unos cuantos años atrás yo vivía en una casa con demasiados problemas estructurales y uno de ellos tenía que ver con el techo. A pesar de los arreglos que había hecho al mudarme ahí, al poco tiempo tuve que lidiar con filtraciones y diversos problemas que en ese momento me angustiaba no poder resolver fácilmente. Cada vez que llovía se activaba de forma automática en mí una ola inmensa de preocupaciones. Si estaba en el trabajo, ante las primeras gotas ya empezaba a sufrir, porque no sabía con lo que me iba a encontrar al llegar a mi casa. Ya tenía el recuerdo de haber cruzado la puerta y haberme encontrado con escombros en el piso, otras veces con ambientes inundados por la cantidad de precipitaciones que caían en poco tiempo, de hecho, había trasladado el cuarto de mi hija para que durmiera en un lugar más seguro hasta que lograra volver a mudarme (plan que ya estaba en marcha afortunadamente), etc. Todas aquellas memorias sumaban más angustia a mi preocupación ante cada nueva lluvia. Preocuparme era inevitable y si lo pienso desde la lógica hasta era sano. Debía resolver urgente aquella situación. De no hacerlo, todo podía empeorar aún más.

  Pasaron unos meses desde que había activado, con pasos concretos, mi plan para mudarnos a un lugar mejor. Pero conseguir ese nuevo hogar se demoró un poco más de lo previsto.

  Una vez que todo se solucionó creí que podía volver a disfrutar de la lluvia como cuando era más chica. Pero no sucedió exactamente de esa forma. Si bien la nueva casa estaba impecable y no tenía de qué preocuparme, al descubrir que estaba lloviendo una vez más, mi sistema nervioso seguía en alerta.

  No había lógica. Sólo se activaban memorias intrínsecamente relacionadas con mi cuerpo. La huella de tanto sufrimiento del pasado seguía latente. Volvía a renacer con cada gota que escuchaba caer y no había palabras que calmaran mis nervios.

  Les cuento esta historia porque hoy reconocí una sensación similar. Aún cuando ya no soy la misma que vive desde los miedos y haya hecho una transformación abismal en prácticamente todas las áreas de mi vida, me encontré otra vez enroscada en cadenas de pensamiento desde la ansiedad. Un viejo miedo había renacido. Uno de los que creía haber erradicado hace bastante.

  Y durante días dejé que me ganara la angustia por volver a sentirme así. Al principio me resistí a reconocer el miedo, luego lo intenté combatir y controlar. Desde ayer me rendí a aceptar que sentirlo de nuevo no significaba un retroceso, ni nada tan grave como la ansiedad me empujaba a creer. Y hoy recordé las primeras lluvias al mudarme.

  A veces es necesario comprender que nuestro cuerpo maneja un tiempo distinto que el de nuestros otros niveles de expresión. El sistema nervioso necesita atravesar varias nuevas experiencias y mucha paciencia, y amor, para comprender que ya no estamos en peligro. Más allá de que lo entendamos racionalmente. Fue el aprendizaje que me dejó la primera vez que vi llover en mi nuevo hogar.
   
  No es un retroceso volver a tener esas ideas que creíamos haber liberado para siempre. Por lo general cuando nos encontramos pensando desde aquellos viejos hábitos, que se activan en automático, nos juzgamos duramente y cuestionamos nuestros avances o evolución. Pero no significa nada, es sólo un pensamiento. Es cierto que, al darse de manera inconsciente, activa en nuestra biología una reacción física (como informarle a nuestro sistema nervioso de que estamos en peligro, aunque ese peligro no sea real ni esté vigente), pero nos olvidemos de lo más importante: No es lo que nos pasa, sino qué hacemos distinto esta vez.

  La verdadera evolución no se trata de no volver a sentir nunca más miedo, o no volver a tener ningún pensamiento limitante. Se trata de un baúl de recursos nuevos que incorporamos para lidiar, con esa misma situación, pero de una manera más amorosa y mucho mejor. Como si fuera una actualización del sistema.

  Quizás en este artículo no esté diciendo nada distinto que en los demás, porque ahora recuerdo haber escrito y grabado un video acerca de ello, cuando decía que el camino no era lineal y que no debíamos torturarnos. Igualmente, creo que así como me sucedió a mí, tal vez a otro en estos momentos, le sea importante recordar lo esencial.

  Sentir lo mismo no es un signo de retroceso. Actuar desde viejos patrones y recursos podría serlo. Pero aún cuando por momentos podamos perdernos, siempre tendremos los nuevos registros que nos sirvan de guía para volver a recordar tener ese baúl con nuevas soluciones.

  Juzgar nuestro sentir siempre nos va a llevar a reprimirlo y, por lo tanto, a extender nuestro sufrimiento. Es mejor permitirnos escuchar qué nos quiere decir nuestro mundo interno. Quizás debamos repetirnos más veces que estamos seguros, que ya no nos abandonaremos como lo hacíamos antes sin darnos cuenta, o que simplemente la idea que tanto tememos no es real.

  La mayoría de nuestros miedos son interpretaciones desactualizadas de una situación, o predicciones acerca de un futuro siempre incierto. Por eso no son reales, ni fundados. Y muchas veces se activan cuanto más nos acercamos a cumplir nuestros deseos más profundos. Recuerdo también haber escrito otro artículo diciendo que muchos miedos eran deseos invertidos, precisamente por esta razón.

  Al miedo hay que mirarlo sin miedo. Con coraje, desde el corazón, que es sabio y conoce el propósito de aquella idea. Muchos miedos sólo buscan preservarnos de ponernos en situaciones de peligros innecesarias, no son malos por naturaleza. Al contrario, buscan que cuidemos y valoremos más nuestra vida y seguridad. El tema es cuando nos acostumbramos y naturalizamos pensar desde esos miedos. Porque construimos sistemas de creencias desde nuestros temores inconscientes. Y al haber sostenido tantos años esas mentalidades, es normal que un viejo hábito intente renacer. Por eso no sirve de nada luchar en su contra. Es mucho más sano caminar siendo conscientes del miedo que nos genera lo nuevo o lo más deseado y atendernos emocionalmente para no sufrir cada paso. Ir más despacio si es necesario, pero jamás detener la marcha. 

  Pensemos que los hábitos de nuestro pasado fueron soluciones eficientes para otro momento de nuestra vida. El único problema de volver a utilizar esos viejos recursos es que ya vencieron, porque nosotros y nuestro entorno cambió. Necesitamos actualizarlos por otros mejores. Y como sucede en la neuroplasticidad, generar una nueva conexión neuronal lleva tiempo y voluntad. El camino más rápido para el impulso nervioso va a ser el más antiguo, porque está reforzado por la cantidad de veces que aquella conexión fue usada o repetida. La nueva que se formó, al proponer otro camino, necesita repetirse unas cuantas veces más para acostumbrar al cerebro de que la use como el mejor reemplazo de la anterior. Así como le sucede a una camioneta, que se mete campo adentro entre la hierba para crear un nuevo atajo con sus ruedas. Cuantas más veces usemos el nuevo camino, más se despeja de piedras, más se aplasta el pasto y más rápido nos dejará avanzar. El camino lo vamos haciendo al principio con demasiada fuerza de voluntad, pero luego se vuelve más sencillo. Y si por alguna razón un día nos encontramos insistiendo con tomar antiguos caminos, el simple hecho de darnos cuenta, nos va a recordar haber creado mejores atajos. No pasa nada, se retoma y se vuelve a empezar.

  Por último me gustaría aportar que a veces esos "retrocesos" no son más que impulsos. Oportunidades que no reconocimos a primera vista y que nuestro inconsciente catalogó como peligros y se encargó de resolver por nosotros. La ola del mar necesita ir un poco hacia atrás para juntar el envión necesario que le permita crecer en altura y romper hacia adelante. Lo mismo sucede con una flecha. No lo perdamos de vista al momento de volver a pasar por una situación similar, que en el pasado vivíamos como crisis o problema, pero que ya aprendimos a ver la oportunidad que nos regalaba para seguir creciendo.


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domingo, 7 de septiembre de 2025

Bendito Septiembre del año 9



Aunque les quiera contar acerca de los días portales de este año 9, les escribo hoy (que es 7) porque estamos en un eclipse lunar en Piscis. Y como no podía ser de otro modo, toda la información resuena en coherencia.

Piscis es el último signo, además de cerrar un ciclo, termina siendo el más sensible y empático de los doce... Igual que el número 9...

Aclaro que no soy astróloga, sólo conozco algunas descripciones o conceptos básicos y lo que resuena por ser igual que en numerología. Pero además, soy del signo piscis en su último decanato, con varios planetas importantes ahí, tengo personalidad 99 o 9, eneatipo 9 y hasta nací el último día del sincronario maya Tzolkin. 

Una de las señales que me hicieron confiar en las herramientas de autoconocimiento fue que todas me decían la misma información en distinto lenguaje. Por lo tanto, el nueve, piscis y eso del "último de los últimos", hace tiempo que están relacionados para mí.

No hay números más importantes que otros. Sin embargo, la posición que ocupan en el ciclo, o el origen desde dónde ese número se forma, terminan influenciando en el arquetipo de dicho número. Quizás por eso los 9 sean los más empáticos y no es lo mismo un 9 que se forma de un 27 que otro que viene de un 99. Pero tranquilos, que voy a ir más despacio y prometo no exagerar con tecnicismos.

Un arquetipo es un modelo. Un conjunto de características que se le pueden asociar a un mismo concepto, porque tienen sentido o relación. Por ejemplo: un signo zodiacal. Aun cuando sepamos que son generalizaciones, que no aplicarán a todos por igual, nos sirve de guía o modelo para entender la esencia del signo y por qué es distinta a la de los demás.

Hoy tenemos varios arquetipos danzando. El del eclipse, el pisciano, el 7 y su compatibilidad (o no) con el 9 del año, el mismo 9 y los días portales 9-9-9.

🧐 ¿Y si todos nos quisieran decir cosas similares? 🫣

Los eclipses no siempre son energías tan fáciles de transitar, porque muchas veces implican una incomodidad. Se dice que revelan lo inconsciente, que la oscuridad hace que emerja a la luz lo que estaba escondido hace tiempo.
Pero también puede ser una gran liberación de lo que venimos trabajando, intentando purgar o soltar. Todo dependerá del grado de consciencia o inconsciencia con el que estemos viviendo nuestra vida. Aunque tampoco te tortures ni compares que no es acumulativo, a una persona super consciente justo ese aspecto que le muestra el eclipse quizás le era todavía inconsciente porque estaba demasiado oculto o reprimido, no hay niveles en esto. Nada es tan absoluto ni determinante como solemos creer...

Si uno se atreve a pasar ese momento de incomodidad, domando al ego que desde el orgullo puede llegar a intentar negar lo que estamos descubriendo, seguramente sentirá el alivio que trae una revelación como la de los eclipses.

¿A quién no le pasó que estuvo tiempo intentando algo y no entendía por qué tanto esfuerzo no se veía reflejado en el afuera? Quizás el eclipse te muestre eso que no veías, que te permita tomar las decisiones necesarias para avanzar finalmente.

Quizás estabas repitiendo una conducta que creías haber superado o trascendido hace tiempo. O tal vez descubras que, por más que te repitas mil veces que confiás en vos, una parte tuya todavía se sentía insegura y vos no lo sabías.

Las revelaciones del eclipse pueden ser muy variadas y siempre serán individuales. En lo personal, creo que es mejor enfocarse en agradecer que lo oculto se nos revela y nos permite decidir mejor de ahora en adelante.

El 7 del día de hoy, que además combinado con los dos 9 restantes de la fecha dan otro 7, hace que este día vibre 7. Y este número es ideal para una introspección profunda, que no se nos frene tanto por empantanarnos en cuestiones emocionales. Porque el 7 es más racional y a la vez concreto. Tiene los pies sobre la tierra, pensemos que se forma de sumar un 3+4 y el 4 es de las raíces en la tierra y lo material. Para darles un ejemplo de lo favorable que es tener un eclipse un día 7, podría decirles que si hubiera caído un día que vibre 5, probablemente tendríamos que luchar con la tendencia del 5 de querer escapar de lo revelado, negarlo, minimizarlo y hasta llegar a volver a reprimirlo porque nos es demasiado incómodo aceptarlo. Por lo tanto, bendito 7 que nos ayuda a lidiar con lo revelado de formas más sabias y directas...

El 7 combinado con el 9 del mes y del año, nos pide armonía e integración de lo que se nos muestra, porque proviene de un 16. Y aún el aspecto no tan favorable del 7 nos es positivo. El 7 puede volverse demasiado escéptico, solitario y desapegado de lo emocional. Lo que nos propicia el escenario introspectivo sin dramas ideal, para tomar decisiones más concretas sin tanta fantasía o idealismo, siendo más honestos y concretos.

Pero si nos olvidamos que todo esto sucede previo a los tres portales 9-9-9 del mes 9 del año 9, nos faltaría una parte fundamental que considerar.

El 9 es el número de los finales o cierres. Esa última posición en la serie numérica de dígitos simples lo lleva a desarrollar grandes habilidades relacionadas a hacer cierres de formas más resilientes, positivas y amorosas. Es cierto que tampoco podemos olvidarnos que la sombra del 9 es no lograr lidiar sanamente con esos cierres y terminar sufriéndolos desde los apegos, la nostalgia o melancolía que genera aceptar que algo terminó para siempre. Así que ese aspecto debemos tenerlo muy presente cuando hay varios 9 en escena. Evaluá si no estás sosteniendo algo que pesa demasiado en vez de soltarlo, o si no te estás quedando dónde no querés estar (o la pasás mal) en lugar de irte. Preguntate cómo estás lidiando con esos finales y si no los podrías hacer mejor, más sanamente.

Es quizás por eso que me surge compartirles esta información. Como 9, sé por experiencia cómo es y cómo se siente, hacer los cierres de ambas maneras.

Les decía al principio que piscis y el 9 son demasiado empáticos y sensibles. Y con "demasiado" no me refiero a algo negativo, sólo significa que esos aspectos están amplificados o potenciados.
Por eso un día 7 nos ayuda a no empantanarnos en tanta emocionalidad que está sobreexaltada en este mes y año 9. El 7 es más analítico y puede pensar sin dejarse tomar tanto por sus emociones. Es el que sabe ejercer su discernimiento y desechar la información que no le resuena, quedándose con la que le sirve y considera coherente. Como si pudiera pensar más objetiva y fríamente.

Quizás ese podría ser un buen consejo si hoy (o en los días siguientes, porque dicen que los eclipses se perciben antes, durante y después) te sentís demasiado sensible. Recordá sentir y expresar tus emociones, como estados absolutamente válidos, necesarios y positivos. Porque están en tu interior, quieras o no. Por eso cuando salen, validalos y no luches por no sentirte de esa forma. Después de expresarlos, como te haya salido, vas a poder sentir que sobreviene una calma. Es en ese silencio o vacío dónde suele aparecer la revelación que estaba detrás pulsando ese estado emocional. Te doy un ejemplo: cuando algo nos enoja, solemos culpar a un otro o a una situación. Podemos incluso seguir alimentando ese enojo pensando otras cosas relacionadas que nos molesten más. Pero si no luchas, ni te reprochas sentirte enojado, te vas a dar cuenta de que ese enojo tenía un mensaje que darte. Hay algo que vos no podés ni querés seguir tolerando, y es momento de que tomes una decisión o pongas un límite. Si te distrajeras enojándote con vos mismo por estar enojado, o enojándote aún más con otras razones para seguir manteniendo ese enojo encendido; no te darías cuenta que el enojo te está ayudando a tomar esa decisión, o a poner ese límite que tanto bien te haría o que no podés seguir tolerando más. Y gracias a ese enojo terminarías para siempre (muy al estilo cierres del 9) con algo que ya no querés seguir soportando en tu vida.

Si hoy, o este mes, te encontrás sintiendo emociones más intensas de lo habitual, recordá validar tus emociones y ver cómo son estados (que así como empezaron, siempre terminan), y que además te traen un aprendizaje o recurso que te ayuda a avanzar mejor de ahora en más, si lo sabés escuchar o reconocer.

Andá evaluando cuáles son los cierres que te estás proponiendo hacer en este mes y año. El nueve nos habla de esas grandes liberaciones. Y en caso de que no sepas identificarlos, porque no estés necesitando hacer ningún cierre ahora, simplemente tené presente que la vida es incierta y cualquier cambio brusco que haga con vos, tenés las herramientas y fortalezas necesarias para atravesarlo sin derrumbarte.

Tampoco te olvides que cada cierre incluye la semilla del nuevo comienzo. Que las formas en las que te trates, al atravesar esos finales, serán las actitudes desde donde recibas y hagas los nuevos comienzos. Por eso es clave no luchar contra lo que uno siente, tenerse más paciencia, prepararse mentalmente a que pase lo incierto, confiar en nuestros recursos y fortalezas internas para atravesar cualquier situación de esta vida (por más dolorosa que sea) y siempre cultivar más amor propio. 

Las intenciones desde dónde actuamos, y por qué lo hacemos, terminan siendo mucho más importantes que los resultados y nuestras acciones. Son ellas las que nos hablan de lo que realmente queremos y cómo conseguirlo de maneras más directas y disfrutables. Quizás el eclipse te las revele y sea tu oportunidad para sincerarte con vos mismo y decidir mejor, o simplemente para tomar acciones concretas que te lleven hacia donde querés ir y no quedarte en ningún lugar ni vínculo por obligación.

Si hay algo que también nos enseña el 9 es a aceptar. Hay asuntos que son de la vida y no podemos hacer otra cosa más que aceptarlos. Hacé click y mirá mi video relacionado, si te interesa profundizar más en este tema 💕 

Si te preguntás por la compatibilidad entre el 9 y el 7 dejame darte la excelente noticia de que el 9, por ser tan empático y el último, se lleva bien con todos los números del ciclo y los comprende en profundidad. De hecho, le ayuda mucho que el 7 sea más crítico, frío y racional. Por eso decía que nos puede ayudar a no empantanarnos en las emociones que afloren al intentar aceptar los finales.

Hace un tiempito había hecho un video acerca de los días portal y cómo mucha gente llamaba días portal a días que en realidad no lo eran. También ahí les contaba un poco qué esperar un día portal 9-9-9. Podría recordarles algunas palabras claves que encierran estos días: liberación, sensibilidad, soltar, cierres, aceptación, límites, cambios, avances, entre otras.

Este mes nos trae tres días portal. No sólo es portal el día 9 de septiembre, sino que también lo son los días 18 y 27. Prestá atención en esas fechas a tus sentimientos, a cómo estás lidiando con lo que aparece y a tomarlos como tus verdaderos enviones para potenciar aquellos cambios en tu vida que te ayuden a estar mejor. La energía disponible te va a favorecer si la sabés aprovechar.

Dejen un comentario 👇🏻 si les interesa que les cuente más acerca de los portales 9-9-9, o si quieren que grabe un video del tema. ¿No sabías que tengo un canal de YouTube? Pasá a verlo y suscribite si te interesa o me querés ayudar a llegar a los 500 suscriptores 💜 

Les deseo que este eclipse y los próximos portales sean las últimas liberaciones y alivios necesarios para dejar que la vida los lleve dónde su luz brille más fuerte de felicidad y plenitud 🙌🏻




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viernes, 22 de agosto de 2025

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Cuando queremos hacer algún cambio, recurrimos a diversos métodos que no siempre les funcionan a todos. Nos frustramos y algunos abandonan. Pero quizás, ni siquiera éramos conscientes de qué motivación nos impulsó a querer cambiar en primer lugar...

Este curso está diseñado para entenderte. Si no conocés qué te mueve a querer lo que querés, el afuera podrá mostrarte cambios, pero en el fondo, todos tendrán el mismo sabor amargo. Y si los desmenuzás tienen la misma raíz, que además no está en ese afuera que tanto te urge cambiar.

Las causas del sufrimiento no son externas como solemos creer. Cuando cambiás de trabajo (porque lo veías como "el problema") podés pasar por mil nuevos o distintos y seguir desilusionándote. Igual pasa con parejas, lugares y hasta con el dinero. O podrías tenerlo todo, y aún así, sentirte mal. Esto suele suceder cuando no entendemos que no buscamos otro escenario nuevo, sino sentirnos mejor/felices a través de esos contextos o excusas. Probablemente tu sentir estaría determinado por las circunstancias. Y como éstas cambian tanto, también lo harán tus estados emocionales, como si vivieras en una montaña rusa sin frenos. Y tu concepto de felicidad sería externo, cuando en realidad es un sentir; o sea, que nace de vos. Es más, es un estado interno (por eso decimos "ser/estar felices").

Lo duradero proviene de lo esencial. Esa raíz profunda q te hace crecer alto, y desde tu fortaleza interna, habilita al viento a liberarte de las hojas secas y que el sol te alimente de nuevos frutos. Sea la temporada que sea, la tierra siempre te nutre, contiene y renueva.

En una transformación no sólo se requiere de una nueva mentalidad, sino que además hay que entrenar nuestra percepción. Cuando miramos distinto, encontramos las razones por las que esos supuestos "problemas" están siempre ahí. Pero, sobre todo, nos podemos pensar para entendernos mejor y ordenarnos. Primero adentro, y con los recursos q descubrimos ya tener, y luego tomando las decisiones que nos permitan relacionarnos de una forma más evolucionada con cualquier situación que la vida nos traiga.

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domingo, 23 de abril de 2023

¿Para uno o para todos?


Siempre llamó mi atención la cantidad de historias diferentes que podemos contarnos sobre un mismo suceso. Tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Y es que con esta última palabra todo se volvía aún más confuso... 


¿Cómo pueden dos personas diferentes pensar y sentir lo mismo? ¿Cómo siendo muchos más, se puede coincidir en una misma versión de la realidad? 


Estamos llenos de prejuicios y muchas veces ni lo sabemos. Damos por sentado tantas cosas de forma previa a que sucedan y ello aplica a las ideas o conceptos que tenemos, tanto de otro, como del "mundo". ¿Cuántas veces somos conscientes de ello? ¿Acaso saberlo ayuda a tomar todo entre comillas, o a ser más flexible a la hora de interpretar lo externo? 


Una forma de entenderlo desde lo inconsciente colectivo podría ser que hay miles (e infinitos) paradigmas disponibles para explicarnos las circunstancias y muchos se sintonizan (o adoptan como verdades) a uno en particular. Son los famosos "arquetipos". Ahora bien, siempre estamos gozando de la libertad de elegir. Tomar responsabilidad sobre lo inconsciente es decidir diferente y de forma individual. Podemos crear nuevas ideas porque las disponibles no nos gusten, como también podemos saber que cualquiera de esas interpretaciones nunca será una verdad absoluta para todos y por lo tanto la interpretemos como simples ideas que puedan ir cambiando. 


En la vida, si es que hay una constante, esa podría ser el cambio. Todo avanza y evoluciona. Nada permanece fijo e inmóvil en el Universo. Nuestra mente y sus ideas son un reflejo de ello. No tenemos la misma percepción, ni mentalidad, de cuando éramos niños por ejemplo. Entonces, ¿por qué aferrarse a intentar sostener un paradigma que se desactualiza constantemente? ¿Nos ayuda a fluir mejor con los cambios, o nos genera resistencias que pueden causarnos frustraciones y sufrimiento?... 


A veces siento que estamos obsesionados con querer entenderlo todo y nos olvidamos que hay mucho que ni conocemos que podría cambiar completamente cualquier interpretación que lleguemos a creer saber. ¿Será que nos aterra vivir en la incertidumbre? ¿No es realmente todo incierto hasta que toma forma y sucede? Así como con los cambios que son la constante y nos resistimos a ellos, ¿no pasará igual con lo incierto?... 


La vida es simple y sucede. Todo lo demás está en nuestra cabeza. La forma en la que la vivimos depende mucho más de interpretaciones, que nos disparan emociones y de las decisiones que vayamos tomando al respecto para crear acciones concretas al dar los siguientes pasos. Cuando tenemos ideas demasiado fijas, o nos contamos historias tales como "la vida es difícil" o "todo está cada vez peor", lo más lógico es vivir padeciéndola. ¿Pero es porque la vida sea realmente así, o por nuestra idea sobre ella? ¿y acaso esa idea es tan cierta y determinante, o le estamos dando ese poder al creerla como verdad absoluta? Siempre estamos en poder de decidir trascender esas ideas. Quizás quedaron desactualizadas con respecto a nuestro presente, que es nuevo y está cambiando constantemente. Si el futuro es incierto, todo es posible. También lo es todo aquello que desde este presente no podamos ni imaginar que sucederá. Un claro ejemplo de ello podría haber sido el año 2020. ¿Cuántos se imaginaron que podíamos llegar a vivir esas circunstancias antes de que sucedieran? También creo que cada uno deberá revisar si no le pasa, como mucho tiempo me sucedió a mi, de tender siempre a imaginar los peores escenarios futuros en vez de los mejores. Ambos gozan de la misma cantidad de probabilidad de suceder, y sin embargo solemos darle más poder a los catastróficos o negativos, que a los positivos y mejores. ¿No será hora de reordenar eso también? 


Pareciera que aquella obsesión por entender nos hizo creer lo contrario a lo más natural. Solemos creer que sabemos lo que va a pasarnos en media hora, cuando nunca sabemos nada. Es como si interpretáramos al revés. Pero si leer esto te frustra, dejame recordarte que es liberador. Es necesario darse cuenta del poder que le dimos a nuestras interpretaciones al creerlas como únicas verdades irrefutables; para poder redirigirlo hacia discursos más optimistas, esperanzadores y flexibles. Nuestra libertad nunca la perdimos, quizás sin darnos cuenta se la cedimos a otros para adoptar como propias sus ideas sobre la vida. Prácticamente crecimos haciendo eso, de niños aprendimos el nombre de objetos de la casa al preguntar a nuestros referentes de ése momento. Formamos la mayoría de nuestras ideas en base a las de las personas de los entornos que íbamos transitando. Pero a cuáles de todas esas ideas que nos fuimos encontrando le dimos la potestad de ser nuestras verdades, siempre dependió de nosotros. Quizás de más chicos no éramos tan conscientes de ello, pero como les decía antes, saberlo ahora libera. Esa misma incertidumbre, que puede aterrar al principio, es la garantía de que opciones mucho mejor de las que podemos imaginar siempre están disponibles. Puede darnos la oportunidad de redefinirnos basándonos en valores internos para sentirnos seguros, más que en circunstancias externas que no sabemos cómo se darán y que siempre están cambiando. Ya no importa tanto cómo serán nuestros nuevos entornos. Es más importante nuestro poder de decidir potenciar nuestros recursos internos para hacer de cualquiera de ellos un lugar favorable a nuestra evolución, disfrutando más cada paso en vez de padecerlo. Es usar la libertad de enfocarse en enriquecer tanto nuestro mundo interno, que trascienda cualquier reflejo externo que podamos percibir recibir a cada momento. La ventaja es que el externo siempre se está moviendo y el interno puede sentirse prevalecer a cualquier cambio. Siempre fuimos la misma persona, más allá de las etapas y circunstancias vividas. Ese pilar interno se siente seguro y una gran garantía de que pase lo que pase afuera, tenemos infinitos recursos disponibles (y muchos más por descubrir a cada instante) para atravesarlo. De nuevo pareciera que todo lo que sufrimos por "pensar al revés", nos enseño a redirigir nuestra energía y poder hacia adentro. No sé si se puede hablar con generalizaciones, somos todos diferentes y ahí está la riqueza. Ver a un otro que es feliz en la misma situación que nosotros podemos estar sufriendo, nos da la pauta de que quizás haya otra interpretación mejor por descubrir que nos ayude a atravesarlo distinto. O simplemente nos muestre la oportunidad de reconocer un malestar interno, que va más allá de la situación externa que creemos que nos lo causa. Quizás no sea lo que pasa lo que verdaderamente nos duele, y en vez de tomar responsabilidad sobre ello para atenderlo, lo justifiquemos culpabilizando a lo externo por algo que es propio. Esa otra persona en esa misma circunstancia que lo vive diferente, puede ser la alarma de que nuestro malestar no es causado por la situación y saberlo nos ayuda a responsabilizarnos de poder hacer algo para estar mejor. 


Así como hay que limpiarnos de esos prejuicios o conceptos tan fijos primero, quizás sea momento de revisar qué ideas tenemos asociadas a "lo distinto". Muchas veces rechazamos lo diferente sin darnos cuenta, como si todos tuviéramos que ser o pensar igual para que las cosas funcionen mejor. Quizás ésto sea por esa misma tendencia (con la que crecimos) de conocernos primero a partir de otros y nuestros entornos externos. Por eso puede llegar a ser necesario actualizar ese concepto por uno propio. La diferencia siempre enriquece, porque amplía las opciones disponibles. Nos propone expandirnos, siendo este un movimiento natural y constante en el Universo. De nuevo, estamos ante nuestra libertad de decidir si fluir con lo diferente/nuevo/cambio o resistirnos a ello. Cuanto más flexibles sean nuestras ideas, más fácil podremos valorar la riqueza que nos propone lo diferente al momento de vivenciarlo. 


Esto aplica a las personas y sus voces/ideas. Sé que no vas a sentir la vida como yo, por lo tanto solo me limito a expresar mi sentir para enriquecer las opciones disponibles. No es mi intención convencer a nadie, y de hecho, lo siento perjudicial para la evolución constante de todos. Sin embargo, me parece lindo hacer aportes nuevos o diferentes a los que me encuentro que otros repiten colectivamente. Siento que es momento de saber que la mayoría de las causas de nuestros malestares internos provienen de aquellas historias que nos contamos tantas veces hasta creerlas ciegamente como únicas verdades. Son solo ideas y son tan volátiles que si me leo el primer artículo que escribí, ya no resueno con él. Y ahí reside la magia de aquel movimiento constante que nos regala la vida. Yo decidí sacarle el máximo provecho, eso me libera y empodera. Solo hoy me surgió compartirlo, mañana... no sé. 





Hace un tiempo había grabado un video relacionado a este tema, si te interesa verlo, hacé click.







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